domingo, 30 de abril de 2023

Los viajes de los viejos

He estado estos pasados días haciendo una recopilación de las entradas que hice en mis sucesivos blogs contando mis escapadas en bicicleta, al principio solo y, después, acompañado por María. La llegada de María a mi vida supuso un antes y un después en lo que a esas escapadas hace, porque, acompañado, no me costó nada animarme a los largos periplos. De hasta diez días o así. Ni que decir tiene que esos periplos fueron una experiencia inolvidable, en su mayor parte muy gozosa. Reconozco sin ambages que pocas cosas hice en la vida que lo fueran tanto. Gozosas quiero decir. 

Es curioso, porque uno ha llegado ya a un estado en el que la vida es mayormente recordar. A mi edad son ya difíciles las nuevas experiencias. Pla decía que las enfermedades son los viajes de los pobres. Yo le corregiría porque, si me apuran, son los pobres los que más viajan, pero, sin embargo, pienso que ese proverbio es acertado al cien por cien si cambiamos la palabra pobre por la de viejo. Por eso cuando vas por ahí y captas conversaciones al vuelo, si son entre viejos, y no tan viejos, pero no pobres, casi siempre serán sobre enfermedades, porque siempre solemos hablar de nuestras recientes experiencias y las enfermedades son prácticamente las únicas que tenemos cuando somo viejos y, ya digo, no tan viejos. 

Así que, una de dos, o hablamos de enfermedades o ejercemos de abuelos cebolletas. Dos opciones que, tengo que decirlo, me horrorizan a cada cual más. Que no por otra cosa es que tenga esa tendencia irreprimible al aislamiento. Solo, contigo mismo, no hay peligro, aunque como les contaba el otro día apropósito de Pessoa, no haya llegado ni de lejos a esa distinción espiritual que permite que ese aislamiento sea un reposo sin angustia. Pero, en fin, en ello estamos. 

viernes, 28 de abril de 2023

Distinciones del espíritu

 Leo:

"En torno a mí hay una aureola de frialdad, un halo de hielo que repele a los otros. Todavía no he conseguido no sufrir por causa de mi soledad. Tan difícil es conseguir aquella distinción del espíritu que permite al aislamiento ser un reposo sin angustia."

Cada cual tiene sus adicciones, que no voy a entrar porque hay infinitas diferentes posibilidades y, uno, bastante tiene con las suyas. Y entre ellas, no es la menor la de leer a ratos el Libro del desasosiego de Pessoa que siempre tengo que tener a mano, como un tullido su muleta o un descerebrado su móvil. ¡Y qué le vamos a hacer si así lo quieren los dioses! 

Si bien lo consideramos, nada hay en la vida que deseemos tanto, aún sin ser conscientes de ello, como alcanzar una cierta distinción del espíritu. Algo así como esa aureola que la iconografía cristiana pone alrededor de las cabezas de los santos. Aunque bien es verdad que la Santa Madre Iglesia a veces concede esa distinción a personas de más que dudoso gusto. Y ahí es donde está el punto y la madre de todo este asunto que no es otro que la imposibilidad de que el reconocimiento te venga dado desde afuera: esa distinción o te la autoconcedes, o conquistas, por medio de la ascesis o no hay nada que hacer.  

Conseguir que la soledad sea un reposo sin angustia: ¡ahí es nada! ¿Cómo puedes verificar algo tan etéreo? De todo punto imposible. Aunque todos podamos intuir en que consiste esa quimera. Incluso, que algunos la persigan con denuedo. Pero es inútil; si escarbas en quienes parecen haberlo logrado, casi siempre les encontrarás algún tipo de inseparable compañero de inconfesable catadura. 

En resumidas cuentas, ese reposo sin angustia a la mayoría solo le es dado alcanzarlo en los estados de saciedad. Pero, si llevas varios días sin comer, no podrás parar hasta que encuentres alimentos. En fin, comeduras de coco que no conducen a ninguna parte... que es, justo, a dónde uno quiere llegar. 


jueves, 27 de abril de 2023

Mujeriego y jugador

Ando de nuevo con las memorias de Casanova. Salgo a pasear, me siento en un banco a la sombra, saco el kindle y prosigo. Y tengo para rato porque solo he leído un treinta y dos por ciento. Son más largas que una semana sin pan, como se solía decir antaño cuando la gente sabía por experiencia qué cosa era eso. 

El caso es que Casanova, que anda a la sazón por los treinta o así, folla más que el gallo de la pasión, como se solía decir, también, cuando la gente sabía de qué iban los evangelios. Recién acaba de mantener un menage a troi con una monja de veintidós y una novicia de catorce, y ya está enamorado perdido, porque nunca lo hace sin estar enamorado, de la hija de su housekeeper, que tiene catorce años y unas tetas que parecen las manzanas que Hércules robó en el Jardín de las Hespérides. Pero, con manzanas o no, pragmatismo obliga y firma un ventajoso traspaso con el embajador inglés que, aparte de gentleman, es borracho y rijoso. Y no pasa nada, porque, Tonina, que así se llama la de las manzanas, tiene una hermana menor que también necesita que la traspasen: era una forma, como otra cualquiera, de hacer carrera en aquella Venecia del XVIII. 

A todo esto, Casanova no para de perder en el juego. Claro, ya lo dice el refrán, afortunado en amores... Así que, a primera vista, da la imagen de ser un vulgar mujeriego y jugador; sin embargo, es algo más: es un infatigable curioso; está al tanto  de todos los avances que van haciendo las ciencias, especialmente en lo que hace a las matemáticas. Pero, sobre todo, es un fino filósofo de la condición humana. Analiza sus flaquezas, la inconstancia concretamente, pormenorizadamente sin el menor atisbo de autojustificación. No, simplemente, las cosas son como son porque no pueden ser de otra manera y a él le ha tocado el papel que le ha tocado e intenta representarlo de la mejor manera posible ante los ojos del respetable. 

Continuará.  

miércoles, 26 de abril de 2023

Rabas.

La geografía condiciona la biología y, ésta, las costumbres. Nada más fácil para entender tal aserto que centrarse en la ciudad de Santander. Santander está en la orilla norte de una amplia bahía a la que, como es preceptivo, los calamares, y cefalópodos en general, supongo, vienen a desovar cuando se aproxima el verano. Así es que, vienen, desovan y convierten la bahía en un vivero de oportunidades para la gente que vive a su alrededor. Cuando era niño era normal ver a la gente ir a maganos. Siempre había en centro de la bahía cantidad de barcas pescando con potera, que es un artilugio en forma de pez que en su parte posterior tiene una corona de anzuelos y que funciona haciéndole subir y bajar continuamente supongo que para llamar la atención del calamar. Por aquel entonces los tentáculos de aquellos maganos iban a parar a las barras de los bares en forma de rabas, es decir, rebozados con huevo y harina y fritos. Al que conoció aquellas rabas no se la pueden pegar con queso. En muchos bares las vendían en un cucurucho de papel de estraza para que pudieses comerlas mientras veías un partido de baloncesto en la cancha que había en el piso superior del Frente de Juventudes... por poner un ejemplo. 

Luego, cuando empezó el desarrollismo, la bahía se llenó de mierda que devoraba el oxígeno disuelto en agua y solo sobrevivieron las especies dotadas un sistema respiratorio privilegiado cual es el caso de los mules. Las especies más delicadas, como los cefalópodos, huyeron a otros ámbitos. Ya nadie iba a maganos. Y en los bares, las rabas se hacían troceando los calamares que venían de los caladeros africanos. Una porquería por comparación, desde luego, aunque la ilusión, ya saben, trabaja duro y, por eso, la gente como si nada hubiera cambiado. Los fines de semana, a la hora del vermut toda la ciudad flota en un aroma de fritanga que incita a acercarse al bar más próximo a por las dichosas rabas. 

El caso es que hace veinte años o así, con los fondos provenientes de la Comunidad Europea, se saneó la bahía de aguas residuales. Se bombearon hacia una depuradora y después, saneadas ya, se enviaron a la costa que da a mar abierto. Mano de santo, el oxígeno disuelto en el agua se normalizó y los cefalópodos, como muchas otras especies, captaron inmediatamente el dato. Así ha sido que la bahía ha vuelto por sus fueros y la gente ha vuelto a ir a maganos. Las barcas en el centro de la bahía y multitud de pescadores de caña en sus bordes. Y no se hacen idea de todo lo que se pesca. Los bordes de los paseos donde se ponen los pescadores están teñidos de negro por la tinta que sueltan los cefalópodos cuando se ven perdidos. 

Y de las rabas, ¿qué quieren que les diga? Hay que conformarse con la ilusión. Porque es imposible que la bahía dé para tanta demanda. Porque ya no somos solos los autóctonos. Cuando llegan los fines de semana o durante el ya largo y cálido verano, la ciudad se atiborra de forasteros de las comunidades cercanas y de las que no lo están tanto. Se convierte en un hervidero de ansiosos buscadores de sensaciones auténticas: se dejarían matar antes de tener que irse sin haber cumplido con el rito cotidiano de las rabas. 

En cualquier caso, me contaba el otro día Pedro que todos los días, hacia las once de la noche, se organiza en el Paseo Marítimo una especie de lonja en la que los pescadores de caña subastan sus capturas. Es una de esas cosas que te reconcilian con el mundo porque demuestran que los seres humanos no necesitan para nada políticos que les organicen la vida. La gente dejada a su libre albedrío se organiza divinamente y hace del mundo un lugar apetecible. 

martes, 25 de abril de 2023

Pura delicia

Sale uno a pasear por los maravillosos muelles de la ciudad y, ¡vaya por Dios!, resulta que quien tenga autoridad para ello ha mandado colocar allí unos paneles en los que se ven moribundos, enfermeras enmascarilladas... una delicia, en fin. Entonces, coges, agarras y te pones a escuchar el video de Chipi Chacón que te ha enviado Carlos desde Palencia para que empieces bien el día, y, ¡vaya por Dios!, un tipo se entromete para recordarte que tienes una próstata que se te va a poner como un balón... otra delicia. Pero es que si no es la próstata es el agua que se está acabando o los niños que se mueren de hambre en no sé dónde... ya digo, pura delicia. 

Esa es la verdadera cuestión, que ya hay millones de personas en el mundo que han hecho su modus vivendi de aterrorizar a la gente so capa de eso que llaman humanitarismo. Son vampiros en el sentido más puro del término. Son los mismos que a la caída de la noche se acicalan y se van a tomar copas con su bondad en bandolera. La bondad, eso que Pessoa llama la delicadeza de las almas groseras. 

¡Te das cuenta! La delicadeza de las almas groseras. Cuando alguien es un mierda una buena opción para camuflarse es hacerse el bondadoso. Yo me preocupo del sufrimiento de los demás y todo eso. Como si eso fuera posible. El bondadoso solo ve en el que sufre una yugular de la que colgarse. Está en la propia naturaleza de las cosas. 

Así que ya saben, colóquense alrededor del cuello una ristra de ajos. Y tengan siempre a mano un crucifijo. Y, sobre todo, hagan chistes de vampiros. Quizá así los ahuyente. Aunque son tantos...

lunes, 24 de abril de 2023

Indecisión

Desde principios del verano pasado he estado dedicado a revisar, ordenar e incluso pulir, todo lo que escribí de hace treinta años para acá. Lo escrito anteriormente, más o menos de los cuarenta a los cincuenta años de mi vida, lo he desechado por razones obvias: cuando uno está aprendiendo a hacer algo solo salen garabatos. Hoy he ido a la copistería a imprimir el dietario que escribí durante los dos años que me duró el tránsito de Salamanca a Barcelona. Así lo he prologado:


"Del placer y admiración que me produjo la lectura de El Quadern Gris de Pla, me sobrevinieron deseos de emulación y a ello me puse. Comprendo que cualquier cosa que yo haga estará, respecto a su calidad, a años luz de lo que hiciera Pla, pero si dejásemos que ello nos llevase al desistimiento, entonces, ¿Qué novelas se hubiesen escrito después de la Ilíada o la Odisea? ¿O qué tragedias después de las sofocleas?

Pienso que este dietario ha sido, sobre todo, una terapia que me ayudó a surfear sin sucumbir durante dos de los años más complicados de mi existencia. He tratado de relatar el presente dando entrada en él, a medida que los acontecimientos me lo sugerían, recuerdos del pasado. Y, como es natural, no privándome de reflexionar y opinar, con excesivo desparpajo a veces, sobre todo lo humano y divino que se me viniese a las mientes, incluidas las personas de mi entorno, lo cual, bien pudiera ser que, como advierte el periodista Sostres, me metiese en problemas. Así todo, prefiero eso que no lo del cagao Dr. Johnson que, aunque recomendaba fervientemente escribir dietarios, consideraba indispensable tener advertido a algún amigo de confianza para que los quemase si al autor le pasase algo desagradable.

También he usado, y puede que abusado, de las citas literarias. Es un recurso muy utilizado para aquilatar lo que quieres expresar. Las he trascrito en su idioma original por pensar que así no sufrirían el menoscabo que toda traducción conlleva.

Quiero advertir que cuando escribí esté dietario, por mis cincuenta y pocos, mi bagaje no contenía todavía, entre otros, a los de la Escuela Austriaca de Economía, No había escuchado a los profesores Huerta de Soto y Anxo Bastos. Lecturas como El Camino de Servidumbre de Hayek o El Manifiesto libertario de Rothbard me ayudaron a comprender que había otras formas de interpretar la realidad. Por eso, al releer muchos párrafos de este dietario siento vergüenza de mí. Pero no los he querido quitar porque creo importante mostrar la ingenuidad e ignorancia de la que en su día hice gala. Además, porque también pienso, que con lo que escribo hoy día, me pasaría lo mismo si tuviese la oportunidad de leerlo dentro de treinta años.

El caso es que aquí está e, inmodestia aparte, pienso que he conseguido algunos pasajes que pueden resultar amenos a ocasionales lectores.

Santander, 22 de abril de 2023"

¿Qué hacer ahora? ¿Publicarlo? Estoy indeciso. 

domingo, 23 de abril de 2023

Esclavos

Se aprendió a manipular el fuego y con ello aumentaron considerablemente las posibilidades alimenticias. Se inventó el garrote y se acrecentó el poder de los más hábiles en su manejo. Después se domesticó el caballo y se pudo abarcar mucho más territorio. Con la invención de la rueda se multiplicaron las posibilidades de llevar cosas de aquí para allá, o sea, de comerciar. Cuando se inventó la escritura fue como si al ser humano le hubiese crecido un órgano que le permitía trasladar fielmente el recuerdo de sus experiencias a las generaciones siguientes. La vela, la máquina de vapor, la electricidad, la asepsia, el motor de explosión, los aeroplanos... el internet. 

Hace ya casi treinta años que vengo usando el internet. De hecho, se podría decir, a primera vista, que mi vida tiene un antes y un después de que el invento entrase en mi vida. Sin embargo, como el haber tenido la manía de escribir dietarios me otorga un plus de memoria, ahora tengo serias dudas de que el vivir enganchado a la red me haya aportado, como tendemos a pensar, grandes ventajas a mi atribulado transitar por este conocido por el vulgo como valle de lágrimas.

Qué duda cabe de que ha sido una herramienta facilitadora de ciertas tareas autoimpuestas. La música y las matemáticas, por ejemplo. Lo que no puedo saber es en qué medida me ha facilitado, porque, al fin y al cabo, son dos empeños en los que la parte del león se la lleva la propia pasión. Y por supuesto que los servicios de la Khan Academy me fueron utilísimos, pero sin las previas lecciones que me dio Amaya en Aguilar de Campoo lo más probable es que me hubiera servido de poco. Lo mismo que la música, que si no hubiese sido por todas las academias y profesores que he frecuentado poco hubiese tenido que rascar. 

El caso es que releyendo mis dietarios observo que, sin ni siquiera saber lo que era el internet, mi vida, en esencia era exactamente igual que la de ahora que, por fas o por nefas, estoy todo el día colgado del invento. Sí, ahora escribo aquí, que es una forma de hacer público lo escrito. Pero, al respecto, es como echar una gota de agua en el océano. Lo que cuenta es la gota de agua y, eso, me cuesta producirla exactamente igual ahora que cuando me la guardaba para mí. 

Y por supuesto que está la cosa esa de la información. ¿Qué es la información? Una vez escuché a un monje de un monasterio de clausura que al ser preguntado si no echaba en falta saber del mundo, contestó que a él qué más le daba enterarse o no enterarse de que Monica Lewinski le había hecho una felación a Clinton. Porque, no se engañen, de ese tipo es toda la información que recibimos de los medios. La verdadera es cuando te sientas en tu casa con un libro de Platón o Aristóteles entre las manos y tratas de aprender a observar el mundo que te rodea. Porque, convéncete, si no te has detenido lo suficiente en la lectura de ese tipo de autores, por mucho que mires para donde mires, lo más probable es que no veas nada. 

Así que, ojo al parche, porque las cosas no son, ni mucho menos, lo que nos quieren hacer creer que son. Uno lee historia, a Heródoto, a Tucídides, a Tito Livio, a Tácito, a Suetonio, a... ¿y de qué se da cuenta? Pues de que en aquellos tiempos remotos las preocupaciones de la gente eran exactamente las mismas que las que tiene ahora. La única diferencia que yo aprecio es que se ha producido una especie de pérdida de conciencia de si mismo. Antaño los esclavos sabían que lo eran y hoy día dudo mucho de que se enteren de que lo son. Porque lo son; de eso pueden estar seguros al cien por cien.  

jueves, 20 de abril de 2023

Refinamiento canalla

Esta mañana, tengo que confesarlo, he tenido una hemorragia de satisfacción. Estaba con la partitura de Oblivion y de pronto me he dado cuenta de que ya me empieza a sonar. ¡Condenado Piazzolla! Me tiene completamente hechizado. Es endemoniadamente complicado para mis capacidades interpretativas. Pero, a qué engañarse, sin él la música de la segunda mitad del siglo XX se queda en muy poco. Como siempre pasa, en la decadencia de las naciones es cuando surgen los grandes artistas. Y Argentina no es una excepción. 

Ya les decía el otro día que la filosofía del tango es una mezcla de escepticismo y cinismo y a vivir que son dos días. Por eso, quizá, es que el tango ha traspasado todas las fronteras y se ha erigido en una especie de tótem del refinamiento canalla, la única respuesta aceptable a un mundo sin Dios. Y si ya Carlos Gardel lo elevó hasta cumbres inaccesibles para la mayoría de los mortales, lo de Piazzolla es un puro tirarse de cabeza en el proceloso mar de las pasiones desatadas donde solo los elegidos pueden sobrevivir. En lo que a mí hace, no he encontrado compositor que me permita diferenciar, y valorar, tanto a los diferentes intérpretes. No es lo mismo un Otoño Porteño interpretado por Stefanie Jones que por Ana Vidovic. Ana es correcta, pero Stefanie es sobrenatural. Por no hablar de Mario Stefano Pietrodarchi que se trasporta, arrastrándote con él, a los espacios siderales. 

La música; no fue por nada que Thomas Mann, que sabía mucho del asunto, hiciese pactar con el diablo al protagonista de su biblia musical, el Doctor Faustus. Porque es que, en llegando a ciertos niveles de manipulación de las emociones es impensable que no haya por detrás algo diabólico que le sirva de soporte. En fin, ahora que ando con el Drácula de Stoker, ¡qué bien lo comprendo todo!

miércoles, 19 de abril de 2023

Lechuga

Sigo releyendo mis dietarios -y de paso puliéndolos-, y de pronto me encuentro con una entrada que quiero comentarles por parecerme curiosa. Estaba a la sazón pasando unos días en el piso que por entonces tenía en Cabezón de la Sal y vino a visitarme un amigo de esos que perduran sean cual sean las vicisitudes de la vida. Habíamos comido y bebido generosamente y estábamos de sobremesa con la lengua fácil. Y, entonces, me dijo:  No sabía si contártelo, pero como el vino me ha puesto en disposición de ello te lo voy a contar: ayer me encontré con fulanito y le dije que hoy iba a venir a comer contigo. Me contestó que él no podría comer conmigo porque me consideraba una mala persona o algo así. Luego, para rematar mi denigración, dijo que cuando yo trabajaba en Salamanca había querido curar los cánceres de pulmón con lechuga. No me acordaba ya de que alguien hubiese podido decir una cosa tan chusca de mí, pero tampoco me ha extrañado mucho porque cuando, por lo que sea, se quiere denigrar a alguien lo mejor es no pararse en mientes. 

El caso es que el mentado fulanito había sido en tiempos gran amigo mío y por esas cosas de la vida nos habíamos ido distanciando, en lo que a mí respecta, de una forma, pienso, instintiva. Que es lo que tienen las afinidades electivas que, al nada tener que ver con la sangre, están sometidas al escrutinio de la razón. Si algo te ha chirriado por dentro, queda apuntado en el debe y, así, al haber le pasa como a la piel de zapa, o sea, que merma sin remisión. Una de las últimas chirriaduras, sucedidas cuando la piel de zapa ya estaba muy mermada, la conté en el mismo dietario porque fue uno de esos momentos de la vida en los que más que vergüenza sientes rabia. Es una historia sórdida que pone las cataduras de cada cual al descubierto. Después de aquello, ya, poco rascamos juntos. Y por otro lado, como yo me fui de Santander al poco, despidiéndome a la sueca, pues, no volví a saber prácticamente nada de él, ni ganas. 

De todas formas, lo que me ha llamado más la atención es que fulanito hubiese podido dar pábulo a lo de la lechuga. Aunque, después, recordando que el sujeto en cuestión militaba en organizaciones de cariz comunista, empecé a hilar más fino. Todos hemos visto películas y leído libros en los que se describe de lo que son capaces los comunistas para deshacerse de quien les molesta. 

En fin, que no sé por qué les he contado esto, porque es una nimiedad irrelevante, o sea, un pleonasmo. Por lo demás, yo tampoco podría ir a comer con él, pero, es que, ni con él ni con casi nadie que no sea el poco más de la media docena de personas con las tengo algún trato.  

lunes, 17 de abril de 2023

Scaremongering

El otro día les contaba a propósito de la novela Drácula de Bram Stoker. La leí en su día y me ayudó mucho a comprender toda esa simbología que se esconde detrás de la figura de los Vampiros. ¿Por qué tanta insistencia en escribir y hacer películas sobre ellos? Y, sobre todo, por qué tienen tanto éxito. Así que como ya apenas me acordaba de aquella lectura y unas puntualizaciones de Santi sobre ella me habían despertado la curiosidad, no lo dudé un instante y me fui a la librería de segunda mano que hay en la calle San Luis a ver si me podía agenciar un ejemplar. Y hubo suerte. 

Así es que llevo un par de días enfrascándome al atardecer en su lectura. Como todos esos autores de la segunda mitad del XIX y comienzos de XX, Bram Stoker, te fríe a detalles sobre el paisaje y particularidades, digamos que antropológicas, de las personas que en él habitan. Bien mirado, es un verdadero tostón, y doy la razón a quienes piensan que esa minuciosidad será la que se encargue de que ese tipo de novelas pasen muy pronto al cajón del olvido.

El caso es que ahora ando por donde el protagonista nos cuenta cómo fue su llegada al castillo de Drácula. Un suma y sigue de insinuaciones inquietantes con las que se pretende y, seguramente consigue, poner al lector en un estado de inquietud espiritual de índole temerosa. Intriga y dolor de barriga, como decíamos de niños. Muy ingenuo todo. 

Los ingleses tienen una palabra para tales lluvias de inquietantes insinuaciones: scaremongering. Una palabra que, por cierto, ha sido muy utilizada entre los sectores escépticos respecto de lo de la famosa pandemia, para definir la actitud de los diferentes gobiernos. La promoción del miedo, una emoción que como cualquiera sabe deja a las personas indefensas. 

Y esa es la cuestión que ya me va aclarando la lectura de las primeras páginas, lo fácil que es suscitar el miedo. Solo hay que sacar a pasear un ápice de esa cualidad que todos poseemos en mayor o menor medida y que se llama sadismo. Porque el castillo de Drácula no tiene de por sí por qué inspirarnos miedo. Si lo miras con la perspectiva de Polansky lo que te da es risa. En cualquier caso, lo de los vampiros, por decirlo con esa expresión tan catalana, hay que hacérselo mirar porque, ¡ojo al parche! Que donde menos se piensa salta la liebre.    

sábado, 15 de abril de 2023

Tres pies al gato

Como les iba diciendo ando releyendo los dietarios que escribí hace ya casi treinta años. Y es muy curioso lo que estoy descubriendo. Ya por entonces apuntaba formas de un escepticismo recalcitrante que, sin embargo, no me impulsaba todavía a evitar por todos los medios a mi alcance acceder a cualquier tipo de información, sobre todo, que tuviese que ver con la política y los políticos. Todavía creía por entonces que había televisiones y televisiones, periódicos y periódicos. Me había hecho colocar una parabólica apuntando al Astra y podía ver un montón de canales de todo el mundo. Aunque andaba muy colgado con el canal franco-alemán ARTE, eso no impedía curiosear por los que cantidad de países emitían en inglés, supongo que para hacerse propaganda. 

Pues bien, ¿saben qué?, que la impresión que acababa sacando de todo aquello es la misma que saco ahora cuando buscando vídeos de música por YouTube mis ojos caen sobre los titulares de los otros vídeos. Es una impresión completamente desazonante. Por un lado, los vendedores de crecepelos al más puro estilo de los carromatos de las películas del oeste. Por otro, los que están tan mal que solo se consuelan vendiendo la idea de que estamos al borde del abismo. Y poco más. 

El mundo es inamovible porque por más cachivaches que se inventen para que "no farte de na", el ánimo insatisfecho es la esencia del ser humano. Y, unos, tratan de salir de ese pozo adoptando una actitud agónica y, los otros, la inmensa mayoría, una actitud jeremiaca. Y de ahí ese balanceo esquizofrénico entre el optimismo de unos y el pesimismo de los otros. Un juego que siempre queda en tablas. Y de ahí el eterno retorno que le dicen. 

No queda más remedio que salirse por la tangente e ir a dar en los clásicos. Cada edad tiene los suyos. A la que tengo le vienen como de molde Pessoa y Khayyam. Los leo y vuelvo a leer y me afianzo... ¿o sería más exacto decir que me consuelo? Da igual, porque si algo me enseñan es que es absurdo buscarle tres pies al gato.  

viernes, 14 de abril de 2023

Fouteado

En esas letras de canción cubana, más de una vez he escuchado la palabra fouetear. O sea, dar latigazos. Seguro que viene de la afición de los patrones franceses a tal práctica por aquello de que ningún esclavo se les subiese a las barbas. Sea como sea, es palabra que ya está interiorizada en el lenguaje de la isla. Los franceses, cuando algo les afecta mucho, dicen "frappé de plein fouet". Es decir, que como si les hubiesen dado un latigazo. Imposible pasarlo por alto. 

Uno, que al fin y al cabo no es más que un esclavo se sus pasiones, también de vez en cuando es foueteado por alguna de ellas. Si bien es verdad que, dadas las actuales circunstancias de mi vida, los fouteazos que recibo son del mismo calibre que mis pasiones, o sea, casi imperceptibles. Pero ahí están, en cualquier caso y, como es preceptivo, no lo puedo pasar por alto. 

De este tenor. Leo:

"Nada más... Un poco de sol, una brizna de brisa, unos árboles que enmarcan la distancia, el deseo de ser feliz, la pena por el sucederse de los días, la ciencia siempre insegura y la verdad siempre por descubrir... Nada más, nada más... Nada más, sí..."

¿Es que se puede resumir mejor lo que es la vida? La pena de ver pasar los días sin que los deseos se cumplan, sin que la ciencia nos aporte soluciones ni la verdad se haga presente para iluminarnos. Solo el sol y la brisa... y, a qué engañarse, la copa de vino llena que nos recomienda Khayyam:

"Ignorante que te crees sabio, yo te miro resoplar

entre el infinito del pasado y el infinito del porvenir.

Querría plantar un mojón entre esos infinitos y sentarte en él...

Vete mejor a sentarte bajo un árbol, cerca de una jarra de vino que te haga olvidar tu impotencia."

 

jueves, 13 de abril de 2023

De poetas

Dijo un poeta hace mil años que / la noche no es quizá más que el párpado del día.

Otro poeta, hace un siglo: 

En cualquier espíritu que no sea disforme, existe la creencia en Dios. /

En cualquier espíritu que no sea disforme, no existe la creencia en un Dios definido. /

Y Él, al que, por indefinido, no podemos asignar atributos, es, por eso mismo, el sustantivo absoluto.


Personalmente, desde que empecé a pensar con dos dedos, tuve entre mis primeras, si no la primera, ideas a dilucidar la del sustantivo absoluto por antonomasia, es decir, Dios. Por eso ha sido que me parezca que no hay pregunta más ridícula que esa de ¿cree usted en Dios? Es imposible definirse sobre lo que por su propia naturaleza es indefinible. En todo caso, la pregunta, pienso, debería ser ¿qué idea tiene usted de Dios? Porque, al ser indefinible, es de todo punto inevitable que haya tantas formas de concebirle como cabezas pensantes hay sobre la faz de la tierra. 

En cualquier caso, es el constructo humano que está en el origen de todo. Allí donde cuatro homínidos se juntaron para mejor defenderse lo primero que crearon fue un Dios cohesionador. Un tótem. Como aquellos niños del Señor de la Moscas a los que una tormenta arrojó sobre una isla desierta. En cuatro días ya adoraban a uno y le ofrecían víctimas para aplacar sus furores. 

Para mí, Dios, y hasta que otra iluminación no venga a desmentirme, es lo que da respuesta a todo lo que no la tiene. Todas esas cuestiones trascendentes que atormentan al ser humano hasta que llega Dios a calmarle. Y entonces, como hiciera el padre Astete, empieza a aplicarle adjetivos a cada cual más superferolítico con la intención, supongo, de ponerle de su parte. Un juego infantil sin mayores consecuencias. 

Porque, el caso es ese, que Dios es algo que se escapa a nuestras posibilidades lingüísticas. ¿Se acuerdan de cuando Wittgenstein les pidió a sus alumnos de Cambridge que le describieran el aroma del café? ¿Lo han intentado ustedes alguna vez? Hubiera sido inútil, porque solo hubieran podido decir que el aroma del café es el aroma del café. Dios, lo mismo. 

lunes, 10 de abril de 2023

Cambalache

En su acostumbrada entrega dominical, ayer nos regaló Paola Hermosín el tango Cambalache. Como siempre, antes de interpretar la pieza hizo algunas consideraciones sobre ella. En este caso, en vez de ser sobre la técnica musical fueron de tipo sociológico dada la letra del tango. "Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé", es el comienzo. Lo demás por el estilo. O sea, que, para qué nos vamos a engañar: escepticismo, cinismo y tirar para adelante que son dos días. Es la filosofía del tango. Y quizá la de Argentina en su conjunto: nunca conocí país al que se le fuera tanta fuerza por la boca. 

Digo Argentina y quizá debiera decir el mundo entero. La prueba es que pocos géneros musicales tienen una penetración tan universal como el tango. Y para colmo, va y llega Piazzolla y se pone a la cabeza de todos los repertorios que quieren salirse de lo ya masticado y deglutido. 

¡Por todos los demonios, deja ya de ir a cualquier misa de cualquier religión!, parece ser el grito que se escapa de todas esas letras. Y sálvate a tu manera. "Tomo y obligo, mándese un trago / que hoy necesito el recuerdo matar".  

¿Es que hay alguien que no necesite matar el recuerdo cada dos por tres? 

Mil años ha, sostenía Khayyam:

"¿Dices que el vino es el único bálsamo?

¡Traedme todo el vino del universo!

Mi corazón tiene tantas heridas... ¡Todo el vino del universo

y que mi corazón conserve sus heridas!"


 

domingo, 9 de abril de 2023

Lo telúrico

Hace años, veintisiete concretamente, mantenía con Santi, que se había ido a Japón, una sustanciosa correspondencia. Le había comentado a propósito de Drácula, la novela de Bram Stoker que acababa de leer y, ahora, releyendo mis dietarios de entonces, me encuentro con su respuesta:

“... y eso no tanto por las mismas recurrencias a la vida diaria que tú observas, sino por el vigoroso entramado literario de sus páginas, a saber: el artificio de que diarios, cartas y notas escritas por los personajes acaben haciendo la novela permite que el punto de vista del narrador gire, como una cámara, recorriendo circularmente todo el paisaje imaginativo alrededor del vampiro, que nunca escribe (porque la escritura es reflexión, pensamiento, y los lados oscuros de nuestro yo no piensan, si no sólo actúan). Esta idea del optimismo dieciochesco de la letra como arma contra lo telúrico, los impulsos destructivos, “naturales” y salvajes, me resulta atractivísima (habida cuenta del camino posterior de la humanidad y de dónde hemos acabado llegando): al principio de la novela el joven atrapado en el castillo escribe: trato de llevar mis ideas a este diario porque si no me volvería loco.”

El asunto éste de los vampiros me empezó a apasionar en los albores de una cierta madurez. Supongo que en ello tuvo que ver mi progresiva conciencia de lo sutil que resulta la pertenencia a ese no por despreciable menos atractivo club. Sin duda, me ayudó en ese desvelamiento la película de Polanski El Baile de los Vampiros. ¿Con qué motivos había acudido yo tantas noches a los bailes en el castillo? Al respecto algo tuvo que ver en ello la ilusión de que el vacío existencial se puede llenar sin necesidad de recurrir a la agonía. La vida acomodaticia siempre acaba dando en eso. 

Quizá, esa naciente conciencia de pertenencia a tan despreciable condición fue la que me incitó a escribir buscando con ello algún tipo de redención. Pero no me engaño, el que fue mordido por una adicción siempre lleva sobre sí la querencia de la recaída. ¡Es todo tan complicado! ¡Les costó tanto a los dioses vencer a la noche y el caos! Lo telúrico, en definitiva.