jueves, 15 de agosto de 2024

Cosas veredes

Veo a Juan, el de Matemáticas con Juan, con la cabeza metida en un pollo al estilo Mr. Bean. El titular dice así: Resolver ecuaciones como un pollo (sin cabeza). El vídeo forma parte de la guerra particular que viene sosteniendo Juan a propósito de las ecuaciones irracionales. En éste enseña un libro de matemáticas de la editorial Santillana -del grupo Prisa- en el que hay un error garrafal respecto de las citadas ecuaciones. Bueno, me he dicho, siendo del grupo Prisa, ¿qué tiene de particular que haya errores? ¿No es todo ese grupo un error en sí? Pero, en fin, dejemos eso porque a lo que quería ir es a que, justo al lado del vídeo de Juan había otro de título: Mujer cuenta su experiencia con su perro. Así que he sucumbido a la curiosidad y he hecho clik encima. 

Una señora por los cuarenta o así cuenta en un plató de televisión que no se puede comparar el placer que experimenta al hacerlo con su perro con el que siente al hacerlo con su marido. Por supuesto, el perro gana por goleada. Entonces la presentadora del programa hace unas consideraciones de tipo moral muy al uso que en absoluto arredran a la interpelada que, firme en sus convicciones, argumenta: Si usted no lo ha hecho nunca, ¿cómo puede opinar? Hágalo y luego hablamos. Y la presentadora: Ya, pero es que eso es inmoral. Y la otra:  ¿Por qué es inmoral? ¿A quién hago daño con ello? Y la presentadora: al perro. Y la otra: pues al perro parece que le gusta.  Etc.

Así corre el mundo. Ya me parecía que tenía que haber algo oculto que justificase esos amores perrunos. El otro día fue el Veterinario Gratis el que me desvelo algunas claves -el aumento exponencial de las enfermedades venéreas de origen animal-, pero lo de esta señora es definitivo: la intimidad siempre lleva a lo mismo, a buscar el orgasmo. ¡Oye! Si Dios nos puso ahí esa bicoca porque no utilizarla a su mayor gloria. En fin, cosas veredes...  

miércoles, 14 de agosto de 2024

Hundimiento total.

Vaya por delante que a estas alturas de la vida si me fuera a sorprender, y no digo, ya, indignar, por las cosas que pasan, sería la prueba irrefutable de que ya estaba de vuelta en la niñez, como es propio de los viejos cuando tienen perdida la chaveta. La historia de la humanidad es una continua lucha por el prevalecer los unos sobre los otros. Es un trastorno que traemos de fábrica, supongo que por estar imposibilitados para sentirnos seguros, lo cual, en la inmensa mayoría, no es más que una cruz que se arrastra por la vida con resinación. Pero, luego, está esa minoría psicopática que cree que imponiéndose a los demás puede torcer el brazo a la naturaleza y, por eso, actúan como si nunca se fuesen a morir. El problema se agrava porque, por lo general, la naturaleza se complace en dotar a los psicópatas con un alto poder de persuasión y otros diversos encantos. Fijándose en ellos es como el mundo inventó la figura del diablo. Otros lo llaman Moriati. Otros, Fumanchú. Otros, Mabuse. El ser humano ha inventado infinitos nombres para la representación del mal en estado puro. Y es que, no es para menos, porque los psicópatas son pocos, pero se las apañan con una facilidad sorprendente para hacerse omnipresentes. 

Pero como la naturaleza tiende a equilibrarse por tal de no perecer, a esa minoría psicopática se le opone otra minoría, quizá psicopática también, pero de signo, por así decirlo, contrario. Son los caballeros andantes de la Edad Media, con un desprecio absoluto de la muerte, y por tanto con una coraza que les hace insensibles al miedo. Cualquiera que viva con una permanente consciencia de que aquí estamos de paso ya lleva puesta esa coraza. Por no morir no merece la pena en absoluto el dejarse avasallar por los malvados. Porque ese el asunto, que los malvados avasallan, es decir, que quieren que seas su vasallo, le rindas pleitesía, le limpies el culo, y todas esas humillaciones que la inmensa mayoría soporta con tanta resignación que ni siquiera es consciente de que las soporta. 

Personalmente, después de haber visto lo que he visto durante lo que han llamado pandemia, estoy convencido de que el mundo atraviesa una etapa en la que los malvados están ganando por goleada a los caballeros andantes. Y eso es lo bueno, que cuando alguien se acostumbra a ganar por goleada está firmando su capitulación. Porque nada debilita tanto como sentirse poderoso. Y no es que diga esto porque soy lector asiduo de la Biblia, que también, sino porque mi ya dilatada experiencia así me lo atestigua. 

Prueba fehaciente de todo esto que estoy diciendo es el cómico contencioso que los mandamases de la Comunidad Europea se traen en estos días que corren con el magnate Elon Musk. Esa chusmilla se ha acostumbrado tanto a que nadie le tosa que tiene totalmente perdido el juicio y, por eso están empeñados en poner puertas al campo. Y Elon, que se ha curtido combatiendo, se ríe de ellos. Ahora le piden que censure en Europa la entrevista que viene de hacerle al candidato republicano a la presidencia de los EEUU. Ya digo, tienen completamente perdido el juicio. Como si ese señor, el tal Trump, no tuviese muchas papeletas para convertirse de aquí a cuatro días en el emperador del Imperio del que la Comunidad Europea forma parte. ¿Por qué entonces no quiere esa chusmilla gobernante que los ciudadanos se enteren de lo que piensa el muy posible futuro emperador? No veo otra explicación que la dicha: completa pérdida del juicio. O sea, a dos pasos de su hundimiento total. 

martes, 13 de agosto de 2024

Lo Que Dios Quiere

 El candidato a presidente, y expresidente, Donald Trump, tiene un hijo muy guapo y muy joven que se llama Barron Willian. Parece ser que los asesores de imagen de su padre han creído que podría ser rentable que el niño eche una mano. Y así es que, ahora a la que te descuidas, te aparece en YouTube un video en el que aparece el tal Barron cantando, como si fuese un robot, una canción patriótica que usa como leitmotiv Made  Great America Again. ¿Se acuerdan ustedes de aquella película en la que unos jovencitos bellísimos se apean de un camión junto a un merendero y se ponen a cantar canciones patrióticas? En aquel caso era Made Alemania Great Again. ¡Y vaya que si la hicieron grande! Ya va para más de ochenta años de aquello y Alemania sigue siendo una nación ocupada por tropas extranjeras. La verdad, no es que Trump me cayese ni bien ni mal -uno más de la serie, me decía-, pero desde que he visto a este chaval siendo utilizado de mala manera, ya no las tengo todas conmigo. Los niños lo que tienen que hacer es jugar, como con tanto acierto decía aquella bella canción de Santana: Let the Children Play.

Porque eso es lo que estoy viendo por todas partes, que no dejan jugar a los niños. Los mayores les quieren utilizar para sus turbios afanes. ¡Hay tanto aburrimiento! El padre de todos los vicios, como dijo ya no recuerdo quién. Y el ocio, la madre. Y es que el ocio forma con el aburrimiento un matrimonio indisoluble. A la que falta el negocio el ser humano se pervierte. Ahí tengo a unos vecinos, una pareja por los treintaitantos, siempre con la ventana abierta para que los veamos tumbados en la cama fumando porros y mirando el móvil entre polvo y polvo -y menos mal que todavía les que un resto de pudor para entornar la ventana cuando se disponen a consumar el rito-. Él con sobrepeso y ella sobretatuada, para que no falte nada. A su modo, ellos también quieren Made Spain Great Again. 

En fin, buenas ganas de darle vueltas si de sobra es sabido que, a la postre, siempre es Lo Que Dios Quiere.

lunes, 12 de agosto de 2024

Criados

Seguramente no hay síntoma que mejor denuncie el fin de una época que los intentos de los poderes en curso de limitar la libertad de expresión. Por lo visto, el actual gobierno del Reino Unido anda en ello. Manda allí un tipo que cuando lo de la famosa pandemia exhortaba al gobierno desde la oposición a dictar leyes más severas para castigar a los díscolos. Un talibán, en definitiva, al que los ingleses han elegido pensando que era el mal menor. No ha tardado el tipo ni un mes desde que trincó el cetro en sacar una ley para meter en la cárcel a cualquiera que diga algo que a él no le gusta. ¡Y nosotros que creíamos que en Inglaterra una cosa así era impensable! Pues ya ven, lo es. Y por eso fue que ayer se hiciese viral en las redes el discurso de Mr. Bean a propósito de la libertad de expresión. Y Ann Widdecombe y otras tantas vacas sagradas que dijeron la suya con gran repercusión entre la gente joven, sobre todo, que es la que escapa al doctrinarismo de los medios de comunicación tradicionales, controlados todos ellos por el gobierno vía publicidad institucional.  

La situación es triste. Los gobiernos han fomentado una inmigración masiva porque la gente autóctona necesitaba criados y, como decía mi madre, los criados, por la propia naturaleza de las cosas, son todos comunistas. Ahora, una vez asentados y afianzados en sus costumbres ancestrales, vete tú a echarles un galgo. Se están apoderando de todo y tratando de imponer su particular visión de la jugada que no es otra que la que les obligó a abandonar sus países después de haberlos arruinado. Claro, toda esa pobre gente, venida de la miseria, suele tener una tendencia natural hacia las leyes represivas. Es lo que trata de explicar la biblia con lo de los cuarenta años que Yahvé tuvo a los israelitas vagando por el desierto para preparar su entrada en la tierra prometida. Y es que en menos de cuarenta años es imposible sacarse la mugre acumulada por generaciones de esclavitud. 

Así que, lo que habría que decir a la gente sería: ¿no queríais criados? Pues ahí los tenéis. Ahora apechugar con las consecuencias. Por lo tanto, lo que tienes que hacer es, coger tu perrito, comértelo y, luego, ponerte a trabajar. Porque el necesitar que te limpien el culo siempre ha salido muy caro. Sí, es evidente que estamos metidos en un gran lío como consecuencia del haber demasiada gente que no sabe ni limpiarse el culo. 

En fin, esperar para ver... al que le quede tiempo. 

domingo, 11 de agosto de 2024

Carpanta

Hoy, lo suyo va a ser encerrarse en casa a cal y canto. Anuncian temperaturas de casi cuarenta grados, aunque hacia las seis de la tarde habrá una degringolade que las pondrá por los veintitantos; nunca son muchas las pulgas en casa del rico. Llevamos todo el verano con temperaturas que raramente sobrepasan los veinticinco grados, lo cual, por contraste con lo que hay a unos pocos kilómetros al sur es una bicoca. Así es que no es extraño que estemos invadidos. Es tanta la gente que nos vemos precisados a acomodar que apenas queda espacio para deambular. Ya hay que ir por las aceras de canto; es para lo que da el espacio dejado entre la pared de la casa y la pertinente terraza de los bares o cafeterías que jalonan las calles sin solución de continuidad. De esta, como decía el otro, nos forramos. 

Una ciudad para el hedonismo. Como Herculano y Pompeya. De momento no sabemos muy bien cuál es el Vesubio que nos acecha. Pero seguro que hay alguno, porque sabido es que a los dioses no les agrada que la gente de un día quiera parecérseles. En cualquier caso, uno, se sienta en un banco de cualquier paseo y se entretiene viendo pasar a la gente ociosa que va de un bar a un restaurante y, de ahí, a una cafetería. Y así se cierra el círculo, porque de la cafetería, se vuelve inevitablemente al bar. Lo cual, como que está en intrínseca armonía con el exceso de gente oronda que se aprecia por doquier. Ya, sí, de acuerdo, pero ¿y lo que ha disfrutado toda esa gente llenando la endorga hasta los topes?

En fin, cosas de los tiempos. En mis años infantiles nos hacía gracia ver a Carpanta soñando siempre con pollos asados que nunca llegaba a catar. La diferencia con los carpantas de hoy día es que los sueños se cumplen. La gente sale de casa soñando con pinchos, tapas, raciones y cazuelitas, y raro es que no colme con creces todos sus anhelos. Tiempos, estos, prodigiosos, en los que nos está vedado luchar para satisfacer los deseos. Bueno, ya digo, somos como dioses. Ahora solo queda por ver hasta dónde van a tolerar los verdaderos antes de ponernos firmes.

sábado, 10 de agosto de 2024

Ciorán

"No olvide decirles que solo soy un marginal, un marginal que escribe para hacer despertar. Repítaselo, mis libros pueden hacer despertar." Así termina la conversación mantenida por Cioran y Savater que esta colgada en YouTube con el título: Escribir para despertar. Como es de suponer, cualquier reflexión sobre el hecho de escribir tiene que interesar, y mucho, a cualquiera que haya hecho de la escritura uno de los aliviaderos por donde intenta que se vayan sus angustias existenciales. Nunca se podrá saber porque se escoge, precisamente, ese tipo de aliviadero, pero el hecho es que se da en ello y ahí está, primero para intentar despertarse a uno mismo, y, después, una vez crees haber conseguido, al menos en parte, ese soñado objetivo, para trasmitir la buena nueva a los demás. Porque el escribir siempre tiene algo de mesiánico. 

Muy al comienzo de esa conversación, Cioran hace referencia, dándole una importancia decisiva, a su infancia feliz en un pueblo de los Cárpatos rumanos. Viene a decir, que una infancia feliz tiene sus consecuencias de tipo psicológico a todo lo largo de la vida. Y es que una infancia feliz hace de la vida una continua sensación de ir a menos; de hastío en cierto modo. 

¿Qué quiere decir una infancia feliz? Seguramente, recuerdos de algo que te empeñas en idealizar. A mí me pasó y traté de dejar constancia de ello en un libro que publiqué en su día y que acabo de colgar en Amazon con el título de "La alargada sombra de la Peña Pelada". Quizá el que un buen día me diese por ponerme a escribir no fuese por otra causa que por haberme fallado todos los otros intentos que hice de desprenderme del hastío que me provocaban aquellos recuerdos idealizados. Pero, vaya usted a saber.

En cualquier caso, escribir, quiero pensar, me ha ayudado a ser un poco menos tonto. Quizá a eso es a lo que Cioran llama despertar. Porque mira que se hacen tonterías cuando estás dormido.  

viernes, 9 de agosto de 2024

Los orígenes

Por circunstancia de la vida, ayer me vi en la tesitura de tener que ir a comer por ahí. Cada vez estoy más renuente a ese tipo de obligaciones por razones diversas, pero nobleza obliga y uno sabe apechugar con las consecuencias. En principio habíamos quedado en que comeríamos en el Hotel Bahía, un lugar con cierto cache de toda la vida, pero ayer, sin reservar imposible y, además, estaba de bote en bote sin tener nada que envidiar a la peor taberna de la ciudad. Gentes venidas de fuera amontonadas alrededor de la barra tomando aperitivos y gritando para entenderse: una delicia a todos los efectos. 

Al final encontramos una mesa en una terraza de la calle Rubio, cabe la biblioteca Menéndez Pelayo. También estaba de bote en bote, con familias numerosas dispuestas a esperar lo que les echasen encima. Comimos para salir del paso y a ritmo de tortuga. Espero que con esto se hayan acabado mis obligaciones por lo menos hasta el año que viene si es que todavía ando por aquí. 

Cuando yo era chaval, la frase que más repetían los de aquí en verano era: a ver cuándo se van los de fuera y nos quedamos los de casa. ¡Los pobres, tendrían que haber visto lo de ahora! 

No se hacen idea de cómo echo a faltar mis veranos castellanos. Me iba pedaleando tranquilamente por las riberas del Pisuerga hasta Aguilar y me instalaba en una mesa bajo los soportales de la plaza para comer. Sin el menor asomo de aglomeración. Luego me iba a cualquiera de los parques a echar la siesta en un banco, siempre arrullado por el susurro de las aguas. Y otras mil posibilidades, siempre sintiéndome caballero solitario en medio de la inmensidad. Pero, en fin, ya saben que es muy de algunas especies regresar a los orígenes cuando ven ya próximo su final. Como dicen que hacen los elefantes, aunque yo me identifico más con Ulises. Aquí, encerrado en mi palacio, dedicado a poner en orden los recuerdos -estoy a punto de colgarlos en Amazon-. 

Por lo demás, dando gracias a los dioses. 

jueves, 8 de agosto de 2024

Vivir en el escaparate

Me envía Nacho un vídeo en el que se ve a dos familias gitanas escenificando una petición de mano. Así, a primera vista, uno pensaría que se trata de uno de aquellos sketchs del grupo teatral La Cubana, que bordaban el realismo social convirtiéndolo en comedia. No sé qué habrá sido de los de La Cubana, pero, desde luego, aquel género que cultivaban ya, desde que la gente filma todo lo que hace y lo cuelga en YouTube, se ha quedado anticuado. La realidad le da cien vueltas al arte.   

En el caso que nos ocupa, la familia demandante, con su inevitable sobrepeso, se ve a las claras que son los que tienen la pasta. No hay más que ver la indumentaria del novio y el fino trabajo de "barber shop" que tiene en la cabeza. La madre, aparece un instante al final con un vistoso traje azul y bajándose la faja para realzar su figura escultural a lo Botero. El padre, con su oronda barriga, es el que echa el espiche. "Somos familias que nos conocemos, buena gente, etc.", lo que se dice en estos casos. La familia demandada es esbelta. La novia, un tipazo. El padre, parece entregarla de buena gana. No faltan los niños jugando por allí ajenos a la ceremonia. Todo tan natural y gracioso que es imposible que unos comediantes lo superen.

Lo de las peticiones de mano. Creo recordar haber asistido a la de alguna mis hermanas. Una disculpa para reunirse y tomar unos aperitivos. En aquel ambiente de mi juventud nunca se paraba de tomar aperitivos -del latín aperitibus: abrir el apetito-; cualquier excusa era buena. Hoy día parece que se va quedando en costumbre cutre, como de funcionarios y gente por el estilo. En cualquier caso, lo de las peticiones de mano en plan serio ya solo pueden darse en las etnias que guardan las esencias, es decir, que viven de trapichear. ¿Con qué trapicheará la familia demandante del caso que nos ocupa? Visto el oro que cuelga del cuello del novio me puedo temer lo peor. Desde luego que de mercadillo no es. En fin, allá ellos. El caso es que a la gente le ha dado por vivir en el escaparate y, así, se están cargando el arte de Talia, porque, ¿qué sentido tiene ir a ver la ficción de lo que puedes ver la realidad? Claro que la realidad que se exhibe siempre es superficial. ¿A quién le pudiera extrañar que esas dos familias del sketch comentado acabasen a puñaladas por un quítame allá esas pajas? Y seguro que también lo filmarían para colgarlo en YouTube. 

miércoles, 7 de agosto de 2024

La pretendí como esposa

Andaba ayer a vueltas con el Libro de la Sabiduría y me maravillaba la concisión con la que el autor explica la que a todas luces es la cuestión clave de la condición humana: la adquisición de conocimiento. Porque, ¿qué otra herramienta tienen los humanos para conservar su especie que no sea la adquisición de conocimiento? El conocimiento es nuestra esencia y nuestra fuerza. Por eso, una vida no puede ser cumplida si no está dedicada en cuerpo y alma a esa adquisición. Lo demás son mandangas. Quizá este libro sea, de entre todos los que componen la Biblia, el que más ha calado en el pueblo judío.  En cualquier caso, es el que mejor los define y, para confirmarlo, solo hay que remitirse a los hechos:

La pretendí como esposa

    »Gracias a ella alcanzaré la inmortalidad

y legaré a la posteridad un recuerdo imperecedero.

    »Gobernaré pueblos, someteré naciones;

soberanos temibles se asustarán al oír mi nombre;

con el pueblo me mostraré bueno y en la guerra valeroso.

    »Al volver a casa, descansaré a su lado, pues su trato  no desazona,

su intimidad no deprime, sino que regocija y alegra».


Se han parado a pensar la cantidad de judíos inmortales que hay. Suprimiésemos todo lo que han aportado al mundo y andaríamos unos cuantos siglos por detrás... aunque, tampoco podemos saber si eso sería contraproducente. Porque a veces parece que tanto adelanto no sirve para otra cosa que no sea tenernos encadenados a una roca del Cáucaso. Con el águila que viene todos los días a roernos los hígados, incluido. 


  

martes, 6 de agosto de 2024

Lunes negro

Observando a vuela pluma los titulares de los vídeos de YouTube no me queda más remedio que enterarme de que ayer fue un "lunes negro". Uno de tantos de los que he visto pasar sin pena ni gloria a lo largo de la vida. Al final, estos acontecimientos, que se resumen en que los jugadores de la bolsa de valores tienen una mala racha, para lo único que sirven es para que los agoreros saliven con fruición. ¡Ya lo decía yo!, gritan desaforados. Como si constatar una vez más la más tozuda de todas las leyes de la naturaleza, que todo lo que sube, baja, tuviese algún mérito. 

La bolsa, por un lado, Maduro que no acaba de caer por muy maduro que esté, los israelitas y los filisteos que andan a la greña por variar, las mafias de EEUU, una vez más, intentando resolver sus problemas a tiros, las fronteras del este europeo echando fuego para no perder la costumbre... lo de siempre, en definitiva, con pequeñas variaciones. 

Las grandes catástrofes, mi impresión es que siempre llegan por sorpresa. Leía, en no sé dónde, la que se armó hacia mediados del siglo VI cuando el cielo se cubrió de una espesa nube negra y estuvo tres o cuatro años sin poderse ver el sol. Lo más seguro, según dicen, es que fuese por una erupción volcánica, lo más probable en Islandia. Ni que decir tiene que de aquella el mundo se quedó en los huesos. A la imposibilidad de las cosechas le siguió la hambruna y, a continuación, como no podía ser de otra forma, la peste. Ya ven, una erupción volcánica que lo mismo puede pasar mañana que dentro de cien o mil años. Y todo a tomar por el saco. Porque ¿se imaginan lo que podría pasar si, ahora, de repente, nos quedásemos sin sol por cuatro años? Ponte a alimentar a siete mil millones de personas en esas condiciones. Sería un imposible metafísico. Ni aún comiéndonos a los perros íbamos a salir del paso. 

Así es que, olvídense de los agoreros. Los humanos vivimos a merced del capricho de los dioses y lo único que podemos hacer para calmar nuestras angustias es creernos que ofreciéndoles sacrificios nos van a ser propicios. Una ilusión, desde luego, pero, ¿a qué otra cosa nos podemos acoger para sosegar un poco?   

lunes, 5 de agosto de 2024

El pincho

Uno madruga porque la naturaleza se lo exige. A esas horas tempranas en las que me asomo a la ventana y veo regresar a los jóvenes que vienen de esnifar cocaína. ¡Juventud, divino tesoro! Y, ya que me he asomado, aprovecho para dejarlas abiertas de par en par para que la casa se refresque en previsión de lo que está por venir: están orientadas a poniente y hasta casi las diez de la tarde les pega el sol de plein fouet. Uno trata de adaptarse a las estaciones como a todo lo demás. Así es que, no ha pasado mucho tiempo de esa paz matinal cuando empiezan a asaltarme los aromas de la fritanga. Son las cinco y media y la ciudad se afana en producir tortillas de patata. Siempre dije que si a la bandera española le pusiesen en el centro una tortilla de patatas -como otros ponen un sol- todo el país se identificaría con ella. Porque no conozco a nadie que no le chifle. A media mañana, con un cafelito, deja al néctar y la ambrosía de los dioses en cosa de aprendices. 

Digo lo de los dioses porque ahora ando por cuando Zeus, a instancias de Atenea, manda a Hermes que se coloque los talares de oro y vaya a toda mecha a donde la diosa Calipso a decirle que suelte a Odiseo que, por aquel entonces, se pasaba el día en la playa llorando a moco tendido. ¡Imagínense, el héroe en ese plan! Así es que todo es llegar Hermes y, primero que nada, Calipso le da a comer el néctar y a beber la ambrosía. Es ésta una costumbre muy curiosa de aquellos tiempos; lo mismo humanos que dioses, antes de ponerse a hablar de lo que fuera que les concernía era preceptivo que llenasen la endorga. Una sabia medida, sin duda, porque sabido es lo bien que se encaja cualquier noticia, buena o mala, cuando uno tiene saciadas sus más perentorias necesidades. No hay más que darse una vuelta por la ciudad a media mañana y ver la harmonía que reina por doquier: todo el mundo en las terrazas en animada conversación mientras dan buena cuenta del pincho de tortilla y el mediano de café. Ahí se difuminan todas las ideologías y demás zarandajas del humano discurrir. 

Por lo demás, el mundo sigue su curso con sus dimes y diretes. El caso es, como siempre fue y será, no dejarse engañar por los vendedores de quimeras... que mira que es fácil que te la cuelen cuando te pillan con el pincho en la boca. 

domingo, 4 de agosto de 2024

El Libro de la Sabiduría

Me he puesto a revisar unos dietarios que escribí hace treinta años. Se componen, como suele pasar con este tipo de literatura, de una mezcla de presente y recuerdos. De un presente anodino y unos recuerdos que son los hitos de mi propia estupidez. Supongo que algunas cosas buenas habré hecho, pero no tan buenas como para que su recuerdo venga a neutralizar la vergüenza que me embarga cuando me asaltan, con inmisericorde frecuencia, los de esos hitos que les decía. Yo no sé si todas las vidas serán iguales y lo único que las diferencia es la autopercepcion de uno mismo. Porque, lo que es estupidez, hay tanta en el mundo que incluso ha habido quien que ha considerado conveniente escribir un libro elogiándola. 

En cualquier caso, ese es mi problema, el de una autopercepción, con todos los tonos oscuros de la paleta, que, pienso, se ajusta bastante bien a lo que ha sido mi vida. Es la venganza del Señor, procurarme una larga vida para que purgue todas mis estupideces. Lo dice en el libro de La Sabiduría: a los justos y sabios se los lleva prematuramente para que no sufran la maldad del mundo. 

"El justo, aunque muera prematuramente,  tendrá descanso;

vejez venerable no son los muchos días,

ni se mide por el número de años;

canas del hombre son la prudencia,

y edad avanzada una vida sin tacha.

Agradó a Dios, y Dios lo amó;

vivía entre pecadores, y Dios se lo llevó;"


En fin, voy a ver si acabo de una vez esa revisión y lo publico en Amazón. Será lo último que haga. Una especie de súplica de perdón a todos los que ofendí con mis estupideces. Porque eso es la estupidez, ir dejando un rastro de malestar por el mundo. 

 


sábado, 3 de agosto de 2024

Nuevo orden

YouTube vendría a ser un reflejo del mundo. En teoría ahí lo encuentras todo. Si, por ejemplo, piensas que no te estas rascando el culo adecuadamente, no tienes más que ir a ese portal y escribir: rascarse el culo. De inmediato empezarán a aparecer vídeos que te explican la manera perfecta de hacerlo. Ya saben lo que dijo aquel torero, que hay gente pa tó. Y ya no te digo nada para la política que es una plaga casi peor que la de los médicos velando por tu salud. En definitiva, morralla para parar un tren. Pero, como todo lo que se mantiene a flote necesita de un cierto equilibro, la morralla está contrarrestada por una cantidad equivalente de gemas... aunque eso de morralla y gemas es una cuestión de apreciación personal, que los humanos somos muy nuestros en esto de las valoraciones y cada cual alimenta su espíritu de la forma que le viene en gana, ya sea ejercitando su voluntad, ya tumbándose a la batola. A la postre, todo es entretenimiento. 

En cualquier caso, no podemos ignorar que la forma de entretenernos que escogemos tiene su importancia; incluso me atrevería a decir gran importancia, y no solo a nivel individual sino en lo que hace a las repercusiones sociales. No es lo mismo estar todo el día viendo vídeos sobre la salud -los más visitados, sin lugar a duda- o la política -los segundos en el ranking-, que si te demoras en los de matemáticas o música que, por cierto, a veces, como me paso anoche con un tutorial de Joe Pass, son difíciles de distinguir. 

Es evidente que ver vídeos sobre salud o política tiene la misma repercusión que el beber vasos de agua. A la media hora de haberlos visto tienes que correr a algún sitio privado para mearlos. No dejan nada dentro; si acaso una sensación de incomodidad en las vías urinarias subsecuente al uso abusivo que hay que hacer de ellas para desintoxicarte. Sin embargo los de música y matemáticas promueven una gradación progresiva de exigencia. Empiezas con Pitágoras y no puedes parar hasta llegar a Euler por lo menos. O con los acordes perfectos hasta llegar a los que tienen todas las notas alteradas. 

El asunto de la exigencia no es baladí. No creo que exista mayor motor de cambio en el mundo. Millones y millones de personas esforzándose cada día para alcanzar la meta de llegar a entender la Identidad de Euler es algo que tiene que hacer temblar a los tiranos que rigen el mundo. No por otra razón que esa exigencia es que el mundo se esté poniendo patas arriba. La exigencia convierte a los corderos en leones. O sea, que los pastores se olviden de los perros porque no sirven para nada frente a los leones. 

No lo duden, el nuevo orden se cae ya de maduro. 

viernes, 2 de agosto de 2024

Se cae de maduro

Me imagino que lo que está pasando en Venezuela tiene que ver con el petróleo que los venezolanos tienen bajo sus pies. La velocidad con la que Rusia y China han felicitado a Maduro es comprensible porque no quieren que ese petróleo caiga en manos enemigas. Se rompería el equilibrio de fuerzas. Si lo agarran los americanos y se ponen a explotarlo a toda máquina los precios podrían caer por los suelos y a tomar por el saco la ufanía de Putin. Incluso le podría costar el puesto. 

¡El dichoso petróleo! La peor maldición que le pudo caer al planeta. Con lo bien que estaríamos viajando a motor de alubias. Porque, ¿qué sacamos con ir de aquí para allá a toda mecha? Pero éste es otro asunto. Los demonios que tenemos encima se desataron el día que los gringos decidieron poner a Putin en un brete por medio de un golpe de estado en Ucrania. Siempre será igual; Napoleón, Hitler, se estrellaron contra el muro de hielo. Ahora le toca al amigo americano. Los elementos hacen a Rusia, con todas sus codiciadas riquezas,  inexpugnable. 

El mundo es una mierda porque los humanos somos una especie enferma: tengamos lo que tengamos nunca nos sentimos ahítos... o seguros, para ser más exactos. Eso impide que los vecinos puedan vivir en paz y colaborando. A la segunda transacción, una de las partes, inevitablemente, se siente perjudicada. Y ya la tenemos armada. No hay forma de entrar en razones. ¿Por qué los griegos no podían pasar por el Bósforo sin que los troyanos les exigiesen tributo? Una injusticia que dio lugar al poema épico que explica toda la historia de la humanidad. Todo lo de Helena, Paris, Menelao y demás, fue la mentira que siempre se inventa para dar a las guerras un aire romántico. La realidad fue bien distinta: suprimir las trabas para hacerse con las riquezas de los países a orillas del Mar Negro. Ya habían mandado previamente una nave exploradora, los argonautas, para ver lo que se podía arramplar por allá. Y se habían traído nada menos que el Vellocino de Oro. Todo un símbolo que todavía anda por ahí coleando. 

Fíjense lo que son las cosas, Maduro, en principio, un chófer de autobús, en el centro de todas angustias. Vamos a ver en qué acaba la cosa. En cualquier caso, no creo que vaya a dar para otro poema épico. Más bien bufo, por muchas vidas que se lleve por delante. Por cierto, en algunos países hispanos, cuando se ve ya la solución de un problema, se dice: se cae de maduro. A ver si se cumple.   

jueves, 1 de agosto de 2024

Caos

Maduro no se va porque tiene la sartén por el mango. ¿Y saben quiénes le ponen el mango de la sartén en la mano? Pues yo diría que a medias entre todos esos niñatos que salen por la noche a esnifar cocaína y esos políticos que se empeñan en mantener su comercio fuera de la ley. Todo el mundo sabe que Venezuela ha caído en poder de un cartel de la droga que paga sueldos millonarios a la cúpula militar y a los miembros de una parapolicía que tiene aterrorizada a la gente. Rusia y China lo saben y corren a felicitar a Maduro. Claro, donde las dan las toman. Tú estás dando apoyo a mis enemigos, pues yo se lo doy a los tuyos. El mundo siempre ha funcionado así. 

Pero no se crean que lo de Venezuela es algo extraordinario. Sin ir más lejos, aquí en Europa no ha habido forma de echar del poder a la Vanderleyen esa de los cojones. Una tipa que ha firmado un contrato secreto con la farmacéutica Pfizer por 4,6 billones de euros: once dosis de vacuna por habitante de la Unión. "Safe and effective" bien sure. Se da el caso curioso de que la Vonderleyen está casada con un tal Heiko que, por pura casualidad, es el director de ORGENESIS, una filial de Pfizer especializada en terapias genéticas y vacunas RNA contra el Covid. Y da igual que la corte suprema europea haya condenado a la Vonderleyen por los contratos secretos; eso a la Vonderleyen y sus secuaces como quien oye llover. 

Y eso, por no hablar, aquí, en España, donde las habas se cuecen a calderadas, gracias a lo cual la economía va como una moto. Aquí, con tener experiencia en gestionar saunas para mariquitas ya te hacen catedrático en la Complutense. Y es que esa experiencia no es cualquier cosa que hay que ver lo que en estos días que corren cuenta para todo el pink power. Tiene línea directa con Dionisos, experto donde los haya en escapar de la cárcel, que bien caro que le salió a  Penteo el no haber sabido con quién se las estaba jugando. 

Y de Dionisos va la cosa, que bien que se ha visto en esa ceremonia que han hecho en París para inaugurar los JJOO. Ya no se respeta nada, ni falta que hace. Aquí todo el mundo a bailar en las faldas del Citerón y al que proteste nos le comemos. Es lo típico del siglo segundo del Imperio: que no pare la fiesta y los bárbaros acechando desde el otro lado de la valla. En fin, para qué preocuparse si de sobra es sabido que el orden solo puede surgir del caos. Paco con la rebaja, que decimos aquí en España.