jueves, 16 de julio de 2026

Los culos caribeños envasados al vacío

En estas edades en las que, como ya es prácticamente imposible mirar hacia delante, no te queda otro remedio para entretenerte que mirar hacia detrás con más o menos ira, es inevitable caer en la cuenta de que la esencia de la propia vida ha consistido en tapar una equivocación con otra. Siempre con la ilusión de haber dado con la verdad por el pueril procedimiento de ir a comprar algo en la tienda más próxima. Siempre tratando de evitar el mirar la vida de frente para ir a estrellarte una vez más con la realidad. Supongo que la mayoría de las vidas consisten en eso más el intento de disimularlo. De mantener el tipo, que le dicen.

Pero ya me importa una mierda lo del tipo; porque voy por la calle y nadie me ve. La gente tiene mejores cosas que mirar. Ni te digo, ya, todos esos culos envasados al vacío que recién hemos importado del Caribe. Al final, es lo único que tiene sentido: la incitación a reproducirse: el primum mobile aristotélico, para que nos entendamos. El erotismo, dicho de otra manera. Y es que, si apartas la mirada de esos culos, solo ves pulsiones suicidas por todos los lados; Tánatos, que le dicen.

En fin, curado de espantos ya, doy gracias a los cielos por el regalo que me hicieron el día que pusieron una guitarra en mis manos. Es gracias a ella que puedo sublimar lo de los culos. Es la agonía del aprendizaje y el deliquio de su dominio lo que me permite vivir estas acaballas como si fuesen un inicio. Todo lo demás, verdades, mentiras, equivocaciones, aciertos, ya, pelillos a la mar. 

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