"The Person Most Likely to Kill You is Your Doctor
Watching the medical establishment lie, deceive and exhibit Olympian quality incompetence has been quite a shock for many during the last two years."
Desde antiguo están reflejados en los textos aquellos que tienen por costumbre mirar la berza y coger el tocino.
Desde luego que mirando en YouTube uno se da cuenta de la cantidad de gente admirable que hay por el mundo. También gente asquerosa, por supuesto, pero son los menos, aunque, como ya sabemos desde los inicios de la creación, el mal se propaga a velocidades infinitamente mayores a las que lo hace el bien. Así y todo, hay personas que, por lo que sea, parecen inmunes a esa propagación del mal. A la postre, son los salvadores del mundo. Todo el cine del Oeste trata, precisamente, este asunto.
Las películas del oeste, y las novelas, incluidas, por supuesto, las de Marcial Lafuente Estefanía, vienen a ser todas ellas remake del Antiguo Testamento. El Dios justiciero siempre se pone del lado del bien, o sea, de los valores implícitos en las tablas que Moisés bajó del monte. De hecho, si han sido capaces de fijarse, no hay película o novela del oeste que no acabe con el triunfo del bien sobre el mal, que no es, por cierto, lo que suele pasar en la vida real, pero, personalmente, quiero pensar que se le aproxima bastante. La gentuza, por mucho coche y mariscada que aparente, sé, a ciencia cierta, que lleva una vida miserable.
Pensaba en estas cosas porque suelo escuchar los parlamentos que hace un señor extremeño de la parte de la Sierra de Gata, Torre Don Miguel, desde unos berrocales que tiene en un rincón de su finca. El lo llama, y nunca mejor dicho, la Atalaya de la Reflexión. Desde allí lanza verdaderas homilías que dan para pensar un buen rato. Por él, y por su hija Nazaret de la que ya les he contado, me voy enterando de lo que es la vida en el campo y, sobre todo, de lo que es la difícil ciencia del sentido común, esa que, si no se hereda, ya te puedes ir olvidando. Este señor, Feli Martín lo ha heredado a raudales y, diría yo, lo ha enriquecido y, para redondear, lo ha sabido trasmitir a su descendencia, la citada Nazaret. Nunca habla de sus estudios, aunque suele aludir con frecuencia a lo importante que es tenerlos. Pero a lo que sí tiene un vídeo dedicado, especialmente recomendable a mi juicio, es a su paso por GOE, Grupo de Operaciones Especiales de las FF.AA.. Un aprendizaje de la vida reservado a los mejores por más duros. Recuerdo que en un viaje a pie que hice por esa región del oeste de la Cordillera Central, donde se ubica precisamente la Sierra de Gata, me encontraba continuamente con grupos de esas fuerzas especiales que andaban por allí entrenándose. Por los años que hace y la edad que tiene Feli no me extrañaría que fuese él alguno de aquellos muchachos.
Gente así es la que en las pelis del oeste defiende al presunto delincuente de las iras de la chusma. Porque esa es la idea tanto del Antiguo Testamento como de las películas del oeste, que la historia del mundo es una continua lucha de los cuatro sensatos para neutralizar el resentimiento y ansias de venganza de la inmensa mayoría. Y es que, la mayoría, a qué engañarse, lleva una vida perra que de forma natural busca resarcimiento en la maldad. El porqué de la vida perra ya es otra cuestión que daría para escribir toda una enciclopedia.
En fin, ¿saben qué? Pues que me voy a desayunar ahí abajo para coger fuerzas antes de ponerme con las tres piezas que ya casi tengo en el bote: La Catedral, Un Día de Noviembre y Scherzino Mexicano. Solo por aprender estas piezas ya me valió la pena seguir vivo. Es un decir.
El mundo está dividido irremisiblemente. Una vez más hemos caído en la trampa que siempre pusieron los que mandan a los mandados: divide y vencerás. En su caso, perpetuarse en el poder. Es la guerra del Covid, como la llama un conocido escritor australiano, vacunado él, al que un prestigioso periódico, al fin, se ha dignado publicarle un artículo de opinión. Una guerra que han ganado por goleada los no vacunados, dice. ¡Pues claro, hombre, porque mira que hay que ser chusma para no haberse dado cuenta todavía de lo que está más claro que al agua! La semana pasada, sin ir más lejos, en un hospital canadiense han muerto de repente cuatro médicos jóvenes. La causa: desconocida. Aunque, curiosamente, esa misma semana los cuatro se habían inyectado la cuarta dosis de la versión actual del bálsamo de Fierabrás. Pelillos a la mar. No se dice nada en los medios habituales y no ha pasado nada.
Pero que nadie se haga ilusiones, porque una guerra la pierden todos, pero más la pierden los que más tienen que perder. Y luego, entre el común de las gentes, están los ganadores y perdedores morales. ¿Y tú de qué lado te pusiste? Porque si fuiste un chupaculos vas a tener que trabajar mucho para camuflarte. Recuerden a los resistentes franceses y los antifranquistas españoles... prácticamente todos a los dos días de haberse descubierto el pastel. A la chusma no le cuesta nada decir digo donde dijo Diego. ¡Total, para entenderse con el perro, qué necesidad se tiene de una miaja de dignidad!
Y en esas estamos, con los chupaculos diciendo: ¡No, si a mí esto no me afecta nada! Yo, ya tengo el pasaporte sanitario para viajar, que es lo que me interesa... A los pobres les va a costar un poco aterrizar. Y den gracias a Dios si lo consiguen sin descalabro, porque, desgraciadamente, no siempre es el caso como se empeñan en mostrar las tozudas estadísticas.
En fin, es lo que hay.
Aquí pareciera como si no pasase nada. Cada día que pasa salen a la luz más y más pruebas del desastre en curso. Pero la chusma como si nada. Viajecitos por aquí, mariscadas por allá, sigue la fiesta del "qué no farte de na". Pero, en fin, no todo es chusma y poco a poco se va formando un nuevo liderazgo en el mundo. Atenea empieza a compadecerse de Prometeo y es muy probable que pronto le libere de sus cadenas.
Atenea sustanciada en la figura de Christine Anderson, un ama de casa alemana que, harta de ver lo que veía, decidió presentarse por su cuenta a las elecciones del parlamento europeo y salió elegida. Ahora ha fundado el movimiento GLOBAL WALK OUT. Porque de eso se trata, de walk out, de salirse, para que nos entendamos, de todas estas costumbres que, aunque, aparentemente son muy entretenidas, la realidad es que son nuestras cadenas: las cadenas de Prometeo. ¡Ya está bien, señoras y señores, aprendan de una vez quién es Prometeo y por qué está encadenado a una roca! Porque la causa de todo el desastre no es otra que el mal uso del fuego, llamémosle conocimiento para que mejor se entienda, que hemos robado a los dioses. Porque no lo usamos a mayor gloria de los dioses sino mayor embrutecimiento de los humanos. Y eso es todo: embrutecimiento. Todo el día celebrando romerías junto a las ermitas que hemos construido en las colinas que rodean la ciudad. No hay nada que más le moleste a Dios.
Sí, señoras y señores, que no será porque Dios no se lo hubiese advertido una y otra vez a su pueblo elegido: si queréis dejar de sufrir empezar por destruir esas ermitas. Y el día del Señor en casita tocándoos las bolas. Y, si así hacéis, ya veréis que felices vais los lunes al curre. Porque de eso se trata, de ir felices al curre.
Sí, lo siento por ustedes, pero así están las cosas. Y, una de dos, o espabilan o tendrán que ver como sus hijos mueren en la guerra.
Como a lo largo de la vida, por cuestiones profesionales, tuve que ver a mucha gente con el torso desnudo, no fue raro que encontrase de vez en cuando algún tatuaje. Por supuesto siempre en hombres. Recuerdo un marinero gigantesco de Sant Adriá de Besós que tenía en la espalda un calvario con las tres cruces de una perfección sorprendente... sobre todo la cara del cristo con su corona de espinas. En cualquier caso, no era frecuente. Y lo traigo a colación porque he visto un vídeo en Telegram que muestra a multitud de mandatarios del mundo vacunándose de la cosa. Como con orgullo y tal y de paso mostrando muchos de ellos en su brazo arremangado sendos tatuajes. El cretino ese de Canadá, por ejemplo, tiene un plastrón negro en la parte superior de su hipertrofiado brazo izquierdo. Y esos mandatarios australianos que tanto han aterrorizado a la población de su país con lo del supuesto bicho, lo mismo. Pero es que también la super alabada, a la vez que denostada, presidenta de Madrid también tiene los suyos. Uno visible y otro secreto, por lo visto. Bueno, en realidad el video va de que todos los mandatarios mientras se vacunan sonriendo aprovechan para hacer una declaración sobre lo efectiva que es la vacuna. Luego resulta que todos ellos se han infectado de la cosa no se cuantas veces, pero, eso, pelillos a la mar.
Pues sí, así son los tiempos que corren, con mandatarios tatuados. No es que pase nada por ello, desde luego, pero "lo que es yo", como dice la kioskera de mi barrio para autoafirmarse en su idea, no me fío un pelo de la gente que se automutila. Porque nadie en su sano juicio lo hace. Bueno, hay un montón de cosas que nadie en su sano juicio hace y que tire la primera piedra el que esté libre de locuras, pero, a mi entender, hay locuras y locuras, y las que inducen a automutilarse son de las que se acompañan de una autoestima por los suelos. Hay que estar muy mal en la vida para someterse a cualquier tipo de cosa que sea definitiva, pero si, encima, esa cosa afecta al templo que es nuestro cuerpo, entonces, al estar mal hay que añadir el ser un idiota sin remisión.
Claro que hay que considerar lo del factor moda. Personalmente no creo que sea necesario realizar test para establecer el IQ -Intelligence Quotient- de una persona. Basta, pienso, con comprobar su attachment a las modas del momento. Apostaría la cabeza, es un decir, a que hay una relación inversamente proporcional entre ese attachment y el coeficiente intelectual. Y no por nada sino porque acogerse a la moda es sinónimo de querer afianzarse sin tener que realizar el menor esfuerzo. Normalmente, para estar en la onda solo hay que sacar la visa y pagar. Eso es todo lo que se requiere para poder conectar para autoafirmarse mutuamente con los que hacen lo mismo. Lo veo todos los días cuando salgo a pasear por el Pesquero a última hora. Allí, excepción hecha de los que pescan, que no rechistan, todos los demás es gente que se aglomera para cambiar impresiones sobre sus perros. Les han dicho por activa y por pasiva que tener un perro estimula mucho la inteligencia y, ellos, han captado el mensaje. Me gusta escucharles porque da la sensación de que lo saben todo no solo sobre perros sino también sobre la vida. Claro que recoger cacas por la calle cuatro veces al día se supone que debe ser el equivalente al hacer un postgrado en una universidad de postín. Pero, en fin, cualquier moda, yo qué sé, ir a tomar copas por la noche sin ir más lejos. Una vez estuve en la Plaza Cañadio acompañando a mis amigos y quedé horrorizado. Aquello estaba lleno de funcionarios que también es otra moda. La del "tu, hijo, lo primero algo seguro", concretamente. ¿Es que puede haber algo menos inteligente que lo de creer en la seguridad? Pero así están las cosas, quitas a una ciudad de provincias todos los que viven de la función publica... ¡apaga y vámonos!
En fin, por hoy ya está bien de homilía. Me voy a poner con el scherzino que ya casi me sale de corrido... de corrido mexicano, claro está.
Que el mundo siempre vuelve por donde solía es algo que nadie con dos dedos de frente y mínimos conocimientos de historia se atrevería a contradecir. Por ejemplo, ¿qué apuestan ustedes a que dentro de nada se estará volviendo a perseguir a los homosexuales? Y desde luego que no será porque no se lo hayan trabajado a fondo. Toda esa exhibición hortera que de continuo están haciendo de sus preferencias sexuales. No se puede concebir mayor degeneración que la de ir por ahí contando intimidades.
"Overall, 98% of the persons with infection were gay or bisexual men, 75% were White, and 41% had HIV infection; the median age was 38 years." Esta es la conclusión a la que se llega en un artículo publicado este reciente 21 de Julio en The New England Journal of Medicine. La infección a la que se refiere es a esa por la que la OMS acaba de declarar una nueva pandemia, la de la viruela del mono. Imagínense que ahora van y nos confinan y nos obligan a vacunarnos y toda la parafernalia por una enfermedad que solo contraen los homosexuales. Ya veo a los exaltados saliendo a la calle a darles caza.Volviendo a la erudición de la sensibilidad que decíamos ayer, cómo iba yo a poder maravillarme escuchando a Lucie Horsch tocando la flauta de pico si no hubiese sabido restringir el ámbito de mis pesquisas para poder profundizar en él. Porque esa es la cuestión que, después de muchos años de intentarlo, al final, he conseguido darme cuenta de cuándo un músico es realmente sobresaliente con solo escucharle tocar cualquier cosa un par de minutos. Porque, bien tocan un montón de ellos, e, incluso, el público les aplaude a rabiar porque ya sabemos lo que es el público, pero con ese punto, digamos que divino, tocan cuatro gatos y lo captan ocho.
Ya sé que suena a presunción, pero me importa un rábano. Si uno no dice lo que piensa por no ofender a todos los sensibles pantomimas full estaría haciendo un flaco servicio a la humanidad. Hay que decir las cosas como son, o sea, que la inmensa mayoría fingimos entender de todo pero no entendemos de prácticamente nada. Sólo algo de aquello a lo que hemos dedicado miles de horas de estudio... porque con la contemplación, como se pretende, no se saca nada en limpio.
Sí, esa es la tragedia del ser humano, que no puede hacer otra cosa que fingir que sabe para no derrumbarse. Porque si de algo la naturaleza no nos dotó es de humildad que sería a las cualidades humanas lo que el oro a los metales. O sea, escasísimo. Por eso es tan difícil reconocerse en lo que se es. Y más difícil todavía, caso de reconocerse algo, no querer vengarse de los dioses por el maltrato recibido. Porque pareciera que si algo no quieren ser los dioses es socialistas y por eso es que unos tanto y otros tan poco.
En fin, disculpen mis lucubraciones sobre la condición humana, pero es que uno nunca acaba de admirarse con los subterfugios que somos capaces de inventarnos con tal de poder aguantar el tirón de la vida.
El paseo que bordea por su lado norte la dársena del Pesquero es en estas noches templadas el lugar más apacible que uno se pueda imaginar en estos tiempos de pantomima full. Apenas andan por allí cuatro perrólatras y algún viejo despistado más la ringlera silenciosa de pescadores que nunca pescan nada. Llego hasta el fondo, donde están los tinglados, y veo salir por un resquicio que hay en la verja del puerto a un nutrido grupo de negros que regresan de faenar. Al volver me siento en un banco y contemplo el panorama. Miles de focos de todos los colores como pequeñas lunas rielando sobre el agua vinosa. Al poco de gozarlo me embarga la melancolía que, para que nos entendamos, es como una tristeza placentera. Por mí, me quedaría allí para siempre, lejos de la ciudad turística que se divierte por obligación.
Sí, por obligación, la más penosa de todas las diversiones, celebrar sin motivo. Porque, qué motivo tiene la gente para celebrar qué si nada extraordinario se produce que no se produzca todos los días. Escucho que a lo lejos suena una mascletá. A la valenciana. No hay imbecilidad que no se copie. Que sentido tiene ese ruido infernal. Como si los muertos se pudiesen despertar.
Vuelvo a casa y enciendo la tele porque sé que en el canal de la Iglesia está poniendo una película de John Ford. De las guerras con los indios. Siempre es lo mismo, las atrocidades de los necios que están al mando contra el sentido común de los negacionistas. Al final, después de mil peligrosas peripecias el sentido común se impone y parece que todos los desastres habidos se borran de la memoria cuando el chico besa a la chica. Supongo que como la gente ya no va a misa, la Iglesia ha decidido suministrar este sustituto que, a la postre, puede ser más efectivo para promocionar los valores implícitos en las tablas que Moisés bajó del monte. Y también los de la caballería andante que es como otra vuelta de tuerca a lo de Moisés. Es muy probable que, dentro de unos miles de años, cuando la figura de Jesús se haya borrado por completo, todavía esté fresca la imagen de John Wayne. Porque al fin y al cabo, qué posibilidades de triunfar tienen esos valores si no hay una mano firme que apoye a la fuerza de la razón. Bueno, en la Biblia, los ángeles que manda Dios a poner orden también llevan espada.
Y así, en estos días que corren, lo preceptivo es ponerse un pañuelo azul al cuello para que parezca que los pinchos y las cañas de todos los días saben diferente. Los vampiros, ya se sabe, gozan de una gran imaginación. Por mi parte, ya puedo, aunque balbuceando, tocar el scherzino mexicano. ¡Qué más podría pedir a la vida!
Ayer se habían colado unos delfines en la dársena del Pesquero y el fortuito acontecimiento parecía tener una importancia decisiva para unos mórbidos que andaban por allí paseando al perro. Me pregunto por qué demonios será que la gente come tanto... aunque éste es otro asunto.
Aquí, en España, la pudrición animalística comenzó con un tipo que hablaba muy seguro sacando fáciles conclusiones, un tal Félix Rodríguez que, como no hubiera podido ser de otra manera, era médico. Hasta que semejante cretino empezó a tener tan desproporcionada presencia mediática nuestra relación con los animales, digamos que era de lo más natural. Los niños en el pueblo teníamos, como siempre a lo largo de la historia de la humanidad había sido, a la caza y a la pesca como dos de los puntales del aprendizaje profundo de la vida. Teníamos una noción bastante clara de los animales que andaban por allí y, sobre todo, para qué servían.
La cosa se agravó bastante cuando el cretino en cuestión -Dios castiga y no da voces- se mató en un accidente de avioneta, allá por Alaska, cuando andaba sacando fotos de animales que corrían asustados por el sonido de los motores. Y ya saben lo que pasa con estas muertes trágicas de personas todavía jóvenes y en pleno rendimiento, que automáticamente se mesianizan. Entonces, ya la tuvimos montada. Su nefasta influencia se multiplicó por millones. Claro, si la población hubiese seguido siendo mayormente rural todo hubiese quedado en nada, pero al ser cada vez más urbana, por nostalgia de un pasado feliz o lo que sea, lo que dicen natural se ha mitificado hasta dar náuseas. Lo natural para los urbanitas es, como supongo sabrán, lo que Walt Disney estipula como tal... animales que hablan y todo eso.
Y en esas estamos, hablando con los animales lo que no hablamos con las personas. Hablando con los animales para darles la razón, claro está, porque de lo contrario te la juegas... se te ocurriese dar una patada a un perro que te anda molestando y no durabas vivo dos minutos. En fin, ustedes verán lo que hacen, pero lo que es a mí, los animales, si me los sacas del plato, no me dicen absolutamente nada que no me diga una piedra. Cosas que hay ahí para que te sirvas de ellas.
Resulta realmente asombroso hasta qué punto puede llegar uno a reconocerse en los escritos de otro. Pero es que, ya, si es en la estación veraniega, ese reconocimiento llega a punto y medio. Veamos:
"El aislamiento me talló a su imagen y semejanza. La presencia de una persona -basta una sola persona- me retrasa de inmediato el pensamiento y, mientras que en el hombre normal el contacto con los otros es un estímulo para la expresión y para la palabra, en mi ese contacto es un conta-estímulo... Soy capaz, a solas conmigo mismo, de idear innumerables dichos, respuestas rápidas a lo que nadie preguntó, fulguraciones de una sociabilidad inteligente con ninguna persona; pero todo eso se me desvanece si estoy ante un otro físico, pierdo la inteligencia, dejo de poder hablar, y, al cabo de unos cuartos de hora, sólo siento sueño. Sí, hablar con la gente me da ganas de dormir. Sólo mis amigos espectrales e imaginados, solo mis conversaciones sucedidas en sueños, tienen una verdadera realidad y una relevancia justa, y en ellos el espíritu esta presente como una imagen en el espejo.
Me apesadumbra, por otra parte, la sola idea de ser forzado a un contacto con otro. Una simple invitación para cenar con un amigo me produce una angustia difícil de definir. La idea de una obligación social cualquiera -ir a un entierro, tratar con alguien de algo de la oficina, y a esperar a la estación a una persona, conocida o desconocida-, solo esa idea me perturba los pensamientos de todo un día, y a veces empiezo a preocuparme desde la misma víspera, y duermo mal, y el caso real, cuando ha pasado, es absolutamente insignificante, no justifica nada; y el caso se repite y yo no aprendo nunca a aprender."
Eso es todo.
Reconozco que la lectura de Pessoa me dispara. Y con los años, en vez de disminuir, parece que aumenta la distancia que alcanza el proyectil. Me envía a las quimbambas del espíritu. Es como si me contagiase su fiebre, porque todo es febril en él, incluido su impostado desapego de la vida. Porque, si no, de donde le sale esa continua necesidad de ser varios a la vez.
"Compruebo que, unas veces alegre, otras contento, estoy siempre triste. Y lo que en mí comprueba esto está detrás de mí, como apoyándose sobre aquel que de mí está recostado en la ventana, y, por encima de mis hombros, o hasta mi cabeza, observa, con ojos más íntimos que los míos, la lluvia lenta, un poco ondulada ya, que afiligrana de movimiento el aire pardo y malo."
Ver el mundo y verse a sí mismo viendo el mundo, todo es uno. Un verdadero galimatías para los estudiosos de la personalidad. Aunque, posiblemente, no haya mucho más allá de la fiebre inducida por el alcohol o la tuberculosis. Morir a los cuarenta y tantos con un hígado como a una pella de mantequilla no lo es por azar. Es la consecuencia directa de la necesidad de fiebre para que la vida adquiera algún sentido... aunque solo sea en los ratos que escribo, o quiero describir, dice, lo que se siente cuando se siente que existes, que el alma es un ente real.
Muchas veces he tenido fiebre, más de la inducida que de la reactiva, bien seguro, Y he sentido bullir las ideas en mi cabeza. Como teniendo la sensación de poder abarcar el mundo. A veces he querido plasmar en el papel todo ese desiderátum, pero el resultado ha sido demoledor. Abarcaba el mundo, el mío, pero con escasa inteligencia. Y eso es todo, la inteligencia. Tan escasa. De lo contrario, con toda la fiebre que nos inducimos por los más diversos procedimientos, ni te digo lo divertido que iba a ser esto.
Decíamos ayer que el arte, si nos libera de los abstractos ídolos de la costumbre, también nos libera de las ideas generosas y de las preocupaciones sociales -también ídolos... o, si mejor quieren, sueños de una indigestión del espíritu.
¡Cuánto daño no habrán hecho todas esas películas hollywoodienses sobre la revolución mexicana! Siempre con su mugriento trasfondo de justicia social. Sin embargo, nunca se les ocurrió hacer una película sobre Manuel María Ponce que produjo gran parte de su gigantesca obra musical, precisamente, durante el tiempo de esa revolución. Es como si fuesen hechos paralelos. Que nunca se tocan. Mientras Pancho Villa, Zapata y demás morralla, andaban por allí sembrando el caos y el mito, por su parte, Ponce, saltaba el charco para encontrarse por las calles de Paris con Segovia, Villa-lobos y, así, ensanchar la realidad de su propia alma, la única que existe. Fruto de aquellos encuentros, sin ir más lejos, es su Concierto del Sur para guitarra y orquesta... pensando en Segovia, bien sure, que es que no hubo compositor que le viese tocar que no quisiese escribir algo para él.
Para mí, como les decía, escribió el scherzino. Sigo subiendo por sus empinadas laderas, como aquel día no lejano que subí al Curavacas con Pedro. Un recuerdo imborrable porque por entonces pensaba que tales objetivos ya me estaban vedados por edad. Y sin embargo coroné sin más efectos secundarios que unas agujetas que fueron por unos días testigos secretos de la hazaña. No sé cuándo coronaré el scherzino, pero, en cualquier caso, estoy en el último repecho. Y por eso me demoro perezoso en sus praderas floridas. Ya no tengo prisa por terminar. Que dure el viaje lo que dure dura, como se suele decir del amor.
En estos días calurosos bajo por la tarde a sentarme en un banco a la sombra, frente al mar, donde corre una brisa perturbadora. Y leo a Pessoa con toda la parsimonia de que soy capaz.
"A veces pienso que nunca saldré de la Rua dos Douradores. y eso así, escrito, me parece una eternidad.
No el placer, no la gloria, no el poder; la libertad, sólo la libertad.
Pasar de los fantasmas de la fe a los espectros de la razón no es más que ser trasladado de celda. El arte, si nos libera de los abstractos ídolos de costumbre, también nos libera de las ideas generosas y de las preocupaciones sociales - ídolos también.
Encontrar la personalidad en el perderla - la misma fe abona ese sentido de destino."
...
"... y un profundo y tedioso desdén por todos cuantos trabajan en pro de la humanidad, por todos cuantos se baten por la patria y dan su vida para que la civilización continúe... ...un desdén lleno de tedio por ellos que desconocen que la única realidad para cada uno es su propia alma, y el resto -el mundo exterior y los otros- una pesadilla antiestética, como un resultado en los sueños de una indigestión de espíritu.
Mi aversión por el esfuerzo se excita hasta el horror casi gesticulante ante todas las formas de esfuerzo violento. Y la guerra, el trabajo productivo y enérgico, la ayuda a los otros... todo eso no me parece sino el producto de un impudor."
Y así todo. Yo, es que flipo. Si esto no es mesiánico que alguien me indique qué lo es. Ante esto El Manifiesto Libertario de Rothbard palidece. Por Dios bendito, pero si del manifiesto comunista al libertario no es más que cambiar de celda. ¿Es que no lo veis?
En fin, en otro orden cosas, que son las mismas, ya tengo el scherzino mexicano a tiro de piedra. Un poco más y le alcanzo. Está siendo un bonito viaje.
El conde Lucanor siempre anda atribulado por los típicos problemas del hombre poderoso, es decir, los inevitables miedos del que tiene mucho que perder. Afortunadamente para él siempre tiene a mano al sabio Patronio para solicitarle consejo. Y Patronio que, como les decía, es muy sabio, para curarse en salud nunca va derecho al grano sino que contesta al conde usando el conocido subterfugio de la parábola. O sea, de una manera que aunque parece directa a primera vista si la ocasión lo requiere se presta a variadas interpretaciones. Pero, bueno, en el caso del conde Lucanor, para que el libro quede redondo, los consejos de Patronio son seguidos al pie de la letra con inmejorables resultados. Y entonces el conde, para que no se pierda la enseñanza, deja constancia del suceso en un par de versos a guisa de refrán.
El caso es que uno como no tiene a quien acudir con sus cuitas para que le suelte la correspondiente parábola, pues se las tiene que sacar de la manga ya sea inventándolas ya copiando de la vida real. Así es que andaba yo un poco resentido con los dioses del Olimpo, musas o como mejor quieran ustedes, por lo poco dotado que me han hecho para la cosa de la música. Con todo lo que he insistido me parece a mí que los logros son muy magros. Sobre todo porque veo lo que veo por ahí y comparo. Tiendo a pensar que cualquiera me supera, así que, la verdad sea dicha, no sé de dónde me salen las fuerzas para seguir insistiendo.
Sin embargo, ni es oro todo lo que reluce ni los dioses suelen dejar de tomarse la revancha con quienes tanto favorecen. Como dice el refrán: a quien más favorecen para mayores trabajos le guardan. Y así voy y me entero de lo de Raphael Rabello, un guitarrista brasileño superdotado del que en YouTube hay todo el testimonio que quieran, desde la temprana infancia hasta su muy prematura muerte. Por lo que sea, los dioses quisieron cebarse en él de forma que pareciera que en la misma proporción que dan quitan si no les agrada su inversión. El pobre chaval tuvo un accidente que le dejó malparado el brazo derecho. ¡Imagínense, el brazo derecho de un guitarrista! Toda la parte rítmica al carajo. Afortunadamente la cirugía actual hace milagros y consiguió recuperarle el brazo. Pero los dioses omnipotentes habían dado su veredicto inapelable: en aquella operación exitosa le trasfundieron sangre contaminada con el VHI, SIDA para que nos entendamos. Al poco empezaron los síntomas y, como eran los comienzos de aquella macabra historia, nada se podía hacer. Y Rabello enloqueció o cosa parecida. Se dio al alcohol y todo tipo de drogas. Murió de un infarto cuatro años o así después de la operación.
E porque don Johan -el conde- tovo que este exiemplo que era muy bueno, mandólo escribir en este blog e fizo estos viessos que dizen assí:
Por quexa non vos fagan ferir,
ca siempre vençe quien sabe sofrir.