jueves, 15 de mayo de 2025

Vanidad

Eso que llaman inteligencia emocional supongo que debe ser ponerse a tocar la guitarra delante de un auditorio y tocarla exactamente igual que cuando estás a solas en tu gabinete. Es decir, que para nada te afecte el entorno. O, si mejor quieren, tener el completo control de tus emociones. De ser así, la mía debe ser cero patatero. Y de ahí, quizá, esta tendencia irreprimible a aislarme del mundo que me fue ganando a medida que los años se me iban echando encima. Es una condición humana que, como otra cualquiera, tiene sus ventajas e inconvenientes y el negocio consiste en tener la suficiente inteligencia de la otra para saber aprovecharse de las ventajas. Gracián dice, que todo el mundo tiene su realce rey, es decir, una especial disposición para algo, y que, la gracia del asunto consiste en, por un lado, descubrir ese realce o disposición y, por otro, tener la voluntad o disciplina para cultivarlo. 

Estaba tratando de estos asuntos con un amigo, gran músico él, que me hacía notar su bajada de rendimiento tan pronto se ponía a tocar delante de una cámara. Paco de Lucía, también, por lo visto, padecía de esa bajada de rendimiento cuando se ponía delante de un auditorio; de hecho, decía que nunca había conseguido sentirse satisfecho de cómo había tocado tras acabar un concierto. Claro que, cuando la bajada parte de un nivel sublime, lo que queda es tanto que los profanos ni lo notan, lo cual no quita para que el sufrimiento interior del interprete esté ahí hasta que el reconocimiento de los profanos viene a aliviarle. Es eso que llamamos vanidad, motor indiscutible de muchas grandes consecuciones humanas y, también, de todas las grandes tonterías. 

Así es que, la vanidad, se supone que se alimenta del reconocimiento ajeno. No sé hasta qué punto eso es así, porque existe, sin lugar a muchas dudas, esa satisfacción íntima que produce la conciencia de haber culminado con éxito una tarea complicada. ¿Es que, acaso, esa satisfacción íntima no es también vanidad? En todo caso, vendría a aliviar la frustración que la falta de reconocimiento ajeno pudiera haber producido.

En fin, como ven, todo es pajeo mental tratando de quitar importancia a las propias limitaciones; porque ese es el punto y la madre de todo este negocio, que diría Don Quijote, que es muy difícil asumir las propias limitaciones sin caer en la tentación de hacer mil tonterías con la finalidad de disimularlas sin, por supuesto, conseguirlo. 


miércoles, 14 de mayo de 2025

Soberanía

 



 Conviene hacerse de vez en cuando un test para ver cómo estás de soberanía individual. Porque, aunque nadie te lo suela decir, no hay enfermedad más penosa que el andar con niveles bajos de esa soberanía. Es una enfermedad insidiosa que te empuja a salir de casa a todas las horas en busca de consuelo. Y es que, no es para menos, porque no hay nada más angustioso que mirarte en los espejos que tienes en casa y no verte. Y no te ves porque, sencillamente, sin soberanía individual, no existes a efectos prácticos. 

Sales a la calle, ¿a qué?, pues a qué va a ser, a contar tus penas al primero que se te cruza por aquello que dicen de que penas contadas, penas aliviadas. Así es que te sientas por ahí con cualquiera y, a la que te descuidas ya te está contando sus padecimientos. Y, si hay varios en la conversación, se quitan la palabra los unos a los otros para contar los suyos porque, a lo que se ve, todo el mundo tiene un buen lote de ellos. Y es que los padecimientos son el último clavo ardiendo al que poder agarrarse para recuperar la sensación de vida que la pérdida de soberanía individual te ha arrebatado.  

No sé si ustedes lo recordaran, pero hace cuatro o cinco años las circunstancias nos dieron la oportunidad de testarnos la soberanía individual por el simple procedimiento de dejarse o no dejarse meter un palito por la nariz... bueno, algunos preferían que se lo metiesen por el culo. ¿Qué es lo que se puso de manifiesto con ese test?:

1º.- Pensamiento crítico. ¿Cuánta gente estabas viendo morir a tu alrededor? ¿Conocías a alguien que le hubiese pasado algo al respecto? ¿Escuchabas o no escuchabas a otros expertos que no fuesen los oficiales del régimen? ¡Contéstate tú mismo y ponte la puntuación!

2º.- Autonomía corporal. ¿Acaso hay algo más sagrado que el propio cuerpo? ¿No vas a procurar informarte, y pensártelo dos veces después, antes de dejarte meter cualquier cosa por él? Porque, qué nadie me diga que no había informaciones alternativas a la oficial porque con ello está demostrando su miseria intelectual. En fin, daba todo más risa que la etiqueta del Anís del Mono: soy el mejor, la ciencia lo dice y yo no miento. 

3º.- Decir tu verdad. Tu verdad contrastada con la de los mejores y no con la de la chusma atemorizada. ¿Acaso no teníamos internet para saber lo que decía Luc Montagnier sobre el virus o Alexandra Henrion-Caude sobre las terapias génicas? No hay excusas al respecto. 

4º.- El regalo del discernimiento. Tirar ese regalo, el más valioso que nos hicieron los cielos, por el desagüe, es la mayor ofensa que nos podemos hacer a nosotros mismos. Negarse a pensar por uno mismo en aras de que te den un carné para poder entrar en los bares es el colmo de la miseria moral. 

5º.- Resistir a la tiranía. ¿Es que podía haber alguien tan sumamente cobarde como para no ser consciente de que le estaban robando sus más elementales derechos? En mis ochenta años de vida nunca había visto cosa semejante... y eso que durante mis cuarenta primeros viví en lo que se decía era una tiranía. Visto lo visto, ahora dudo mucho de que lo fuese. 

6º.- Defender a los hijos. Desde el primer momento traté de poner en guardia a mi descendencia. Si tuve éxito o no, ese es otro asunto; lo que cuenta para mí es que lo intenté y que los cielos son testigos de ello.

7º.- Distanciarse del sistema social. Cada vez que oigo la palabra socializar, salgo corriendo. ¿Es que puede haber algo más demoledor para la propia soberanía que necesitar la aquiescencia de los demás?  El ir por libre siempre ha sido y será la clave de una vida cumplida. 

En fin, allá cada cual con su conciencia, que yo ya tengo bastante con la mía.

martes, 13 de mayo de 2025

Del usted al tú

Cuando era estudiante en Valladolid, terminando los años cincuenta y comenzando los sesenta del siglo pasado, tuve ocasión de presenciar en repetidas ocasiones la relación padre-hijo que se estilaba en la Castilla rural. Para empezar, los hijos siempre trataban a sus padres de usted. Claro, hoy día esto del usted ni siquiera se entiende qué cosa pueda ser eso. Así es que, para que se entienda, conviene hacer unas consideraciones de orden ético, moral, o lo que ustedes quieran, respecto de la perdida de esa costumbre, que, en cualquier caso, reconocerán conmigo, supone una difuminación del campo de las competencias. Marcar distancias, que es lo que hacía aquel trato de usted, también suponía marcar las obligaciones. Y no se engañen al respecto, difuminar las obligaciones tiene sus repercusiones en el normal funcionamiento de cualquier institución. 

Seguramente, la decadencia de cualquier civilización tiene mucho que ver con esa difuminación de competencias. Esa frase tan simpática que tanto emplean hoy día los responsables de las diferentes instituciones, "acercarse al pueblo", para mí que es una bomba de relojería. Porque, ¿qué quiere decir "acercarse al pueblo"? Se lo diré sin ambages, quiere decir contagiarse de su zafiedad. Porque ese es el punto, que pueblo zafio viene a ser un pleonasmo. O es que acaso puede haber mayor zafiedad que la que se contiene en la convicción reina del populacho: "nadie es más que nadie". Bueno, respecto de esta letal convicción ya se encargó don Quijote de desmentir a Sancho: "Nadie es más que nadie, amigo Sancho, si no hace más que nadie". 

El caso es que, por poner un ejemplo, la Iglesia hizo un concilio por aquellos años sesenta del siglo pasado con la intención de acercarse al pueblo. De resultas, la Iglesia se fue, como quien dice, al carajo. De inmediato cayó en el barraganismo medieval que tan bien describe el Arcipreste de Hita y que vino a corregir la reforma de Cisneros. Por así decirlo, dejó al pueblo huérfano de orientación espiritual y el pueblo, como siempre pasa en tales casos, se puso a adorar ídolos que es en lo que andamos, y andaremos, hasta que Moisés baje de nuevo del monte con las tablas y las estampane contra las multitudes enchusmatizadas. O, dicho de otra forma, venga Paco con la rebaja y se cepille a unos cuantos socialistas, que vendrían a ser los sacerdotes de esta religión idolátrica que nos está matando. 

En fin, aquí estamos a la espera de que llegue, ya sea Moisés, ya Paco, y obliguen a los hijos a tratar de nuevo a sus padres de usted, que les parecerá una chorrada, pero no vean ustedes que notas sacaban aquellos chavales castellanos... ¡por algo sería!   

 

lunes, 12 de mayo de 2025

El mito de la creación


 

Podrá haber toda la mierda que ustedes quieran por ahí, pero también existe la belleza que emana de las inteligencias privilegiadas. Sérgio Assad compuso una pieza para mí, nos dice Stephanie Jones, y nos la toca, como corresponde a la pieza, delante del ara de los sacrificios con un Pantócrator de fondo. 

La composición se llama Tupi Guarani Tales y consta de tres movimientos. Así la describe el propio Sérgio Assad:


"Esta pieza es un homenaje a los indígenas Tupi Guaraní de Brasil y describe a través de tres contrastadas secciones su mito de la creación. Abre con una atmósfera etérea que introducirá al Dios supremo Tupa. La segunda sección, llamada Jardín Primordial, muy lírica, describe a esa gente y su mundo perfecto. La tercera, y final, sección, es una referencia a sus rituales de animismo panteísta y canibalismo."

Yo solo les puedo decir que si tuviese que escoger la composición -dentro de mis limitados conocimientos en la materia- que mejor represente la contemporaneidad, sin duda escogería ésta, oficiando de sacerdotisa Stephanie, bien sure. No ha habido pueblo sobre la tierra que haya podido constituirse como tal sin haber fabricado primero su mito de la creación. Ya sea el Génesis judío, la Teogonía griega, Enuma Elis babilónico, Enki y Ninmah sumerio, siempre estamos en las mismas, la relación del hombre con lo sagrado a la búsqueda de una explicación que ponga orden en el caos que tiene en la cabeza. En este caso, Sérgio Assad, inspirado por la sacerdotisa Stephanie, ha recurrido al mito primigenio de la tierra en la que nació en un intento de poner orden en la suya. Del éxito de la empresa, juzguen ustedes.   

domingo, 11 de mayo de 2025

Metafísica barata

De una de las traducciones del Eclesiastes:  "Perversi difficile corriguntur et stultorum infinitus est numerus" (los perversos difícilmente se corrigen y el número de los tontos es infinito). Quizá el autor haya incluido estas dos posibles condiciones del ser humano en una misma frase porque las considere primas hermanas. Aunque se suele pensar que los malvados son muy inteligentes, yo diría que lo son solo para hacer el mal, una de las cosas más fáciles que hay en esta vida. Un inteligente de verdad no suele recurrir a triquiñuelas porque la cabeza le da para saber que, por lo general, son pan para hoy y hambre para mañana. Por eso tiendo a pensar que detrás de la maldad hay como una especie de vengarse de los cielos por su injusticia en el reparto de dones. Pero, bueno, todo esto no es más que metafísica, es decir, un intento de aproximación a la realidad que, como les decía ayer, nunca, por la propia naturaleza de las cosas, podrá llegar a consumarse. 

Es tremendo que el ser humano se niegue a reconocer algo tan sencillo como que nunca podrá estar en posesión de la verdad absoluta. Juraría que detrás de esta tozudez está la razón última de todas las querellas. Sin ir más lejos, todas las que, a lo largo de los siglos, se fundamentaron en el obstinarse los unos en que los seres humanos están predestinados y, los otros, que disponen de libre albedrio. ¡Semejante estupidez! ¿Quién con dos dedos de frente no va a saber que no hay una línea clara que separe lo que hizo por propia decisión y lo que hizo arrastrado por fuerzas telúricas? Es elemental y, sin embargo, ya ven, ahí sigue la humanidad en sus trincheras sin querer ceder un ápice de sus estultas razones. 

Claro que, una cosa sería reconocer las fuerzas telúricas que nos arrastran y, otra, cómo gestionarlas para que la vida en sociedad sea posible. Aquí si que no hay que andarse en contemplaciones: el que la hace la paga; ojo por ojo. Al fin y al cabo, todos tenemos esa porción de libre albedrío que justificaría, al menos en parte, el castigo; y la parte de injusticia que en ello pudiera haber se lo achacaremos a la natural imperfección de todas las obras humanas... pretender lo contrario no nos lo perdonaría el cielo. 

En resumidas cuentas, que hay lo que hay porque no puede ser de otra manera y, además es imposible. Si todos tenemos un punto de estultos será porque los dioses consideran que es bueno para el normal desarrollo de las cosas... que ya sabemos que les gusta escribir recto con renglones torcidos.

sábado, 10 de mayo de 2025

Asíntotas

 



Las asíntotas son una cosa muy curiosa, porque, por más que insistas nunca, a no ser que creas en un lejano infinito, conseguirás que una función lineal y otra racional lleguen a tocarse en un plano cartesiano, que seria una representación de la realidad. Están en un constante proceso de aproximación, pero nunca culminan el intento, ya digo, hasta ese hipotético infinito que es una de entre las más atrevidas abstracciones salidas de la mente humana.

Digamos, jugando con las palabras, que la función lineal es la verdad y la función racional es el recto razonar; pues bien, por mucho que el recto razonar se empeñe a lo más que puede aspirar es a un estar aproximándose a la verdad sin nunca conseguirlo del todo. ¡Y qué le vamos a hacer si la naturaleza nos impuso esa limitación! Afortunadamente, nos dio las matemáticas para que podamos comprenderlo.

Pensaba ayer en estas cosas porque me he pasado, y me sigo pasando, la vida creyendo que ya estaba, o estoy, tocando la verdad y, como diría San Agustín, parlando con liviandad de mancebo de muchas cosas dudosas como si fuesen averiguadas. Pongamos por caso el tema del papado, ahora que tenemos nuevo papa, dado lo cual, ayer me aventuré a decir la mía sobre el particular en este blog. El papa León XIV, que hemos de suponer que tomó ese nombre en un intento de hacernos recordar al papa León XIII, famoso por haber escrito una encíclica llamada Rerum Novarum (Sobre la situación de los obreros). Pues bien, cuántas veces no habré escuchado opiniones sobre esa encíclica a livianos mancebos que, sin, lugar a dudas, no se habían tomado la molestia de leerla. ¿Para qué, si ya sabemos lo que son las cosas de la Iglesia? ¡La doctrina social de la Iglesia! ¡Puafff! ¡Puro reaccionarismo!  

Ayer, incitado por un video de Juan Ramon Rallo, decidí leerla. ¡Menuda sorpresa! No es que sea el Manifiesto libertario de Rothbard, pero tiene un aire a él. Para mí que está muy inspirada en la Escuela de Salamanca. Son las ideas extraídas del derecho natural, la libertad individual, la propiedad privada, la familia, el ahorro -léase austeridad- como mecanismo de liberación, la filantropía... en definitiva, el muy limitado papel subsidiario del Estado en las situaciones límite. No es de extrañar que el marxismo cultural imperante haya tratado por todos los medios, cuando no de ocultarnos, sí de desprestigiar todo lo que huela a Rerum Novarum y los demás escritos que la pudieran haber inspirado. La libertad -el libre albedrío- del individuo para escoger el camino por el que quiere llegar al paraíso es como echar agua en el fuego marxista.

Resumiendo, uno lee la Rerum Novarum y cree que ha dado un nuevo paso para acercarse a la verdad, esa entelequia que nunca podré tocar porque está, allí, en ese hipotético infinito que es la muerte.  

viernes, 9 de mayo de 2025

Papas y Césares

Lo que realmente diferencia al ser humano del resto de los animales es que es el único que tropieza dos veces en la misma piedra. Digo dos y lo mismo podría decir dos mil. Es la contumacia que produce la estulticia. Porque, por falta de conocimiento no es. De hecho, todo lo importante se sabe desde la noche de los tiempos. Pongamos por caso, que el mal siempre viene disfrazado de bien. ¿Cuántas páginas no se habrán escrito para advertirnos de esta realidad incuestionable? Pero como quien oye llover cuando está bajo un techo confortable. ¡Ay el confort, como nos infantiliza! 

Estaba ayer por la tarde dedicado a mis ensoñaciones habituales cuando, de pronto, un repique de campanas me sacó de ellas. No tardé en enterarme de que se acababa de elegir una nuevo papa. No alcanzo a comprender la trascendencia real que pueda tener semejante acontecimiento. En cualquier caso, la institución del pontificado se creó pensando en que sería bueno para el funcionamiento del mundo que las cosas de Dios estuviesen separadas de las cosas del césar. Sin duda, a juzgar por la experiencia habida, la idea era tan buena como impracticable. 

Impracticable por cuestiones elementales: nadie va a hacer caso al que promete el paraíso en la otra vida si enfrente hay otro que lo promete en ésta. Así es que a los papas no les queda más remedio que jugar a ser césares. Eso del sacrificio está bien, pero no para alcanzar la vida eterna, sino para poder ir de veraneo a Benidorm -ven y duerme-. 

En fin, Papas montoneros, lo que la gente pide: promesas de paraíso en esta tierra. Y es que el bien disfrazado de mal es muy duro de tragar... sacrificar a los dioses no vende, luego seamos césares camuflados de papas y ¡a vender ilusiones!

jueves, 8 de mayo de 2025

Del monte, en la ladera

Vivir apartado del mundo es condición sine qua non para poder dormir sin tomar pastillas. A nada que bajas a cualquier plaza a conversar te empiezas a enterar de los mil males que nos amenazan desde todos los ángulos. Entonces, es imposible no desquiciarse. Para mí que esos males de los que todo el mundo habla son los de siempre, incluso atenuados -no hay más que darse una vuelta por cualquier supermercado para darse cuenta-, pero, ¡ay, los perinquinosos peros!, la gente en general tiene tanto tiempo para mirarse el ombligo que no puede evitar ver allí dentro lo que realmente hay: excrementos. Y se desespera y trata de remediarse pasando a los demás una parte de su mal. Un mal realmente terrible, porque, además, es un mal con el que nos hemos topado persiguiendo el bien supremo: tenerlo todo resuelto con el mínimo esfuerzo. Y no habrá sido porque no estábamos advertidos. Solo hay que ir a los primeros textos escritos y allí te lo explican: nada complica tanto la vida como inventar  cosas para facilitártela. Y hemos inventado tantos cachivaches milagrosos que esto es un verdadero asco. 

Es un asco sin paliativos. Ciudades enteras especializadas en entretener a las mesnadas ansiosas. Oficios de mierda, que apenas exigen del concurso de la cabeza para llevarlos a cabo. Así es que nadie está a lo que está porque es imposible estar a algo que no es nada. No es extraño, entonces, que el espectro de la muerte en forma de malos augurios nos este siempre sobrevolando. Y de ahí lo que les digo, que hay que apartarse del mundo si quieres vivir sin tomar pastillas.

Es lo que decía Fray Luis, que, del monte, en la ladera, tenía un huerto, que, con la primavera, de bella flor cubierto, ya mostraba en esperanza el fruto cierto. Ese es el punto, que trabajar en un huerto apartado es lo único que genera esperanza, ese estado de ánimo que nos aleja el espectro de la muerte. 

Así que, señoras y señores, no me esperen por las plazas públicas. Prefiero estar en el huerto que tengo en la ladera del monte. 

miércoles, 7 de mayo de 2025

La impertinencia

Estábamos esta mañana con la cosa de los sumerios. Un pueblo curioso que, venido probablemente del oriente, se estableció en el sur de Mesopotamia y allí resistió más de dos mil años. El caso es que, un día, excavando en lo que habría sido una de sus ciudades estado, los arqueólogos se encontraron con un montón de tablillas con escritura cuneiforme. Unas treinta mil. Por lo visto formaban parte de la biblioteca que había mandado fundar Asurbanipal, un rey muy poderoso que hubo por allí. Del desciframiento de esas tablillas y otras muchas que se han encontrado por allí, se ha podido saber que tenían un grado de desarrollo sorprendente. Como los egipcios, con los que, por cierto, firmaron el primer tratado de paz del que la historia tiene conocimiento. En definitiva, ellos y los egipcios fueron los hombros sobre los que se auparon, sin ir más lejos, los griegos, que blasonan de haberlo inventado todo y, a la postre, quizá lo único realmente suyo sea ese engendro que llaman democracia. Geometría, leyes, literatura, de todo hay en esas tablillas. Pues bien, no nos engañemos al respecto: también los sumerios tuvieron que auparse sobre otros hombros para conseguir lo que consiguieron. Y así para atrás, la historia es el cuento de nunca acabar. 

El caso es que ayer estuve entreteniéndome un buen rato con la lectura de El Curioso Impertinente, una novela que Cervantes mete de matute en medio de el Quijote. Le han criticado mucho por ello, lo cual que, como quien oye llover. Siempre hay gente que está esperando la más mínima para ponerse a denigrar al prójimo; es una forma de tratar de afianzarse tan estúpida como cualquier otra de las que no exigen esfuerzo alguno. Sea como sea, a mí esa novela me parece una joya. ¿Hasta dónde nos tiene que llevar la curiosidad? Supongo que hasta donde empiece a ser impertinente. No nos vaya a pasar como a aquel que quería saber lo que era el sol y se puso a mirarle, de resultas de lo cual se quedó ciego. Algo parecido a lo que le pasó a Anselmo, el protagonista principal de la novela que arrastró en la ceguera a todos los que le rodeaban. 

También Cervantes se aupó sobre hombros para imaginar el argumento de esa novela. Dicen que se inspiró en un personaje del Orlando Furioso de Ariosto. Yo el Orlando no lo he leído porque he escuchado muchas veces que si no lo haces en su lengua original no merece la pena. Sin embargo, encuentro en El Curioso muchas concomitancias con la historia que nos cuenta Heródoto de Candaules y Gigues, un rey y su amigo que acabaron fatal por haberse metido por medio una mujer.  Una historia viejísima que se reitera sin parar sin que por ello aprendamos por la sencilla razón de que no puede ser y además es imposible. Tira más pelo de coño que carreta de bueyes y, además, ellas lo saben.

En definitiva, que conviene resignarse a que sean los dioses los que lo saben todo. De lo contrario, podríamos ser castigados por impertinentes. 

martes, 6 de mayo de 2025

El riesgo

Ayer les decía que la salsa que sazona todas las ideologías es la pereza, pero hoy, tras comentar y reflexionar sobre ello, he llegado a la conclusión que, donde dije pereza, mejor hubiese casado cobardía. Ha sido, una vez más, Pessoa el que me ha echado una mano. La ideología es el escudo que nos ponemos delante para defendernos del terror que nos da enfrentarnos con nosotros mismos. Una batalla, esa, que, si decides librarla, durará toda la vida y nunca podrás ganarla. Pero, al menos, mientras estés en el fragor de esa batalla no te subirás a la chepa del prójimo para joderle la vida, cosa que, a la postre, es a lo más que podemos aspirar. 

Para mí que la cobardía y la pereza son primas hermanas. Es difícil distinguir donde termina la una y comienza la otra. En cualquier caso, cada vez estoy más convencido de que la mezcla de esos dos pecados capitales es el destilado inevitable del marxismo cultural, es decir, esa trampa saducea que promete protección a cambio de ceder libertad. ¿Libertad, para qué?, dijo Lenin, uno de los sanguinarios padres del invento. Te quito la libertad -¡tú, hijo, algo seguro!, gritan los padres a los hijos-, y te protejo contra ti mismo que, aunque   no lo sepas, es lo que más temes.

¿Dónde quedó aquella edad dorada en la que los padres educaban a los hijos para el riesgo? El que no se arriesga no pasa la mar, se decía por entonces. ¿Cuántas veces han escuchado esa frase en los últimos años? En fin, para que continuar, putos vagos, putos cobardes... arremolinados todos por las noches en los bares de copas en busca del soma que les permita olvidar por rato lo mierdas que son.  

lunes, 5 de mayo de 2025

Pereza

Mi hermano era un buenazo simplón y eso le costó la vida. Era jefe de un servicio médico en un hospital clínico de una gran ciudad y tenía una consulta privada que iba de maravilla, pero, ¡oh, desgracia!, le dio por ser un furibundo socialista. Para mí que fingía para vivir en armonía con la familia con la que había entroncado por matrimonio que era gente que estaba muy alta en el escalafón de la mafia política. Así es que, por lo que pude enterarme, tuvo mucho conflicto desagradable en su puesto de trabajo por la cosa ideológica. Aunque, seguramente, el gran conflicto lo tenía consigo mismo por pasarse la vida mirando la berza y cogiendo el tocino. Andaba por los sesenta cuando empezó con problemas de movilidad que fueron diagnosticados erróneamente por médicos socialistas, bien sure. Cuando la enfermedad real se hizo manifiesta, ya no tuvo solución: murió antes de llegar a los setenta. Siempre he sospechado que fue una enfermedad propiciada por el sufrimiento sordo propio de quien vive en contradicción consigo mismo; estaba educado para ser un hombre honesto, así que ¿cómo iba a poder compaginar la ideología que defendía con sus aspiraciones personales? Es terrible querer soplar y sorber a un tiempo. 

Me he acordado de esto porque ayer tuve la desgracia de verme envuelto en una conversación en la que una de las intervinientes sacaba a relucir su ideología socialista sin venir a cuento ni una sola de las veces que lo hizo. Como mi hermano, la tal señora, es de las que siempre coge el tocino; la berza yo creo que ni la mira. En definitiva, una tipa tóxica que me dejó el cuerpo de tal forma que he dormido fatal. Ya le he dicho a María que no me lleve a pasear por el centro porque es muy difícil no encontrarse a alguien que te dé la vara. Y yo, para dormir bien, necesito tener sosegado el espíritu, lo cual consigo paseando por el barrio escuchándola como quien oye llover y luego haciendo solitarios mientras escucho música. 

El caso es que esta mañana, en mi rutinario paseo por YouTube, mi vista ha caído sobre el título de un video: ¿es la ideología socialista una enfermedad mental? Por supuesto que no me he parado a escuchar los argumentos del autor del vídeo, porque va de soi: ¿qué otra cosa puede ser la adscripción a una ideología que una enfermedad mental? Nadie en su sano juicio engloba en cuatro conceptos manidos la inabarcable complejidad de la condición humana. El ser humano va haciendo según las circunstancias se presentan y las leyes no escritas del cielo le permiten. Todo lo demás es ponerle la mano sobre la horcajadura, que decía Don Quijote o, tocarle los cojones, como dice Clint Eastwood. 

En definitiva: ¿qué es una ideología?, pues mi sencillo, un cóctel de pecados capitales; en una predomina más la envidia y el rencor, en otras la soberbia y la avaricia, pero la salsa que sazona a todas ellas es sin lugar a dudas la pereza. Hablábamos ayer del simbolismo en la literatura y decía la socialista: a mí solo me interesa el realismo. Pues lee El Quijote, le dije, que es el libro más realista que existe. Ya, me contestó, lo he intentado cuatro veces y no he podido; me aburre. ¡La dichosa pereza!

domingo, 4 de mayo de 2025

Sostenible y responsable

Ustedes se hacen una idea de qué proporción de la economía global se fundamenta en la promoción del mal. Seguramente, si nos parásemos a estudiar esa proporción quedaríamos estupefactos con los resultados obtenidos. En cualquier caso, para comenzar ese estudio habría que definir primero en qué consiste eso que llamamos mal. Desde luego que hay un mal grosero que no necesita discusión para ser definido como tal; es, simplemente, la transgresión de las leyes que Moisés bajó del monte. Pero, también, está ese mal difuso del que no somos conscientes hasta que con el paso del tiempo sentimos vergüenza de nosotros mismos por haberle practicado. Uno se ha dejado arrastrar mucho por las modas en un desesperado intento de afianzarse, sin caer en la cuenta de que las modas son una trampa saducea que te pone el demonio para que calmes el espíritu sin necesidad de esfuerzo; es decir, un imposible metafísico. No quiero ni pensar todo lo que habré ofendido a los dioses por seguir las modas del momento; empezando por el despilfarro de tiempo y dinero, una de las cosas que más les ofende. 

Pues sí, las modas, son una promoción del mal que hace el demonio por intermedio de los comerciantes. En el siglo de oro español había un dicho que ya ha tenido buen cuidado el diablo en hacerla desaparecer: De balde compra, el que compra lo que ha de menester. Y ese es el punto de esta espinosa cuestión, que el ser humano ha menester de muy pocas cosas de las que se compran con dinero. Por todo lo demás que compramos con la sola finalidad de buscar consuelo a nuestra desesperación lo pagamos en demasía... sobre todo en forma de frustración, cuando no en remordimiento. 

Ayer por la tarde quiso María que fuésemos hacia el centro de la ciudad; no había dado muchos pasos antes de que empezase a sentir malestar y decidiese volverme a casa. No hay cosa más siniestra que una ciudad abarrotada de ociosos tratando de matar su angustia consumiendo como posesos. No lo puedo soportar porque me recuerda a mí mismo participando de la ordalía y se me revuelven las tripas. ¡Pero como pude...!

En fin, la sociedad de consumo, el triunfo absoluto del mal, el fin de los tiempos... sostenible y responsable que le dicen. 

sábado, 3 de mayo de 2025

La ultraderecha

 


En Alemania hay un partido al que todos los demás partidos se han apresurado a tildar de extrema derecha. Curiosamente es un partido liderado por una mujer que blasona de ser lesbiana. Y, dato sorprendente, está a la cabeza de intención de voto en todas las encuestas. En realidad, no es más que un partido conservador que ha puesto pie en pared a las políticas que dicen globalistas, pero que en realidad son marxistas, fascistas o como quieran llamar a ese delirio que consiste en aquello que decía Mussolini: todo dentro del Estado, nada fuera del Estado. Hoy día, en Europa, hasta para cagar tienes que presentar una instancia ante la correspondiente autoridad administrativa. Ni siquiera puedes tener gallinas sin haberlas registrado previo pago de la mordida estipulada por la mafia a tal efecto. 

Lo bueno del caso es que el establishment alemán, es decir, los chorizos que gobiernan desde que terminó la segunda guerra mundial, han decidido abrir procedimiento para ilegalizar a ese partido que está a la cabeza de las encuestas. O sea, que con tal de no perder el chollo están dispuestos a dejar fuera del sistema a un 26% de la población. Así, tal y como suena. Sin duda, han perdido la cabeza, lo cual no quita para que hayan mandado a su fiel policía a que repartan entre la población musulmana las mismas hostias que hace cuatro años repartían entre los que no se querían inyectar la pócima venenosa.   

En realidad, en todos los países de Europa ha emergido con fuerza un partido de similares características conservadoras. Es la reacción lógica de la ciudadanía ante unas élites políticas chorizas, horteras y, ante todo, ignorantes. Es acojonante ver a toda una vicepresidenta de España embolicarse con una explicación estadística de primero de primaria. Es que no hay explicación posible a que esa gente haya podido hacerse con el poder. Tiene que ser por un milagro como el de los panes y los peces.  

Afortunadamente, por razones que se me escapan, el único sector que ha dejado esta clase política con una cierta libertad de movimientos ha sido el de la producción de alimentos. Gracias a eso, los supermercados están abastecidos. Si no lo estuvieran ya habría estallado la guerra civil, porque el resplandor de los cuchillos se insinúa tras cada esquina. La lucha por el modus vivendi a costa de los pocos que trabajan es a degüello. Por cada trabajador productivo hay tres funcionarios... más o menos. 

Y en esas estando, ¿qué es lo que necesita una sociedad para cohesionarse? Muy fácil, señalar un enemigo. El caso es dar con el enemigo correcto. La clase política putrefacta señalo primero al virus, luego a Putin... de nada les sirvió. La clase política emergente ha dado en el clavo: los musulmanes. La gente en general está hasta el gorro de ellos y no faltan razones. Por cierto, que hay por ahí vídeos que dicen que está habiendo conversiones de musulmanes al cristianismo en masa. Claro que también los hay en el sentido contrario. Sabe Dios.
  
En cualquier caso, es evidente que se extienden como un reguero de pólvora por las ciudades europeas las reyertas entre musulmanes y cristianos. Por así decirlo, ha comenzado la segunda reconquista de Europa. Y con la guerra, los nuevos liderazgos. Ya les tenemos aquí, los que los corruptos llaman de extrema derecha; es evidente que ya no cuela.

En fin, es lo que hay.                                                                                                                

viernes, 2 de mayo de 2025

C´est quoi cette merde?

Lo que llaman ciencia psicológica no es, en realidad, otra cosa que un retorcimiento del lenguaje para que la cosa quede entre los iniciados. Pero no se engañen al respecto; no hay nada nuevo en esa seudociencia: todo lo que presume haber descubierto ya estaba expresado en los textos clásicos. 

Escuchaba hoy a una señora francesa, con el desparpajo que caracteriza a los de esa nacionalidad, que lo que pasa en el mundo actual es que hay una epidemia de disonancia cognitiva. C´est quoi cette merde? El lenguaje común tiene mil expresiones que todo el mundo entiende para definir lo que los psicólogos llaman disonancia cognitiva con la finalidad de que la gente les necesite a ellos para aclarar las cosas. Es el truco del almendruco. Ya en el colegio los niños teníamos perfectamente catalogada esa entidad nosológica: cuando nos parecía que alguien la padecía decíamos que "tenía la picha hecha un lío". Otra forma muy típica de denominarla es a la que hace referencia el título de este blog: mirar la berza, pero coger el tocino; es un refrán que utilizaban mucho los romanos y que nos pasaron a las lenguas romances. 

El caso es vivir diciendo una cosa, quizá porque se piensa que es la correcta, y haciendo otra, porque quizá es la que te conviene o, simplemente, te apetece. ¡Imagínense lo nuevo que es todo eso! ¿Qué es eso que llaman ideologías sino aceptar de forma más o menos consciente -en función del grado de sinvergonzonería- esa entidad nosológica? No hay ideología que no esté concebida para que, so capa de recto proceder, hacer lo que te viene en gana. Nunca he conocido a gente más sinvergüenza que la que blasona de adherencia a cualquier ideología. 

En definitiva, llámenlo como lo quieran llamar, pero nunca será otra cosa que querer vivir en la ficción en el intento siempre fallido de escapar a la realidad. Es la máquina de la angustia, ansiedad o como le queramos llamar al vivir emputecido. Y les voy a decir una cosa por si todavía no la saben: la Biblia, ese libro que algunos piensan que es para creyentes, en realidad no es otra cosa que una machacona insistencia en lo que les acabo de decir, que querer huir de la realidad es sinónimo de emputecimiento. La realidad, es decir, las leyes no escritas del cielo: todo el mundo las lleva gravadas a fuego en su conciencia.  

jueves, 1 de mayo de 2025

Qué nadie entre aquí

 



Dejada a un lado la música, pocas cosas me calman tanto el espíritu como enfrentarme a un acertijo como el que les muestro en la foto. Parece que te dan pocos datos: el ángulo recto en D y el 7 que es la longitud de la cuerda. Te piden calcular el área del rectángulo verde. La realidad es que hay ahí un montón de datos que una vez descubiertos hacen que el acertijo sea cosa de niños. 
  
Digamos que este acertijo es como una metáfora de la vida: nuestra mirada inexperta a duras penas capta cuatro detalles de lo que tiene delante. Para ver algo más se necesita cultivar el intelecto. Cultivar el intelecto es lo que da enjundia a la vida. Cada cual lo hace a su manera, pero no se dejen engañar por el marxismo cultural: sin sacrificio no hay cultivo que valga. Esa es la dura realidad, que solo el sacrificio ensancha los límites de la mente; esto es algo que seguramente ya sabían los hombres de las cavernas.

Ensanchar los límites de la mente quiere decir hacerse consciente de cuan poco ves por comparación a lo que hay cuando miras algo. Esa conciencia de ceguera es la que salva de la estupidez. 

La conciencia de ceguera es el privilegio de los sabios. Los demás la podemos tener a ratos, pero de inmediato se nos escapa a la primera de cambio que nos queremos afianzar. Entonces empezamos a decir tonterías, una detrás de otra, creyendo que somos dioses. Lo más probable es que el concepto de dios fuese una creación de los primeros sabios para calmar la angustia que les producía  su conciencia de ceguera: imaginar a alguien que viese por ellos y al que poder encomendarse.

En cualquier caso, resolver acertijos geométricos es una gimnasia que se viene recomendando desde la noche de los tiempos. Los Elementos de Euclides, el segundo libro más leído según dicen los entendidos en la materia, es, precisamente, un manual para poder realizar esa gimnasia con método. En resumidas cuentas: ¡que nadie entre aquí si no sabe geometría!