miércoles, 31 de mayo de 2023

Ideas

Perdonen que les dé la vara con mis cosas, pero es que anoche di por terminada la revisión de mis escritos, lo cual que me tiene casi feliz. Lo último, Cartas a Cándido, que fue de entre lo primero que traté de escribir en serio, ha sido lo que más me ha costado. Y es que pretende ser un libro de pensamiento, o sea, de ideas. Y tener ideas es muy fácil cuando se habla con los amigos, pero cuando te pones a escribir sobre ellas es endemoniadamente difícil. No por nada, sino porque son como las anguilas. ¿Han tratado alguna vez de pescar anguilas con la mano? Son tan escurridizas que es imposible. Se precisa un tenedor con las puntas bien afiladas. Y una vez la tienes ensartada, se revuelve con furia y te rodea la mano y las muñecas y te las deja impregnadas de una mucosidad de la que, luego, cuesta  mucho deshacerse y, cuando lo consigues, te percatas de que te ha dejado la piel como acartonada. 

Sí, pescar ideas es muy complicado. Se lo puedo asegurar. Basta, para comprobarlo, leer lo escrito hoy al cabo de unos días. Y no te digo, ya, al cabo de unos meses o años. Entonces, si algo queda en pie, piensas que es porque diste en el clavo. Pero no me hago ilusiones porque lo más seguro es que solo se trate del famoso whisfull thinking, es decir, de pensamiento que se acomoda a los gustos y deseos personales. Y, sin embargo, como en algo hay que apoyarse para sostenerse, pues nos sirve, y eso es lo que cuenta. 

En resumidas cuentas, que ya lo dejé todo listo para poder partir cuando sea que Dios quiera. Si algún día sirve para algo lo que lego a la posteridad, me congratulo y, si va todo a la basura, pues exactamente lo mismo que la inmensa mayoría de lo que escribieron los millones que tuvieron la ilusión de poder aportar algo de luz a sí mismos y a la humanidad. 

Por lo demás, mientras dure el recreo, seguiré en mis trece, es decir, tratando de desentrañar el misterio de lo que me rodea. O sea, perfilando mis ideas.

lunes, 29 de mayo de 2023

El mejor de los mundos

Es increíble la sensación que da esto de ser el mejor de los mundos posibles. La gente pasea por los muelles sosegada. Otros se demoran en los bancos, bajo los tamarindos florecidos, charlando o leyendo novelas. Justo a la orilla, ristras de pescadores mantienen sus cañas en una expectativa que no les suele fallar: las manchas oscuras sobre el pavimento dan buena cuenta de la razia de cefalópodos que no cesa. Por los embarcaderos, el tránsito es incesante. Unos van y otros vienen del norte al sur de la bahía, cada cual con su destino en bandolera. Un sorprendente número de ellos, con cayado y mochilón a la espalda, enfilan por la costa hacia Santiago. Otros, pastoreados por monitores, escuchan embelesados las trágicas historias de la ciudad. Explosiones e incendios siempre son buen argumento. Los niños franceses van de aquí para allá en plan Lord of the flies. Da la impresión de que no tardarán en fabricarse algún tótem para sacrificarle alguna víctima. Los ingleses, que llegaron en el ferry con sus extrañas vitolas, inspeccionan la ciudad antes de emprender su retirada hacia los mares del sur. En la terraza del bar del embarcadero no queda un taburete libre; para mí que la mayoría es gente venida de la meseta. La multietnicidad es omnipresente: caribeños, andinos, africanos, semitas, eslavos, caucasianos, nada parece faltar en esta Babel en la que todo se junta, pero nada se revuelve.

Eso era ayer, hoy es lunes. Es otra historia, pero no muy diferente. La ciudad seguirá marcada por el ocio de los que van y vienen porque esa es su principal industria. Las siderúrgicas al fondo de la bahía apenas son una anécdota entre los parques y centros comerciales. En los polígonos industriales cierran los talleres y abren las capillas pentecostalistas y los centros de fitness. El resto, concesionarias de coches. 

Y yo me pregunto lo de aquella canción: ¿de dónde saca, pa tanto como destaca? No la ciudad, que da de comer y aloja a millones de visitantes, sino la sociedad en general. Hay tanto de todo que pareciera que solo hay que alargar la mano para cogerlo. El resto, es el juego a ser mayores de los niños. Unas veces se suben a los estrados unos y otras veces otros. Echan unas sonrisas, la gente les aplaude, y se van con la música a otra parte. 

En fin, siempre nos quedará Mercadona, la única realidad insoslayable.    

      

sábado, 27 de mayo de 2023

Cartas a Cándido

Llevo como quien dice un año dedicado a revisar todo lo que escribí desde que un día ya lejano me diese por ahí. Ya casi he finalizado la tarea; apenas me queda la segunda parte de un libro que escribí en Salamanca hace treinta y pico años y que titulé Cartas a Cándido. Vivía allí rodeado de una juventud que me parecía estar lamentablemente adoctrinada y sentí necesidad de poner los puntos sobre las íes más que nada por aclarar mis ideas. 

Ahora, revisando ese libro, me doy cuenta de cómo van y vienen las ideas en función de las experiencias acumuladas que, mayormente, son cosa del azar. Por lo menos en lo que a mí respecta. Pienso que pocas cosas, si es que alguna, hice en esta vida de forma premeditada: iba cayendo aquí y allá y me iba impregnando de lo que me rodeaba. Así es que, como no pudiera ser de otra manera, mucho de lo que escribí por aquel entonces lo sigo suscribiendo  y, mucho también, me da vergüenza al releerlo.  

En cualquier caso, lo estoy reescribiendo todo a mi gusto actual, es decir, en concordancia con las ideas que en este momento me señorean. Y no es que tenga que cambiar mucho, pero sí lo suficiente como para comprender que la ingenuidad que yo pretendía ver en aquella juventud que me rodeaba no era más que trasunto de la mía. Siempre llevamos un saco lleno de ella a las espaldas y así nos vamos de esta vida. Pero por el camino, nos ayuda la ilusión de que el saco va perdiendo peso. 

En resumidas cuentas, que sin comerlo ni beberlo, ni mediar premeditación alguna, me veo a estas alturas en posesión de una obra literaria de considerables dimensiones que puede ser considerada la evolución ideológica de un tipo cualquiera de cualquier época de la historia. El penoso transitar de la inocencia que no cesa al ansiado escepticismo que se nos hurta. 

Voy a ver si me pongo con Libertango, que eso ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario. No quisiera morir sin conseguir que me suene cuando me pongo a tocarlo... porque es bastante endemoniado.  


jueves, 25 de mayo de 2023

Premonitorio

Curiosamente, la BBC ha dejado de ser la fuente de información de referencia de los británicos; ahora, según las encuestas, prefieren GBN que es independiente del aparato estatal. Por así decirlo, es como si en la Grecia clásica se les hubiese venido abajo el chiringuito de Delfos. Un punto de inflexión, sin lugar a dudas, que anuncia cambios hacia no se sabe dónde. 

Hablo con la hija de los vecinos que es mona y simpática como ella sola. Estudió en Madrid una de esas carreras que se hacen ahora para lo de la cosa social. El caso es que se ha venido aquí y ha encontrado trabajo en donde lo encuentran todos en esta ciudad: en la sanidad pública. Trabaja en lo de las nóminas, así que me lo puso a huevo. ¿Cuánta gente trabaja en Valdecilla? Unos siete mil quinientos, me contestó. No está nada mal, pensé, y más si se tiene en cuenta que un buen porcentaje de la población prefiere pagarse una mutua privada y prescindir de los servicios de, como nos recuerdan a diario, la mejor sanidad del mundo mundial. 

El profesor Sucharit Bhakdi, un acreditado inmunólogo alemán, escribió hace dos años un artículo alertando sobre los peligros inherentes a las terapias genéticas camufladas tras el nombre de vacunas. La reacción de las autoridades fue la de detenerle por delito de odio y suspenderle de empleo en la universidad en la que trabajaba. Anteayer fue el juicio y, como no podía ser de otra forma, salió absuelto. Pero le han tenido dos años en un brete, si bien, ha podido comprobar hasta qué punto suscitaba simpatías entre millones de personas de todo el mundo. 

Me manda Santi el anuncio de una Semana Liberal de Salamanca. Por lo visto, se pretende con ello volver a los orígenes de cuando aquella Escuela de Salamanca que dio a luz, aparte del derecho de gentes, el concepto subjetivo del valor de las cosas. Por así decirlo, se adelantaron varios siglos a las ideas, las de la escuela austriaca de economía, que ahora pugnan por desplazar la podredumbre ideológica en la que el mundo está sumido desde que lumbreras como Michel de Montaigne o Adam Smith sentenciaron que para que algunos se enriqueciesen muchos tenían que empobrecerse. Ya ven que imbecilidad que ha sido y sigue siendo el soporte de las ideas económicas y, por tanto, de las ideologías políticas, dominantes de las que la actual Salamanca es paladín donde les haya -todos podemitas allí y Dios te libre de lo contrario-. En fin, a ver cómo reciben a estos liberales.  

Y así son los signos, a mi entender y gusto, premonitorios, de lo que pudiera ser que estuviese por venir. Aunque me lo tomo con humor, porque, desde que Delfos cayó, el futuro es muy oscuro y, más, para el que ya casi ni lo tiene.  

martes, 23 de mayo de 2023

Zeus

Siguiendo con el espinoso asunto de los vampiros, voy y caigo en la cuenta de que las memorias de Casanova tienen mucho de eso. Es un especialista consumado en el arte de seducir que es el arte satánico por antonomasia. Meterse dentro, en el sentido literal del término, de otra persona por medio de falsas promesas. Es la historia de Don Juan: usar y tirar, aunque, bien es verdad que en el caso de Casanova se suele preocupar del reciclaje; por lo general, antes de abandonarlas procura encontrar algún sustituto que se quede con la mercancía, todo hay que decirlo, bastante mejorada respecto de sus orígenes ya que, las relaciones satánicas, si no otra cosa, son pedagógicas donde las haya. Por así decirlo, son un accidentado paseo de la inocencia al cinismo que es la madre de toda sana madurez. 

Digo un accidentado paseo por aquello de las decepciones inherentes a la insalvable distancia que separan las aspiraciones en origen de las dos partes. De la mera satisfacción de un deseo lúbrico al soñar con el paraíso en la tierra por los restos... el enamoramiento, para que nos entendamos, que es un estúpido egoísmo. 

En descargo del Don Juan, o Casanova si mejor quieren, hay que decir que, si algún maestro tuvo, ese fue Zeus. Porque mira que se inventaba el tío estratagemas complicadas para seducirlas. O sea, que el asunto es viejo como la humanidad; se juntan el deseo lúbrico del uno con la ilusión de engendrar dioses de la otra y ya la tenemos armada... que no por otra causa es que sea tan complicado este mundo. 

En fin, ¿cómo vamos a tener enmienda los humanos si ni siquiera los dioses la tienen?   

lunes, 22 de mayo de 2023

Déjame entrar

Como les dije, ando releyendo el Drácula de Bram Stoker. Voy con calma porque así me lo pide el espíritu. Supongo que es porque ahora soy capaz de captar la intensidad dramática que destilan sus páginas. Si para poder sacar algo de cualquier libro se necesita de una cierta madurez, para sacarlo de éste se necesita madurez al cuadrado. Hay que ser muy valiente para empezar a observar connotaciones que te conciernen. 

Hace años me recomendó Nacho una película titulada "Déjame entrar". Ya, el título, es perfecto. Me parece imposible una descripción mejor del vampiro que la que se obtiene con esas dos palabras. Una necesidad compulsiva de instalarse dentro de otro como forma elegida para aliviar en lo posible los terribles sufrimientos del vacío existencial. ¿Quién en mayor o menor medida no ha experimentado algo de eso en su vida? Luego, claro, están los patológicos como Drácula, cuya insaciabilidad está asociada a sus extraordinarias dotes de seducción. 

El vampirismo, como deja entrever la novela, es el problema psiquiátrico por antonomasia. Y cada vez más a medida que el ocio va cubriendo con sus siniestras alas al conjunto de la sociedad. Ocio y vacío, o angustia, existencial, van de la mano. Es muy difícil combatir eso sin recurrir al "soma". De hecho, ¿conocen ustedes a alguien que no lo utilice? Sin él no queda otro recurso que echarse a volar tan pronto cae la noche a la búsqueda de algún caladero en donde encontrar  una pieza practicable en la que instalarse. 

Yo desde luego, lo tengo claro de un tiempo para acá: el día es para picar piedras y la noche para descansar. Es la única manera que conozco de no tener que recurrir, una de dos, al soma o, bien, a andar por ahí intentando meterme dentro de alguien.

domingo, 21 de mayo de 2023

El Conde Sieteveces

Hace un tiempo revuelto de nubes y claros, con lluvias intermitentes, rachas de viento del noroeste y temperatura agradable. Lo típico de esta época del año. Así es que aprovechando los intervalos soleados salgo a pasear y cuando veo un banco apetecible me siento y, después de echar un vistazo al panorama, enciendo el kindle y sigo con las memorias de Casanova. A veces me veo partiéndome de risa y me da vergüenza porque el caso es que siempre me han hecho mucha gracia las cosas del fornicio relatadas con un aire décontracté, o nonchalance, si mejor quieren.   

Nos acaba de relatar Casanova su escape de la prisión del Plomo en Venecia. Ya, solo eso, es una novela de aventuras tan interesante o más que cuando el Conde de Montecristo escapa de la isla de If. Ahora anda por París en donde el relato de su reciente hazaña le ha proporcionado un prestigio morrocotudo y unas relaciones al más alto nivel. Por eso, ha podido vender al gobierno de la nación su idea de una lotería pública, lo que le ha proporcionado una posición económica envidiable. Y en tal tesitura, libre ya de preocupaciones, vuelve a las andadas, más que nada, supongo yo, para encontrar material para su verdadera pasión, la escritura. 

El caso es que en sus andanzas por la corte se le ha adherido un abad logrero que, a su vez, le ha introducido en el salón que tiene abierto una nieta del papa, no se sabe cuál, una tal Lambertini. Casanova frecuenta el salón, sobre todo desde que una de las habituales ha traído a su nieta de diecisiete años, recién sacada del convento y de una belleza époustuflante. La Lambertini, como es natural en estos casos, tiene montada una timba de la que saca sus emolumentos. Como la nieta, no la del papa, sino la époustuflante, no juega, Casanova se dedica a entretenerla junto al fuego. Ya ha conseguido que, como el que no quiere la cosa, le haga una paja y, también, le ha metido la mano hasta la misma puerta del cielo para comprobar que aquello estaba bien sellado. Y en esas estando, le llega, recomendado por una amiga de Venecia, un joven conde que ha tenido que salir de allí por pies a causa de sus deudas de juego. Le aloja en su casa, le viste a la moda y le lleva, por supuesto, al salón de la Lambertini. Solo necesita una tarde el joven conde, Tiretta de nombre, para tener en el bote a la Lambertini, que, como es costumbre en estos casos, le invita a compartir cama. Al día siguiente, Tiretta ya es presentado a los asistentes al salón como el conde Sieteveces, lo cual, lógicamente, exige algunas explicaciones que de inmediato le proporcionan al tal Tiretta un prestigio fuera de toda consideración. De resultas de todo lo cual, Tiretta se muda a lo de la Lambertini y colabora con ella en el desplumamiento de los incautos que pasan allí sus ocios tentando a la suerte. 

Fue precisamente por aquellos días cuando un trastornado apuñaló al rey Luis XV. Le hizo una herida sin importancia, pero las autoridades quisieron dar un espectáculo de alto contenido pedagógico a las masas. Para ello prepararon un cadalso en la plaza de la Greve. Los asistentes a lo de Lambertine se morían de ganas de no perderse detalle, así que Casanova echó mano de sus crecidos emolumentos y consiguió unas ventanas con vistas al cadalso. Y allí se fueron todos el día de autos a ver cómo le arrancaban miembro a miembro al desgraciado Damien ante el regocijo del respetable. La colla de la Lambertine se apelotonaba frente a las ventanas mientras Casanova y la nieta époustuflante hacían manitas en un rincón de la sala. Y así estaban, cuando Casanova se percata de que Tiretta, que estaba detrás de las señoras, había levantado las faldas de la abuela de la nieta y se la estaba metiendo por detrás como si tal cosa. A partir de ahí, el encanto, y sobre todo el genio, de las memorias estriba en los diálogos cruzados entre Casanova y Tiretta, la abuela y Casanova, Tiretta y la abuela... en fin, ustedes mismos, si quieren esquivar todo este tedio que ofrece la cotidianidad en curso no tienen más que agarrar las memorias de las que les estoy hablando y tener para un buen rato de entretenimiento garantizado... total, no son más que treinta y cinco mil páginas de kindle que, además, se las pueden bajar del Proyecto Guttemberg. 

sábado, 20 de mayo de 2023

Anthropos

En el mundo que describe Heródoto había miles de naciones. Y dentro de cada pequeña nación, como pudiera ser el caso de los jonios, varios dialectos de la misma lengua. Los de una ciudad cuando se sentían apretados dentro de las murallas, echaban a suertes entre la población y a los que les tocaba se tenían que largar a fundar otra ciudad donde les pareciese bien. Tengan en cuenta que el mundo de por entonces estaba muy poco poblado. El caso es que los habitantes de la nueva ciudad al cabo de dos generaciones ya hablaban otra lengua ininteligible para los que llegaron. Porque la gente por entonces se movía, pero solo los que lo hacían por necesidad, es decir, los comerciantes. El resto permanecía en su lugar de origen sin tratar a un extranjero en toda su vida. Eso traía como consecuencia el miedo a lo diferente y la perpetuación de las propias costumbres.  

En cierta medida, por comparación con la actualidad, ese mundo en el que la costumbre era la reina del cielo lo conocí yo. Cuando era niño, en el valle en el que vivía había pasiegos, merachos, trasmeranos y un largo etc. que se sentían obligados a marcar sus diferencias a hostias en las romerías que se hacían los días que se conmemoraba al santo patrón de cada lugar. De los habitantes de otros valles, ni se tenía noticia. Y así hasta que se generalizó el uso del automóvil. 

Así es que si por algo entretiene el libro de Heródoto es porque se demora lo suyo contando las costumbres de cada lugar. Porque el resto, aunque tiene enorme valor como documento histórico, viene a ser más de lo mismo, luchas por dominar los unos a los otros con la inevitable condición tornadiza del poder. Las mil naciones del momento, creciendo las unas y de retirada las otras y, siempre, a costa o por causa, del vecino. Como nadie se arrugaba, se peleaba por un quítame allá esas pajas. Siempre había motivos, inventados las más de las veces, para apoderarse de las riquezas del vecino. Como ven nada de particular que no estemos viendo en el mundo actual. 

Pero lo de las costumbres, eso sí que es harina de otro costal. Hasta tal punto que bien se podría decir que más que historiador, Heródoto, es antropólogo. Viaja alrededor del mundo conocido en busca, sobre todo, de costumbres diversas. ¡Y menuda las que encuentra! No se las voy a contar porque me convertiría en eso que hoy día llaman spoiler. Mejor, cojan, agarren, una versión de la Historia de Heródoto -la de Cátedra está muy bien- y dispónganse a verse sorprendidos por la uniformidad y aburrimiento del mundo en el que ahora vivimos, lleno hasta más no poder de tabús de todo tipo. 

viernes, 19 de mayo de 2023

Es lo que hay

Como Oblivion ya lo toco sin problemas he comenzado a estudiar la partitura de Libertango. No le veo especiales dificultades, aunque me costará hacerlo sonar más que nada por la velocidad que exige. Igual que un estudio de Villalobos que, después de escuchárselo a Thu Le, ni se te ocurre intentarlo. Pero lo bueno de Libertango es que al margen de su estructura de estudio tiene una melodía muy pegadiza. Y eso facilita mucho. En fin, el caso es que voy aumentando mi repertorio y, con ello, apretando menos: ayer me tuve que tirar un buen rato con el Clair de Lune de Debussy porque lo tenía medio perdido en la memoria, lejano en el recuerdo, como una canción del Gato Pérez. Chorradas, en definitiva, que les cuento, porque esas son las experiencias de mi actualidad: estudio nuevas partituras, practico las ya conocidas y, a ratos, me distrigo improvisando sobre las viejas melodías de mi infancia... la cadencia española más que nada. El modo frigio, para que nos entendamos. 

Eso, por un lado. Por otro, me regodeo con las Matemáticas con Juan. Es un tipo la mar de simpático. Antes solía mirar mucho al chico de Unicoos, David Calle, pero desde que apareció un día en pantalla acompañando a la ministra de sanidad para promocionar las que dicen vacunas, pero no lo son, se apagó su estrella. Había que ver los comentarios que suscitó aquello. Porque es que la juventud estudiosa no se chupa el dedo. Aunque, quizá, su apagamiento también tenga que ver con que los vídeos de Juan, o de Salvatore Vargas, son más limpios y entretenidos. Anywere, sea por lo que sea, cuando abro youtube solo me aparecen videos de guitara y de matemáticas, mayormente con Juan. Así que me tiro un buen rato tratando de resolver los problemas que propone. Ya saben que los únicos problemas de esta vida que tienen solución son los de matemáticas. Al menos, eso es lo que sostiene Pessoa.

Por otro lado, reparto mis lecturas entre Heródoto, Casanova y Drácula. Y no sabría decirles cuál de las tres me engancha más. ¿De qué te podrías extrañar después de leer esos libros? No hay nada que ocurra, por muy estrambótico que sea, que no haya ocurrido ya mil veces. Las mujeres siempre fueron más libres que los hombres, el mayor prestigio de estos entre ellas siempre se consiguió pudiendo echar siete polvos en una noche, y, como no andes muy listo, siempre acabarás atrapado en un baile de vampiros. Y a eso se reduce todo. 

En fin, con eso, unos paseos por los muelles, alguna comida en El Español, una excursión de cientos a vientos con los amigos de aquí, unas chácharas por teléfono con los de allá y...

miércoles, 17 de mayo de 2023

Gilbert Strang

Ayer fue un día en cierto modo triste, pero, también, en cierto modo gozoso. Triste porque Gilbert Strang dio su última clase sobre álgebra linear en el MIT; gozoso porque Gilbert es la demostración palpable de que con la debida gimnasia mental las personas de ochenta y ocho años mantienen todo su esplendor intelectual intacto. Si quieren comprobarlo por ustedes mismos solo tienen que buscar en YouTube el vídeo: Gil Strang's Final 18.06 Linear Algebra Lecture. 

Se imaginan a este hombre en esta España de hoy día. Por ley llevaría veintitantos años en el dique seco, con todas sus neuronas roídas por el óxido de la inactividad. Un auténtico crimen de lesa majestad. O un suicidio colectivo, porque cuando se tratan con desprecio los dones que nos hacen los dioses, los dioses irremisiblemente se vengan. 

Es una obligación moral de cada uno de nosotros poner de su parte todo lo que pueda para destruir este sistema político que se conoce como socialdemocracia. Porque es una continua ofensa al cielo y sus leyes. Sí, señores míos, las leyes no escritas del cielo, las únicas que estamos obligados a obedecer pese a quién pese. 

En fin, no cometan nunca esa atrocidad que los mediocres han impuesto al mundo y que llaman jubilación. Descubran lo antes posible cuál es su realce rey y no cesen nunca de cultivarle hasta que estén a las mismas orillas del Leteo y con la moneda ya en la boca. Es la única manera de ganarse el favor de los dioses, ese que los mediocres tratarán por todos los medios de destruir so capa de justicia social. 

¡Larga vida a Gilbert Strang! 

martes, 16 de mayo de 2023

Reguero de pólvora

Stew Peters es un payo que se ha molestado en hacer una película dando su visión de todo el asunto ese del covid. El caso es que esa película ha sido vista por cientos de millones de personas de todo el mundo. Y ha calado tan hondo que, sin duda, ha contribuido en no pequeña medida a que los gobiernos hayan tenido que tirar a la basura millones de dosis de la que dicen vacuna, pero no lo es. La gente ha reusado inyectársela una vez que han podido contrastar informaciones diversas. La cosa, por tanto, se les está poniendo tan chunga a los poderes en curso que no les ha quedado más remedio que invitar a Stew a los platos de la BBC con la infantil pretensión de desprestigiarle. O sea, que estamos en la segunda fase del proceso: en la primera se silencia y en la segunda se desprestigia. Pero todo es inútil; los hechos mostrados por Stew son tan contundentes que no necesitan explicación. Todo el mundo ha visto de cerca casos raros que las autoridades sanitarias se han apresurado a calificar como de etiología desconocida. Curiosamente ninguno de esos casos ha tenido lugar en personas que habían preferido someterse al bombardeo de denigraciones por parte de los fanáticos de la verdad antes que meterse en el cuerpo una droga en fase experimental. Todavía recuerdo las insoportables presiones que tuvo que soportar María por parte de sus amigas de toda la vida por no querer pasar por el aro. Ahora, cuando el pastel está más o menos descubierto, las muy ladinas callan como putas. Es lo que tiene no saber escoger las relaciones. Al respecto, me enorgullezco de que mis amistades de siempre, ni por asomo se atrevieron a hacerme la menor sugerencia por mi renuencia a inyectarme. 

Todas estas cosas sobrevuelan las conciencias y, por más que se intente disimular, condiciona las conductas. Ahora, después de este test de compliance que acabamos de pasar sabemos bastante más de las personas de nuestro entorno. Un test de compliance es lo que yo hacía cuando trabajaba de fisiólogo respiratorio. Era para medir el estado de la elasticidad de los pulmones. Porque se da el caso de que hay enfermedades que disminuyen mucho esa elasticidad y, con ello, aumentan de tal modo el trabajo respiratorio que hasta estando en la cama es como si estuvieses subiendo al Curavacas. Les digo al Curavacas porque es el último pico al que subí, con gran trabajo, por cierto. Aunque esto es otra historia. 

Esto del test de compliance es algo que tiene sus perendengues. Coges una goma y mides lo que se puede estirar antes de quebrarse. Eso es un test de compliance. O sea, a lo que seguramente hemos sido sometidos con todo esto del covid para comprobar hasta qué punto aguantan las sociedades a la presión tiránica del poder antes de estallar. Y no piensen que esto es algo salido de mi calenturienta mente; sé, porque me lo ha comentado un señor que se mueve por esferas bastante altas, que es una posibilidad que se comenta mucho por los despachos de esas esferas. Y también me han llegado videos que apuntan en esa dirección. 

En cualquier caso, la idea de que todo ha sido un fraude se propaga por el mundo como un reguero de pólvora y por eso los responsables del desaguisado y sus colaboradores arrecian con sus mensajes de terror. ¡La mascarilla, por Dios, que me va a matar usted! Pero todo es inútil. Hasta que no rindan cuentas el mundo no va a sosegar... porque es ley divina que así sea. 

Y perdonen que insista, pero es que... 

domingo, 14 de mayo de 2023

Heródoto

Una de las leyendas que más se repiten en la remota antigüedad es la del niño que es expuesto a las fieras del bosque para evitar que se cumpla lo predicho por una pitonisa o un interpretador de sueños. Como les decía el otro día "calamitusus est animus futuri anxius": el ser humano a la que tiene tiempo libre empieza a preocuparse por el futuro y con ello a joderse la vida. Y no hay forma de escapar a esa maldición que a la especie humana le viene aparejada con el estar dotada de conciencia de sí misma.

El niño expuesto solía ser el hijo o nieto de un rey que había consultado con los poderes ocultos sobre su porvenir y le habían dicho que ese niño le iba a dar graves problemas. ¡Pues que lo maten! Total... 

La ansiedad por el futuro y los poderes ocultos son una mezcla que, a la postre, lo que da es una próspera industria. El mundo antiguo estaba lleno de ciudades que vivían de ella, aunque, claro, lo mismo que en la actualidad Las Vegas, o Benidorm, solo hay uno, en la antigüedad la que se llevaba la palma era Delfos. Allí iba gente de miles de kilómetros a la redonda, y con los bolsillos llenos, a que le predijesen el futuro. Y mientras esperaban el veredicto de la pitonisa, como es preceptivo, a consumir en tabernas, garitos de juego, prostíbulos y demás; o sea, lo que hoy día constituye la esencia de la industria turística.

Y así era que, lo mismo que hoy día hay remedos de Las Vegas y Benidorm por todas las partes, en la antigüedad los había de Delfos. Me imagino que cuando los empresarios de cualquier ciudad que andaba alicaída se ponían a pensar siempre llegaban a la misma conclusión: poner un santuario para predecir el futuro. Una buena campaña publicitaria con algunas leyendas apañadas y ya está. Y si el lugar tenía una peña llamativa o cualquier otro elemento geológico notable, la cosa estaba chupada. 

Todo, una propaganda bien orquestada. De todos aquellos niños expuestos de que tenemos noticia siempre se llegó a cumplir el oráculo. El pastor que pasaba por allí ve al niño, lo recoge, le cría, luego, por una serie de circunstancia azarosas, el niño acaba en la corte de un rey donde se entera de su procedencia y ya todo viene rodado. La historia de Ciro de Persia o, la más a mano por manida de Edipo. No falla, porque lo que no se podía permitir de ningún modo la industria de la predicción era que un oráculo suyo no se cumpliese. 

Así ha corrido siempre el mundo, montándose historias para salir del paso. Jugando siempre, eso sí, con los poderes ocultos. La cosa de la cultura, que le dicen ahora. Montas un Centro Botín cualquiera y millones de personas vienen a regenerarse en él por medio del contacto con lo sublime: eso que llaman arte. Y de paso, esos millones, consumen en toda la infraestructura turística de alrededor que es la que alimenta a la ciudad.

¡Ay! Este Heródoto me va a matar. La delgada línea que separa la historia de la leyenda... ¡anda que no da para lucubrar hasta aburrirte! 


sábado, 13 de mayo de 2023

La cobardía

Ayer pasaron por el canal de la Iglesia la película Solo Ante el Peligro. Una vez más el cine de Hollywood nos quiere convencer de la triste realidad del mundo, o sea, de lo mierda que es la gente en general. Luego, por supuesto, para que la película enganche, fabricamos al héroe solitario, es decir, el único ser capaz de enfrentarse a su destino y, por ello, de dar la vuelta a las cosas. En la realidad las cosas son y no son, a la vez, así: ni toda la gente es tan mierda ni el héroe es tan solitario. 

Cuando decimos que alguien enfrenta el destino en realidad estamos empleando un eufemismo para evitar decir que se enfrenta al mal, porque cuando el destino nos favorece sería estúpido enfrentarle. El mal está siempre ahí, mayormente porque la naturaleza se complace en fabricar mentes defectuosas. Detrás de un malvado siempre hay un trastornado. Alguien, en definitiva, incapaz de comprender los límites marcados por las tablas que Moisés bajó del monte. La ciencia médica moderna llama a eso psicopatía: otro eufemismo. 

Los eufemismos es algo que nos inventamos para aplacar las torturadas conciencias de los cobardes. No, es que es un psicópata, decimos, es un enfermo. No son policías lo que necesitamos sino médicos. Claro, mientras a mí no me alcance el mal ya tengo la justificación para mi detestable actitud: las palabras. 

Toda la historia de la humanidad es igual, la ingente masa de los cobardes albergando la secreta esperanza de que a la postre siempre llega el héroe justiciero. Mi padre decía, Paco con la rebaja. Seguro que era porque Franco se llamaba Francisco. Porque esa es la cuestión ineludible, que los héroes que no se acaban convirtiendo en Franco son inexistentes. Porque es imposible combatir al mal sin poner a los cobardes frente al espejo... claro que, dada la fina línea que separa a los cobardes de los vampiros, lo más probable es que los espejos no les sirvan para nada. Por si no lo saben, les aclaro que los vampiros no se ven en los espejos. 

En fin, en cualquier caso, no todo el mundo es igual y, por lo general, cuando llega el hombre proverbial siempre encuentra a la minoría de los mejores dispuesta a echarle una mano. Lo de Solo Ante el Peligro es una exageración para dar tensión a lo que de otra forma sería un cuento de hadas. 

viernes, 12 de mayo de 2023

Libertango

Como ya tengo Oblivión en el bote, voy a empezar con Libertango. He encontrado un tutorial de Alexandra Whittingham que pienso me va a venir como de molde para tal propósito, el de aprender por el simple placer de aprender. ¿Es que puede haber otro mayor? Aunque, también hay que decirlo, en el propio vicio de aprender llevas aparejada la penitencia de la frustración, porque nunca consigues ese grado de sensibilidad que te pareció apreciar en otros que fueron los que te incitaron a lanzarte a la dura empresa, es un decir. 

Saber o no saber: datistecuestion, como decía un personaje, creo recordar que de La Regenta, que se las daba de poliglota en aquel Oviedo, madre de todos los provincianismos. Esa es la cuestión, que por mucho que nos esforcemos siempre estaremos en los comienzos del saber. Y cuando más avanzas más lejos te ves de la meta. En realidad, estudiar es un tormento tantálico: cuando llegaste arriba con la piedra, la piedra se te escapa y echa a rodar ladera abajo. Y otra vez a empezar. 

Sea como sea, estoy convencido que no hay mejor manera de pasar la vida que empujando la piedra ladera arriba, eso sí, con la ilusión en bandolera de que, si algún día consigues retenerla un rato arriba, podrás sentirte como un Dios en el Olimpo. O, por lo menos, como da la impresión de que se siente Alexandra Whittinghan cuando está interpretando Libertango. 

En fin, filosofías aparte, qué otra cosa mejor podría yo hacer para encontrarle algún sentido a la vida que aprender algo nuevo. ¿Es que alguien conoce algún otro procedimiento? Entonces, que me lo diga.

jueves, 11 de mayo de 2023

Woke

El  Dr. Vernon Coleman tiene una acreditada fama de divulgador científico en el Reino Unido. Desde el comienzo del circo pandémico viene haciendo comunicados en los que ha predicho punto por punto todo lo que a la postre ha pasado, por más que todavía haya subnormales que se niegan a aceptarlo. Ayer el Dr. Coleman, con la ironía que le caracteriza, se descojonaba del comunicado hecho público por Periodistas sin Fronteras en el que se nos advertía que la libertad de prensa está en peligro. ¡Vaya, por Dios, al fin han hablado!

Así es todo este teatro. Cientos de asociaciones de desinteresados luchadores de las causas justas agarradas como ladillas a las subvenciones del poder político. En sus comienzos, todas estas asociaciones, Green Peace y demás, fueron una sagaz forma de propaganda para vendernos la moto de la socialdemocracia. Se las venía a dar un aire como de caballería andante defendiendo a las viudas y huérfanos. Servidor, también cayó en la trampa, y por eso estuve cotizando unos cuantos años a Médicos sin Fronteras antes de caer en la cuenta de que eran unos completos chorizos. 

Todo esto de la socialdemocracia está en un estado de pudrición que recuerda mucho a los estertores del poder aristocrático, allá, por los finales del XVIII. Porque en el fondo, y en la superficie, todos los poderes son lo mismo, un aristocratismo que, por la propia naturaleza de las cosas, tiende a corromperse. La dichosa endogamia, ya saben, genera hijos discapacitados. Que es en lo que estamos. ¿O es que ustedes conocen a gente más inútil que los que se dedican a la política? Incluyendo en la política, por supuesto, todas esas asociaciones de las que les hablaba. ¿Qué médicos se van a las ONGs? Se lo diré, porque he conocido a unos cuantos: los que fueron incapaces de cumplir los requisitos para hacer una especialidad. O sea, los peores. 

 A Dios Gracias, se aprecia en lontananza el nuevo aire fresco que vendrá a sustituir a toda esta purria hedionda. Por lo visto, hasta en Sudamérica, el paraíso de los pobres de espíritu, los vientos están cambiando. Y en Europa, por supuesto. La sombra de la Escuela de Salamanca es alargada y silenciosamente va calando en los espíritus. Porque demasiada gente ya no puede aguantar más de todo este mirar la berza con ternura y luego lanzarse como fieras a por el tocino. Por lo visto a eso ahora le llaman woke. Para despistar. Como si no supiésemos que son los de siempre, los incapaces de vivir de su propio esfuerzo y que quieren aprovecharse del ajeno. Comunismo, al fin y al cabo.