miércoles, 31 de julio de 2024

Arpía

Mi padre nació en el año cinco del siglo pasado. Tenía veintitantos cuando se fue de médico a un pueblo en medio de las montañas cantábricas. Como las viviendas estaban diseminadas en un territorio de varios kilómetros cuadrados y todos los caminos eran de herradura necesitó de la ayuda de un jamelgo. Pero como la vida allí era muy aburrida, no tardó en agenciarse un coche, un Citroën, para ir a escampar la boira a la capital de la provincia. Aunque la distancia apenas llegaba a los cincuenta kilómetros, el viaje era largo porque las carreteras en su mayoría eran de piedra suelta y con curvas de las de agarrarse. Por ello no le quedó a mi padre más remedio que añadir a su profesión la de mecánico de coches. De hecho, cuando yo era niño, por los años  cuarenta,  mi padre hizo construir un foso en el garaje para poder acceder fácilmente a los bajos del Opel de 33 que por entonces tenía. Eran coches que se escacharraban continuamente. Recuerdo que cada dos por tres había que estar lijando las escobillas de la dinamo so pena de que la batería no se cargase adecuadamente. Tener coche entonces, era un arte. Y según contaba mi padre, los señoritos, para destacar entre la plebe, se paseaban por los lugares de moda con sus gabardinas llenas de lamparones de grasa. 

Les contaba estas batallas porque ayer decidí que ya no podía posponer más arreglar el ordenador. Lo restauro de tarde en tarde porque es un verdadero coñazo; tarda varias horas y luego hay que reinstalar todas las aplicaciones. La verdad es que a menos de cincuenta metros de casa tengo a un mecánico que me podría resolver el problema por cincuenta o cien euros, pero, por una especie de tonto pundonor, prefiero tomarme la molestia de hacerlo yo. 

Me imagino que los ordenadores de hoy día, con todo lo sofisticados que son, están en un estado de desarrollo parecido al que estaban los coches en los años treinta y cuarenta del siglo pasado. Para hacerlos funcionar tenemos que ser medio informáticos. En cualquier caso soy consciente de que he tenido que aprender una pila de triquiñuelas para no tener que recurrir a los servicios de los profesionales. Mis buenos dolores de cabeza me ha costado, porque es que, además, a mí ya me pillaron estas cosas bastante mayor. 

Así que, como todos los cachivaches vienen a tener más o menos la misma evolución, supongo que los ordenadores la tendrán parecida a la que tuvieron los coches, que ya hace muchos años que es rarísimo ver un coche apartado en la cuneta por avería. Lo compras, le pones gasolina y hasta que le cambias por otro no necesitas pasar por el garaje. En fin, la tecnología, esa engañosa arpía que nos incita a que nos creamos dioses. Hay que andarse con mucho cuidado con eso, porque tanto recurrir a sus servicios lo más probable es que nos estemos convirtiendo en seres discapacitados. ¿Qué podríamos hacer hoy día sin coches y ordenadores? No quiero ni pensarlo. 

martes, 30 de julio de 2024

Tiranías

Prometeo sabía que Zeus había de ser destronado a no más tardar por el hijo salido de uno de sus caprichos. No necesitaba concretar. Solo utilizaba la lógica para su pronóstico. Zeus era un tirano y, como tal, arbitrario. Y no hay nada tan destructivo como la arbitrariedad. Demasiado humano para cosa buena. Siempre viendo enemigos, tomando partido y todas esas cosas impropias de un dios. De todas formas, apuntó correctamente cuando encadenó a Prometeo. Zeus no era tonto y por eso comprendió desde el primer momento que la traición de Prometeo era definitiva. Al haber suministrado el fuego a los hombres de un día ya sería imposible dominarles porque podían ver por sus propios ojos. 

Por eso es que no haya nada que persigan más los tiranos que a los que difunden la luz. Y es que su poder se sustenta en la oscuridad. De hecho, todos los poderes se sustentan en la oscuridad porque todos son tiránicos. Sin imposición por la fuerza nadie puede mandar y lo único a lo que podemos aspirar es a que el que tiene la fuerza sea lo menos arbitrario posible. Es decir, que sea inteligente. Si es inteligente, resistirá. 

El problema que tienen los tiranos poco inteligentes, que, en este mundo que vivimos vienen a ser todos, es que hay difusores de luz por doquier. Cada vez más gente ve de qué pie cojean. Y por eso no les queda más remedio que elevar en unos cuantos grados su arbitrariedad y, así, acelerar su caída. Cuando son inteligentes, cosa milagrosa, por cierto, hacen la de Solón, largarse antes de que les echen. 

Bueno, ahí veíamos ayer al tirano venezolano elevando su arbitrariedad a cotas estratosféricas. Y los tiranos de Rusia y China, los más estratosféricos de todos, se apresuraron a felicitarle. Vamos a ver en qué acaba todo esto.  

lunes, 29 de julio de 2024

Sudamérica

 "Una gran nube mental está descargando su rayo sosegado". Es inevitable. Anteayer fue El Salvador, ayer Argentina, hoy Venezuela; es una corriente que ya no hay quien la pare. No hay más que escuchar la música que se hace por toda Sudamérica o fijarse en las legiones de profesores de matemáticas que cuelgan sus vídeos en YouTube para darse cuenta de que los tiempos de los tiranos banderas ya se acabaron. Aquellos pueblos se están sacando de encima a pasos agigantados la mugre que les dejaron las reducciones jesuitas y todos aquellos paternalismos que tan bien casaron con los sistemas políticos prehispánicos. Por fin, allí, se abre paso la Escuela de Salamanca. La universidad Francisco Marroquín de Guatemala es una adelantada de las ideas llamadas a prevalecer en un próximo futuro. Poco a poco se va deshaciendo la Leyenda Negra y cada vez más sudamericanos van comprendiendo que el verdadero oro no es el que los españoles nos trajimos de allí sino el que llevamos. Yo no lo veré, pero me iré de aquí con la casi certeza de que el siglo XXI será un siglo sudamericano en la misma medida que el XX lo fue norteamericano. 

Será un mundo mucho mejor, no me cabe la menor duda. Y lo será porque volverá a creer en Dios. O, simplemente, a pensar mejor. Está soberbia que venimos de vivir y que ha traído como consecuencia un mundo dependiente de las ortopedias hasta para respirar, tiene que dar paso a algo más ligero; por así decirlo, una transición de la asfixiante objetividad materialista a la etérea subjetividad del espíritu. 

En fin, la eterna sonrisa de las ondas marinas. Todo va y viene, y ya tuvimos nuestro lote de certezas. Ahora toca dedicarse a la composición músical. Escuchen a Sergio Assad y entenderán lo que les quiero decir. 

domingo, 28 de julio de 2024

Mitos fundacionales

Mientras comíamos, estuvimos dándole vueltas a los mitos fundacionales. Prometeo Encadenado: ¡He aquí lo que te has granjeado con tu filantrópica solicitud!, le espeta Hefestos a Prometeo cuando le está encadenando a una roca. Por decirlo al modo de Nietzsche, Prometeo había regalado a los humanos un par de libros a los que no tenían derecho. Así fue como destruyó la armonía que reinaba en la Tierra. Porque con dos libros a los que no tienes derecho, más que conocer lo que consigues es la soberbia inherente al creer que sabes lo que no sabes. Y es que hasta que no viene alguien a explicártelo, en este caso Atenea, no haces más que sufrir porque al no saber que no sabes no haces más que meter la pata. Así fue que, Atenea, agarró todo aquel sufrimiento de Prometeo Encadenado, lo fundió y lo transformó en un diamante. Luego lo engarzó en un anillo y se lo puso a Prometeo en un dedo. "Para que siempre tengas presente lo que vale un peine", le dijo. 

No recuerdo quién fue el que dijo que es imposible hacer libre por ley al que es esclavo por la costumbre. A la gente no se la redime con palabras; hace falta el sufrimiento para que brote el diamante de la libertad. Lo sabía bien Yahvé, que no por otro motivo fue que tuviese al pueblo judío vagando por el desierto durante cuarenta años. Cuarenta años anhelando pisar la Tierra Prometida que en realidad estaba allí al lado. Cuarenta años de sufrimientos, lo mínimo que se necesita para aprender a pensar. Y, solo el que piensa, sabe que no sabe porque es imposible saber y, entonces, se somete de buen grado al designio de los dioses que, no lo olvidemos nunca, siempre están ávidos de sacrificios. 

En fin, los mitos fundacionales, eso que no enseñan en las escuelas públicas... en realidad, si bien lo consideramos, lo único público que ha funcionado en este mundo han sido las mujeres. ¡Y qué le vamos a hacer si así lo han querido los dioses! 

sábado, 27 de julio de 2024

Ítaca

Seguramente, ya retorné a Ítaca. Desde que, hace tres años ya, me instalé en este barrio que bordea la dársena del Pesquero, no tengo el menor deseo de hacer otra cosa que lo que hago. Madrugar, escribir estas reflexiones patateras, tocar un rato la guitarra, leer cuatro párrafos de mi exigua biblioteca, intentar resolver algún problema, mayormente de geometría, pasear unos cuantos kilómetros al día, charlar con algún amigo, interesarme con discreción por la marcha de mi progenie... la verdad es que estoy lo suficientemente ocupado como para que no haya lugar a que vengan a asaltarme cualquiera de las ansias de huida que antaño me atormentaban. Ahora sí que puedo decir, como Pessoa, que ya he visto todo lo que no había visto. 

El caso es que estoy otra vez demorándome con la Odisea. Ahora es el momento, cuando tengo fresca la Ilíada. Son para mí, éstas, unas lecturas gozosas porque  en todo momento estoy situado en el contexto. Es como cuando de niño escuchaba las historias de mi pueblo: todo me encajaba aunque no entendiese nada. Porque nos enteramos de lo que hacen los hombres sobre la tierra pero nunca sabremos, más allá de las meras conjeturas, el porqué de que hagan lo que hacen y no otras cosas. Y eso es lo bonito, el no poder pasar de las conjeturas, porqué, qué erial no serían nuestras vidas si los diversos lenguajes con los que nos expresamos fuesen trasparentes como el agua cristalina. Desprovistos de la necesidad de interpretar volveríamos a la condición animal. 

La Ilíada y la Odisea; intuyes que ahí está toda tu vida. Que esas historias te pueden ayudar a desentrañarla. A intentar conocerte a ti mismo si es que eso fuera posible. Primero, vas a la guerra, cuando la producción de testosterona está en sus máximos; si sobrevives, inicias el regreso a casa, que no siempre, por no decir nuca, es fácil. A veces hay que demorarse mucho por el camino para dar tiempo a que las heridas dejen de supurar. Luego, cuando por fin llegas a casa, tienes que hacerlo a hurtadillas porque se han acostumbrado a vivir sin ti y una entrada triunfal podría ser letal. Hay que matar primero a los pretendientes. Porque siempre aparecen cuando te ausentas. Sin el ojo del amo el caballo se consume en cuatro días. En fin, material de primera calidad para lucubrar sobre la vida en general y la propia en particular. Digamos que es como una especie de vicio que tenemos algunos.    

viernes, 26 de julio de 2024

Literatura.

Hablando acerca de lo complicado de la mente humana y el cómo desentrañar los vericuetos que conducen al nudo que la oprime y atormenta, hasta que, una vez encontrado, ya es posible sacar la espada para deshacerle cual hiciera Alejandro con el Gordiano. Hace falta un considerable bagaje de conocimientos sobre la condición humana para dedicarse a eso. Y también, un acerado dominio de la lógica. Me explicaban ayer el proceso y yo me remitía a la geometría. El bagaje necesario de teoremas y su lógica concatenación para llegar a la resolución de un problema. 

La geometría es la gimnasia necesaria para hacer músculo. Bien que lo sabían los griegos de cuando Pericles y Platón. Sin ese músculo previo tenías vetado el acceso a la Academia. Pero, ¡ay, si los problemas de la mente fuesen tan simples como los de la geometría! Nada más lejos de la realidad. Los unos tienen siempre solución y los otros, lo más, lo más, aproximaciones que bien pudieran ser meras ilusiones. Y es que no es lo mismo trabajar con axiomas que con conjeturas. Concatenar conjeturas es tarea de titanes de la imaginación. Por eso, supongo, es tan apasionante cuando se accede a ello. De hecho, todos aspiramos a ser un poco de eso. Todos nos ponemos a escarbar de vez en cuando y, a veces, pensamos que hemos conseguido perforar unas cuantas capas de la realidad... nada más lejos: estamos condenados a permanecer siempre en los inicios. Precisamente por eso fabricamos a los dioses, para poder soportar la conciencia de nuestra inutilidad. 

Los dioses, y sus hijas las musas concretamente, de vez en cuando tocan a alguien con su gracia. Entonces tenemos un Homero o un Sófocles que con sus brillantes intuiciones nos deslumbran por un rato. Sí, tiene que así, como dicen estos gigantes, te dices. Y, entonces, fabricas una teoría acerca de ello. Pero nunca puede ir más allá de ser mera literatura. La literatura, el gran invento de los humanos para poder sentirse dioses por un rato. 

jueves, 25 de julio de 2024

Perspectiva.

El tener años, a poco que te pares a pensar, te da una perspectiva. Recuerdo que, antaño, la controversia política entre los partidos que se disputaban el poder tenía sobre todo una base económica. Los de la izquierda querían nacionalizar la banca y los medios de producción que ellos consideraban estratégicos. La derecha, por contra, quería privatizar las empresas en manos del Estado para así reducir en lo posible el tamaño de éste. Pues bien, todo eso se fue difuminando hasta hacerse indistinguible: la izquierda hizo sus cesiones y no habló más de nacionalizar; la derecha dejó de reclamar privatizaciones. En definitiva, la una y la otra se pusieron a chupar de la piragua, según ingeniosa expresión de los proscritos de Alar, al alimón: esto para tí y esto para mí, eso sí, con la lógica insatisfacción de quienes se están repartiendo lo robado, que siempre les parece que están saliendo perdiendo con relación al oponente. Hemos visto mil películas en las que ladrones exitosos se autodestruyen a la hora de repartirse el botín. ¡Ley de vida!

Así que, como siempre que lo antiguo se marchita, surge algo nuevo para que la farsa continúe. Ahora los trastos que se tiran los unos a los otros a la cabeza son mucho más etéreos. Repiten hasta la saciedad que su misión en la vida es salvar la democracia de las fuerzas del mal representadas siempre por los oponentes políticos. Y es que, se han polarizado tanto, que ya son incapaces del mínimo entendimiento necesario para repartirse el botín. Sencillamente, cada uno de ellos lo quiere todo para sí. Y no es de extrañar, porque solo hay que oirles hablar para darse cuenta de que su lugar natural debiera ser el cotolengo. ¿Qué sabrán ellos lo que es la democracia? ¿Cuántos de esos políticos han oído hablar de Solón y de lo que a la postre le sucedió? ¿Cuántos se han parado a leer las memorias de Thomas Jefferson?

En fin, allá cada cual con su modus vivendi. Pero que nadie se llame a engaño porque Dios castiga y no da voces. Al menos esto es lo nos repitió mil veces nuestra madre para que nunca se nos olvidase que, si la haces, la pagas sin remisión. 


miércoles, 24 de julio de 2024

Así lo quiere Dios

Me envía Santi una recreación del Templo del Monte. Es decir, el que en los viejos tiempos hubo en Jerusalén. Que haya existido una cosa así es impensable hasta para las mentes más calenturientas. Aunque por otra parte uno ve los delirios egipcios y ya no sabe qué pensar. Porque el caso es que cuando el ser humano se pone a hacer cosas el tiempo le cunde una barbaridad. Cuando pienso en el muro que construimos entre José María y yo en Bellmunt de Segarra en quince días ya me puedo creer cualquier cosa. 

En cualquier caso, pocas cosas, si es que alguna, más curiosas en la historia de la humanidad que todo lo que tiene que ver con el pueblo judío. Es tal la mezcolanza que han conseguido entre la ficción y la realidad que no es extraño que hayan dado, y sigan dando, tanto que hablar. En realidad, historia propiamente dicha de ese pueblo no sé si habrá más que lo de Flavio Josefo. Que, por cierto, salvo cuando relata lo del cuesco mortífero -casi diez mil muertes-, es bastante tostón. Los romanos tuvieron por allí muchas escaramuzas con los nativos lo mismo que las pudieron tener por aquí: las famosas guerras cántabras. Por lo demás, ya, entramos de lleno en los Evangelios con todo lo que hay alrededor de la pasión de Jesús. Pero, para entonces, los judíos ya andaban por el mundo adelante con su libro bajo el brazo. 

La verdad es que lo mejor que podría pasar es que los árabes consiguiesen expulsar a los judíos de Palestina. Y no es que se me ocurra a mí, que no otro es el pensamiento de muchos judíos ortodoxos. Y es que los judíos son para la humanidad como una especie de fermento que activa el proceso civilizatorio y por eso es conveniente que anden por ahí desparramados lo mismo que la anhidrasa carbónica anda por la sangre para facilitar los procesos que mantienen el pH equilibrado. 

En fin, si así son las cosas, será porque así quiere Dios que sean. En cualquier caso, el Libro de Libros ahí está con su declaración de obligaciones humanas que se mean encima de todas las posteriores declaraciones de derechos. ¡Derechos de qué! ¿A quién se le pudo ocurrir semejante pendejada? El ser humano, para poder convivir, solo puede tener obligaciones, las que con tanta precisión están descritas en las tablas que Moisés bajó del monte. Ahí está toda la sabiduría que se necesita para que el mundo funcione. Pero, claro, luego llega el maligno y se saca de la manga lo de los derechos y todo se empieza a joder. Ya digo, será porque así lo quiere Dios.  

martes, 23 de julio de 2024

Algoritmos

Esto de los algoritmos, o lo que sea, es cosa bien curiosa. De repente han empezado a aparecer, siempre que abro la página de YouTube, vídeos cortos en los que se ve, ya sea Reagan, ya Thatcher, exponiendo sus teorías que, como algunos de ustedes sabrán, sobre todo si fueron fervientes lectores de El País, antiguo independiente de la mañana y hoy periódico global, fueron dos seres detestables y, en el caso de Reagan, con un coeficiente intelectual rayando la oligofrenia. Ya ven, así es la vida, de todos los gobernantes que hubo hace cuarenta años parece ser que los únicos que conservan algún interés para la gente son estos dos impresentables al sentir de los forofos de El País y todo los medios de comunicación afines que, a buen seguro, son la mayoría... o, mejor dicho, eran, porque los tiempos cambian y el progre de ayer es el cadáver viviente de hoy. 

Recuerdo algunas tertulias en las que se me ocurrió alabar a estos dos personajes y contento debería estar de haber salido de allí con vida. Y ya ves, por ahí anda ahora Milei plantando cara y los del Instituto Juan de Mariana sacando pecho y solo los desesperados se atreven a contradecirles. Por cada ciudadano activo, lector de El País, hay cien que escuchan a los yuotubers de ideología liberal. No se engañen al respecto, la gente que respira está de comunismo que ya no puede más y al algoritmo de YouTube no le ha pasado desapercibido el dato. Pues venga, han dicho, que se atiborren de Thatcher, que era una madre coraje, y de Reagan que era un padrazo con mucho sentido del humor. Los precursores, o bautistas, del nuevo mundo que irremisiblemente viene. 

Me lo corroboraba el otro día la dueña de la librería de lance que frecuento. Qué está pasando, me preguntaba, que cada vez viene más gente pidiendo las obras de Homero, Cervantes y clásicos en general. Pues lo que pasa es eso, que la gente está despertando y la lucidez no soporta los sucedáneos. ¡Ya estuvo bien de literatura para chachas! De ideología con vaselina. ¡Por Dios Bendito, que aburrimiento!

En resumidas cuentas, que ando enfrascado con los Elementos de Euclides. Y cada vez comprendo más porque desde la llegada de las ideologías comunitaristas hubo tanto interés por sacar a ese libro de los circuitos de la enseñanza. Es muy complicado y no sirve para nada, dijeron los muy ladinos. Y es que para ellos la palabra nada significa el pensar de los otros. Para eso, para pensar, ya estamos nosotros, argumentaban. Cada párrafo de ese libro es una parada y fonda en el mundo de la reflexión. Todas las palabras están definidas y, ahí, es donde reside la enjundia del invento, que caes en la cuenta de hasta qué punto tu lenguaje es limitado, y tu entendimiento romo. Romo porque, normalmente, intentas razonar utilizando palabras de las que no estás seguro de su verdadero significado. ¿Cómo vas a entender un enunciado si tienes cogido con alfileres el significado de las palabras que lo componen?  

Continuará. 

lunes, 22 de julio de 2024

Veterinario Gratis

Hay un canal en YouTube llamado Veterinario Gratis que ayer colgó un video explicando lo del "bichito" de marras como nunca lo había visto hacer en español. De hecho, ya les había comentado varias veces en este blog lo de "gain of funtión" porque, por costumbre, desde tiempo inmemorial, suelo ir a las fuentes para informarme, pero, de todas formas, yo no tengo los conocimientos sobre el asunto que tiene el Veterinario Gratis que es un profesional que hizo su especialidad en el Instituto Pasteur, y por eso mis explicaciones seguramente eran ininteligibles. Sin embargo, Veterinario Gratis deja el asunto niquelado, al alcance de los profanos. 

Lo interesante de todo esto es que deja al descubierto cual es el nivel intelectual del ciudadano medio. Porque desde mi perspectiva es casi más difícil no enterarse que enterarse de lo que es el dichoso "gain of funtion", una monstruosidad se mire como se mire. Y es que se da el caso de que en el Senado de los EEUU viene trabajando desde hace tiempo una comisión que investiga tal monstruosidad, por otra parte prohibida por ley desde los tiempos de la administración Obama.

El gain of funtion, en esencia consiste en convertir en patogeno un virus que no lo es. Tu le metes una proteína que es como la llave para poder atravesar la membrana de las células humanas y si, por otra parte, tienes el antídoto de esa proteína, pues estas en posesión de un arma biológica de dimensiones incalculables. Desde luego que esa investigación está prohibida por las leyes internacionales, pero ya saben que hay gente pa to. Se llevan los laboratorios a Ucrania o a China y me paso por el forro las benditas leyes. En fin, no les digo más, porque de esto hay información por un tubo para todo el que la quiera encontrar. O, mejor dicho, para todo el que tenga interés en enterarse de en qué tipo de mundo vive... que no se crean que son muchos en contra de lo que pudiera parecer; de hecho yo apenas conozco. 

Por cierto que hoy me aparece en pantalla un vídeo de Veterinario Gratis en el que explica el alarmante incremento de enfermedades de trasmisión sexual que tienen su origen en la zoofilia... ya saben, lo de "uno más de la familia" y todo eso.    

domingo, 21 de julio de 2024

Semana Grande

Del libro de la Sabiduría: Sea nuestra fuerza la norma del derecho.

     "Se dijeron, razonando equivocadamente:

Nuestra vida es el paso de una sombra,

y nuestro fin irreversible;

está aplicado el sello, no hay retorno.

    ¡Venga!, a disfrutar de los bienes presentes,

a gozar de las cosas con ansia juvenil;

a llenarnos del mejor vino y de perfumes,

que no se nos escape la flor primaveral;

ciñámonos coronas de capullos de rosas antes de que se ajen;

que no quede pradera sin probar nuestra orgía;

dejemos en todas partes recuerdos de nuestra alegría,

porque ésta es nuestra suerte y nuestro sino.

    Atropellemos al justo que es pobre,

no nos apiademos de la viuda

ni respetemos las canas venerables del anciano;

que sea nuestra fuerza la norma del derecho,

pues lo débil -es claro- no sirve para nada."


Afortunadamente, Dios se ha puesto este año del lado de los justos, viudas y viejos que peinamos canas: hace un tiempo endemoniado y los jóvenes se van a tener que meter su fuerza por donde mejor les quepa... como yo me la debiera haber metido tantas veces para no morirme ahora de vergüenza cuando en las horas bajas me asaltan los recuerdos de mi yo más detestable. En fin, la vida, siempre se toma la revancha. ¡Y qué le vamos a hacer!





sábado, 20 de julio de 2024

La mascletá

Ayer, las circunstancias me llevaron a tener que pasar por la plaza del Ayuntamiento hacia el mediodía. Pude observar que había una cola que la daba dos vueltas. Pregunté si aquello era para vacunarse de algo, pero no conseguí que me respondiesen. Se ve que no pillaron el chiste. En realidad, la cola se dirigía hacia una caseta en la que regalaban unos pañuelos azules que anudados al cuello sirven para que todos se enteren de que andas de fiesta. Es una cosa simpática y nada más. Como lo de los sanfermines o así. 

La cuestión es que la gente está por obedecer. Da igual lo que le manden. Todo es ver una cola y no desaprovechar la ocasión. Lo que hace mucha gente, se da por descontado que es lo que mola. Así que para qué comerse el tarro. Uno, sumándose a la corriente, no se aburre. Y en eso consiste toda la ciencia de la vida, en no aburrirse. No puedo estar más de acuerdo. 

No me negarán que es bien curiosa esta manía que le ha dado a la gente por obedecer. Todo es tan sibilino que pareciera como si las cosas se hiciesen de motu propio. Pasarse la vida recogiendo cacas de perro por la calle es una decisión conscientemente tomada, lo mismo que meterse diez horas de coche cada fin de semana o cinco de bar cada día. ¿Cómo es posible que el personal se someta a semejantes tormentos si antes alguien no les ha convencido de su bondad? 

Hay quien piensa que ese alguien es la televisión. O, mejor dicho, la televisión es la herramienta que utiliza ese alguien: la oligarquía de hierro que le dicen. Los soviéticos lo llamaban la nomenklatura. Y de esa nomenclatura es de donde salió aquello que se decía cuando yo era joven: si no tienen dinero para comprarla, habrá que regalársela... la televisión, por supuesto. 

En fin, ahí andaba ayer la gente escuchando la mascletá como si fuesen valencianos, a pecho descubierto. ¡Es que es tan divertido! 

viernes, 19 de julio de 2024

Los elementos

Estaba, ayer, al atardecer, sentado en un banco del muelle del pesquero, en apacible compañía con María, contemplando a los niños que se bañaban al otro lado de la dársena, a los pescadores de caña, a los barcos que a esa hora suelen salir con su tripulación africana a faenar toda la noche... apenas intercambiábamos palabras que, por otra parte, escuchábamos como quien oye llover: es lo que tiene la costumbre que, sin que te des cuenta, te traslada a una especie de limbo del que solo te puede sacar, ya sea el dolor de huesos inherente a la exposición al relente en banco de madera, ya sea el plasta que se aproxima sonriente disimulando sus afilados colmillos, cual fue el caso que vino a amargarme la velada. ¡Uf! Menos mal que a uno la memoria le presta recursos que ayudan a relativizar. En este caso fue Montesquieu:

"En todas partes veo hombres que sin cesar hablan de sí mismos; son sus conversaciones un espejo que siempre retrata su impertinente cara; hablan de las menores cosas que les han sucedido y quieren que la eficacia con que las pintan les dé valor a los ojos ajenos; todo lo han hecho ellos, todo lo han visto, todo lo han dicho, y todo lo han pensado; son dechado universal, materia inagotable de comparaciones y manantial inexhausto de ejemplos. ¡Oh! ¡Qué insulsa cosa es el elogio que se refleja en el mismo sitio de donde sale!"

Está claro que en ningún sitio está uno a salvo de los elementos. Pero ya digo, uno con la ayuda de los amigos muertos, relativiza. Luego llega a casa, se pone confortable, agarra la Biblia, lee un rato, y retoma el sosiego para ir a descansar. 

jueves, 18 de julio de 2024

Nunca es tarde

Estaba ayer leyendo en el parque, a la sombra de un tilo, y, de pronto, caí en la cuenta de que escasamente estaba siendo consecuente con mis propósitos: el libro que tenía entre las manos, Los monederos falsos de Gide, entraba de lleno en la categoría de literatura para chachas. Que me haya tragado basura por un tubo, pase, me dije, pero que me la siga tragando, eso, ya, es de cotolengo. Decididamente, voy a leer mucho menos en lo sucesivo y siempre recurriendo a las fuentes. Quiero tener la cabeza lo menos influida posible por ideas ajenas y, por otra parte, no tengo por qué estar intentando siempre evadirme de mí mismo. 

Evadirse de uno mismo es la actitud cobarde por excelencia. Uno mismo, es la principal fuente de información que tenemos. Agarrar los pensamientos que se vienen espontáneamente a la cabeza y meditar sobre ellos es lo que ha hecho grande a la humanidad. Porque dentro de nosotros está todo. 

Así que se impone una nueva limpieza. Limpiar sobre limpio, se podría decir, porque a duras penas llegan a cincuenta los libros de mi biblioteca. Pero no: una somera ojeada me dice que ahí queda mucha basura acumulando polvo. Es una tentación innecesaria. Volver a dar vueltas sobre lo mismo para no dárselas a lo que tengo oculto bajo siete capas en mi interior. ¡Ya va siendo hora! Solo necesito la gimnasia  de la geometría para conseguir forma. Método, lógica; pensar mejor. Nunca es tarde. 

miércoles, 17 de julio de 2024

Libros

 Ayer, al mediodía, salí a dar una vuelta con la intención de sentarme en un banco del muelle pesquero a leer un rato el libro de Schopenhauer que me traigo entre manos: Pensamiento, Palabras y Música. Ya no recuerdo la de vueltas que le he dado, pero otras mil que le diese me seguiría sorprendiendo. El caso es que al llegar allí me encontré con conocidos que estaban mirando lo que se cocía en la dársena con motivo de la festividad del Carmen, patrona de los pescadores. Nos pusimos a charlar y fui gratamente sorprendido por la profundidad y agilidad mental de uno de los contertulios, un jubilado de actividades relacionadas con la pesca. Se puso el hombre a explicarle a otro que había sido profesor toda su vida las sorprendentes cualidades del número fi, el de la proporción áurea. El profesor, por supuesto, ni había oído hablar de ello. Luego, ya, entramos en honduras y ni te digo la diferencia del razonar entre uno y otro. El profesor tenía lo de la lucha de clases en el tuétano de sus neuronas, así que ya nos podemos imaginar lo que ha estado enseñando toda su vida a los alumnos. Nada, por otra parte, de lo que preocuparse, porque, sabido es que, por ley incontrovertible de la naturaleza, de profesores doctrinarios siempre salen alumnos anarquistas. Los barcos ya se habían ido a pasear a la Virgen por la bahía y nosotros resistimos un buen rato allí venga y dale. Cuando se fueron los contertulios, me senté a leer, pero no resistí mucho, porque iba con pantalones cortos y había por allí muchas moscas cojoneras... me comían las pantorrillas a picotazos... cosas de los días bochornosos.   

Sin embargo, resistí lo suficiente para recibir una llamada al orden: 

"La lectura no es más que un sucedáneo del propio pensar. Dejamos que nuestra mente, sobre andadores, siga el camino que otro va señalando. A esto se añade que muchos libros sirven solo para mostrar cuántos falsos caminos existen y cómo podemos extraviarnos si los seguimos. Pero aquel a quien el genio dirige, es decir, el que piensa por sí mismo, el que piensa libre y profundamente, este posee la brújula para encontrar el camino verdadero. 

Hay que leer tan solo cuando se seca la fuente de los propios pensamientos; lo cual sucede con frecuencia aún a las mejores cabezas. Pero desechar los pensamientos propios y auténticos, para tomar un libro en la mano, es pecado contra el Espíritu Santo. Sería como si huyésemos de la naturaleza libre para contemplar un museo de plantas disecadas o para observar bellos paisajes grabados en láminas de cobre."

Seguramente he pasado más de la mitad de mi vida pegado a los libros. Y desde luego que no por ello he dejado de hacer todas las tonterías que están en el catálogo y unas cuantas más. No sé qué de práctico habré aprendido en ellos porque ya estoy para irme y mi impresión es que  sigo más o menos igual de tonto que al empezar a tomar conciencia de mí mismo. El haber aprendido unas cuantas cosas de poco me sirve para andar con soltura por la vida. A la hora de la verdad todo mi arte ha consistido en poner en práctica aquello de que hay más honor en huir de los agravios que en vencerlos resistiendo. Siempre parapetado tras frases que sacaba de los libros. Esa ha sido la soberbia que tanto me ha limitado. 

Pero, en fin, cada uno es como es y Dios, en donde quita, pone. A mí me ha puesto lo de los libros porque me ha quitado otras cosas que todavía no he descubierto cuales son, aunque lo sospecho. Pero ésta es otra historia.