martes, 15 de octubre de 2024

La tierra prometida

Me envían un like a una biografía de Beatriz Galindo "La Latina". Era un programa en la cadena SER, o sea, de las radios del "movimiento". En definitiva, un programa para chachas. Como las vidas de los santos y con mucha vehemencia por medio. Es lo que hay y hay que resignarse. Desde luego que, como era propaganda del "movimiento", para nada se cita el que Beatriz fuese la musa de la aquella Sección Femenina que fundara Pilar Primo de Rivera recién acabada la, aún en ciernes para algunos, Guerra Civil de 1936. 

Beatriz Galindo era mujer y, eso, parece ser que contribuye de forma decisiva a realzar su figura. Como si no hubiese habido millones de personas a lo largo de la historia que el hecho de fueran mujer u hombre para nada influyo en que la naturaleza tomase la decisión de concederles una mente privilegiada. Esas mentes que han marcado el camino que nos ha traído de la edad de piedra hasta aquí. Pongamos, por ejemplo, Aristóteles, la figura sobre la que se aupó Beatriz para trascenderse. Podría haberse aupado sobre Platón, pero no, prefirió a Aristóteles. Y así fue como Aristóteles influyó, vía La Latina, en la mentalidad de Isabel la Católica, la cúspide del poder de aquellos tiempos. Ya saben que unas cosas traen otras y, realzar, como se hace con tanto ahínco, el hecho de que una mente privilegiada haya recaído en una mujer es en cierto modo una ofensa a todas las mujeres... pero vete tú a decírselo a uno, o una, del "movimiento"; no lo entendería.  

El caso es que ayer releía la biografía de Gracián que hay en la edición de Cátedra del Oráculo Manual y Arte de Prudencia. Aquí, cualquier cosa menos vehemencia. Todo es sobriedad alrededor de la figura de Gracián. Por eso no sirve para programas para chachas. Sin embargo, fue cabeza privilegiada donde las hubiera habido en cualquier parte del mundo; concretamente en Huesca que es donde vieron la luz sus primeras obras. 

Y por la noche escuchaba a Diana Krall, otra cabeza privilegiada. ¡Pues anda que no las hay! De hecho, nos pasamos, algunos al menos, media vida tratando de auparnos sobre los hombros de esas mentes. No creo que haya nada que compense tanto. Y es que desde esas alturas es desde donde se contemplan los mejores paisajes... la tierra prometida, por así decirlo. 

lunes, 14 de octubre de 2024

Reconquista

No cabe duda de que en Europa la gente ha tomado conciencia de lo que se le ha venido encima con el asunto de la emigración; de la islámica en concreto. ¡Pues qué nos creíamos, que tener criados para todo nos iba a salir gratis! A la vista está el emponzoñamiento de la vida que produce el no ser capaces de resolver por nosotros mismos las tareas más engorrosas que todo bienestar conlleva. Que me cuiden al viejo, que me limpien la casa... y el culo también. 

Escuchaba ayer un debate en una televisión inglesa en el que se trataba de llamar al orden a esos musulmanes que se han apoderado de grandes porciones del territorio británico en los que imponen su descerebrada ley. ¿A ver quién va a poder ahora con ellos si no es por la fuerza? Entonces, uno de los británicos más aplaudido por los suyos le decía a un imán, también muy aplaudido por los suyos: si no te gustan nada nuestras costumbres, ¿por qué has venido aquí? ¡Que ingenuidad! Pues, por qué va a ser sino porque te veo tan débil que sé que en cuatro días el criado vas a ser tú. Bueno, el imán no lo decía así, pero lo daba a entender. 

Esto que nos está pasando está descrito, punto por punto, en una película de Joseph Losey titulada El Sirviente. El argumento se puede resumir en aquella frase de Gracián: si en sus comienzos un mal no se ataca, fuerzas del abandono va cobrando, que luego hace imposible el remedio. Y no se ataca el mal en sus comienzos porque no se percibe como tal sino todo lo contrario. ¡Se está tan bien en la playa o tomando copas en el bar mientras la mucama me saca a pasear al abuelo o me limpia los retretes! Y, además, que me tiene que estar agradecida porque la he sacado de la miseria. Ya digo, pura ingenuidad. ¿O es estulticia? ¿O vaguería? O eso que se ha dado en llamar buenismo, que, a la postre, no es más que el destilado de todas esas cualidades negativas del ser humano. 

En fin, vamos a ver cómo salimos de esta. No va a ser fácil. Hacia el año 720 de nuestra era, Pelayo paró los pies a los imanes en Covadonga. En el 732 Carlos Martel hizo lo mismo en Poitiers -hasta allí habían llegado-. Hasta 1492 no conseguimos librarnos de ellos. Siete siglos y medio de luchas nos costó aquel capricho del rey Rodrigo. Como en Troya todo fue a causa de querer apoderarse del mando a distancia que tenía una mujer entre las piernas. Si allí fue Helena, aquí, La Cava. ¡Por Dios Bendito, mira que no hay forma de que aprendamos! 

Chistes aparte, mi impresión es la de que, si no ha comenzado ya, está a punto de comenzar la segunda Reconquista de Europa. No va a ser fácil, desde luego, porque eso va a exigir que aprendamos a limpiarnos nuestro propio culo. 

domingo, 13 de octubre de 2024

Desgraciado accidente

Ahí vemos al ínclito Boris Johnson, con su muy estudiado peinado, diciendo como si tal cosa que lo del Covid de marras fue un desgraciado accidente. Según él, es cosa comprobada que en septiembre de 2019 se produjo una fuga en un laboratorio chino en el que se dedicaban a manipular virus. A manipularlos, todo hay que decirlo, para que ganen función, es decir, para que sean más patógenos de lo que son de por sí. Como diría Chiquito de la Calzada ¡Te das quinnn! 

Y ahí está el punto y la madre de todo este asunto que nos traemos entre manos, ya saben, la famosa democracia con sus conocidas milongas de soberanía popular, transparencia y demás. Porque es que, vamos a ver: ¿cuál es el motivo por el que se emplea el dinero de los contribuyentes para hacer que los virus sean más patógenos de lo que son? Quizá haya algún motivo sensato, pero, hasta que alguien me lo explique, para mí será como pegarte patadas en los cojones para ver qué pasa. En definitiva, un masoquismo insoportable. O un jugar con fuego los niños de teta. 

Creo haber escuchado que fue el presidente Obama el que mandó cortar de raíz todas las investigaciones financiadas con dinero público sobre ganancia de función de los virus que a la sazón se estaban llevando a cabo en los EEUU. Pero ya saben lo que pasa con las mafias, que tienen tentáculos everywere. Así fue que los investigadores norteamericanos de la cosa se trasladaron a laboratorios en China y Ucrania. Y en uno de esos laboratorios de China fue en donde se produjo el desgraciado accidente... en palabras del ínclito, y siempre bien peinado, Boris. 

A mí todo esto me parece el colmo del despropósito. Y no soy el único, porque hay por ahí mucha gente pidiendo explicaciones al respecto, pero, ¡ay, amigo!, esto es una democracia y, por tanto, mucha gente es nada frente a la masa anodina de los que solo quieren futbol y cañas. Y los gobernantes lo tienen claro; ahí tenemos a la Vonderleyen, la bien peiná, que se pasó por el forro las peticiones que se le hicieron de que enseñase los contratos que firmó con la industria farmacéutica -en la que, por cierto, trabajaba su marido- para el suministro de aquellas vacunas que ni safe ni effectives. Total, solo eran unos cuantos miles de millones de euros arrancados de nuestros bolsillos. ¿Qué es eso para una persona bien peiná? 

Resumiendo, todo ello, un desgraciado accidente. Más o menos como el de Faetón. ¡Quién le mandaría a Helios dejarle conducir su carro! Pero así son las cosas, llamar accidente a lo que es consecuencia de una estupidez morrocotuda. 

sábado, 12 de octubre de 2024

Autumn in New York

Anda muy revuelto el patio de Monipodio. Y hay montones de gente que vive con la ilusión de que de esta va la vencida. Es lo que tiene el no haber sido capaces ni siquiera de leer Rinconete y Cortadillo. Si lo hubiesen hecho sabrían que la puta llena de cardenales perdona a su chulo a la primera de cambio y deja a todos con dos palmos de narices. La gentuza tiene una querencia a entenderse entre ella que espanta. Y por eso en el patio, a los dos minutos, ya están todos avenidos con la puta y su chulo; todos los improperios que se habían lanzado los unos a los otros ya es agua pasada. 

A mí lo que más gracia me hace de todo esto es que la gente del común sigue yendo a votar. Ya saben, la fiesta de la democracia que le dicen. ¡Pa partirse el culo de risa! Tienen el cerebro tan lavado que son capaces de distinguir entre derecha e izquierda con todos los matices que le quieras poner al invento. Hombre, sí, reconozco que los hay de mejor y peor familia, o sea, mejor o peor educados en el arte de disimular que lo que realmente pretenden es vivir de tu trabajo. En definitiva, son todos expertos en el arte de cortar bolsas. Y no hay más tu tía; el que no está avisado y sabe guardarse de ellos acaba más pelado que el gallo de Morón, o sea, sin plumas y cacareando. 

Es ley de vida. O instinto de supervivencia. Cada uno sirve para lo que sirve y si natura fue avara contigo a la hora del reparto de dones, pues lo lógico es que te dediques a lo más fácil de todo, que no es otra cosa que meterse por medio de la vida de los demás para rajarles las bolsas al menor descuido que tengan.  

¡Dios mío, qué aburrimiento! La gente habla de ello como si eso pudiese cambiar algún día. Así que mejor se dedica uno a intentar aprender a tocar, yo qué sé, Autumn in New York, por ejemplo, que es una canción preciosa como hay pocas. 

viernes, 11 de octubre de 2024

Los bárbaros

Procuro por todos los medios no informarme, digamos que por lo fino, de lo que pasa en el patio de Monipodio, es decir, los parlamentos, congresos de diputados, y todos esos sitios a los acuden los Rinconetes y Cortadillos que andan por el mundo tratando de vivir de rajar bolsas ajenas. Todo eso, que tanto entretiene a la gentecilla del común, no es más que una cortina de humo con la que se trata de ocultar la realidad, todo hay que decirlo, cada día que pasa con menor éxito. Porque la realidad, que es la verdad, es tozuda, y no toda la gente es gentecilla. 

Mirando la actualidad con perspectiva histórica cada vez parece más claro que el asunto más candente es el de la invasión de los bárbaros. La europea es una sociedad agotada, como lo estuvo la romana en su tiempo, y ese agotamiento se traduce en una perturbación mental que lleva a pensar, entre otras cosas, que la naturaleza puso ahí el aparato reproductor con finalidades de divertimiento. Consecuencia de ello es que se produce un vacío poblacional que de inmediato es llenado por gente de otras latitudes que todavía asignan al aparato reproductor su función primigenia. Para certificar lo que les estoy diciendo no hay más que observar a los niños a la hora de la salida de cualquier colegio o, en su defecto, cualquier parque infantil, de esos que hay a cientos, que son como apriscos en donde se preserva al rebaño de las fieras; la etnia autóctona en esos lugares ya va siendo la excepción. 

Lo curioso de todo esto es que esa gente que viene a llenar el vacío creado por ese agotamiento que les digo, no solo trae consigo su aparato reproductor intacto, sino, también, sus costumbres ancestrales. Esas costumbres que son, en definitiva, las que han arruinados las sociedades en las que vivían y, por lo cual, han tenido que salir huyendo en busca de mejores oportunidades. Hay mucho contrasentido en esa nostalgia de la madre patria que les expulsó. Pero así somos los humanos, puro contrasentido; queremos una cosa y su contraria, que no por otra causa es que andemos siempre como puta por rastrojo. Así es que se podría decir que esos barbaros que vienen con sus costumbres en bandolera, harán con sus países de acogida lo mismo que hicieron con sus países de origen, o sea, arruinarlos. Y el círculo se cierra entonces, y continua la trashumancia que es la esencia del humano devenir. 

En fin, está cantado: el conocimiento de la historia, al contrario de lo que dicen los ilusos, solo sirve para repetirla con redoblado entusiasmo; lo de Roma, por comparación a en lo que estamos ahora, va a quedar en cosa de chiquillos. Y, si no, al tiempo. 

jueves, 10 de octubre de 2024

A tota ultrança

En esa guerra sin cuartel que, como les decía ayer, llevan los poderes marxistas en curso por suprimir todo vestigio de misterio de este mundo, podemos inscribir la política comercial de los supermercados británicos Sainsbury´s. Se da el caso de que en esas tentadoras estanterías que suele haber muy a la vista y alcance de los que están haciendo cola para pagar, en vez de golosinas y cosas muy del gusto de los niños, en esos supermercados han puesto vibradores, lubricantes y condones. No han tardado algunos padres en quejarse, porque, claro, van al supermercado con sus hijos y, cuando están haciendo cola para pagar, no es raro que sus hijos les pongan en un brete al preguntarles por la utilidad de esos productos tan llamativamente envasados. 

Las cosas del fornicio siempre fueron para los niños el misterio por excelencia a la hora de activar sus dotes especulativas. Algo así como el origen del universo para un físico teórico. Y es que sin misterio no hay especulación, y sin especulación no hay condición humana. Y, si no, ¿díganme ustedes que es lo que nos separa de los animales? Aunque, claro, los marxistas ya han conseguido que la mayoría de la gente crea que los animales especulan como los humanos; no hay más que ir por la calle para observar a miles de personas en entretenida conversación con sus perros. 

Oye, dicen los marxistas, el mundo es así y lo suyo es que los niños se enteren cuanto antes. Y entonces van y ponen en cada colegio a un mariquita para que les explique a los niños la forma idónea de masturbación, es decir, la manera de obtener el máximo placer. Porque el marxismo va de eso, de placer a tota ultrança. Ese es su mantra predilecto: aquí hemos venido para gozar y, para ello, hay que quitar de en medio todo lo que pone trabas, empezando por el temor de Dios y siguiendo por los ricos que son sus representantes en la Tierra.  

En fin, cosas de la estulticia humana. ¿Se imaginan un mundo sin misterio? Todos muertos de aburrimiento en cuatro días. 

miércoles, 9 de octubre de 2024

Reflujo

He cedido a la tentación y me he estado informando un poco acerca de todo eso de la mujer del presidente. Desde luego que si es como cuentan es para hacerse cruces y no parar. ¡Dios mío, con lo que era la universidad cuando yo frecuentaba sus aulas! Un catedrático no es que fuese Dios, pero quizá era lo que más se le parecía. Y es que sabíamos que, quizá, no hubiese escalada a base de méritos que se le pudiese comparar. Por supuesto que había algunos fraudes, porque los méritos a veces no son tanto como parecen, pero eran las excepciones que toda regla tiene para poder confirmarse como tal. 

Yo no sé si es que todo se está descomponiendo o el que ya está descompuesto soy yo. Sabido es que los viejos vienen diciendo desde la noche de los tiempos que la juventud está perdida. Pero también se sabe que lo dicen a modo de consuelo, así, como en plan de ¡ahí os quedáis con toda esa mierda! Sin embargo, cuando lees "Camino de servidumbre" de Hayek, te das cuenta de lo insidioso que es el avance hacia la descomposición. Es la consecuencia natural del vivir fuera de la realidad a causa del triunfo del idealismo. De pronto, a partir de mediados del XIX, la gente empezó a comprar la milonga de que el hombre es bueno por naturaleza y, los lobos, o sea, los que vendían la milonga, tuvieron muy fácil meter a toda esa gente en rediles... que es donde estamos. 

El otro día me mandaron un artículo de la revista ANTIGONE titulado "Keeping the Latin Mass Alive" (Mantener viva la misa en latín). Seguramente, ese paso que dio la Iglesia hacia los años sesenta del siglo pasado de sustituir el latín por las lenguas vernáculas en el rito de la misa, fue la puntilla para el poco de misterio que iba quedando. Y sin misterio en el mundo, ya me dirás tú que es lo que somos. Pues corderos, y no precisamente de Dios, sino de esos lobos que llevan un carné de partido en el bolsillo. Y así es que anda la gente por ahí presumiendo de ateos. ¡Pobres imbéciles! ¿Qué entenderán ellos por ateos? Seguramente han llegado a creerse que no necesitan a Dios porque ellos lo entienden todo. Bueno, eso es lo que les dijo Marx. 

No sé, en cualquier caso, quiero pensar que esa marea marxista que ha asolado el mundo, como todas las mareas, también tendrá su reflujo. La reacción de repulsa que ha generado ese esperpento de la mujer del presidente -experta, al parecer, en gestionar saunas para mariquitas- con sus cátedras en la universidad Complutense, es prueba de que la gente ya va de retirada. 

En fin, que nadie se engañe al respecto, parezcan lo que parezcan las cosas, al final siempre se vuelve a por donde solía, es decir, a los ritos misteriosos y a los curas predicando obligaciones. En definitiva, recuperando libertad. Porque son los misterios y las obligaciones las que nos hacen libres... de la misma forma que la pretendida objetividad y los quiméricos derechos nos esclavizan.  

martes, 8 de octubre de 2024

Y eso es todo

Sigo con la lectura pausada de la Verdadera Historia de Bernal Díaz del Castillo. Verificar la adaptación a la verdad que se encuentra en un libro de Historia es una tarea ardua. Por no decir imposible. Siempre fui aficionado a leer libros de Historia y no pocas veces utilicé lo en ellos aprendido como base de mis argumentos a la hora de debatir sobre cualquier cosa de que se estuviese tratando. Recuerdo que cuando pasaba consulta en un ambulatorio de San Adriá de  Besos, el enfermero que me asistía, un catalán de los de aquel entonces, al verme enfrascado, entre enfermo y enfermo, en los textos de Tucídides, me pasó un día un papel en el que había escrito una cita, creo recordar que de Verlaine; en ella se aseguraba que la Historia lo mismo sirve para un roto que para un descosido. Siempre se puede encontrar en ella hechos que permiten a cada cual arrimar el ascua a su sardina. Y es, precisamente, por esa escurridiza característica que la historia es una de las herramientas más utilizadas como arma arrojadiza en las escaramuzas políticas. Por eso es que el utilizar la historia en política viene a ser un a modo de miseria moral que se saca a relucir por el político de turno cuando los problemas del presente tienen mala solución. 

Por todo ello es que no me aventuraría yo a emitir un juicio sobre la adaptación a la verdad de la Verdadera Historia de Bernal Díaz del Castillo. Pero sí me atrevo a emitirle en lo que respecta a su calidad como obra literaria. Un juicio que, por cierto, coincide con el expresado por Francisco Rico al incluir esta obra entre las diez más relevantes de la literatura en castellano de todos los tiempos. Y es que es entretenida a rabiar. Y, desde luego, que, si lo relatado no se adapta mucho a la verdad, el tal Bernal era un mago para hacer creer al lector que las cosas fueron realmente como él las cuenta.  

En cualquier caso, literatura o historia, todo el conocimiento que tenemos de la remota antigüedad se debe a una mezcolanza de esas dos disciplinas. Tomemos como ejemplo a Heródoto: ¿historia o literatura? Las dos cosas sin lugar a dudas. ¿Y qué sería la Historia sin él? El mismo Tucídides que pretende ser el padre de la objetividad. Apostaría cualquier cosa que todos esos sesudos discursos que pone en boca de parlamentarios, diplomáticos y líderes políticos, son todos inventados por él a beneficio de inventario... o sea, para que le cuadre el relato. 

Les cuento esto porque, como saben, el presidente comunista de México, haciendo alarde de incompetencia, se ha puesto a manipular la historia de una forma tan burda que da hasta risa. Bueno, la verdad es que, muchas veces, cuando le escuchas, cuesta distinguirle de Cantinflas. Pero, el caso es que, cómico o burdo, la gente le ha entrado al trapo y se ha montado una polémica, tipo much ado about nothing, que ha tenido como positiva consecuencia el haber sacado de la postración en la que se encontraba a la Verdadera Historia de Bernal. Ahora, abres YouTube y aparecen cientos de videos glosándola. Y, mira, lo de Bernal es respecto a la historia de México lo que los libros de Heródoto a la antigüedad clásica: realidad mezclada con ficción, pero, en cualquier caso, las fuentes más fiables de lo que pudo ser aquello. Así que tenemos que ser nosotros los que sepamos tomar las debidas distancias para saber distinguir lo que de una u otra pudiera haber.  

Y eso es todo. 

lunes, 7 de octubre de 2024

Anxo

Está el gurú Miguel Anxo Bastos hablando de los libros que más le han influido. Supongo que la mayoría de los que hemos picado al ver el titular del vídeo estábamos pensando en Mises, Hayek, Rothbard, y ya nos estábamos relamiendo. ¡Gran decepción! La mayoría de los libros que han contribuido a que Anxo sea como es son del tipo de aquellos que se glosaban en la revista Selecciones de Reader´s Digest. The self made man (el hombre que se hizo a sí mismo) y cosas por el estilo. También pondera mucho las vidas de santos. Son todos libros que exaltan los valores tradicionales -Anxo nunca se cansa de autoproclamarse conservador-. El autocontrol es para él la clave del éxito. Autocontrol que viene a querer decir saber postponer los deseos. O, dicho de otra manera, saber ahorrar. Por así decirlo, el que ríe el último es el que mejor ríe porque, además lo hace a palo seco. Todo lo que te gastaste en cervezas para mejor socializar va a resultar ser la amargura de tu vejez... bueno, esto no lo dice así, pero se sobrentiende. 

Aunque para valores, dice, los libros de caballería. O sea, en los que aprendió Don Quijote. El honor, la valentía, el sacrificio... a tota ultrança, como repiten hasta la saciedad en Tiran lo Blanc. Nada de rajarse a la primera de cambio, como en toda la literatura contemporánea que exalta, sobre todo, la figura del antihéroe. Eso que llaman existencialismo, que consistente en dejarse llevar porque nada merece la pena. 

La verdad es que todo esto es muy complicado. Ya desde los primeros textos, La Ilíada, La Odisea, la Biblia, se exaltan esos valores aristocráticos hasta la saciedad, pero, a la postre, son las circunstancias del momento histórico las que determinan su vigencia. En una sociedad como la actual, que lleva medio siglo en la opulencia material, mentar el sacrificio es cargarse el sistema. Sistema que se sostiene en el principio del aquí te pillo, aquí te mato. 

En fin, por qué preocuparse si sabemos de sobra que después de unas circunstancias vienen otras -detrás de opulencia, la escasez- y, entonces, todo vuelve por donde solía.  

domingo, 6 de octubre de 2024

Ruiseñores

Cuando vivía en la Serralada Central tenía delante de casa una gran masa forestal. En las noches de verano solía quedarme hasta tarde en la terraza escuchando la música que venía de aquel bosque. Yo pensaba que sus autores eran los ruiseñores, pero no sé si estaré en lo cierto. En cualquier caso me fascinaba por lo sofisticada que llegaba a ser. Era una música de preguntas y respuestas; como el flamenco, para que nos entendamos. Un pájaro soltaba un trino y otro le contestaba desde la distancia. Y así todo el rato como en una sinfonía interminable. 

Me imagino que los primeros homínidos, o algunos de ellos, también se quedaron fascinados por ese canto nocturno. Nightingale, llaman los ingleses al ruiseñor; algo así como brisa de la noche. De lo que estoy seguro es de que algunos de aquellos pitecántropos estaban dotados para imitar ese canto y así fue como surgieron los primeros músicos. A partir de ahí comenzó lo que quizá sea la epopeya más apasionante del espíritu: ordenar los sonidos de tal forma que nos susciten las más diversas emociones. 

Hacer música es estar todo el rato calculando. La guitarra es un endiablado galimatías de relaciones matemáticas. Cuando apoyas el dedo en un traste nunca es al buen tuntún; siempre es por una razón. No sé si a eso se le podrá llamar ciencia, pero, de no serlo, es lo que más se le parece.  

sábado, 5 de octubre de 2024

Esto en general

Saben aquel de Forges en el que un tipo, así, con la típica joroba de los deprimidos, va a una farmacia y le dice al farmacéutico: "NOS DÍAS, ¿TIENEN ALGUNA VACUNA CONTRA ESTO EN GENERAL?" Entonces el farmacéutico le contesta: "¡HUYA!" Y el tipo: "PERO, ¿A DÓNDE?" Y el farmacéutico: "BUENO, ESA ES OTRA"

Es un chiste de cuando mentar las vacunas no era de mal gusto. Ni tampoco hacer chistes con eso que la pobre gente llama ciencia. ¡Qué tiempos aquellos! Diría yo que el humor como arma legítima en la lucha por liberarse de la estulticia homogeneizadora murió con la caída del muro. De hecho, todo parece indicar que lo que tiró abajo el muro fue el humor; lo que demuestra que tal hipótesis es plausible es que, lo primero que hizo Gorbachov, el director de orquesta de aquella movida, al llegar al poder, fue poner en libertad a los dos millones de rusos que estaban en la cárcel por contar chistes de cariz político. 

Y eso por no hablar de los EEUU de América. Todos los años ochenta fueron gobernados por un humorista que también contribuyó con sus chistes, como nadie, a la caída de ese muro. Y, sin la menor duda, hay una gran nostalgia en el mundo de aquel gobernante; y, si no lo creen, vayan a YouTube, la madre de todas las comprobaciones, y pongan Ronald Reagan: se sorprenderán de que hay miles de vídeos con millones de visitas en las que aparece contando chistes, también de cariz político. 

Y en esas estamos, huérfanos de humor y dándonos cuenta de que aquella caída fue solo una ilusión. Remedando a Calderón, diría yo, que hay muros que nunca caen porque separan cosas que son patrimonio del alma y alma solo es de Dios. El humor, quizá sea la gimnasia que nos pone en forma para saltar esos muros del alma. Dejamos de hacer esa gimnasia, que es en lo que según mi percepción estamos, y los muros reaparecen en todo su siniestro esplendor. 

En fin, vamos a ver en qué acaba esto en general.

viernes, 4 de octubre de 2024

Presunción

Según como se mire, el mundo es un asco. Y es un asco porque los humanos, con nuestra presunción, hacemos que así sea. Hay dos errores en los que prácticamente todos caemos de continuo: uno, creer que pensamos mejor de lo que pensamos; otro, creer que sabemos más de lo que sabemos. Aunque es evidente que unos piensan mejor que otros y, también, unos saben más que otros, la realidad es que el que mejor piensa y el que más sabe, piensa muy limitadamente y sabe muy poco en general.  

Ésta es una conclusión a la que se suele llegar, si es que se llega, cuando ya eres muy viejo. Entonces piensas que, si te diesen otra oportunidad te ibas a dedicar a cultivar un huerto en la ladera de cualquier monte alejado del mundanal ruido y dedicar las noches sin nubes a contemplar las estrellas. Y piensas que harías eso porque es la mejor manera de hacer el menor ridículo posible. Y es que la presunción que nos señorea a lo largo de la vida nos impide percatarnos hasta que punto hacemos el ridículo cuando nos ponemos a dar explicaciones sobre cualquier cosa que sea. 

Así es que, como nos decía el obispo Eguino i Trecu cuando venía de visita pastoral al colegio: zapatero a tus zapatos. Ahora es cuando comprendo que no hay más sabiduría posible que esa. ¿Querer entender el mundo? ¡Vana pretensión! Solo desde la debilidad mental se pueden ambicionar semejantes quimeras. Los más sabios creen en Dios y dejan que sea Él el que se encargue de todo.  

En fin, hoy ha amanecido un bello día; voy a dedicarle a dar gracias por ello. 

jueves, 3 de octubre de 2024

Da dolor

La Rebelión de las Masas, que decía Ortega. Pocos libros me han hecho disfrutar tanto. Ese párrafo luminoso en el que asegura que ser de derechas o izquierdas son dos formas más, entre las infinitas que hay, de ser un perfecto imbécil. Es un a modo de hemiplejia moral, remata. Gente grotesca, en definitiva, que necesita autoconvencerse de su superioridad moral como coartada que justifique su intromisión en vidas ajenas. 

En el fondo, y supongo que también en la superficie, las ideologías, o la imbecilidad, si mejor así quieren llamarlo, nacen todas del resentimiento y la envidia, o sea, del dolor por el bien ajeno. El resentido cree que cambiando el mundo se va a aliviar ese sufrimiento interior que le amarga la vida. El quid de esta cuestión es que las causas del resentimiento son infinitas. Hasta se podría decir, que vivir no es otra cosa que estar resentido. Lo más que podemos hacer es amortiguar ese demoledor sentimiento por medio de cualquiera de los trucos que la humanidad ideó a tal efecto. No voy a enumerar esos trucos porque también son infinitos. Cada cual puede tener el suyo, aunque todos tienen un denominador común: el sacrificio. Sin sacrificio no hay forma de escapar al resentimiento y, por tanto, a la imbecilidad. El sacrificio, que es la antítesis de la vaguería.

Por todo lo dicho es que, cuando ven a alguien con una ideología, o a un resentido, o a un envidioso, o un imbécil, para resumir, en realidad con lo que se han topado es con un vago redomado. Alguien, al que, una de dos, o de niño no le ataron en corto, o los dioses omnipotentes le dieron una dotación mental deficiente. Porque esa es otra que no se puede ni mentar por políticamente incorrecta, el hecho incontrovertible de que detrás de muchas vaguerías lo que hay es una manifiesta falta de inteligencia... por eso dan tanta risa esos papás que no quieren rendirse a la evidencia y dicen; no, si el niño es muy inteligente, lo que pasa es que es muy vago. Es comprensible que los papás quieran consolarse con triquiñuelas retóricas. 

El caso es ese, que las masas se rebelan y ponen al mando de la nave a uno de los suyos: un vago redomado, afectado de resentimiento, imbecilidad y, sobre todo, incompetencia. Y da dolor ver todo eso.   

miércoles, 2 de octubre de 2024

Las Tablas

 Los israelitas habían escapado de la esclavitud de Egipto y andaban por el desierto viviendo del mana -la paguita- que les enviaba el Señor. El Señor pensaba que, así, andando por el desierto, los israelitas iban a hacer una especie de master sobre el vivir en libertad que les iba a permitir alcanzar ese estado mental que se conoce como "tierra prometida". Es decir, les quería acostumbrar a responsabilizarse de sus propias acciones, una cosa de la que, como saben, los esclavos ni siquiera han oído hablar. No es fácil hacer ese master; como se suele decir, no se puede hacer libre por ley al que es esclavo por costumbre. El Señor creía que los sufrimientos inherentes al andar por el desierto serían suficientes para propiciar el cambio de la irresponsabilidad del esclavo a la responsabilidad del libre. Pero se equivocaba en lo de la paguita. La paguita equivale a ocio y, ocio, a ponerse a adorar ídolos. Así es que Moisés, el jefe de aquella colla, desesperaba ante el poco avance que hacían aquellos esclavos ociosos. Por eso fue que se retiró al monte para ver si el aire puro de las alturas le sugería alguna solución. Y bajó al cabo de cuarenta días con las tablas de la ley, una síntesis perfecta de los preceptos necesarios para poder vivir en libertad sin entrometerte en la del vecino. Digamos que es a lo más que se puede llegar.  

Como cualquiera puede suponer, aquellos esclavos al verse durante cuarenta días sin jefe y con paguita, se entregaron al vicio con entusiasmo y por eso fue que cuando Moisés les vio se agarró un rebote y les tiró las tablas, que eran de piedra, sobre sus cabezas. Seguro que mató unos cuantos; los necesarios para sosegarse. En fin, lo que fuese, porque el caso es que aquellos preceptos son el fundamento de todo el proceso civilizatorio; sin ellos ya nos podemos olvidar. Desde luego que a los de mi generación era lo primero que nos enseñaban en casa, lo remachaban en la escuela y lo redoraban en la Iglesia. Nos lo grabaron a fuego en la conciencia y, así todo, tampoco fue suficiente... ese componente de esclavo que llevamos dentro nos hace ser irresponsables a nada que el jefe afloje su vigilancia.  Pero ahí están y, si les infringes, te envían de vuelta al desierto por una temporada, hasta que purgas las culpas. No hay forma de escapar por muchas ilusiones que te hagas.  

El caso es que, por lo que sea, de hace unos cuantos años para acá, ya nadie graba a fuego esos preceptos en la conciencia de los niños, con la consiguiente consecuencia de un progresivo retorno a la esclavitud generalizada. La gente que no aprende a responsabilizarse de sí mismo siempre está esperando a que le digan a que sitio tiene que ir a vacunarse de lo que sea. En el entretanto, con la playa, la terraza, el furbo, y tres o cuatro macanadas más ya se dan por satisfechos... a la espera, eso sí, de que nadie les esté mirando para cometer cualquier tropelía. Lo de los niños, en definitiva. 

Les he contado estas milongas porque me he enterado de que en un estado de los EEUU de América, Luisiana concretamente, el gobernador ha decidido que en todas las aulas de todas las escuelas públicas se ponga un cartel lo suficientemente grande como para que sea omnipresente, con los preceptos de las tablas que Moisés bajó del monte. Por lo visto, los de siempre, ya saben a quién me refiero, se han indignado por aquello de que la indignación es lo único que da respetabilidad a un imbécil... pero, bueno, parece ser que, a mucha otra gente, la idea les ha parecido de perlas. Personalmente, me apunto al invento. Porque, ahí, en esos escuetos preceptos, esta todo lo que se necesita para vivir civilizadamente. Todo lo que luego se ha añadido no es más que retorica hueca que solo sirve para encontrar resquicios por los que poder trasgredir sin que te pille el jefe. Una ilusión infantil, como les decía.

martes, 1 de octubre de 2024

¡Menudo circo!

Que este sistema político al que llaman democracia ha degenerado hasta convertirse en el gobierno de los peores, es algo de lo que nos podemos extrañar si no hemos leído a los comentaristas políticos de la antigüedad clásica. Ellos ya lo dijeron por activa y pasiva, y la práctica les dio la razón. La democracia de Atenas duró lo que el agua en un cesto y todo eso que van a admirar hoy día los turistas no fue obra precisamente de la democracia. La Atenas del Partenón y demás mandangas fotografiables fue obra de un tirano llamado Pisístrato, una especie de Franco que vino a poner orden en el despelote que había creado la muy democrática constitución de Solón. También, como Franco, Pisístrato aguantó cuarenta años en el poder; lo suficiente como para dejar Atenas que no la conocía ni su padre. Ya ven que, una vez más, una cosa es predicar y otra dar trigo. 

Entonces, con los peores ya al timón de la nave, se empieza a vivir en el esperpento continuo. No les voy a hacer un recuento de todas las cencerradas que nos dan a diario estos oligofrénicos que pretenden gobernar porque sería el cuento de nunca acabar; me voy a limitar a una que tiene que ver con el libro que estoy leyendo por enésima vez, porque, la verdad, pienso que nunca los literatos consiguieron imaginar aventuras que le lleguen a la suela de los zapatos a la historia verdadera que se relata en ese libro: "La Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España". 

Corría el año 1518 cuando un puñado de españoles llegaron a las costas de México lindo y querido. Por supuesto que les recibieron a palos y unos cuantos perdieron allí su vida. Pero recogieron información, lo que, a la postre, es el bien más preciado. Un año, o así, después, llegó Cortés con esa información en el bolsillo y quinientos soldados con muy heterogéneas intenciones. A partir de ahí, la historia, como la de Agamenón cuando llegó a Ilión, se empieza a confundir con la leyenda. En cualquier caso, los hechos son lo que cuentan: lo mismo que las costas de Asia menor se hicieron en su mayoría jónicas al poco de la caída de Ilión, el territorio mexicano se convirtió en español al poco de la llegada de Cortés. La Ilíada y la Verdadera Historia de Bernal Díaz del Castillo son primas hermanas, si no gemelas. 

El caso es que pienso que ni por asomo todos esos a los que ahora les ha dado por decir que Cortés es un genocida hayan sido capaces de leer la Verdadera Historia. De hecho, un sobrino mío, al que el socialismo le viene de casta, me dijo un día lo de el genocida Cortes y yo, entonces, le pregunté si había leído la Verdadera Historia: resultó que ni siquiera la había oído mentar. ¡Fíjense, con lo culto que era él y toda su familia! Pero de las ideologías podemos decir lo mismo que del pelo de coño o de dos tetas, que tiran más que carreta o soga de marinero. 

Y ese presidente de México, que, por cierto, sus padres son de por aquí al lado, y que ahora quiere que el rey de España pida perdón por lo de Cortés. A lo mejor lo que pasa es que lo que él quiere es que le dejen volver al canibalismo que había por allí cuando llegó Cortés. Aquellos corrales de engorde para humanos eran una pasada. En fin, esa era su cultura y, según criterios actuales, lo lógico es que se hubiese respetado. ¡0ye, tampoco pasaría nada porque los turistas pudiesen ir hoy a México a comer carne humana! Una seña de identidad es una seña de identidad... y si no que se lo pregunten a los catalanes... o a los vascos... ¡Pues anda que no!

En fin, menos mal que el rey de España se ha llamado Andana, que, si no, ¡menudo circo!