lunes, 17 de junio de 2024

Apology

Purgandus Populus. No se si se acuerdan de aquel programa de televisión. Lo más seguro es que fue la última vez que en una televisión pública se emitió algo encaminado a despertar las conciencias. Claro que eso de despertar conciencias es de entre todo lo relativo, lo que más. ¿Qué conciencias despertaba aquel programa? Se lo voy a decir: ninguna. A la poca gente que le gustó aquello, fue porque ya estaban despiertos. La inmensa mayoría lo rechazó como cosa incomprensible. Eso, seguro que Boadella, su autor, lo sabía de antemano. Pero el arte es eso, una semilla que cae en terreno yermo a la espera de que el cambio de las condiciones climáticas le haga fértil. Así ha sido siempre. Y habrá un día en que los españoles descubran El Quijote y, por añadidura, entiendan Purgandus Populus, y entonces será el verdadero renacimiento de la patria, cualquier cosa que eso sea. 

Las personas, cada sí, cada no, necesitan purgarse para que la mierda no se les atasque en el celebro y les convierta en basura con patas. Digamos que esa es la esencia de la vida, el no poder bajar nunca la guardia porque todo a nuestro alrededor tiende a emponzoñarnos. Lucifer nunca descansa de ofrecernos duros a cuatro pesetas y, lo hace con tan diversos y sofisticados disfraces que nos es muy difícil aprender de una ocasión para otra. Así es que pocas metáforas del trascurrir del ser humano por la vida se pueden comparar a la que le describe como "puta por rastrojo". 

Pero no hay que desesperar porque todo en la naturaleza tiene sus contrapesos y las fuerzas del mal no son una excepción. Siempre aparece por ahí alguien que las enfrenta y las hace palidecer por una temporada. Digamos que ese alguien nos purga y, libres ya de excrementos, volvemos a ser personas. Me he acordado de estas evidencias que suelen olvidarse al ver esta mañana un cartel que ha aparecido en un café de Melburne ocupando buena parte de su fachada. Dice así:

Apology

To the UnVacinated 

& Vax-Coerced


Last year we didn´t know:

-The injection DOES NOT stop Covid transmission

-It does NOT protect others


Now we know.

We were wrong to exclude you



domingo, 16 de junio de 2024

Populus impurgatum

La guerra cultural en España se sigue centrando en la Guerra Civil de los años treinta del siglo pasado. Sin duda es un signo de decadencia intelectual. Un acontecimiento tan lejano ya en el tiempo solo se puede analizar utilizando las leyes generales de la historia. Los griegos vencieron a los persas porque eran mucho mejores en todo menos en lo de la fuerza bruta. La fuerza bruta, a la postre, cualquiera con dos dedos de frente sabe que es bien poco. La Biblia deja niquelado el asunto con lo de David y Goliat. Goliat era un acromegálico al que el crecimiento óseo le estaba ya obliterando los conductos del nervio óptico. Sencillamente, veía mal. De hecho, todo lo grande, ve mal. Por eso caen todos los  imperios, por perdida de vista. Es, solo, una más de las leyes generales. Hay muchas más y en aquella guerra civil se cumplieron todas a rajatabla. Solo tengo que fijarme en lo que pasó en mi pueblo para confirmarlo: la inteligencia que había en el bando perdedor salió por piernas hacia Méjico al comprobar la calidad del percal en el que se estaba apoyando. En fin, una guerra entre hermanos o, si mejor quieren, entre ideologías parejas. Al final los vencedores montaron el mismo chiringuito que hubiesen montado los perdedores, eso sí, con mayor visón de la jugada, lo que va de la socialdemocracia al comunismo. Cuestión de matices, o buen gusto, en definitiva. Meterla a lo bestia o meterla con vaselina. Eso fue todo. Y aquí continuamos con la vaselina. In púribus, perdonen la pedantería, lo derrotado en aquella guerra fue el liberalismo, que era contra lo que estaban los dos bandos. Lo que triunfó fue el estatismo que era lo que los dos bandos querían imponer. Y esta es la realidad que, una de dos, las rutilantes cabezas del sistema todavía no se han dado cuenta, o es que los muy perversos nos lo quieren ocultar para que el populus siga impurgatus, es decir, dándole a la matraca. 

En cualquier caso, también es ley general de la historia que el proceso civilizatorio es algo que avanza a trancas y barrancas. Como en la vida de las personas, hace falta recibir muchos palos para abandonar algo de la necedad constitutiva. Es algo que está meridianamente explicado en los textos sagrados, pero que se nos olvida a la primera de cambio; solo hacen falta unos pocos vientos favorables para que así sea. En fin, qué aburrido es todo esto. 

sábado, 15 de junio de 2024

Peripatetismo

Toda la vida he tenido una tendencia, digamos que exasperante, a la inestabilidad emocional. Es decir, a los continuos cambios de los estados de ánimo: paso del sentirme miserable al creerme un tipo más que pasable sin que sea capaz de encontrar motivo alguno que lo justifique. Siempre he pensado que tiene que ser una cuestión puramente química. Por lo que sea, una corriente de aire, un contratiempo imperceptible, una buena vibración, se desencadena la segregación de alguna de esas sustancias que desconocemos y, ya, eres otro. Entonces, todos los proyectos de corto alcance que pudieras haber hecho unos momentos antes, se van al garete. Y vuelta a empezar. Así, como comprenderán, es muy difícil hacer eso que llaman vida social. 
Por eso será, supongo, que los que estamos sujetos a este tipo de fenómenos tengamos una tendencia irrefrenable al aislamiento. Y, también, una propensión a inventarnos pasiones que, a modo de cayado, nos ayudan a sustentarnos frente a los embates de la vida. Así que, como ven, todo tiene una explicación si eres lo suficientemente voluntarioso para buscarla y hábil para encontrarla. Uno es como es por las razones apuntadas y nada se puede hacer contra la biología; reconocido lo cual ya solo queda abandonarse al designio de los dioses para, si no ser feliz, que eso es un imposible metafísico en cualquier caso, sí tener un aceptable pasar por la vida sin dar excesivo coñazo a los que te rodean. ¡Qué más se puede pedir! 
Vida social o pasiones. Tampoco es que se tengan que excluir la una con las otras, pero mucho me temo que en la mayoría de los casos es así por una mera cuestión de economía energética. La vida social es un puro dispendio que no por otra causa debe ser que esté asociada al consumo de todo tipo de sustancias estimulantes. Ya lo dijo Erasmo, que, en los banquetes, si no bebes, mejor te vas. En cualquier caso, llegado a casa tras una sesión de  masaje social, tendrías que ser un titan para poner a cultivar cualquier jardín. Mi experiencia al respecto es que tras un episodio de vida social necesito tiempo para digerir, o calmar las neuronas. Por lo general, lo comentado me sigue dando vueltas por la cabeza muchas horas después. Falta de costumbre, quizá, que ya saben que la costumbre es la reina del cielo. 
Les dejo, que me han llamado los amigos para ir a dar una vuelta. Una sesión de peripatetismo, que es la relación social que mejor tolero. 

viernes, 14 de junio de 2024

Leer y escribir

Yo no sé si a todos los que tienen por, ya sea oficio, ya sea simple entretenimiento, el escribir, les pasara como a mí, que cuando releo al cabo de un tiempo, mayormente, me parece que solo produje basura. A veces, me topo con algo que me parece pasable, pero es una excepción demasiado excepción como para tenerla muy en cuenta y, sin embargo, ese poco de conformidad engrasa la maquinaria y la anima a seguir en el empeño. 

Uno ha dedicado buena parte de la vida a la lectura. Qué duda cabe que es una forma de entretenimiento bastante agradable y, seguramente, de entre las menos dañinas para el medio ambiente, cualquier cosa que eso sea. He leído miles de novelas que, en cierta forma, ha sido como vivir miles de vidas. Me he identificado y me he desmentido miles de veces paseando por libros de todo tipo. Y miles de veces, también, he tenido que echarle voluntad a raudales para seguir leyendo esperando encontrar alguna gema entre millones de toneladas de ganga. Porque no me engaño al respecto, la literatura es eso, pocas gemas entre mucha ganga. Y la proporción en que se encuentran ambas es lo que da su calidad. En cualquier caso, cada vez estoy más convencido de que lo realmente interesante de la lectura es que mientras estas leyendo dejas de dar la lata a la humanidad circundante. Leer es como ausentarse, lo cual, en un mundo tan saturado es de mucho agradecer. 

Luego, en segundo termino estaría la cuestión de si leer nos hace mejores por más sabios. Ahí sí que no aventuraría yo, a estas alturas, una opinión. Por contra, sobre el escribir sí que aventuro la opinión de que, si no más sabio, te hace más cauto. Más cauto al hablar ya que has podido comprobar al releer lo escrito lo limitado de tu discurrir. Por tanto, escribir es hacer músculo de humildad. Cuanto más escribes, menos hablas, lo cual lleva por vía directa a meter menos la pata. 

En fin, leer y escribir, un buen remedio contra los muchos males que nos acechan por doquier, sobre todo cuando andamos ociosos.

jueves, 13 de junio de 2024

Gasolineras

 Por lo visto el político Borrell en una entrevista que le hace el periódico El País, ¡acabáramos!, ha dicho que Rusia es un enano económico y que, en definitiva, no es más que una gasolinera cuyo propietario tiene bombas atómicas. No ha tardado en contestarle la portavoz del ministerio de asuntos exteriores de Rusia, una señora, por cierto, de las de quitar el hipo, no solo por guapa sino, sobre todo, por elegante. Ha dicho: ustedes los europeos, en tanto se deciden si son hombres o mujeres, lo mejor que podrían hacer es estarse callados. A continuación, ha explicado las ventajas de ser una gasolinera, entre otras, que las empresas no se te vayan en busca de una energía más barata. 

El Borrell ese, pues claro, blasona de socialista: ¿qué más se puede añadir para hacerse una idea sobre sus capacidades? Personalmente, siempre me pareció un pedante presuntuoso. Por lo visto tiene varias carreras universitarias, lo cual, en principio, debiera darle un plus de crédito, pero no conviene engañarse al respecto: conocimiento no implica sabiduría. Y, si sigues Pessoa, sabrás que a mayor erudición del conocimiento, menor erudición de la sensibilidad. En mi pueblo, tal evidencia se expresaba con un: "el que mucho abarca, poco aprieta". Desde luego que no hay que dejarse deslumbrar por la masa muscular porque necesita mucha sangre para oxigenarse que se la roba al cerebro. En fin, allá cada cual con sus particulares implicaciones. 

Ahora que, lo que ha dicho la rusa, tiene miga para dar y tomar. "Hasta que no decidan si son hombre o mujeres..." La cosa es muy fuerte. Eso de que vayan por las escuelas los mariquitas, o las bolleras, explicándoles a los niños que lo que tienen entre las piernas no significa nada, que ellos pueden escoger lo que quieren ser, pues, la verdad, no me explico cómo los padres de esos niños no toman cartas en el asunto, es decir, como no van al colegio y agarran al mariquita y al director y los forran a hostias. Porque esto, ya, es una cuestión de hostias. Y al que no se lo crea porque es muy bueno, tolerante, comprensivo y todas esas cosas tan socialistas, le ponía yo a ver todos esos vídeos que hay en YouTube en los que gente joven cuenta como arruinaron la vida por haber hecho caso a aquellos mariquitas que fueron por su colegio contando las milongas del derecho que todos tenemos a elegir nuestro género. Parece increíble que cosas así puedan suceder, pero suceden porque políticos como Borrell no solo las toleran sino que las promueven. Estamos en lo de siempre, mientras la gente se entretiene con cosas así no se fija en lo que le roban los políticos. 

¡Qué decadencia, Dios mío! Lo País, Borrell... a los mandos de la nave. Sin duda los rusos tienen muchas razones para frotarse las manos... ni siquiera van a necesitar las bombas atómicas que tienen en la gasolinera, porque la nave que les ataca va directa a estrellarse en las escolleras.

miércoles, 12 de junio de 2024

The Sinister Dr. Fauci

Viendo y escuchando las comisiones de investigación que sobre el circo del covid hay montadas en el senado de los EEUU de América uno se da cuenta hasta qué punto ha sido miserable mi vida precisamente por haberla dedicado a trabajar por cuenta del Estado. Sin ser consciente de ello he sido un comunista, o sea, un puto vago creyéndose por encima del común de los mortales. 

Todas esas películas de juicios que se han hecho en Hollywood con los mejores actores y directores de la historia son pura filfa si la comparas con los interrogatorios a los que se ve sometido The Sinister Dr. Fauci como le suele llamar el, por así decirlo, ministerio fiscal, médicos y senadores, que le exigen que explique las razones por las que, primero, se estuvieron financiando laboratorios en los que se dedicaban a conseguir que los virus aumentasen su letalidad -gain of function- y, segundo, las medidas que se tomaron para combatir el supuesto virus -seguramente escapado de uno de esos laboratorios-, entre ellas, la más criminal, la orden de que las personas mayores no fuesen tratadas. 

Da la sensación de que, por fin, Serlock Holmes ha pillado a Moriarti y le está sometiendo a juicio a puerta abierta. Moriarti, por si no lo saben, es la representación del mal absoluto y, como tal, absolutamente escurridizo. Como el siniestro Dr. Fauci, para que nos entendamos. La cara de ese señor mientras escucha los cargos que se le hacen es digna de ver. Destila por todos los poros superioridad moral. Como ha dicho uno de los interrogadores, son las clásicas tácticas comunistas de los funcionarios de por vida: se sienten por encima de la ley. ¡Absolutely despicable! -¡Absolutamente despreciable!-. 

Yo lo siento por todos los que prefieren que nadie remueva su conciencia para que salga a la luz que se ha dejado engañar. Pero es que la verdad es tozuda y siempre pugna por salir a la luz. Y cada día que pasa alumbra un poco más. Hay por ahí muchos doctores Faucis siendo interrogados en comisiones parlamentarias. Pero no se engañen, porque la madre del cordero está en el centro del imperio. Lo que allí pase, correrá después por el mundo como un reguero de pólvora.

Por eso, la gran cuestión ahora es: ¿irá o no irá a la cárcel el Dr. Fauci? ¿Se le volverá a escurrir una vez más Moriarti a Serlock Holmes?  En cualquier caso, de ser así, lo pagaremos con más miseria moral. Aunque no sé si ya nos cabrá un poco más de tan ahítos como estamos de ella... los que hemos sido funcionarios... siniestros doctores Fauci.

martes, 11 de junio de 2024

Caballeros y mindundis.

Como ya apenas ando por ahí relacionándome con el populus, es decir, los camareros, no sé si seguirá la moda de dar a los clientes el trato de caballero. También las cajeras de supermercado solían dar ese trato y, para mí, que ya lo han apeado. Yo les solía hacer chistes cuando me lo daban, aunque por la cara que ponían era evidente que no los pillaban. Supongo que para toda esa gente lo de caballero tiene que ver con aquel anuncio de un licor llamado Calisay. «¡Caballero¡ ¿Qué hay?», decía una voz. Y otra le contestaba: «¡Calisay!». También, creo recordar, había un ponche, o un coñac, de nombre Caballero, que anunciaban mucho cuando se estaban retransmitiendo los partidos de futbol.

El caso es que en ese tratar de caballero a los clientes hay como un deseo de halagar la vanidad. Un caballero es más que un señor de la misma manera que un gentleman es más que un mister. Al caballero y al gentleman se les supone una especie de calidad moral por encima de la media. Reflexionábamos esta mañana sobre ello en nuestras conversaciones transcontinentales. La condición de caballero no es algo que viene dada por un nacimiento afortunado o cosa por el estilo. Para serlo hay que haber pasado por un doloroso proceso de educación. Digamos que la que Platón preconiza en su libro La República. La educación que daban en Esparta a los hijos de los que tenían la categoría de ciudadanos. Una minoría encargada de velar por la supervivencia del pueblo llano, los ilotas, que le decían. 

Fue esa educación espartana la que marcó la pauta para en lo sucesivo formar a las clases dirigentes. Enseñar, lo mismo que a saltar sobre un río de siete metros de ancho con la coraza puesta, a solucionar ecuaciones de álgebra lineal o leer a Homero en su lengua original. Es la necesidad insoslayable de que la pretendida calidad superior de la persona se sustente en hechos y no en palabrería. Y es que, todo ser cultivado, en cuerpo y espíritu, es por naturaleza aristócrata... eso, para que nos entendamos, que las cajeras y camareros quieren que te sientas cuando te llaman caballero. 

En fin, que no basta sentirse para serlo como nos habían hecho creer. No se es caballero por beber una copa de calisay. Más bien, hay que pasar por la Academia, lo cual, como que exige haber aprendido antes mucha geometría. No es tarea para mindundis... que sería lo que nos debieran llamar los camareros y cajeras si la utilización del lenguaje fuese correcta.  

lunes, 10 de junio de 2024

L´acheslón

En la casa de enfrente hay una mujer, sin duda venida de ultramar, que, treinta, cuarenta, cincuenta veces al día, se asoma a la ventana para fumar un cigarrillo. Los escasos quince metros, o así, que me separan de ella, me permiten apreciar la delectación que le produce el sentir como el humo se desliza árbol bronquial abajo. Porque, por si no lo saben el árbol bronquial es lo más parecido a un árbol invertido... a no ser que estén ustedes todo el rato haciendo el pino. Bien es verdad que es un árbol hueco revestido por dentro por un tejido delicado compuesto mayormente por dos tipos de células que guardan entre ellas una relación de una a diez. La una, segrega moco, las diez tienen unos pelitos en su superficie que van echando hacia afuera las motas de polvo que al ser aspiradas quedan pegadas al moco. El invento funciona a la perfección si no se le somete a situaciones de stress, es decir, si no se ve obligado a combatir contra cantidades excepcionales de polvo. Lo que pasa en tales ocasiones es que las células segregadoras de moco se ven obligadas a reproducirse a toda mecha para poder atrapar el exceso polvo antes de que lleguen a los alveolos, que serían el equivalente a las hojas del árbol, es decir, donde se produce el intercambio entre el aire y la savia, que es la sangre del árbol. Bien es verdad que en los alveolos y las hojas el intercambio de gases es inverso, porque las hojas absorben dióxido de carbono y expelen oxígeno y en los alveolos es justo lo contrario. El caso es, que esa multiplicación de células productoras de moco se hace a expensas de las células con pelitos expulsores, y así se puede ver que las personas que aspiran crónicamente humos tienen mucho moco para retener las partículas de ese humo, pero carecen de células con pelitos, ciliadas que les dicen, suficientes para expulsar ese moco cargado de impurezas. Consecuencia de ello es la acumulación de moco en las paredes del árbol que dificulta el paso del aire por él. Pero como en la naturaleza a problema puesto remedio inventado, el árbol bronquial se inventó el mecanismo de la tos para desembarazarse de la sobreproducción de moco. Por eso los fumadores acaban tosiendo tanto. El problema es que el mecanismo de la tos deja de funcionar con el sueño, lo cual lleva a una acumulación excesiva de moco que tiende a infectarse con la consecuente rotura de todos los equilibrios. Así es que los fumadores van de infección en infección hasta que dejan el árbol hecho unos zorros. Entonces, aparte de una producción gigantesca de gargajos, los alveolos son incapaces de intercambiar adecuadamente los gases lo que lleva a una acumulación de dióxido de carbono, así como una disminución del oxígeno, en la sangre. Les podría contar muchas más cosas sobre el particular, pero no quiero porque siempre me pareció que la divulgación, digamos que científica, suele tener unos efectos nefastos. Pero este es otro tema. 

Aunque, cuando observo a mi vecina tengo in mente todos esos fenómenos que les he relatado, también, puedo darme cuenta del placer que está sintiendo al aspirar el humo. Como Sara Montiel cuando estaba tumbada en l´acheslón. Se la ve a la señora sumida en ensoñaciones que sin duda la trasportan a mundos de leyenda. Y esa es la cuestión, suicidarse lentamente mientras viajas por las esferas siderales. No creo que sea una mala fórmula de vida... aunque le cueste mucho dinero a la seguridad social. 

En fin, cosas de la vida... voy a ver si hago algo práctico. 

domingo, 9 de junio de 2024

Dialéctica

Ayer me comunicaron el fallecimiento de un conocido. Un hombre afable y tirando a iluso, al que se le solía escapar el énfasis cuando se ponía a razonar sus opiniones. En cualquier caso, andaba ya por los setenta y bastante pico, o sea, que nada de extraordinario. La última vez que le vi, hace un mes o así, fue mientras hacía la compra en Mercadona. Iba en compañía de su mujer de hecho, una señora con mucho remango, lo que contribuía a acrecentar la sensación de decrepitud que daba el pobre hombre. Mi ojo clínico, que, el que tuvo, siempre retuvo, rápidamente me dijo que la cosa estaba para de aquí a un mes a lo sumo. Y no fallé. 

Es muy curiosa la indiferencia con la que los viejos vemos la muerte de los conocidos e, incluso, próximos. Cuando murió mi hermano, mi hermana estaba muy preocupada por cómo decírselo a mi madre que ya andaba por los ciento y pico. Cuando se enteró la vieja, como quien oye llover. Y es que sabido es de antiguo que a esas edades la, por así decirlo, característica moral que prima sobre todas las demás es el egoísmo. A uno ya solo le quedan fuerzas para pensar en sí mismo: en cómo llegar a mañana bien cagado. 

Así es la vida, que, cuanto más sufres por nada, antes te extingues. Yo diría que el sufrimiento moral por un quítame allá esas pajas, o, si mejor quieren, la escasez de sentido del humor, o, también, la incapacidad para valorar la verdadera importancia de las cosas, es lo que se ha llevado prematuramente al otro barrio a algunos amigos, conocidos e incluso familiares. Este conocido que falleció ayer, por lo que me habían contado, de hace cuatro años para acá había vivido en un ¡ay! a causa de la existencia del coronavirus. El pobre hombre no veía llegar la hora para que le avisasen para ir a ponerse otra dosis de la famosa vacuna. Ya me dirán ustedes toda la desregulación funcional que le tenía que producir en sus vísceras vitales esa obsesión no por más estúpida menos morbosa. 

Así es que uno se ve a veces sufriendo por cualquier chorrada y, de inmediato, le saltan todas las alarmas y se pone a hacer chistes... así, como hacían en tiempos del Lazarillo los condenados a muerte mientras iban subiendo las escaleras del cadalso. Saber coger al toro por los cuernos es, seguramente, el más importante de todos los aprendizajes de la vida. Algunos llaman a eso valentía. Y, a lo contrario, cobardía. Con la dialéctica entre la una y la otra es como se escribe la historia de cada cual. Y no hay más tu tía. 

sábado, 8 de junio de 2024

Conócete

El ser humano va descubriendo cosillas que le permiten ir de aquí para allá, alimentarse sin necesidad de grandes esfuerzos, guarecerse de los elementos con cierta seguridad, cosas todas ellas que son de mucho agradecer, pero que a la postre poco le resuelven su principal problema, fuente de todos los desasosiegos que emponzoñan las vidas, a saber, aquel,  famoso "conócete a ti mismo" que decía, no sé si Sócrates o el mismísimo Apolo, ya que la frase en cuestión estaba grabada en la piedra del frontón del templo que le estaba dedicado en Delphos. También, por lo visto, estaba grabada  en aquel frontón que, por lo que más quieran, "nada en demasía"... imagínense a la Celestina y la Lozana, que, les comentaba el otro día, no tenían otra filosofía de vida que la de "a tuerto o a derecho, mi casa hasta el techo". 

En definitiva, el ser humano intuyó desde muy pronto que la única forma de controlar el desasosiego que le corroía la vida era ese conocerse a sí mismo, y, por eso, y no por otra cosa, fue que Alejandro condujo a sus huestes hasta la India, porque le habían asegurado que allí había unos hombres que le podían enseñar algo al respecto. Y sí, de aquella se dio un gran paso, porque, a partir de entonces, se empezó a difundir el estoicismo, una herramienta valiosa que, aunque cuesta mucho aprender a manejar, sirve para comerse un poco menos el coco.   

Pero no nos engañemos, desde el mismo momento que el ser humano se dio cuenta de que sin conocerse a sí mismo la vida se convertía muy pronto en un infierno, empezó a maquinar sobre la mejor manera de ayudarse en tan ímproba tarea. Así fue como descubrió la literatura. En la literatura es donde nos reconocemos a nosotros mismos y, si somos espabilados, nos desmentimos... y sosegamos. Es tan obvio que para el ser humano nunca hubo nada que se le pudiese comparar en importancia a la literatura que, díganme ustedes a que personajes conocen de hace veintisiete siglos que no sea Homero. ¿Hay alguien que más haya trascendido en la historia de la humanidad que él? ¿Que sería el mundo clásico si prescindiéramos de Esquilo, Sófocles, Eurípides, Platón y Aristóteles? ¿Hay algún inglés más importante que Shakespeare? Ni siquiera Newton. Y españoles, ya me dirás quién se puede comparar a Cervantes. 

Claro que, si la literatura es difícil crearla, tampoco es fácil recrearse con ella. Leer a los grandes, que es donde la enjundia se concentra, no es pasatiempo para cualquiera: se requiere para ello entrenamiento y experiencia de vida. Por eso, porque la literatura no es herramienta para cualquiera, es por lo que se inventaron profesiones que pretenden conocer los mecanismos para llegar por vía directa a donde la literatura llega dando muchos rodeos. Freud se sacó de la manga el psicoanálisis que sin duda es una herramienta curiosa que intenta esclarecer las oscuridades de la mente apoyándose en el contenido simbólico de la literatura clásica, las tragedias griegas, mayormente. Pero, en fin, de esto que opine Woody Allen que es el que más sabe. 

Resumiendo, que no hay forma de engañarse al respecto. Estamos, poco más o menos, donde se estaba en la noche de los tiempos. Con el mismo desasosiego. No hemos avanzado nada, o muy poco en cualquier caso, respecto del conocimiento de nosotros mismos. Y mucho me temo, que ha sido porque no puede ser y, además, es imposible. Así que no es raro que todo el empeño se ponga en los paliativos. Ir de aquí para allá en busca de bailes de vampiros, por lo general.  

viernes, 7 de junio de 2024

Platón/Aristóteles, Aristóteles/Platón

Platón/Aristóteles, Aristóteles/Platón. Se tira Santi, esta mañana, media hora larga dándole vueltas al asunto. Es algo que no tiene fin. El mundo de las ideas, el mundo material. Se necesitan tanto que, al final, se confunden. Y siempre se acaba recurriendo a lo que decía mi abuela que tenía un puesto de verduras en la plaza. Esa necesidad imperiosa que tienen algunas personas de aprender a pensar mejor de lo que piensan. Porque tienen la dolorosa conciencia de sus limitaciones. Es la consecuencia inevitable de las vidas dedicadas al estudio. Estudias con la ilusión de que así encontraras puntales para paliar tu inseguridad y resulta que consigues el efecto contrario: es la maldición socrática del solo sé que no sé nada. Cavas y cavas y cavas y, cuanto más profundizas en algo, más lagunas encuentras a tu conocimiento. El saber, por mucho que presumamos de lo contrario, siempre es superficial. 

Así las cosas, qué otro consuelo nos queda que no sea el cinismo. No hay saber como el tener, se decía en aquella España de aquel siglo que, no por ser considerado como de oro, dejaba la gente de morirse de hambre. Tener para comer, entonces, era el máximo exponente de la sabiduría. Todo el rato había que estar ingeniándoselas para llegar a mañana. Así, cómo no se iba a producir aquella literatura rutilante. A tuerto o a derecho, mi casa hasta el techo, dicen, tanto la Celestina como la Lozana Andaluza, quizá las dos filósofas más sobresalientes que ha dado este país. 

El caso es que ando de lo más entretenido con las aventuras del bachiller Trapaza. Siglo XVII también. No entiendo el porqué de que ese libro tenga tan poca resonancia en el mundo de las letras. Es una especie de Casanova, pero en cutre a más no poder. Víctima de la ludopatía desde su primera juventud se ve inmerso en todo tipo de líos de los que siempre escapa por los pelos. Siempre me resultó incomprensible la ludopatía; seguramente por falta de experiencia propia. Sin embargo, comprendo que hay pocas figuras con más capacidad para sugerir que la del jugador. Por eso es una constante en en el cine y en la literatura. Vivir a golpes de suerte. Buenas y malas rachas. Hay que estar hecho de una pasta muy especial para poder soportar eso. En cualquier caso, es una patología, si es que así se puede considerar, cuya proximidad pone nervioso. Tan fácil como pareciera a un profano salir de ella y tan imposible a un profeso. Una prueba más de lo insondable que es la condición humana. No hay forma de horadar la coraza que la recubre. Y, sin embargo, nunca cejamos en el empeño. ¡Algo hay que hacer en esta vida!  

jueves, 6 de junio de 2024

El cielo está enteriñado

Ayer soplaba una brisa de nordeste que no llegaba a molesta, pero tampoco se agradecía. El cielo estaba un poco enteriñado y el sol calentaba lo justo. Tomamos la barca de Somo y anduvimos por allí unas horas; fuimos hasta Loredo por el bosque solitario y, tras un breve descanso tendidos en la arena, regresamos por el arco de ballesta de la playa que, por comparación con lo que suele ser, estaba bastante solitaria. El típico grupo de surfistas, esta vez franceses, el inacabable goteo de peregrinos a Santiago, algún paseador de perros... diría yo que aquello me produce melancolía. Por eso quizá sea que ya casi no voy. Aunque también puede ser que en vez de melancolía sea simplemente cansancio. Y es que uno, a veces, no se hace a la idea de su verdadera situación: se mire por donde se mire soy un anciano. Bien conservado y tal, pero anciano... sobre todo cuando me olvido de que lo soy. 

La melancolía, dulce tristura que la llamó el poeta, o el cansancio, pueden ser sumamente placenteros cuando encuentran su lugar para recrearse, sentado en el reclinable Ikea, escuchando música country y haciendo solitarios mientras la luz del día se va apagando. Cogí por un momento Los Monederos Falsos, pero se me cayó de las manos. Luego, cuando me metí en la cama fue un visto y no visto hasta que las urgencias propias del caso me despertaron. Es un verdadero placer no tener que estar dando vueltas y más vueltas hasta que te quedas frito. 

La ciudad dormía todavía cuando me he levantado. Quizá fueron los primeros trenes los que me han despertado. Serían las cinco o así. He desayunado y vuelta al reclinable Ikea, pero esta vez con todas las energías renovadas. Ahora, no me siento anciano y hago proyectos. Me queda una gran tarea por hacer. Las primeras luces me pillan con estas reflexiones. Luego vendrá Sonia a limpiar y tendré que ahuecar el ala. Aprovecharé para hacer las gestiones que tengo pendientes... papeleo, siempre papeleo. ¡Qué vida ésta! En lo que ha venido a dar la especie... ¿no podría haber sido todo un poco más sencillo? Nos mata la ambición de seguridad. ¡Mas tontos y no nacemos!

miércoles, 5 de junio de 2024

Brillo sofocleo

Hace unos años leí las memorias de Gide. Me parecieron una joya y de ello dejé constancia reiterada en las páginas del blog que por entonces escribía. No solo la claridad expositiva, lo que Ortega llamaba la cortesía del escritor, también me impactó su valentía para airear la parte oscura de su yo, cosa que en estos maravillosos tiempos que corren le hubiera llevado de cabeza a la cárcel en menos de lo se tarda en decirlo. Leer esas memorias es tener la prueba irrefutable de toda la libertad que hemos perdido en los últimos cincuenta años y la milonga que es todo esto de la tolerancia socialdemócrata. ¿Tolerancia para qué? Aquella sí que era tolerancia. Después de contar lo que cuenta, que por otra parte era del dominio común, Charles de Gaulle se sentía muy honrado de poderle tener a cenar en el Elíseo. Y es que por aquel entonces se sabía separar inteligencia de pulsiones oscuras. De Gaulle le invitaba por su inteligencia, aunque, seguramente, no se le escapaba hasta que punto la inteligencia y las pulsiones oscuras pueden ser consecuencia, o hermanas gemelas, la una de las otras y viceversa. 

Hace pocos días leí "La Sinfonía Pastoral" y volví a quedar maravillado. Una fábula moral de una elegancia époustouflante. Muy pertinente en estos tiempos que corren por desvelar con sutileza las razones oscuras que emponzoñan todo el buenismo que nos corroe. ¡Nunca se fíen de alguien que va de bueno, por favor! Estense seguros de que, si se fían de él, acabará metiéndosela doblada por siete sitios diferentes. 

El otro día compré en La Rebelde, por tres euros, "Los Monederos Falsos". Apenas he leído medio centenar de páginas y ya voy flipando. Me siento algo parecido al Malogrado, aquel personaje de la novela de Bernard Thomas que decidió dejar de tocar el piano después de ver cómo lo hacía Glen Gould. Es la profundidad a la que llega en los entresijos de la condición humana. Seguramente, tiene mucho que ver en la adquisición de esa habilidad el no haber tenido reparo en abandonarse sin cortapisas a las pasiones surgidas de su lado más oscuro. Son las experiencias que labran el más auténtico "conócete a ti mismo" socrático. Claro que, no basta para ello el mero abandono a esas pasiones, hay que añadirle una inteligencia fuera de lo común y, sobre todo, una formación aristocrática que es la que te limpia, o enseña a controlar, todos esos componentes del espíritu que son la columna vertebral de la baja condición humana: el miedo, la envidia, el rencor, el victimismo... en resumidas cuentas, la cobardía.  

En fin, me voy a lo mío que, a qué engañarse, son las labores de mantenimiento. ¡Joder, cuánto trabajo da un cacharro viejo! Pero, no me quiero quejar, ni mucho menos, que, aunque viejo, todavía me sirve para ir a lugares donde hay brillo sofocleo. ¡Qué más se puede pedir a la vida!  

martes, 4 de junio de 2024

Hormigas

De vez en cuando se planta un crucero gigantesco en la estación marítima y empieza a vomitar turistas. La mayoría deben de ser ingleses y, por la pinta que tienen, yo diría que la mayoría eran de entre la lower middle class y la upper lower class, aunque tampoco me extrañaría que algunos fuesen de la lower lower class -los ingleses afinan mucho con esto de las clases sociales-. En cualquier caso, la gente de aquí, por comparación, parecen lo que a nosotros nos parecían los ingleses de cuando aquel entonces. No cabe duda de que se han cambiado las tornas respecto de las pintas. En lo demás, vete tú a saber, porque en lo de andar de aquí para allá, como alma que lleva el diablo, no veo la menor diferencia. Venía yo de resolver unos asuntos por la seaside y aquello era lo más parecido a cuando un hormiguero se desparrama por los alrededores de su casa matriz. El número de los que iban en sillas de ruedas era considerable, el sobrepeso, generalizado, y las varices ostentosas menudeaban peligrosamente. Al pasar por delante de "Los Cien Montaditos", vi a un par de grupos sentados en la terraza bebiendo cerveza y comiendo patatas fritas. Cuando ya estaba llegando a casa vi que algunas hormigas se habían despistado y andaban por aquí estirando el cuello para no perderse ninguno de los indudables encantos que atesora este barrio. La verdad es que no llamaban mucho la atención porque por aquí los que ya empezamos a llamarla somos los aborígenes que nos hemos convertido en una minoría étnica. 
Así corre el mundo y, aquí, en Santander, tratando de aprovecharnos. La ciudad se está convirtiendo en un puro piso turístico. ¡Oye, si dan el coñazo, por lo menos sacarles la pasta! Y que dure lo que dura dura.    

lunes, 3 de junio de 2024

Valle de lágrimas

Decía Pla que las enfermedades son los viajes de los pobres. Efectivamente, vas por la calle y, si pones la oreja a lo que se habla, te darás cuenta de que la inmensa mayoría de las conversaciones consisten en el relato de uno de esos viajes. No es probable que en Santander haya un sustantivo más empleado que Valdecilla, el que fue fundado como templo de la filantropía y hoy lo es de la tan cacareada como falsa justicia social. En fin, pelillos a la mar. 

Les traigo a colación la metáfora de Pla porque estos últimos días he andado de viaje. Bien es verdad que un viaje de tres al cuarto, pero no por ello menos intenso en cuanto a las anécdotas que podría contar si quisiese y mi natural, elegante de por sí, no me lo impidiera. Solo les contaré que, estando comiendo unos frutos secos, noté algo raro en la boca que resultó ser la fractura de una muela. A partir de ahí se desencadenaron los acontecimientos que, a la postre, me han hecho reflexionar sobre la condición humana respecto de su miserias. O sus viajes, si así lo quieren llamar.

Como estudioso del cuerpo humano que he sido, hasta el punto de hacer de su conocimiento mi profesión, nunca dejé de maravillarme al ir descubriendo los sofisticadísimos mecanismos que ingenió la naturaleza para que los cuerpos funcionasen durante unos cuantos años que, en algunos casos, se aproximan al siglo e, incluso lo sobrepasan, como fue el caso de mi madre que llegó a los ciento cinco o, más sorprendente aún, el de Teofrasto, que, según las crónicas de la época, siglo IV antes de Cristo, llegó a los ciento siete pudiendo hacer uso de sus facultades viriles así como de las intelectuales. Claro que, si se paran algún día a leer sus "Caracteres", se darán cuenta de que era un hombre con mucho sentido del humor y, así, cualquiera dura. 

Pero sabido es que, por muy buen escribano que se sea, nunca se está libre de echar un borrón, y a Naturaleza, buen escribano donde les haya, se le escapó el borrón de la dentadura... a no ser que el borrón fuese intencionado para que tomáramos conciencia de lo limitados que estamos. La dentadura no está concebida para durar mucho y, en su progresiva destrucción, va dejando un río de sufrimientos que en sus crecidas pareciese que se iba a llevar la vida por delante. De hecho, apostaría que no fueron pocos los humanos que se arrojaron por un precipicio impulsados por un dolor de muelas persistente.

Lo que me parece curioso de todo esto es la poca atención que la literatura y la história en general le dedican a este asunto. De los reyes, por ejemplo, que son las personas de quienes más información tenemos apenas se citan las cuestiones dentales, por más que la mayoría de ellos ya habían perdido toda su dentadura a edades muy tempranas. Leí en algún lado que en un pueblo de Aragón había un artesano virtuoso que hizo dentaduras postizas al rey de Francia de por entonces, Luis XIII o XIV, creo recordar. Casanova también nos cuenta algo respecto de su protector, el Señor de Bragandín, o algo así, que a partir de cierta edad dejó de asistir a los banquetes porque no tenía con qué masticar y se alimentaba de purés. También nos relata algún episodio de dolor de muelas que le había tenido apartado por unos días de toda actividad social. Pero, en general, esto del deterioro dental es tema que se evita y, que yo sepa, no hay una historia de la humanidad desde la perspectiva del sufrimiento dental. ¿Quién sabe qué barbaridades no habrán hecho los poderosos impulsados por un mal dolor de muelas? 

En fin, qué vida ésta; no es de extrañar que también se la conozca como valle de lágrimas.