lunes, 1 de enero de 2024

Inglaterra

Hace ya tres, cuatro, o quizá más años, que tuvimos toda aquella movida del brexit. Digamos que los agoreros tuvieron tajo hasta cansarse. Mis hijas, que viven allí, estaban preocupadas. Pero iba pasando el tiempo y no parecía afectarlas. Iban y venían de aquí para allá con la misma facilidad que lo habían hecho siempre. Y a los agoreros ya no se les oía tanto su cansina cantinela. Y mis hijas, por méritos propios, desde luego, han mejorado algo su status. Viven, bien, en buenas casas, en un barrio cosmopolita y tranquilo. Y trabajo, el que quieren. 

Les cuento esto porque vengo escuchando hace unos días a unos comentaristas británicos que han sacado las estadísticas a relucir y, ¡vaya por Dios!, resulta que todas las proyecciones apuntan a que Reino Unido es el país que más y más rápido crece de toda Europa y se espera que para finales de la próxima década se hayan puesto por delante incluso de Alemania. A Francia, con la que siempre había estado a la par, ya la ha sobrepasado de largo. Por lo demás, el comercio con la unión europea ha crecido en unos cuantos puntos porcentuales. Solo tengo que asomarme a la ventana para comprobarlo. De los dos ferrys que antes venían a la semana, ahora, yo diría que son siete. Todos los días hay alguno cargando y descargando cantidades ingentes de camiones -es increíble todos los que caben en un ferry-. Y de aquellos problemas de abastecimiento de que tanto hablaban, nunca más se supo. Desde luego que mis hijas nunca tuvieron problemas al respecto. Y por si no lo saben, en los supermercados de Inglaterra se compra el litro de aceite de oliva por poco más de cuatro euros. La mitad que aquí. 

El caso es que cuando, al principio, se produjeron las esperadas disfuncionalidades, muchos fueron los que pusieron el grito en el cielo pidiendo al gobierno que hiciese algo. Creo recordar que fue Boris Jonhson el que contestó entonces que, al respecto, el gobierno nada tenía que hacer, que los problemas de logística y abastecimiento era un asunto de la exclusiva competencia de los empresarios. Porque esa es la cuestión, según me cuentan mis hijas, que en Inglaterra lo de los funcionarios y sus burocracias es la mitad de la mitad, y un poco más, de lo que hay aquí. Por otra parte, aunque nadie lo mencione, en Inglaterra es el país de Europa en el que más han subido los sueldos. ¿Y saben por qué? Pues porque desde el mismo momento que tomaron las riendas de su destino la inmigración se frenó en seco. Ahora los empresarios no encuentran desgraciados ilegales que curran por dos perras. Tiene que pagar lo que es justo. 

Como es natural, los medios de por aquí no dicen nada, pero la lección del brexit cada vez tiene más adeptos. Y es más que probable que todo esto de la comunidad europea acabe como el rosario de la aurora. No a tortas, pero sí cada uno en su casa y Dios en la de todos. Porque, como demuestra el caso británico, para comerciar entre sí, los países no necesitan ejércitos de burócratas sino de empresarios. 

En fin, cosas que pasan porque tarde o temprano la lógica acaba por imponerse. Y todo este empantanamiento en el que metieron al mundo las ideas comunitaristas es normal que pase a mejor vida. Todo apunta a que cada vez más gente quiere volver a poner al individuo en el centro del terreno de juego. Hay una especie de asco vital con la cosa de la socialización. La gente lo que quiere es lo de siempre, es decir, relacionarse entre si en función de sus propios intereses... sin que los zurdos de mierda puedan entrometerse. ¡Dios lo quiera!

domingo, 31 de diciembre de 2023

El sustrato cultural

 "Puche dice:

-Hija mía, hija mía: la vida es triste, el dolor es eterno, el mal es implacable. En el ansioso afán del mundo, la inquietud del momento futuro nos consume. Y por él son los rencores, las ambiciones devoradoras, la hipocresía lisonjera, el anhelante ir y venir de la humanidad sobre la tierra. Jesús ha dicho: <<Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan, ni allegan en trojes; y vuestro Padre celestial las alimenta...>>. La humanidad perece en sus propias inquietudes. La ciencia la contrista; el anhelo de riquezas la enardece. Y así, triste y exasperada, gime en perdurables amarguras.

 Justina murmura en voz opaca:

-El cuidado del día de mañana nos hace taciturnos." 

Puche es un cura y Justina su no se sabe qué. Porque las mujeres que viven con los curas suelen ser sus hermanas, pero también sus sobrinas, léase barraganas. Azorín pasa por alto estos detalles. Solo le interesa describir el escenario y poner en él a los personajes para que filosofen sobre las cosas de la vida. Hoy es en casa del cura, mañana en la del abogado que lee a Shopenhauer. Siempre con la música de fondo de las campanas, de las herrerías y los vendedores callejeros. Está uno en Yecla en los comienzos del siglo XX. No creo que exista lugar en el mundo que haya sido inmortalizado, o congelado en el tiempo, con tanta belleza como ese pueblo del altiplano murciano. 

La Voluntad, esa novela, o lo que sea, que me había pasado desapercibida. Me está pareciendo que es demasiado buena como para que le guste a cualquier principiante. Ya lo decía Baroja, que, en realidad, el que sabe escribir es Azorín. La extrema precisión de la sencillez. Conoce los nombres de las cosas porque en casa de sus padres llamaban a las cosas por sus nombres. En muy pocas casas pasa eso. Y por eso muy poca gente sabe describir lo que tiene delante. La mayoría nunca aprendimos a distinguir los detalles que configuran el conjunto. Es un handicap que nos acompaña a lo largo de la vida sin que seamos conscientes de él. Como una especie de ceguera del entendimiento que nos obliga a limitarnos a las frases hechas. O lugares comunes. 

"Cerca de la puerta del patio, en lo hondo, brilla en sus primorosos arabescos, azules, verdes, amarillos, rojos, el alizar del tinajero. La tinaja, empotrada en el ancho resalto, deja ver el recio reborde bermejo de su boca. Y el sol, que por el montante de la cerrada puerta penetra en leve cinta, refulge en los platos vidriados, en los panzudos jarros, en las blancas jofainas, en las garrafas verdosas."

Yo sabía de Yecla porque una vez vi en alguna televisión que hay allí una asociación de amigos de la música que para sí la quisiera cualquier ciudad con pretensiones. En realidad, son las bandas del levante español. Vienen de lejos y nos dice del sustrato cultural sobre el que nos asentamos. Desde luego que si consideramos a España desde la perspectiva de ese sustrato no podemos hacer otra cosa que estar contentos por haber nacido aquí.  

sábado, 30 de diciembre de 2023

Hecatombes

Me he topado con una vecina que debió de ser muy mona cuando merecía. Aún hoy, que debe andar cerca de los noventa, se le nota un aire pícaro a lo Sirley MacLaine. En el breve intervalo de su salida del ascensor y mi entrada en él, le ha dado tiempo para despacharse a gusto sobre lo sinvergüenza que es el presidente del gobierno y lo insegura que es la calle. Luego ha añadido que no va a celebrar la noche vieja, y eso que siempre me gustó, ha puntualizado, porque hoy día todo es mucho peor. Peor para nosotros, desde luego, he pensado, pero puede que también peor para todo el mundo, porque qué sentido tiene la noche vieja si tal y como está el patio se diría que todas las noches son noche vieja. Por lo menos todas las noches de los fines de semana que se pone la calle que parece que se va a acabar el mundo. Pero, en fin, allá cada cual con sus historias, que el que mucho celebra tiene todas las papeletas para acabar de limpiabotas. Porque, ¿celebrar qué? ¿Acaso alguien tiene motivos para tanta celebración? Nada más triste que estar celebrando sin saber lo que se celebra. A eso se debía referir la vecina cuando me decía que hoy día todo es mucho peor. 

Por lo demás, cuenta Azorín en su novela La Voluntad cómo los habitantes de Yecla, allá, mediado el siglo XVIII, decidieron que con la vieja iglesia renacentista no tenían bastante para todo el pueblo. Entonces fue que decidieron hacer una gran basílica. Un proyecto ilusionante para un pueblo. Les llevó más de un siglo verla terminada. El caso es que todo lo referente a la obra está apuntado en una especie de cuaderno de bitácora. Porque un siglo da para muchas vicisitudes, y lo que cuenta sobre todo lo demás en este caso es la voluntad, que me imagino que fue de ahí de donde sacó el título de la novela. Porque hay que echarle mucha voluntad para levantar un templo de esas características a expensas de los vecinos. Y en una época poco boyante, por cierto. 

Lo de levantar templos a la divinidad ha sido una constante de todos los tiempos y todas las culturas. Ahora, por lo menos en esto que llamamos occidente se consideraría una horterada. Y los que levantaron nuestros ancestros con tanta ilusión y esfuerzo los conservamos mayormente con la finalidad de tener entretenidos a los turistas el tiempo que va del desayuno a la comida. Con una catedral y un museo de pintura hacen la mañana y, también, ganas de comer. Pero el objetivo de la adoración de la divinidad, más bien se la suda a todo el mundo. La divinidad, ¿qué chorrada es esa? Si hoy día todos somos dioses. Con un teléfono eres omnisciente y, con un coche, ubicuo, o omnipresente. O sea, ¿en qué te diferencias de un dios?  

Bueno, quizá tenga razón mi vecina en eso de que hoy día todo es mucho peor. Y es que sin dioses a los que adorar ya me dirás tú qué sentido van a tener las hecatombes.  

viernes, 29 de diciembre de 2023

Despejar el terreno

En el cine hay escenas de guerra para dar y tomar. Y los directores se han tenido que esforzar para que cada vez fuesen más crudas so pena de dejar al púbico indiferente. Porque el horror o va en crescendo o se apaga su efecto. Supongo que son las limitaciones que tiene el cine. Sin embargo, sospecho que con la literatura no es lo mismo. Mil veces que leas la batalla entre teucros y aqueos que se relata en la Ilíada y mil veces que te impresionará. Son personas concretas, con padres y abuelos y una historia por detrás, a las que la lanza les entra por un lado y le sale por otro dejándoles cosidos con el suelo. La sangre chorrea hasta por los ejes de los carros. La impresión de carnicería es apabullante. Es la fuerza, o cercanía, de la poesía que, seguramente, es la máxima consecución del espíritu humano y, por tal, privilegio de unos pocos que la posteridad venerará poco menos que a dioses. ¿Díganme, si no, quién ha perdurado en la memoria a través de los milenios como lo ha hecho Homero?

Y todo por un quítame allá esas pajas. ¡Ya me dirán, por unos cuernos de mierda! Oye, si la tía se fue con otro, en su derecho estaba. Porque nadie ha sido nunca de nadie por más que el entendimiento cegado por la pasión quiera hacer pensar que es lo contrario. Porque por eso son todas las guerras, por el entendimiento cegado por las pasiones. Con la cabeza despejada nadie iría al matadero. Siempre se encontrarían fórmulas para el entendimiento. Pero ese es el caso, que la cabeza fría no existe. Ni siquiera en el caso de los dioses. El honor, la dignidad, el orgullo... todo excusas para poder matarse unos a otros y dejar el terreno despejado.

¡Qué poco vale una vida! Cuando vivía en Salamanca solía ir a pasear por el teso de Arapiles. Me sentaba en cualquier piedra y contemplaba el paisaje. El mismo que un día se tiñó de rojo porque había que parar los pies a los franceses. En un teso estaba Wellington y en el de enfrente Marmont. Daban órdenes, el uno y otro, para que los miles de soldados que ocupaban la llanura se matasen unos a otros de la forma más eficaz. Del lado de Wellington hubo cinco mil doscientas bajas. Del de Marmont, doce mil quinientas. Casi dieciocho mil de una tacada. No creo que la Salamanca de entonces tuviese tanta población. Y como si nada. Al día siguiente, la vida siguió como si nada hubiera pasado. 

Así es la historia de la humanidad, un continuo despejar el terreno. Porque si no se despeja se vive mal. Nos estorbamos tanto los unos a los otros que solo vemos remedio en el exterminio. Todo lo demás es un sucedáneo que nos hace vivir envenenados, es decir, cultivando las pulsiones suicidas. No hay más que mirar alrededor para darse cuenta. 

jueves, 28 de diciembre de 2023

Los moteros

Casanova, que a la sazón tiene treintaiocho años, ha salido de casa con dos pistolones en el bolsillo y se ha dirigido al puente de la Torre de Londres con la determinación de acabar allí con su vida. El motivo de su desesperación es que por primera vez en su vida una mujer se le resiste y juega con él como si fuese un pelele. De nada le están sirviendo las ingentes cantidades de dinero que dilapida en la empresa. No puede entenderlo y se comporta como un malcriado al que la vida le coloca en su sitio. Es tal la humillación que siente que solo el suicidio puede lavar la afrenta. 

No es extraño en la mitología griega que los dioses favorezcan con sus dones a este o aquel mortal, pero lo que nunca hacen es incluir entre esos dones el de la juventud eterna. Por eso el poeta dijo: divino tesoro, ya te vas para no volver. Es una perogrullada, pero, a lo que se ve, a aquellos a los que los dioses favorecieron con el don de la belleza se les hace muy cuesta arriba el natural marchitarse de todo lo que vive. Porque la belleza facilita muchas cosas, entre ellas, y no pequeña a efectos de autoestima, la de trasmitir los genes. Y claro, uno se acostumbra a lo bueno y acaba creyéndose que todo el monte es orégano. Por eso suele ser tan patético el envejecer de los guapos y, no digo ya, de las guapas. Aunque tampoco hace falta para la aparición del patetismo haber sido favorecido en lo que a belleza hace, basta la falta de inteligencia para percibir la pérdida de facultades. De hecho, diría yo que la mayoría de los hombres hacen un montón de tonterías con tal de hurtarse a la conciencia de su decadencia. Se compran motos potentes e infantilismos por el estilo.  

El asunto incuestionable de todo esto es que los dioses donde quitan ponen y viceversa. La suerte de la fea la guapa la desea, dice el refrán. Gracián dedica en su Criticón muy enjundiosas páginas a la suerte de la guapa. Las pobres se acostumbran a tenerlo todo por su cara bonita y no cultivan el esfuerzo y la frustración. Así, su mayoría de edad suele ser un infierno. 

En fin, ¡pobre Casanova! No sé cómo va a salir de esta rabieta en la que está, pero me lo puedo imaginar porque, cada uno a su medida, todos hemos pasado por situaciones similares que son la prueba del nueve de nuestra inteligencia. O bien, aceptas la realidad y te retiras a tus cuarteles a reconsiderarte en lo que eres o corres a un concesionario de motos potentes a agenciarte una. ¡Qué gracia me hacen los moteros!  

miércoles, 27 de diciembre de 2023

Expectativas al azar

Hace unos días soleados y fríos y el centro de la ciudad es un hervidero. Yo diría que es desagradable andar por las aceras, pero eso solo es una impresión personal. La de un fóbico social, concretamente. De hecho, si no fuese por la necesidad no me pescarían en medio del tráfago. Tengo aquí al lado todo el muelle del pesquero que se ve que a la gente le cae a trasmano. Y que dure. Aunque, no creo que nos vaya a caer esa breva dada la calidad del entorno. Cualquier día, por un interés u otro, se pondrá de moda y se joderá el invento. 

Esto de las modas, que es amontonamiento, y por tanto peste, tiene que ver con las expectativas. No podemos vivir sin ellas. La gente se echa a la calle con la tonta ilusión de que, así, algo agradable le va a pasar. Va a ver algo, se va a encontrar con alguien... son expectativas al azar. Lo mismo que toda esa gente que hace cola frente a las administraciones de lotería para comprar un boleto. La vida, a la postre, de la inmensa mayoría se compone, en esencia, de expectativas al azar. Es tremendo, pero es así. Porque azar y frustración son tan inseparables como el alcohol y la resaca. 

No albergo la menor duda de que las cosas son como son porque no pueden ser de otra manera. Digamos que es porque así lo tiene dispuesto la divinidad. Pero lo que no me trago ni de lejos es lo que se tragaba Panglós, es decir, que este es el mejor de los mundos posibles. A mí, así, tal y como funcionan las cosas me da mucha pena. Porque respiro esa que so capa de fingida alegría no es más que frustración ambiental, es decir, la madre del consumismo. 

Por Dios Bendito, con lo fácil que sería todo esto si la clave de bóveda de la educación infantil fuesen las expectativas trabajadas. O, lo que es lo mismo, la posposición de los deseos. Entonces, irías por ahí un día cualquiera de Navidad y la gente por el único sitio que merodearía sería alrededor de los templos a donde habrían ido a dar gracias porque otra vez se produjo el milagro de la renovación. Sin fe en los dioses, que es tanto como decir en el sacrificio, se está condenado irremisiblemente a la frustración permanente... es decir, a pasarse la vida en los bares o en las consultas de los médicos, Tal para cual. 

martes, 26 de diciembre de 2023

Las migajas

Haciendo de tripas corazón sigo con la lectura de las memorias de Casanova. Me he propuesto acabarlas si es que ellas no acaban antes conmigo. Está en Londres pillado por una puta perversa que le hace gastar cantidades ingentes de dinero y energías sin dejarle mojar el churro. Y eso que la zurra. El tipo anda ya rozando los cuarenta y no es muy consciente de que ha perdido atractivos. Tal y como se describe a sí mismo, es un genuino representante de la clase ociosa. Siempre con la diversión como meta. Sin embargo, dada la cultura que tiene y los escritos que dejó, es evidente que tuvo que dedicar muchas horas a los trabajos del espíritu. Así que, infiero yo que mucho de esas memorias tiene que ser pura invención, o sea ficción con una  intencionalidad moralizadora: estas son las penalidades a que se ve sometido un idiota que no piensa en otra cosa que en meterla donde no debe. 

En realidad, si a la literatura de ficción le quitásemos los devaneos de la clase ociosa se quedaría en muy poco por no decir nada. Porque lo de ociosa es en realidad un eufemismo de viciosa. Y los vicios de los otros ya saben lo que dan de sí para comentar. Y aprender si eres listo, por supuesto... aunque sobre esto de ser listo habría mucho que decir, porque la experiencia demuestra que el que es listo para una cosa es tonto a rabiar para otras, y viceversa. 

Así es que uno ya no sabe qué hacer con las migajas de vida que le quedan. Desde luego que tocar la guitarra es lo que más me tira. Tocar de corrido una  bourrée de Bach es a lo más que he llegado. O ponerme a flamenquear con la cadencia andaluza. El caso es estar fuera de este mundo por un rato. Luego, cuando vuelves a él, piensas que, aquí me las den todas. Si puedo hacer estas cosas es, sencillamente, porque no lo tiré todo por la borda. Fui necio, sí, a rabiar, pero no del todo. Y eso es un gran consuelo. 

lunes, 25 de diciembre de 2023

La paridera

La familia Martín, de Torre Don Miguel estaba anoche celebrando la Noche Buena en plena paridera. Comían algo y contaban alguna historia siempre con la mente puesta en que su verdadero lugar estaba debajo, en las cuadras, donde las ovejas se habían puesto de acuerdo para parir todas al mismo tiempo. Se les veía felices, a Feli el padre, Fati, la madre y Nazaret, la hija. Da mucha alegría ver nacer, decía Feli, con un recién nacido en sus manos.  Es curiosa esta familia de granjeros porque es como si se les notase que la felicidad que suelen exhibir les viene no solo de que les gusta su trabajo sino de la oportunidad que la tecnología les brinda de vivir en el escaparate. Filman todo lo que hacen en relación con su oficio. Y también las merendolas que se pegan. Sin entrar nunca en intimidades. Así es que tienen una aceptación enorme, supongo que, como explica Nazaret, porque representan la nostalgia de esos ancestros campesinos que todos llevamos dentro. La verdad es que lo hacen muy bien. Por cierto que, Nazaret, nos explicó un día que ella es la alcalde de su pueblo y, que, por supuesto, no cobra nada por ello. Lo es al margen de partidos y elecciones: los vecinos se lo han pedido por unanimidad y ella ha accedido. Como ven, al más puro estilo suizo. 

Pero, a lo que quería ir es a eso que decía Feli de que da mucha alegría ver nacer. Desde luego que es la garantía de que la vida sigue, cosa que no está muy claro que a todo el mundo le dé la misma alegría. Incluso, se diría que a algunos les produce tristeza. Porque parece como si una oleada de nihilismo señoreara el mundo: que se vaya todo al carajo cuanto antes mejor. ¡Muera el sacrificio, viva la diversión! Así es el lema suicida que se afanan en divulgar las instituciones que en teoría rigen el destino del mundo. Y tiene un éxito rotundo como lo demuestran todas las estadísticas sobre tasas de reposición: aquí en España, de seguir así, en dos o tres generaciones nos habremos plantado en los diez millones... y todos contentos. 

Bueno, por ahí anda Elon Musk advirtiendo de lo que se viene encima si no nacen niños. De hecho, él, debe tener unos cuantos. Predica con el ejemplo. Pero, pensando en estas cosas, he caído en la cuenta de en dónde reside la enjundia de una novela que escribí hace ya casi treinta años y se me ocurrió publicar hace unos meses tras haberla releído y encontrado interesante. Resulta que en esa novela, que rezuma nihilismo por los cuatro costados, hay un dato que me había pasado por alto y que, sin duda, fue el producto de un deseo inconsciente que tuve al escribirla: ninguno de los personajes de esa novela tiene hijos. Su única preocupación, entonces, es divertirse. Es como una lógica fatídica: como la vida no tiene sentido, destruyámosla por el procedimiento más infalible que existe: no perpetuando la especie. En fin, en cualquier caso cada vez entiendo mejor el porqué de que esa novela no le haya interesado a nadie. Una de mis hijas me lo ha dicho: a nadie le agrada que le recuerdes de una forma tan cruda lo mierda que es.  

Pues sí, Feli, tienes toda la razón del mundo y te debieras poner en contacto con Elon Musk para sumar fuerzas. Ver nacer es lo que da sentido a la vida, y si son hijos, sentido y medio, ¡qué lo sepan todos! Aunque tampoco hay que olvidar que, la Naturaleza, que viene a ser Dios, tiene sus particulares procedimientos de escribir recto con renglones torcidos. En fin. 

domingo, 24 de diciembre de 2023

La bota de María

Sigo con mi pausado paseo por las tierras de Ilión. Verso a verso, no me quiero perder nada. Y me digo que si empezase ahora la vida no tendría nada mejor que hacer que aprender griego para poder leer esos versos en su lengua original. En cualquier caso, tiene razón Santi cuando me insiste en que en la Ilíada está todo. A veces pienso, que incluso más que en la Biblia. Quizá de otra forma más seductora. Ando ahora por donde los teucros tienen acorralados a los argivos junto a sus cóncavas naves. La mayoría solo piensa en huir antes de que se las quemen. Así es que andan toda la noche de asamblea para ver qué se decide. Ya han agotado todos los argumentos para convencer a Aquiles de que deponga su cólera y entre en combate. Todo en vano. Ya lo tiene decidido: cuando apunte la de los rosados dedos se montará en su cóncava y negra nave y se irá a su patria a sembrar los campos. Ha decidido cambiar gloria por una larga vida. Desde luego que ha habido pocos asuntos en la historia de la humanidad que hayan dato tanta tela para cortar como el de la cólera de Aquiles. Y es que la forma de reaccionar de cada cual cuando es víctima de una injusticia es algo que define, como pocas cosas lo hacen, la personalidad del individuo. Pasas, te lo tomas a pecho... en cualquier caso siempre elaborarás más o menos alambicadas teorías que justifiquen tu actitud. 

Son las pasiones humanas y, éstas, el juguete predilecto de los dioses, Los dioses, genuinos representantes de lo que se ha dado en llamar la leisure class -la clase ociosa-. Se aburren allí, en el Olimpo y, entonces, se ponen a jugar con nosotros lo mismo que hacen los niños con los muñequitos, que, no sé por qué será, pero lo que más les gusta es poner a dos a pelearse. Las pasiones en conflicto es lo que da tensión espiritual, sin la cual, apaga y vamos. O vámonos, que es lo que tiene decidido la mayoría de los argivos, porque, argumentan, si Zeus se ha puesto del lado de los teucros, qué coño pintamos nosotros aquí. 

Resumiendo, que esta noche es Noche Buena y mañana Navidad y, entonces, el pueblo llano, que pocas, pero a veces acierta de lleno, va y dice: dame la bota María que me voy a emborrachar. ¿Es que piensan ustedes que hay otra forma posible de soportar este desideratum consumista en el que se ha convertido el asunto? Como bien apuntaba, no recuerdo ya quién, unas navidades sin alcohol es como una intervención quirúrgica sin anestesia. O sea que... lo dicho, qué coño pintamos aquí sobrios. 

sábado, 23 de diciembre de 2023

Las Posadas

 Ramón es un coetáneo de mi pueblo que de joven se lío la manta a la cabeza y se fue a México a emprender negocios lácteos. Le fue bien y se vino para aquí dejando sus negocios en buenas manos. Y aquí vive cómodamente instalado sin dejar por ello, y a pesar de la edad, de seguir siendo productivo. Siempre es muy amable conmigo y no deja pasar Navidades sin acordarse de mí. Ayer me mandó un vídeo de las Posadas Mexicanas. Las Posadas es un novenario en el que se pretende hacer el recorrido que hicieron José y María desde Nazaret a Belén, cada uno de los nueve días en una posada. Con tan fausto motivo se hacen unos conciertos multitudinarios con danzas folklóricas y toda la parafernalia necesaria para que los espectadores flipen en colores.  

Aquí, en Europa, es de un buen gusto que te cagas, hacer estas celebraciones interpretando, también multitudinariamente, el Mesías de Hendel. No hay color y, desde luego, para flipar con este Mesías hay que estar muy revenido. Es lo que va del Nuevo al Viejo mundo. Lo que está creciendo y lo que se apaga. Lo comentaba hace años con un chaval de Valladolid que viajaba a mi lado hacia Madrid en donde iba a tomar un avión para Brasil. Desempeñaba allí un cargo técnico en una gran explotación agrícola. Estaba entusiasmado con aquel país y pensaba que trayéndose a Castilla medio millón de brasileños en cuatro días serían más ricos que Suiza. Le comentaba yo que había estado viendo la retransmisión del concierto de Año Nuevo celebrado en la ciudad de San Paulo. Y lo comparaba con el que todos los años retrasmiten desde Viena. Claro, los Strauss están muy bien, pero les comparas con Villalobos, Guimaraes, Ginastera, ect., y es inevitable tener la impresión de que estás en misa, que tampoco es que esté mal, pero ya no es lo que era. Porque a misa ya no va nadie a ligar como pasaba cuando la representación estaba en el apogeo de su gloria. 

Pues sí, la Posadas Mexicanas son dignas de verse; es difícil imaginar una explosión mayor de alegría. La alegría que produce lo que nace. La mitología cristiana lo supo hacer bien al poner un niño, que además es Dios, en el centro de la celebración. Así todo, la celebración orgiástica en su conjunto en poco difiere de las saturnales romanas que también bebían como los peces en el río, se  intercambiaban regalos y comían hasta reventar... aunque en este caso la alegría viniese de que se viesen aumentar las horas de luz. En fin, sea como sea y por lo que sea, la ritualización de la vida es inevitable. Y el solsticio de invierno es un punto de inflexión que es imposible que pase desapercibido. Aunque ya todo esto de las saturnales se haya puesto un poco cansino. Sin embargo, lo de Las Posadas sí que me parece que va a tener futuro, más que nada porque lo tienen los mexicanos que son algo así como el mestizaje de culturas llevado a su máxima expresión por medio de la música. Por cierto, ya casi puedo tocar de corrido Estrellita de Ponce. ¡Qué maravilla!

viernes, 22 de diciembre de 2023

Los ríos

"Oh what a tangled web we weave when we practice to deceive" 

!Oh, qué enmarañada red tejemos cuando practicamos el engaño!

Nunca, a mi juicio, hubo quién supiese sintetizar la realidad circundante en frases contundentes como lo hiciera William Shakespeare. Cualquiera de sus obras es como si Diana disparara sus dardos certeros con una metralleta. Por eso su lectura es extenuante. No puede caber más sabiduría en un texto. Pero, bueno, a lo que quería ir es lo de la enmarañada red que tejes cuando practicas el engaño. 

No sé si sabrán, y si no lo saben se lo digo yo, que en Nueva Zelanda una cineasta ha realizado un documental titulado "River of Freedom" en el que se ha pretendido poner negro sobre blanco todo lo relativo al espinoso asunto de la que se dio en llamar pandemia. Pues bien, el documental, no por más boicoteado por todas las grandes cadenas de distribución, ha dejado de llegar a la inmensa mayoría de la población con un éxito inusitado. Tanto, que ha puesto de los nervios a los villanos de esta historia que se han apresurado a enmarañar un poco más la red que tejieran con sus engaños. 

Y así ha sido que el ministro de relaciones laborales y seguridad, un tal Michael Wood, ha dicho que detrás del río de libertad lo que hay es un río de inmundicia, un río de violencias y amenazas, un río de antisemitismo... y un río de islamofobia. Y después, como para poner la guinda al pastel, ha añadido, un río de genuino fascismo. 

O sea, la cantinela que venimos escuchando a los mentirosos desde hace tres años para acá, y que ahora arrecía porque han aparecido por el horizonte las orejas del lobo. Ya no saben los pobres por donde salir, y si tuviesen un par de neuronas funcionantes, irían zumbando a sacar un billete para un país con el que no tuviesen convenio de extradición. Porque por mucho que se haya enmarañado la red siempre se acaba por desenmarañarla por la sencilla razón de que se necesita para pescar. 

Al final, la parte buena de todo esto es que se ha tomado conciencia de en qué manos hemos caído. El primer paso necesario en todo proceso de regeneración. La verdad de las cosas es por si sola motor de vida. Y River of Freedom es la pura verdad de lo que ha pasado y así lo han interpretado la inmensa mayoría de los neozelandeses. Tengan en cuenta que en Nueva Zelanda gobernaba a la sazón una loca que se pasó cantidad de vueltas. Ahora, la pobre, está muy desmejorada. 

En fin, los ríos. Fuente de vida y sabiduría. A veces pienso que todo lo que sé, si es que es algo, lo aprendí jugando de niño en el río que cruzaba el pueblo en el que nací. Claro que tuve la inmensa suerte de que era una época en la que el mundo todavía no se había amariconado. Lo de las varitas mágicas era para los cuentos de niñas, Los, para niños, eran todos a base de hostias. 

En cualquier caso, no se dejen engañar una vez más con esa milonga de que el que ríe el último es el que mejor ríe. El que ríe el último es, sencillamente, porque no entendió el chiste. 
"He who laughs last did not understand the joke"

jueves, 21 de diciembre de 2023

Deber moral

Si, como ciudadanos, tenemos un deber moral por encima de todos los demás, ese es el de procurar por todos los medios no pagar impuestos. Piensen un poco y no les costará llegar a la conclusión de que pagar impuestos es la madre de todas las desgracias. Porque es poner ingentes cantidades de dinero en manos de psicópatas. Psicópatas que, como su propio nombre indica, son gente que padece una enfermedad del espíritu consistente en odiar a la humanidad. Quieren acabar con ella y por eso les parece lo más natural del mundo manipular los virus para que ganen función, es decir, que sean más letales. ¿Es que ustedes no saben que con los impuestos que están pagando se financian laboratorios en los que la casta de los psicópatas se dedican ese tipo de jueguecitos?  Toda su obsesión es descubrir procedimientos cada vez más sofisticados para acabar con la humanidad. Y todo ello, no lo olviden, lo pueden hacer porque ustedes, en su suicida inocencia, creen que su obligación es pagar. Claro, se dicen, así hay sanidad y enseñanza para todos; la milonga de la redistribución. Como si el ser humano no hubiera redistribuido la riqueza desde siempre. Es algo que está en nuestro ADN, no soportar la visión del sufrimiento ajeno... a no ser que seas de la casta de los psicópatas.

Sí, convénzanse, en el origen de todos los males de la humanidad están los impuestos. Son los cuatro jinetes. La guerra, las hambrunas, la peste... cómo se habrían de financiar las guerras si no hubiera impuestos. A lo más que se llegaría, entonces, sería a peleas de taberna. Y las hambrunas, lo mismo, porque los impuestos están en el origen de los cracks financieros que siempre preceden a las hambrunas y las pestes. Lean un poco de historia y lo comprobarán.   

Ya, me dirán, pero como evadirlos si cada vez que compras algo pagas el correspondiente impuesto. ¡Pues claro, hombre! ¿Por qué, si no, esa insistencia por fomentar el consumo?  ¡Consume mamón! Que así yo luego tengo para hacer que los virus ganen en función o que los misiles sean más precisos. Si, convénzanse, la única redención posible pasa por reducir el consumo a la mínima expresión y, también, en procurar hacer ese consumo en negro para que no les llegue un céntimo a los psicópatas que gobiernan. 

En fin, que por soñar... 

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Mascotas

La guerra que íbamos a ganar. Venga a enviar armas y dinero. Y hoy las tropas rusas han entrado en Kiev. La gente se agolpa en los andenes de las estaciones. Lo de siempre en estas situaciones. Lo nuevo, y sobre todo sorprendente, es que la gente huye con sus mascotas. Parecen más preocupados por ellas que por los niños. El perro tiene miedo, dice una a preguntas del periodista. Toda una declaración de principios. Gente idiota que se creyó la milonga de occidente. Milonga que, por supuesto, canta a las mascotas. Porque estar en el recto camino pasa, desde luego, por tener una mascota que hace monerías. Ya sean los Simpsons, ya sea  cualesquiera serie o viñetas de referencia, no pueden faltar las monerías del perro. Como si fuese lo que da sentido a todo el conjunto. 

Porque mira que hay que ser tonto todo el rato para haber pensado que Ucrania iba a derrotar a Rusia. Para empezar si Ucrania derrotase a Rusia se derrotaría a sí misma porque Ucrania es Rusia. Siempre lo fue. O ¿dónde se creen que estaba aquella escalinata por la que rodaba el cochecito de niño? Justo en Ucrania, en Odesa, donde pasó todo aquello del Potenkim que tanta trascendencia tuvo para el futuro de toda la nación rusa. Sí, nunca debiera haber existido Ucrania como nación independiente, cualquier cosa que eso sea, y nos hubiéramos evitado así muchos problemas. 

La obsesión por debilitar a Rusia, una quimera porque a la hora de la verdad todos acuden allí a por sus materias primas. Aunque sea de tapadillo para que la historia cuadre. Rusia es tan rica y tiene gente tan preparada en todos los aspectos de la vida que es inevitable que sea una gran potencia a la que habrá que, no solo respetar, sino, también, bailar el agua. Además que, a la hora de la verdad, puede que sean más de fiar que todos estos demócratas de toda la vida que nos han sorbido el seso con su propaganda envenenada: nos han sumido a todos en la peor de las esclavitudes, la de las necesidades absurdas. ¡Ale, a recoger cacas de perro por las calles! Aunque esa faceta de las mascotas se suele pasar por alto en las películas de Hollywood. No, te los pintan como seres espirituales, de una pureza sublime, que te ponen en contacto con la divinidad. Por eso será que los ucranianos estén ahora en los andenes carcomidos por la angustia. ¡Pobres mascotas! ¿Qué va a ser de ellas?

martes, 19 de diciembre de 2023

Snowboard

Llamaron a la puerta un par de chavales con la intención de venderme unas papeletas para una rifa con la que pretendían financiarse un viaje a Andorra. Eran estudiantes de primero de bachillerato. Por supuesto que no se las compré, pero es que, además, les recité de carrerilla el manifiesto libertario de Rothbard.  Los pobres, querían hacer snowboard y mariconadas por el estilo. Les dije que se dejasen de leches y se apuntasen al tiro. Luego, me di cuenta de que se me había olvidado recomendarles que viesen Boyhood, más que nada por lo de la biblia y el rifle. 

Esto es lo que les enseñan en las escuelas, el camino hacia la servidumbre. ¿Qué necesidad tienen unos chavales de quince o dieciséis años de ir a Andorra en pleno curso lectivo a hacer snowboard, cualquier cosa que eso sea?  Las escuela socialista no enseña otra cosa que no sea las delicias del consumo. Eso es el capitalismo les dicen los muy ladinos. Así consumiendo, movéis la economía. Lo digo, porque eso fue lo que me argumentaron los chavales. Pero es que eso también me lo argumentaron este verano en una reunión de gentes mayores  y serias. Es una idea muy cuajada en la sociedad. Consumo, sinónimo de democracia y libertad. Es tal el destrozo que ha hecho la educación socialista que es imposible que quepa en los cerebros de las buenas gentes que no hay mayor esclavitud que la de las necesidades estúpidas. O sea, casi todas. 

Sí, desde luego que va a ser muy ardua esa batalla de las ideas en ciernes, Porque nunca el pensamiento había sido tan monolítico. No quiero ni pensar en la de veces que me habrán tratado de convencer de lo importante que es socializar. O sea, andar siempre por ahí de jarana. Porque es que, además, todo está preparado para facilitar el invento. Socializar, o sea, ser socialista. Antes se decía relacionarse, que era más ambiguo. Tiene unas connotaciones digamos que comerciales, de interés mutuo. Sin embargo, lo de socializar es relacionarse con la única finalidad del buen rollito. Todos de acuerdo en lo esencial, es decir, que fuera del socialismo no hay salvación. 

En fin, allá cada cual, que lo que es yo bastante cruz arrastro por no haberme sabido caer del caballo a su debido tiempo. Porque eso de que nunca es tarde...


lunes, 18 de diciembre de 2023

Pesadillas

Las cosas de la mente humana son indescifrables. Y por eso es que haya millones de personas viviendo del cuento de que ellos si son capaces de descifrarlas. En los textos clásicos ya hacen su presencia este tipo de embaucadores. Porque siempre se pretendió  que los sueños tienen significado, por así decirlo, premonitorio. Es decir, anuncian algo que el jeta de turno se encargará de desvelar. Bien es verdad que muchos de estos jetas acabaron con el gaznate rebanado para aplacar las iras de un poderoso al que el desvelamiento no le cuadró con sus planes. Porque, como todas las creencias, lo son hasta cierto punto. Y, a la postre, tienen que ver más con los rituales que con las convicciones, o sea, que la convicción acaba en el ritual. Siempre pasa igual cuando se anda perdido. 

Les cuento esto porque anoche me fui a la cama temprano por estar aquejado de uno de esos alifafes propios de la estación. Tosecillas y mierdas de esas. Más ruido que nueces. Aunque estaba cansado me costó Dios y ayuda dormirme. Y cuando lo conseguí fue en forma de pesadilla. Justo antes de ir a la cama me había estado entreteniendo con un problema de geometría bastante bonito, de esos que tienes que combinar media docena de teoremas, que es que hay que ver todo lo que llegaron a descubrir nuestros antepasados, sobre todo griegos, en lo que a resolver problemas geométricos hace. Así que todos esos teoremas me aparecían en forma de obsesión tan pronto me quedaba transpuesto. Una verdadera tortura. Esto de los sueños obsesivos me pasa siempre que comienzo a aprender algo medianamente complicado. Y es que, claro, la vida sin estar aprendiendo algo, es, según reza un proverbio chino, igual que estar muerto. Y bien que me lo creo yo y por eso infiero que solo tratamos de aprender algo para hacernos la ilusión de que seguimos vivos.   

Así que, nada, voy a ver si hoy consigo trasponerme en el ikea reclinable, que nada hay más terapéutico que el sueño. Con el sueño, como no se cansa de repetir la Ilíada, se relajan todos los músculos, que no otra es la madre de todas las reparaciones. Por eso, cuando los dioses te quieren castigar, lo primero que hacen es impedirte el sueño. ¡Dios, qué difícil es merecer la benevolencia de los dioses! A la que te descuidas ya les estas molestando. Y es que son tan sensibles... o nosotros tan torpes.