miércoles, 22 de julio de 2026

Miedo y asco

Dicen que Las Vegas, ese templo dedicado a la diosa Fortuna, está de capa caída. De ser eso verdad supondría un salto cualitativo en el desarrollo de la madurez humana, porque mira que hay que estar anclado en la zoquetería para creer que tocando el culo a esa diosa la vas a poner de tu lado. Claro que hablar de zoquetería para tratar de encontrar explicación a fenómenos incomprensibles es muy arriesgado. Hay que tener en cuenta, también, que el juego proporciona una puerta de escape privilegiada a las pulsiones suicidas que en mayor o menor grado todos tenemos en función de nuestros estados de ánimo. En fin, sea como sea, como demuestra científicamente Sal Khan en un vídeo memorable, es más probable que te mate un rayo a ti, y otro a tu mejor amigo, que el que te toque la bonoloto. Y, sin embargo, cientos de millones de personas rellenan todas las semanas boletos de esa lotería y con ello encienden dentro de sí una lucecita de esperanza. Es algo absolutamente estúpido, pero así es como funcionamos. Es, en definitiva, el sentimiento, o pensamiento, religioso: a Dios rogando, y con el mazo dando... bueno, supongo que los que compran boletos piensan que en eso consiste, precisamente, dar con el mazo. 

En cualquier caso, Las Vegas, con todo su fasto, no deja de ser un síntoma patognomónico donde los haya de la decadencia de un modelo de sociedad. Un modelo basado en la persecución a ultranza de la quimera de la felicidad. Así que es normal que el entusiasmo decaiga a poco que el personal dé en remitirse a los hechos. Las quimeras tienen eso, que, cuanto más las persigues, más lejanas las sientes. 

En realidad, a ese sueño, o quimera, americano, que pretendió ser Las Vegas, le pegó el tiro de gracia aquella novela del escritor Hunter S. Thompson, titulada "Miedo y asco en Las Vegas". Se trata de un periodista que va a Las Vegas con una maleta llena de drogas y en compañía de un abogado para que le saque de los líos en los que se piensa meter con el pretexto de dar realismo a sus reportajes. El argumento es simple, drogarse para destrozar con entusiasmo todo lo que hay alrededor. Y es que el lujo hortera, perdón por el pleonasmo, si a algo invita a una mente clarividente es a ser destruido.  ¡Con lo bonito que sería aquel desierto de Nevada libre de rascacielos y neones y con gente viviendo en jaimas y pastoreando rebaños de ovejas!

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