miércoles, 15 de enero de 2025

De héroes y villanos


(Estoy orgulloso de que Telegram ha defendido la libertad de expresión mucho antes de que ello se convirtiese en políticamente inofensivo. Nuestros valores no dependen de los ciclos electorales de los EEUU. 

Hoy día, otras plataformas están anunciando que van a censurar menos. Pero el real test de sus recién descubiertos valores será cuando los vientos de la política vuelvan a cambiar. Es fácil decir que apoyas algo cuando ello no entraña riesgo.)

Pavel Durov, el dueño de Telegram, es un héroe de nuestros tiempos. Utilizó su privilegiada cabeza en la dirección correcta. Cuando los tiranos quisieron imponer por la fuerza su maquiavélica, o demoníaca, visión de la realidad, él se opuso con toda la fuerza de su inteligencia y consiguió un resquicio de libertad por donde, el que quiso, pudo informarse de la verdad de lo que estaba pasando. Por eso, ahora, tiene todo el derecho a decir, sin nombrar al pecador, porque además de valiente es elegante, que tipos como Mark Zuckerberg son unos miserables que solo saben arriesgan a toro pasado. Para que se entienda, el tal Marck vendría a ser como aquellos españoles que se hicieron antifranquistas una vez muerto Franco. 

Pero el miserable Marck -dueño de la plataforma Facebook, por si no lo saben- no se va a ir de rositas. Otros héroes no tienen reparo en señalarle por su nombre. Es el caso de Andrew Bridgen, un político inglés que arruinó su carrera en aras de la verdad. Dice Andrew: "Querido Marck Zuckerberg: ellos sobornaron y amenazaron a mucha gente. Cantidad de nosotros nos mantuvimos firmes, dijimos la verdad y pagamos el precio. Esto es lo que se llama integridad. La conducta que tú muestras ahora es lo que se llama cobardía. Aquel que huye una vez, solo vive para huir otro día. Usted podría haber salvado muchas vidas habiendo dejado a la gente hablar."

Pues bien, el tal Mack anda hogaño por ahí, a guisa de antifranquista de ocasión, dando entrevistas para acusar de malvados a aquellos con los que colaboró antaño de buen grado. Y claro, como es tan rico, los miserables corren a elevarle a los altares de la heroicidad. Pero no se engañen, porque como bien señala Andreu Bridgen, lo hizo y lo volverá a hacer a la primera que las tornas cambien. 

Éste, señoras y señores, es un mundo de héroes y villanos. Y conviene reconocer quién es una cosa y quién es otra. No por nada, sino para evitar en lo posible contaminarse. Porque no hay nada que se pegue tanto como la cobardía. Y es que el cobarde tiene una mente privilegiada para inventar excusas que hagan parecer que su cobardía es sentido común. ¡Y vaya que si cuela! Las masas circundantes se apuntan al invento y de inmediato se sienten a salvo a la vez que sabias. 

En fin, cada uno es cada uno con su conciencia siempre al acecho: de nada sirve disimular. Todo lo que hacemos, sentimos por dentro si agradó o no agradó a los dioses. Si fue que no, el alma se nos pudre. Por eso la de los villanos hiede. 

martes, 14 de enero de 2025

Las cosas claras

Lo que pasa en Cuba y Venezuela, tan estrambótico como nos parece, en realidad no es muy diferente de lo que pasa aquí en España y, por extensión, en lo que llamamos Comunidad Europea: unos ambiciosos descerebrados se han hecho con el poder -léase las armas- y se sienten tan a gusto en su situación que no van a cederlo así se hunda el mundo a su alrededor. 

La gran lacra del cristianismo, buenismo, comunismo, o como lo quieran llamar, es, ahora lo veo meridiano, que convenció a la gente de que el tener armas en casa es peligrosísimo. Nos dijeron: vosotros tranquilos; si alguien os achucha, nos llamáis y nosotros -los ambiciosos descerebrados- vamos con nuestras armas a defenderos. Y nos lo creímos porque no hay nada más humano que creerse las fantasías que suenan bonitas. Así fue que quisimos ignorar la gigantesca diferencia que se establece entre el que tiene armas y el que no las tiene. Así se forman los sistemas de castas: en función de la fuerza. La tienes o no la tienes. Si no la tienes, considérate siervo. 

Estas filosofías, como es lógico que le pase a quien fue sometido a un duro adoctrinamiento desde su más tierna infancia, me costó mucho digerirlas. Pero, sin duda, lo conseguí, porque cuando, un día no muy lejano, me topé con el Manifiesto Libertario de Rothbard, me entró por la mente como Pedro por su casa. Sí, esa es la cuestión, el Manifiesto Libertario, es decir, no consentir que nadie decida por ti, para lo cual, aparte de otras cosas, como el esfuerzo intelectual y demás, tienes que tener armas en casa. La cosa es muy sencilla: la Biblia en una mano y en la otra un fusil... al ser posible automático. 

Resulta que, ahora, va y dice un burócrata de Bruselas que, si no les gusta el resultado de las elecciones que van a tener lugar en Alemania, pues nada, las anulan y aquí paz y después gloria. Lo mismo que han anulado las recién habidas en Rumanía que por lo visto ganaron unos indeseables que pretendían tomar decisiones por su cuenta. O sea, los de Bruselas, igual que los de Cuba y Venezuela. O por qué creen ustedes que es que las instituciones europeas no han condenado las tropelías de Maduro, el reyezuelo venezolano. Como dicen los tertulianos, blanco y en botella: entre lobos no se muerden. 

Así es que a toda esa chusma que sale a la calle a gritar que el pueblo unido jamás será vencido, yo les diría que, aunque no suene tan eufónico, cambie el unido por armado y estará más acertado... que también rima.

lunes, 13 de enero de 2025

¡Mujeres!

Hay unos vídeos en YouTube que han conseguido interesarme siquiera mínimamente a pesar de no tener nada que ver con mis aficiones preferidas; se trata de algo tan simple como que alguien va grabando a medida que camina por una calle concurrida de una ciudad cualquiera: Kabul, Teherán, Bagdad, Torremolinos. Uno nunca se puede fiar de lo que le enseñan porque siempre llevará el sesgo que le quiera dar el enseñante, aunque en este caso los intentos de manipulación no parece que sean muchos: solo es una cámara que avanza sin detenerse en nada concreto. 

Lo que más me ha chocado es lo referente al papel de la mujer en el paisaje urbano. Por ejemplo, en el video de Kabul solo se ve a una pareja de mujeres mayores y con todos los velos habidos y por haber; el resto son hombres, vestidos todos a la usanza del país. Ni por asomo se ve uno digamos que occidentalizado, lo cual no quita para que entre las tiendas que se ven menudeen las mismas franquicias que hay en cualquier ciudad del mundo. Yo no me explico cómo los hombres pueden soportar una realidad tan lúgubre. En un paisaje así, ¿de dónde pueden sacar materia para la vida fantasmática? Por muy atribulado que vaya uno por la vida, si se le pone delante de los ojos un buen culo, muy enfermo hay que estar para que el sentimiento no cambie de inmediato. 

En Teherán, se ven muchas mujeres, casi siempre con el pelo cubierto, aunque las más jóvenes, por cierto, guapísimas,  parecen tomárselo a risa. La calle está llena de terrazas en las que se ven sobre todo familias cenando. Pero también grupos de jóvenes; raramente mezclados hombres y mujeres. A juzgar por las tiendas que flanquean la calle enseñada, da la impresión de que corre la pasta de lo lindo. Sin embargo, por muy occidentalizada que parezca la gente, se nota como una circunspección próxima a la tristeza. En Bagdad, más o menos lo mismo, aunque no es infrecuente ver mujeres, solas o en grupo, que en poco, si es que en algo, se diferencian de las que se ven por aquí. 

Lo de Torremolinos es el despelote. Mujeres en bikini por la calle. Bellísimas todas, por supuesto. Las menos agraciadas, es de suponer que estarían acogidas al camuflaje de un centro cultural o cosa por el estilo. Me imagino lo que tiene que ser para un afgano apearse del avión en Málaga y ponerse de inmediato a pasear por una calle de Torremolinos. Al respecto, recuerdo que en Barcelona era frecuente ver grupos de pakistaníes, con pinta de recién llegados, apostados en la barandilla que separaba el paseo marítimo de la playa nudista. Seguramente no traían en la cabeza otra cosa que esa visita. 

En fin, ¡mujeres! No hay forma de sacárselas de la cabeza. Damos la vida si hace falta con tal de que nos dejen jugar un rato con su mando a distancia.   

domingo, 12 de enero de 2025

El hermano tonto

Es curioso, porque Prometeo tenía un hermano que se llamaba Epimeteo. O sea, etimológicamente hablando, el que reflexiona con anticipación y el que lo hace a toro pasado. El listo y el tonto, para simplificar. Suele pasar entre hermanos: lo que uno gana el otro lo pierde. Si Epimeteo no hubiese abierto la caja de Pandora los males no se hubieran difundido por el mundo y el triunfo de Prometeo hubiera sido total. El fuego robado a los dioses, entonces, hubiera sido fuente de felicidad sin contrapartidas. Pero fue como fue porque así lo tenían dispuesto los dioses por las razones que sean que, nosotros, los humanos, solo podemos conjeturar. Quizá porque una vida sin el auxilio de los males que nos acechan por todos los lados ni siquiera la sentiríamos. La felicidad perpetua es lo mismo que estar muerto. 

Me estaba acordando de estas cosas porque por vías diferentes me ha llegado un vídeo en el que se ve al hermano tonto del presidente del gobierno, que es el listo, declarando ante un juez. ¡Vive Dios, que el tipo juega a la perfección su papel de Epimeteo! ¡Más tonto y no nace! Toda la pasta que el presidente ha robado a los españoles, se le va a atragantar, ahora, por culpa de su hermano. Claro, los hermanos, cuando son todos listos, se pueden hasta odiar, pero cuando hay entre ellos grandes diferencias de intelecto se suelen crear lazos afectivos autodestructivos. ¿De qué otra manera, si no, se puede entender que el listo deje campar por sus respetos al tonto? 

Y en este tipo de historias parece que anda ocupada ahora la patria. Historias para chachas. Ya saben que a las chachas les encanta que las historias tengan un final no solo bonito, sino previsible -recuerden la de millones de veces que se ha recreado el mito de La Cenicienta y sigue con su tirón intacto-. Que Sánchez se va a hundir con todo el equipo, il va de soi. Sería contravenir las leyes de la naturaleza que fuese de otra manera. Por eso millones de españoles esperan ansiosos un final que se considera inevitable pero que no acaba de llegar, precisamente, por todo lo que se desea.

En fin, uno ya no sabe si exclamar ¡qué país! -el que nos ha tocado en suerte- o ¡qué mundo! Personalmente me decanto por lo segundo; al fin y al cabo, si hay un mito universal, ese es el de Prometeo y su hermano tonto. De hecho, me parece que todos somos los dos en uno: robamos el conocimiento a los dioses y luego lo utilizamos para quemarnos la existencia.  

sábado, 11 de enero de 2025

Amor propio

Ya empieza a correr por ahí como reguero de pólvora el informe del Congreso de los EEUU sobre el asunto Covid. Es un informe que, si bien da la razón a los negacionistas, reaccionarios, anticientíficos, insolidarios y, hasta asesinos, de ayer, no por eso deja de permitirse la típica adversativa que no solo relativiza las atrocidades cometidas por los gobernantes, sino que, en cierta medida, las justifica: asegura, sin necesidad de demostración alguna, que con la vacuna se salvaron millones de vidas. Es el mismo argumento que utiliza el Anís del Mono para asegurar que es el mejor porque lo dice la ciencia y yo no miento. Y ¿saben cuál es lo maravilloso de todo esto?, pues que a la mayoría de los que leen ese informe lo único que les interesa es esa adversativa que justifica plenamente la decisión que tomaron de dejarse inocular. Es lo que tiene el haberse convertido en monos que solo creen en lo que les conviene creer para no derrumbarse. 

Esta es una de las características más curiosas del ser humano: por lo general prefiere dejarse matar antes que reconocer que se ha dejado engañar. Porque una cosa es equivocarse por uno mismo, cosa que también suele costar reconocer, pero lo del engaño es sangrante porque es reconocerse más tonto que el engañador. Y es que cuando entramos en comparaciones las alarmas se disparan. Todo el mundo quiere ser de los mejores y le basta hacerse forofo de un equipo de futbol triunfador para creerse que ya lo ha conseguido. Funcionamos así: si tu equipo pierde, sufres lo indecible. Algunos, incluso, dejan de ir a bar por miedo a que le tomen el pelo. 

Sea como sea que seamos los seres humanos, lo que no podemos evitar es que la verdad se vaya abriendo paso dejando las cunetas del camino llenas de cadáveres. Y es que, donde no hay inteligencia, sobra el amor propio que, a la postre, es lo que más mata. En fin, pelillos a la mar... y una pala mecánica para sacar los cadáveres de las cunetas porque si dejamos que se obturen se pueden producir grandes inundaciones; al respecto, viene un año complicado. Permanezcan atentos a las redes sociales que, curiosamente, han sido las primeras en decidir limpiar sus cunetas para que fluya la información sin cortapisas. 

viernes, 10 de enero de 2025

El vino que vende Asunción

 

Imagen tomada del canal de Marc Vidal

Siempre han circulado por el mundo millones de opiniones que, por haber caído en gracia, se repiten hasta la saciedad transformándose de este modo en convicciones. Una vez alcanzada tal condición, vete tú a apearla del burro. Claro, que caiga en gracia el hecho de beber tres cuartos de litro de vino en una comida es la cosa más fácil del mundo. Te levantas de la mesa con un bienestar indescriptible y te vas a la primera butaca que encuentras e inmediatamente caes en los brazos de Morfeo. ¿Quién de mi edad no tiene experiencia en esa materia? Afortunadamente, uno supo parar a tiempo; mucho antes, incluso, de que la convicción popular empezase a declinar por razones meramente prácticas. A medida que los tipos de trabajo fueron cambiando, el vino, más que una ayuda, se transformó en un lastre. No es lo mismo pasarse la tarde removiendo la tierra con un arado romano que hacerlo con un tractor. En cualquier caso, fuese el que fuera el tipo de trabajo al que se dedicase la persona, aquella convicción respecto del vino tenía sus nefastas consecuencias; los que trabajábamos en los hospitales hace cincuenta años nos cansamos de ver tanto los delirium tremens como los vómitos de sangre por varices esofágicas, dos entidades patológicas a cual más aparatosa. 

Al ser humano, entre otros muchos calificativos, se le ha aplicado el de ser un "animal de costumbres". Casi todo lo que hacemos no tiene otra justificación que la de que es una costumbre. Nunca nos preguntamos por el origen o calidad de esa costumbre porque, sencillamente, somos unos ignorantes por vagos. Si hubiésemos hecho algo tan elemental como leer, siquiera mínimamente, a Aristóteles, sabríamos de sobra que la tarea más importante que tiene un ser humano es la de preguntare por el porqué de lo que hace. De hecho, la mayoría de las costumbres duran porque casi nadie lee a Aristóteles. Porque si la gente se preguntase por el porqué de lo que hace casi todas las costumbres se desvanecerían por nefastas; hay que tener en cuenta que la mayoría llegaron a tal condición propulsadas más por el vicio que por la virtud. 

Al respecto de las nefastas consecuencias de las costumbres tiene el Dr. Vernon Coleman un libro que hace un somero recuento de prácticas médicas fundamentadas en la tradición que han sido la causa eficiente de millones de muertes y todo tipo de sufrimientos. Los doctores transitan por los pasillos de los hospitales llevando en bandolera un paquete de verdades a las que se les da la categoría de científicas y, por tal, incuestionables. La inmensa mayoría tienen el mismo fundamento que el Anís del Mono que es el mejor porque lo dice la ciencia y yo no miento. Se ignora, porque así se vive mejor, que la medicina no puede ser una ciencia por razones obvias: no hay matemáticas que puedan abarcar tan infinito número de variables; lo más que se puede hacer es recurrir a la estadística, o sea, intentos de aproximación. Resumiendo, les cuento lo de las costumbres médicas porque son las que conozco de primera mano y por pensar que tienen un gran valor simbólico respecto de las costumbres en general. Del no cuestionamiento continuo de su pertinencia es de donde se derivan la mayoría de los males del mundo... porque, como les decía, a la mayoría de las costumbres, o convicciones, no la ha apuntalado la virtud, sino el vicio: il va de soi.

jueves, 9 de enero de 2025

Temor de Dios

Abro un vídeo de Alexandra Whittinghan interpretando el Capricho Catalán de Albéniz. Es una pieza que me retrotrae a lo mejor de mis años catalanes, cuando vivía encaramado en un ático de la calle Lauria. Pues bien, antes de empezar a darme el gusto me tengo que tragar el anuncio de "compramos tu coche". Bien es verdad que a los cuatro o cinco segundos de empezar aparece la señal de "saltar", clicas encima, y desaparece el anuncio. Luego me voy a Matemáticas con Juan y esta vez aparece un payo de una oenegé diciendo que "no podemos consentir que se sigan vendiendo armas a los actores del conflicto". De ahí nunca le dejo pasar, aunque a esas alturas del anuncio ya he empezado a pensar que quién se creerá que es ese tipo para no consentir el comercio de armas. En fin, en resumidas cuentas, que si estas plataformas de internet fuesen tan listas como presumen ser, sabrían que no tengo coche y que estoy a favor de la libre posesión de armas... dado la cual, no desperdiciarían sus recursos con anuncios que van a caer en saco roto. 

El caso es que la plataforma de internet que me machaca con sus anuncios me da la opción de pagar un par de euros al mes para verme libre de la molestia. Decididamente, no me interesa. Ya tengo bastantes anclajes en el sistema: el agua, la luz, el gas, el teléfono, los seguros, el IBI... ¡uf! Si volviese a nacer, lo tengo claro: una caseta con huerto en medio de la nada, una guitarra, media docena de libros, papel y lápiz. El mínimo necesario para sobrevivir lo sacaría yendo a la ciudad de vez en cuando a tocar en cualquier calle concurrida o a pedir a la puerta de un supermercado. 

Es lo que tiene el haber llegado a muy viejo, que, como el que no quiere la cosa, das en pensar que la inmensa mayoría de lo que hiciste en la vida no solo no mereció la pena, sino que fue causa de grandes pesadumbres que todavía no se extinguen. Porque esa es otra de las maldiciones que arrastramos los humanos, que la conciencia de uno mismo puede hacerse insoportable a nada que las hormonas que condicionan el estado de ánimo no fluyan en la dirección correcta. 

A la postre, me digo, ¡qué necio fui en no haber tenido más temor de Dios! Porque esa es la verdadera sabiduría. Ahora lo comprendo. 

miércoles, 8 de enero de 2025

Acerca de la libertad

 El dueño de Facebook salió ayer a la palestra para decir que acababa de pegar una patada en el culo a las agencias de verificación. ¿Qué quiere decir esto? Pues que se ha dado cuenta que desde que Elon Musk hizo eso mismo en la antigua Twitter, actual X, han mejorado mucho los resultados comerciales. Es decir, que la libertad es rentable para el negocio, algo que, por cierto, es de sobra conocido desde la noche de los tiempos. 

¡La libertad! ¿Qué cosa es la libertad? Es difícil saberlo porque cada persona tiene su propia idea del concepto. Por ejemplo, me cansé de escuchar durante mi rebelde juventud como los comunistas se autodenominaban luchadores por la libertad. O sea, como si los lobos anduviesen por ahí blasonando de vegetarianos. Así es que, hay que andarse con cuidado cuando se opina al respecto. Yo solo puedo decir lo que es para mí: libre circulación de personas, ideas y bienes, respetando siempre las leyes no escritas del cielo. 

¿Leyes no escritas del cielo? Sí, no hace falta que Moisés suba al monte a hablar con Dios para que se las explique porque van de soi. Todo el mundo sabe por intuición que el límite a su libertad es la libertad del vecino. De ahí que sea tan importante ejercitarse en la autocontención. 

En definitiva, la libertad es algo sumamente personal, por más que lo personal esté inevitablemente imbricado en lo colectivo. Por eso es que siempre hayan andado los humanos a la búsqueda del mejor procedimiento para organizar lo colectivo de forma y manera que se inmiscuya lo menos posible en lo particular. A la postre, lo que se ha venido a demostrar es que esa pretensión es un imposible metafísico. Y lo es porque los animales llevamos algo en el ADN que nos impulsa a acrecentar nuestra libertad a costa de disminuir la del vecino. Estamos hechos así y no hay vuelta atrás. A lo único que podemos aspirar es a camuflar lo mejor posible ese robo al vecino por medio de sofisticadas retóricas cual pudieran ser eso que llamamos constituciones. Como la que redactó Solón para los atenienses, para que nos entendamos.

Una milonga, en definitiva, que solo sirve para tapar las vergüenzas a los ojos de los cobardes. Todos esos que siguen creyendo que el que te encierren en casa tres meses y te obliguen a inyectarte una pócima venenosa es algo que tienes que agradecer a los gobernantes por más que el tribunal encargado de dilucidar sobre la idoneidad de tales medidas haya llegado a la conclusión de que fueron injustas. ¿Ha tenido alguna consecuencia negativa para los gobernantes tal conclusión? Ninguna que yo sepa. Ahí siguen intentando restringir cada día que pasa un poco más el ámbito de nuestra libertad. Otra cosa es que lo consigan, que, ahí, si que cuenta la predisposición personal a hacerse cargo de la propia vida. 

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos... el problema es que los cobardes siempre prefirieron creer en los mastines del pastor antes que en los cielos.   

martes, 7 de enero de 2025

Dios dirá

 El futuro, por definición, es incierto, lo cual trae aparejado un cierto grado de inquietud. Esa inquietud es lo que dio lugar, desde la noche de los tiempos, a la profesión de los augures. El mundo siempre ha estado lleno de augures. En realidad, augures aficionados lo somos todos, aunque los hay que, por su especial caradura o incontinencia verbal, adquieren la categoría de profesionales. Son gente que, para despistar, se colocan el título de expertos en geopolítica, o cosa por el estilo, y el personal les escucha con la esperanza de que les ayuden a calmar sus inquietudes con respecto a lo por venir. Como se suele decir, de ilusión también se vive.

Da igual que, también desde la noche de los tiempos, los más sabios nos hayan explicado que la única manera que tenemos de aliviar las inquietudes del futuro es vivir ocupados conforme a las leyes no escritas del cielo. Es el ocio, adobado por los remordimientos de la conciencia, lo que nos impide vivir el presente. "No estamos nunca en nuestra época; estamos siempre más allá. El temor, el deseo, la esperanza, nos lanzan al porvenir y nos sustraen el sentimiento y la consideración de lo que es..."

Sin embargo, por muy incierto que sea el futuro y por muy ocupados que estemos, hay épocas de la vida, o de la historia, en las que las circunstancias dominantes hacen que la mosca que siempre tenemos detrás de la oreja se ponga rabiosa. Es el caso presente en el que estamos viendo desmoronarse el mito marxista que dominó el mundo el último siglo, a la vez que aparece en lontananza su sustituto, otro mito de contornos todavía mal definidos. Y de ahí que haya tal profusión de augures tratando de predecir esos contornos. 

Lo que tenga que ser, será, lo cual no quita para que los que nos hemos sentido incómodos con el mito marxista, veamos ahora con agrado su desmorone por más que lo que viene pueda perjudicar nuestros intereses... porque nunca se sabe lo que puede pasar cuando cambian las tornas, que no por otra cuestión es que la sabiduría popular inventase aquello de lo malo conocido que lo bueno por conocer. 

En fin, da la impresión de que ya comenzó la gran degringolade: ayer fue Justin Trudeau el que cayó rodando,  mañana Dios dirá... hay un montón de candidatos.  

lunes, 6 de enero de 2025

A voleo

La magia de las matemáticas consiste en que los problemas que te plantea tienen solución exacta. En todos los demás asuntos de la vida tiramos a voleo y sale lo que Dios quiere... nunca, por cierto, la solución definitiva; siempre quedan cabos sueltos que amenazan con desbaratarlo todo.  

En realidad, nada que no supiesen los antiguos: todos los problemas de la vida resueltos se traducen en un encadenamiento a la roca del ocio que, en definitiva es un estar royéndote los hígados hasta que te vence el sueño. 

Y ese es el gran problema de la humanidad, que ha inventado tantos cachivaches para poder abreviar el tiempo necesario para resolver sus problemas de subsistencia que ahora no le queda más remedio que seguir inventando cachivaches para solucionar los mucho más graves problemas que le plantea el ocio. Porque, no se engañen al respecto, si los problemas de subsistencia tienen dificultad, los que plantea el ocio son infinitamente más complicados... de hecho, son lo más parecido a estar en el infierno. 

Sí, no se hagan ilusiones, ésta es una sociedad infernal a causa de la cantidad de ocio que la gente se ha echado sobre las espaldas. No toda la gente, por supuesto, pero sí, diría yo, la mayoría. Es terrible: ves por la calle a miles de personas recogiendo mierda de perro en un intento desesperado de poder olvidarse por un instante de que no pinta nada en este mundo. Y, si no, tomando trenes y aviones para ir en pos de quimeras de las que regresan siempre con la correspondiente frustración que tienen que tratar de ocultarse a sí mismo por los más ridículos procedimientos -dando la vara al prójimo- so pena de sucumbir. Por no hablar de esos muertos vivientes que se demoran en las terrazas de los bares con la esperanza, quizá, de resucitar algún día. 

Bueno, las cosas son como son porque así han venido rodadas. El caso es no desesperar: siempre nos quedarán las matemáticas, y la música, que también es matemática, y, sobre todo, la teología, que es lo más matemáticas de todo. En fin, perdonen que me repita. 

domingo, 5 de enero de 2025

Docilidad

Como pasear por los muelles los días que sopla del sur es imposible, ayer, que soplaba de lo lindo, dirigimos nuestros pasos hacia las calles traseras de la ciudad. Nunca había visto cosa igual. Yo creo que hasta los muertos del cementerio estaban por allí. No se podía dar un paso. Todo abarrotado. Bares, tiendas, se diría que lo regalaban. Y luego que no hay un solo espacio público en el que el ayuntamiento no haya colocado un cachivache dedicado al disfrute de los niños... previo pago de sus padres, claro está. 

Yo no sé, porque dicen que la cosa anda muy chunga, pero que venga Dios y lo explique. El dinero cambia de manos a una velocidad prodigiosa y se diría que no se pega a ninguna. La verdad es que la impresión que da es que todo esto es cualquier cosa menos sostenible, por utilizar la palabra tan de moda entre los políticos. Por contra, parece como si la gente estuviese jugando a  "el último maricón". O, como si el mundo se fuese a acabar y por tanto no tuviese sentido el ahorro. 

Porque todo esto va, fundamentalmente, de negarle una oportunidad al ahorro. En eso ha consistido toda la política de los últimos cien años en occidente. En evitar a toda costa que las personas piensen en el mañana o, dicho de otra manera, se vuelvan hacia sí mismos y se pongan a reflexionar. Esta chupado: cuatro horas de televisión para empaparse de doctrina y otras cuatro de barra de bar para soltar lo aprendido... en resumen, que aquí hemos venido a divertirnos porque después de esto no hay nada. Nihilismo en vena. 

La rebelión de las masas que decía Ortega. Pues va a ser que no. Hubiese estado mucho más acertado, pienso yo ahora, si hubiese escrito sobre la docilidad de las masas. ¿A ustedes qué les parece? En cualquier caso, no me negarán que todo esto cualquier cosa menos sostenible. Lo docilidad es el fin del civilización porque es la muerte en vida... como les decía, los que paseaban ayer por la ciudad eran indistinguibles de los muertos del cementerio. En fin, puntos de vista. 

 

sábado, 4 de enero de 2025

Gilgamesh

Sostenía Santi esta mañana que los griegos son indoeuropeos inoculados con el virus semítico de la especulación. Es una teoría muy aventurada, pero no por eso menos interesante e, incluso, plausible, por decirlo con el término inglés que expresa la calidad que tiene una idea tanto de razonable como de probable. 

Sea como sea, de aquellas tribus nómadas de semitas arábigos que se asentaron en lo que se conoce como Creciente Fértil (Éufrates y Tigris) es de donde empiezan a salir, 1500 años antes de Homero, las letras, los números -incluso ya sabían lo que luego se conoció como el teorema de Pitágoras- y el primer poema épico, Gilgamesh, que, curiosamente, es una bajada a los infiernos... los  infiernos de la razón. 

Es probable que el Creciente Fértil no tardase en estar superpoblado y necesitase expulsar a parte de su población hacia otros valles regados. Algunos se asentaron en las orillas del Jordán, los que luego se conocieron como judíos. Desde el principio se diferenciaron de sus vecinos por la menos tolerada de todas las diferenciaciones, la superioridad intelectual. Han pasado ya casi tres mil años y ahí está su producción sin haber perdido un ápice de su valor. Millones de personas de todo el mundo recurren a ella a diario en busca de sosiego e inspiración. 

Pues bien, seguimos especulando, los griegos -indoeuropeos- que se asentaron en las orillas más orientales del Mediterráneo, chuparon de la cultura semítica y, por alguna extraña circunstancia, prendió en ellos con una fuerza sorprendente. Sus frutos son de sobra conocidos: nada de lo que hay hoy día en el mundo se puede entender sin ellos. Sin el método axiomático que nos legaron, nada hubiera sido posible. Un método que, por cierto, se resiste a ser comprendido por el hombre masa -que nadie entre aquí si no sabe matemáticas-. 

Concluíamos nuestra reflexión mañanera aplicándole Hitler la condición de indoeuropeo no evolucionado y, por tal, incapaz de bajar, como Gilgamesh, a los infiernos de la razón -del método axiomático-. Así es como se entiende su odio por los judíos; el odio infantil  hacia lo que admiras y no puedes alcanzar. 

En fin, uno nunca dejará de especular acerca de los posibles porqués de que los judíos sigan estando -y cada vez más- en ojo del huracán. 

viernes, 3 de enero de 2025

Viejos y jóvenes

El tiempo huye veloz... para los viejos. Para los jóvenes transcurre con una lentitud exasperante. Supongo que es una cuestión de expectativas. Las de los viejos son muy vagas, por no decir que inexistentes; por contra, las de los jóvenes son muy definidas y nunca se cumplen con la prontitud que se desea. Es la espera del deseo por cumplir la que dilata el tiempo.  

En cualquier caso, el rastro que deja el tiempo es cambiante; unas veces turbulento y otras mortecino. Recuerdo los años sesenta del siglo pasado en España en los que, de un día para otro, todo parecía cambiado. La gente solo se preocupaba de sus asuntos y así se pasó de padres analfabetos absolutos a hijos universitarios. Después todo se fue calmando hasta entrar en una calma chicha en la que la gente se aburría y empezó a ocuparse de la vida de los demás: la política lo invadió todo y de padres universitarios se pasó a hijos analfabetos funcionales... no por otra razón fue posible el montaje de la falsemia, una especie de canto de cisne de una época anodina a más no poder. 

Ahora, supongo, toca otra vez turbulencias. Solo hay que hablar con los jóvenes para darse cuenta. Mi nieto, a los dieciocho cambió Londres por Medellín y por allí anda trapicheando con criptos y tradings diversos que le permiten ser independiente: vete tú a decirle que si derechas e izquierdas... no, abuelo, yo leo a Rothbard, me dijo una vez que quise ponerme sesudo con él. 

Son los ciclos naturales: a una generación turbulenta le sigue otra descafeinada; Y vuelta a empezar. Ahora es la generación de mis nietos que vienen arrasando. Yo la llamaría la generación mestiza, o sea, con ADN purificado. 

Viejos y jóvenes. Sin y con expectativas. En fin, voy a ponerme con el Tico tico no Fubá a ver si acabo de una vez de tocarlo de corrido. Siempre se puede tener alguna expectativa por muy viejo que seas... aunque sin saber música, no sé...

 

jueves, 2 de enero de 2025

No soy de aquí, ni soy de allá

 


"No soy de aquí, ni soy de allá",  es una 
bella canción de Facundo Cabral.


    "Me gusta estar tirado siempre en la arena
    Y en bicicleta perseguir a Manuela
    Y todo el tiempo para ver las estrellas
    Con la María en el trigal"

En realidad, a Francisco Cabral, al que se le ha calificado de todo lo habido y por haber, como mejor se le podría definir es como heredero directo de la Escuela de Salamanca. 

La Escuela de Salamanca, siglo XVI, digamos que es el momento álgido de la evolución del ser humano. A partir de ahí, empezó la involución, pero, indudablemente, el que tuvo retuvo. Pasé unos años en esa ciudad cuando mi edad rondaba el medio siglo y puedo jurar que aquellos fueron los años más fructíferos de mi vida. Allí fue un puro experimentar y contrastar ideas con gente que, por más variopinta que fuera, tenía el denominador común del gusto por estar hasta altas horas de la madrugada polemizando sobre todo lo humano y lo divino. 

El ideario de la Escuela de Salamanca es simple y contundente: "libre circulación de personas, ideas y bienes". Nadie tiene derecho a impedir ir al sitio donde se sabe que hay pan a una persona que pasa hambre. Por eso las fronteras de todo tipo es algo que va contra las leyes no escritas del cielo. 

De hecho, en estos años postreros de la vida, mi principal sostén espiritual es herencia de aquellos años salmantinos. Son amigos que andan desparramados por los confines del mundo sin por ello perder un ápice de su esencia primigenia: seguir dándole al coco hasta el último suspiro. ¡Que Dios me los conserve!

miércoles, 1 de enero de 2025

Seems like discrimination

 "When people get used to preferential treatment, equal treatment seems like discrimination."

(Cuando la gente está acostumbrada a un trato preferencial, un trato de igual a igual le parece discriminatorio.)

Esto es lo que dice Thomas Sowell, un intelectual estadounidense al que les recomiendo no echar en saco roto. 

Es lo que tienen las políticas igualitaristas que generan mucho resentimiento entre los que no se enteraban de lo que tenían hasta que lo perdieron en aras de la igualdad. En realidad, todo el mundo está pillado en esta trampa; quien más, quien menos, todos nos pasamos la vida perdiendo privilegios por un lado y tratando de conseguirlos por otro. Cuando el balance se siente como negativo, resentimiento al canto y búsqueda de resarcimiento. 

Y digo que se siente porque el ser humano vive condicionado por la subjetividad. En realidad, aquel famoso "conócete a ti mismo" socrático no es otra cosa que el aprendizaje del control de la propia subjetividad. Se trata de algo tan difícil que, como sostenía Pessoa, si te dedicas a ello no te queda tiempo ni espacio mental para otras preocupaciones: te lleva toda la vida.

Y ahí está la gravedad del asunto, que la gente huye de lo difícil como de la peste. En general, preferimos acogernos a los beneficios del resentimiento que, bien administrado, nos puede resolver la vida. Sí, sí, no se lo tomen a cachondeo, y miren a su alrededor con atención. ¿De dónde sacan su justificación multitud de instituciones públicas y privadas si no es de la necesidad de resarcir a los resentidos so pena de que todo estalle? 

Pongamos, sin ir más lejos, toda esta mandanga del feminismo. Es un movimiento social que comenzó justo cuando, debido al hallazgo de la asepsia, las mujeres dejaron de morirse de parto. Fue aquello una ventaja descomunal que no dejó de tener sus contrapartidas. La explosión demográfica ligada a la asepsia, e higiene en general, hizo que el papel de la mujer como máquina reproductora perdiese fuelle. La gente no tardó en estar hasta los mismísimos de tener tantos hijos. Entonces llegó el control de la reproducción y todavía fue peor para las mujeres porque, a partir de ahí, se desvaneció el mito de la fidelidad en aras de garantizar la autenticidad de la línea sucesoria. Con el invento pilula, ya, las mujeres perdieron el miedo a ser descubiertas y se pusieron a imitar a los hombres en la cosa del fornicio. O sea, la ansiada igualdad. Claro, de jóvenes, son las reinas del mambo, pero a la que pierden atractivo solo las queda el recurso al resentimiento para resarcirse en lo posible de su pérdida de los privilegios ligados al tira más pelo de coño que carreta de bueyes. 

En fin, cosas de la vida que nunca van a cambiar porque los dioses nos crearon pobres en recursos y ricos en expectativas. Seguramente es el castigo que nos merecimos por haber comido el fruto del árbol de la ciencia.