miércoles, 7 de mayo de 2025

La impertinencia

Estábamos esta mañana con la cosa de los sumerios. Un pueblo curioso que, venido probablemente del oriente, se estableció en el sur de Mesopotamia y allí resistió más de dos mil años. El caso es que, un día, excavando en lo que habría sido una de sus ciudades estado, los arqueólogos se encontraron con un montón de tablillas con escritura cuneiforme. Unas treinta mil. Por lo visto formaban parte de la biblioteca que había mandado fundar Asurbanipal, un rey muy poderoso que hubo por allí. Del desciframiento de esas tablillas y otras muchas que se han encontrado por allí, se ha podido saber que tenían un grado de desarrollo sorprendente. Como los egipcios, con los que, por cierto, firmaron el primer tratado de paz del que la historia tiene conocimiento. En definitiva, ellos y los egipcios fueron los hombros sobre los que se auparon, sin ir más lejos, los griegos, que blasonan de haberlo inventado todo y, a la postre, quizá lo único realmente suyo sea ese engendro que llaman democracia. Geometría, leyes, literatura, de todo hay en esas tablillas. Pues bien, no nos engañemos al respecto: también los sumerios tuvieron que auparse sobre otros hombros para conseguir lo que consiguieron. Y así para atrás, la historia es el cuento de nunca acabar. 

El caso es que ayer estuve entreteniéndome un buen rato con la lectura de El Curioso Impertinente, una novela que Cervantes mete de matute en medio de el Quijote. Le han criticado mucho por ello, lo cual que, como quien oye llover. Siempre hay gente que está esperando la más mínima para ponerse a denigrar al prójimo; es una forma de tratar de afianzarse tan estúpida como cualquier otra de las que no exigen esfuerzo alguno. Sea como sea, a mí esa novela me parece una joya. ¿Hasta dónde nos tiene que llevar la curiosidad? Supongo que hasta donde empiece a ser impertinente. No nos vaya a pasar como a aquel que quería saber lo que era el sol y se puso a mirarle, de resultas de lo cual se quedó ciego. Algo parecido a lo que le pasó a Anselmo, el protagonista principal de la novela que arrastró en la ceguera a todos los que le rodeaban. 

También Cervantes se aupó sobre hombros para imaginar el argumento de esa novela. Dicen que se inspiró en un personaje del Orlando Furioso de Ariosto. Yo el Orlando no lo he leído porque he escuchado muchas veces que si no lo haces en su lengua original no merece la pena. Sin embargo, encuentro en El Curioso muchas concomitancias con la historia que nos cuenta Heródoto de Candaules y Gigues, un rey y su amigo que acabaron fatal por haberse metido por medio una mujer.  Una historia viejísima que se reitera sin parar sin que por ello aprendamos por la sencilla razón de que no puede ser y además es imposible. Tira más pelo de coño que carreta de bueyes y, además, ellas lo saben.

En definitiva, que conviene resignarse a que sean los dioses los que lo saben todo. De lo contrario, podríamos ser castigados por impertinentes. 

martes, 6 de mayo de 2025

El riesgo

Ayer les decía que la salsa que sazona todas las ideologías es la pereza, pero hoy, tras comentar y reflexionar sobre ello, he llegado a la conclusión que, donde dije pereza, mejor hubiese casado cobardía. Ha sido, una vez más, Pessoa el que me ha echado una mano. La ideología es el escudo que nos ponemos delante para defendernos del terror que nos da enfrentarnos con nosotros mismos. Una batalla, esa, que, si decides librarla, durará toda la vida y nunca podrás ganarla. Pero, al menos, mientras estés en el fragor de esa batalla no te subirás a la chepa del prójimo para joderle la vida, cosa que, a la postre, es a lo más que podemos aspirar. 

Para mí que la cobardía y la pereza son primas hermanas. Es difícil distinguir donde termina la una y comienza la otra. En cualquier caso, cada vez estoy más convencido de que la mezcla de esos dos pecados capitales es el destilado inevitable del marxismo cultural, es decir, esa trampa saducea que promete protección a cambio de ceder libertad. ¿Libertad, para qué?, dijo Lenin, uno de los sanguinarios padres del invento. Te quito la libertad -¡tú, hijo, algo seguro!, gritan los padres a los hijos-, y te protejo contra ti mismo que, aunque   no lo sepas, es lo que más temes.

¿Dónde quedó aquella edad dorada en la que los padres educaban a los hijos para el riesgo? El que no se arriesga no pasa la mar, se decía por entonces. ¿Cuántas veces han escuchado esa frase en los últimos años? En fin, para que continuar, putos vagos, putos cobardes... arremolinados todos por las noches en los bares de copas en busca del soma que les permita olvidar por rato lo mierdas que son.  

lunes, 5 de mayo de 2025

Pereza

Mi hermano era un buenazo simplón y eso le costó la vida. Era jefe de un servicio médico en un hospital clínico de una gran ciudad y tenía una consulta privada que iba de maravilla, pero, ¡oh, desgracia!, le dio por ser un furibundo socialista. Para mí que fingía para vivir en armonía con la familia con la que había entroncado por matrimonio que era gente que estaba muy alta en el escalafón de la mafia política. Así es que, por lo que pude enterarme, tuvo mucho conflicto desagradable en su puesto de trabajo por la cosa ideológica. Aunque, seguramente, el gran conflicto lo tenía consigo mismo por pasarse la vida mirando la berza y cogiendo el tocino. Andaba por los sesenta cuando empezó con problemas de movilidad que fueron diagnosticados erróneamente por médicos socialistas, bien sure. Cuando la enfermedad real se hizo manifiesta, ya no tuvo solución: murió antes de llegar a los setenta. Siempre he sospechado que fue una enfermedad propiciada por el sufrimiento sordo propio de quien vive en contradicción consigo mismo; estaba educado para ser un hombre honesto, así que ¿cómo iba a poder compaginar la ideología que defendía con sus aspiraciones personales? Es terrible querer soplar y sorber a un tiempo. 

Me he acordado de esto porque ayer tuve la desgracia de verme envuelto en una conversación en la que una de las intervinientes sacaba a relucir su ideología socialista sin venir a cuento ni una sola de las veces que lo hizo. Como mi hermano, la tal señora, es de las que siempre coge el tocino; la berza yo creo que ni la mira. En definitiva, una tipa tóxica que me dejó el cuerpo de tal forma que he dormido fatal. Ya le he dicho a María que no me lleve a pasear por el centro porque es muy difícil no encontrarse a alguien que te dé la vara. Y yo, para dormir bien, necesito tener sosegado el espíritu, lo cual consigo paseando por el barrio escuchándola como quien oye llover y luego haciendo solitarios mientras escucho música. 

El caso es que esta mañana, en mi rutinario paseo por YouTube, mi vista ha caído sobre el título de un video: ¿es la ideología socialista una enfermedad mental? Por supuesto que no me he parado a escuchar los argumentos del autor del vídeo, porque va de soi: ¿qué otra cosa puede ser la adscripción a una ideología que una enfermedad mental? Nadie en su sano juicio engloba en cuatro conceptos manidos la inabarcable complejidad de la condición humana. El ser humano va haciendo según las circunstancias se presentan y las leyes no escritas del cielo le permiten. Todo lo demás es ponerle la mano sobre la horcajadura, que decía Don Quijote o, tocarle los cojones, como dice Clint Eastwood. 

En definitiva: ¿qué es una ideología?, pues mi sencillo, un cóctel de pecados capitales; en una predomina más la envidia y el rencor, en otras la soberbia y la avaricia, pero la salsa que sazona a todas ellas es sin lugar a dudas la pereza. Hablábamos ayer del simbolismo en la literatura y decía la socialista: a mí solo me interesa el realismo. Pues lee El Quijote, le dije, que es el libro más realista que existe. Ya, me contestó, lo he intentado cuatro veces y no he podido; me aburre. ¡La dichosa pereza!

domingo, 4 de mayo de 2025

Sostenible y responsable

Ustedes se hacen una idea de qué proporción de la economía global se fundamenta en la promoción del mal. Seguramente, si nos parásemos a estudiar esa proporción quedaríamos estupefactos con los resultados obtenidos. En cualquier caso, para comenzar ese estudio habría que definir primero en qué consiste eso que llamamos mal. Desde luego que hay un mal grosero que no necesita discusión para ser definido como tal; es, simplemente, la transgresión de las leyes que Moisés bajó del monte. Pero, también, está ese mal difuso del que no somos conscientes hasta que con el paso del tiempo sentimos vergüenza de nosotros mismos por haberle practicado. Uno se ha dejado arrastrar mucho por las modas en un desesperado intento de afianzarse, sin caer en la cuenta de que las modas son una trampa saducea que te pone el demonio para que calmes el espíritu sin necesidad de esfuerzo; es decir, un imposible metafísico. No quiero ni pensar todo lo que habré ofendido a los dioses por seguir las modas del momento; empezando por el despilfarro de tiempo y dinero, una de las cosas que más les ofende. 

Pues sí, las modas, son una promoción del mal que hace el demonio por intermedio de los comerciantes. En el siglo de oro español había un dicho que ya ha tenido buen cuidado el diablo en hacerla desaparecer: De balde compra, el que compra lo que ha de menester. Y ese es el punto de esta espinosa cuestión, que el ser humano ha menester de muy pocas cosas de las que se compran con dinero. Por todo lo demás que compramos con la sola finalidad de buscar consuelo a nuestra desesperación lo pagamos en demasía... sobre todo en forma de frustración, cuando no en remordimiento. 

Ayer por la tarde quiso María que fuésemos hacia el centro de la ciudad; no había dado muchos pasos antes de que empezase a sentir malestar y decidiese volverme a casa. No hay cosa más siniestra que una ciudad abarrotada de ociosos tratando de matar su angustia consumiendo como posesos. No lo puedo soportar porque me recuerda a mí mismo participando de la ordalía y se me revuelven las tripas. ¡Pero como pude...!

En fin, la sociedad de consumo, el triunfo absoluto del mal, el fin de los tiempos... sostenible y responsable que le dicen. 

sábado, 3 de mayo de 2025

La ultraderecha

 


En Alemania hay un partido al que todos los demás partidos se han apresurado a tildar de extrema derecha. Curiosamente es un partido liderado por una mujer que blasona de ser lesbiana. Y, dato sorprendente, está a la cabeza de intención de voto en todas las encuestas. En realidad, no es más que un partido conservador que ha puesto pie en pared a las políticas que dicen globalistas, pero que en realidad son marxistas, fascistas o como quieran llamar a ese delirio que consiste en aquello que decía Mussolini: todo dentro del Estado, nada fuera del Estado. Hoy día, en Europa, hasta para cagar tienes que presentar una instancia ante la correspondiente autoridad administrativa. Ni siquiera puedes tener gallinas sin haberlas registrado previo pago de la mordida estipulada por la mafia a tal efecto. 

Lo bueno del caso es que el establishment alemán, es decir, los chorizos que gobiernan desde que terminó la segunda guerra mundial, han decidido abrir procedimiento para ilegalizar a ese partido que está a la cabeza de las encuestas. O sea, que con tal de no perder el chollo están dispuestos a dejar fuera del sistema a un 26% de la población. Así, tal y como suena. Sin duda, han perdido la cabeza, lo cual no quita para que hayan mandado a su fiel policía a que repartan entre la población musulmana las mismas hostias que hace cuatro años repartían entre los que no se querían inyectar la pócima venenosa.   

En realidad, en todos los países de Europa ha emergido con fuerza un partido de similares características conservadoras. Es la reacción lógica de la ciudadanía ante unas élites políticas chorizas, horteras y, ante todo, ignorantes. Es acojonante ver a toda una vicepresidenta de España embolicarse con una explicación estadística de primero de primaria. Es que no hay explicación posible a que esa gente haya podido hacerse con el poder. Tiene que ser por un milagro como el de los panes y los peces.  

Afortunadamente, por razones que se me escapan, el único sector que ha dejado esta clase política con una cierta libertad de movimientos ha sido el de la producción de alimentos. Gracias a eso, los supermercados están abastecidos. Si no lo estuvieran ya habría estallado la guerra civil, porque el resplandor de los cuchillos se insinúa tras cada esquina. La lucha por el modus vivendi a costa de los pocos que trabajan es a degüello. Por cada trabajador productivo hay tres funcionarios... más o menos. 

Y en esas estando, ¿qué es lo que necesita una sociedad para cohesionarse? Muy fácil, señalar un enemigo. El caso es dar con el enemigo correcto. La clase política putrefacta señalo primero al virus, luego a Putin... de nada les sirvió. La clase política emergente ha dado en el clavo: los musulmanes. La gente en general está hasta el gorro de ellos y no faltan razones. Por cierto, que hay por ahí vídeos que dicen que está habiendo conversiones de musulmanes al cristianismo en masa. Claro que también los hay en el sentido contrario. Sabe Dios.
  
En cualquier caso, es evidente que se extienden como un reguero de pólvora por las ciudades europeas las reyertas entre musulmanes y cristianos. Por así decirlo, ha comenzado la segunda reconquista de Europa. Y con la guerra, los nuevos liderazgos. Ya les tenemos aquí, los que los corruptos llaman de extrema derecha; es evidente que ya no cuela.

En fin, es lo que hay.                                                                                                                

viernes, 2 de mayo de 2025

C´est quoi cette merde?

Lo que llaman ciencia psicológica no es, en realidad, otra cosa que un retorcimiento del lenguaje para que la cosa quede entre los iniciados. Pero no se engañen al respecto; no hay nada nuevo en esa seudociencia: todo lo que presume haber descubierto ya estaba expresado en los textos clásicos. 

Escuchaba hoy a una señora francesa, con el desparpajo que caracteriza a los de esa nacionalidad, que lo que pasa en el mundo actual es que hay una epidemia de disonancia cognitiva. C´est quoi cette merde? El lenguaje común tiene mil expresiones que todo el mundo entiende para definir lo que los psicólogos llaman disonancia cognitiva con la finalidad de que la gente les necesite a ellos para aclarar las cosas. Es el truco del almendruco. Ya en el colegio los niños teníamos perfectamente catalogada esa entidad nosológica: cuando nos parecía que alguien la padecía decíamos que "tenía la picha hecha un lío". Otra forma muy típica de denominarla es a la que hace referencia el título de este blog: mirar la berza, pero coger el tocino; es un refrán que utilizaban mucho los romanos y que nos pasaron a las lenguas romances. 

El caso es vivir diciendo una cosa, quizá porque se piensa que es la correcta, y haciendo otra, porque quizá es la que te conviene o, simplemente, te apetece. ¡Imagínense lo nuevo que es todo eso! ¿Qué es eso que llaman ideologías sino aceptar de forma más o menos consciente -en función del grado de sinvergonzonería- esa entidad nosológica? No hay ideología que no esté concebida para que, so capa de recto proceder, hacer lo que te viene en gana. Nunca he conocido a gente más sinvergüenza que la que blasona de adherencia a cualquier ideología. 

En definitiva, llámenlo como lo quieran llamar, pero nunca será otra cosa que querer vivir en la ficción en el intento siempre fallido de escapar a la realidad. Es la máquina de la angustia, ansiedad o como le queramos llamar al vivir emputecido. Y les voy a decir una cosa por si todavía no la saben: la Biblia, ese libro que algunos piensan que es para creyentes, en realidad no es otra cosa que una machacona insistencia en lo que les acabo de decir, que querer huir de la realidad es sinónimo de emputecimiento. La realidad, es decir, las leyes no escritas del cielo: todo el mundo las lleva gravadas a fuego en su conciencia.  

jueves, 1 de mayo de 2025

Qué nadie entre aquí

 



Dejada a un lado la música, pocas cosas me calman tanto el espíritu como enfrentarme a un acertijo como el que les muestro en la foto. Parece que te dan pocos datos: el ángulo recto en D y el 7 que es la longitud de la cuerda. Te piden calcular el área del rectángulo verde. La realidad es que hay ahí un montón de datos que una vez descubiertos hacen que el acertijo sea cosa de niños. 
  
Digamos que este acertijo es como una metáfora de la vida: nuestra mirada inexperta a duras penas capta cuatro detalles de lo que tiene delante. Para ver algo más se necesita cultivar el intelecto. Cultivar el intelecto es lo que da enjundia a la vida. Cada cual lo hace a su manera, pero no se dejen engañar por el marxismo cultural: sin sacrificio no hay cultivo que valga. Esa es la dura realidad, que solo el sacrificio ensancha los límites de la mente; esto es algo que seguramente ya sabían los hombres de las cavernas.

Ensanchar los límites de la mente quiere decir hacerse consciente de cuan poco ves por comparación a lo que hay cuando miras algo. Esa conciencia de ceguera es la que salva de la estupidez. 

La conciencia de ceguera es el privilegio de los sabios. Los demás la podemos tener a ratos, pero de inmediato se nos escapa a la primera de cambio que nos queremos afianzar. Entonces empezamos a decir tonterías, una detrás de otra, creyendo que somos dioses. Lo más probable es que el concepto de dios fuese una creación de los primeros sabios para calmar la angustia que les producía  su conciencia de ceguera: imaginar a alguien que viese por ellos y al que poder encomendarse.

En cualquier caso, resolver acertijos geométricos es una gimnasia que se viene recomendando desde la noche de los tiempos. Los Elementos de Euclides, el segundo libro más leído según dicen los entendidos en la materia, es, precisamente, un manual para poder realizar esa gimnasia con método. En resumidas cuentas: ¡que nadie entre aquí si no sabe geometría! 

miércoles, 30 de abril de 2025

La mayonesa de Homer

 Ayer España estaba convertida, como no podía ser menos, en un nido de ingenieros de la cosa eléctrica. En YouTube había miles de vídeos tratando de explicar los detalles técnicos que estaban en el origen del apagón. Me entretuve en ver unos cuantos y el único inteligible fue el de HRom, ese chico de Castro Urdiales que es ingeniero industrial y se dedica a divulgar ciencia. El resto daba risa, porque se veía a la legua que estaban hablando de lo que no sabían. Ya lo decía Feynman, que si quieres saber si sabes algo, explícaselo a un niño y, si el niño no lo entiende, es la prueba fehaciente de que no sabes lo que crees saber. Sin duda, todos esos youtubers que intentaron explicarlo, no se lo habían explicado antes a un niño para cerciorarse de sus capacidades pedagógicas. En fin, todo muy humano. 

Yo no entiendo por qué le dan tantas vueltas al asunto cuando la cosa está más clara que el agua que baja de los glaciares fundidos. Hay mil ejemplos en la historia de la humanidad. No hay que remontarse mucho; simplemente acuérdense de Chernobil. Todos los regímenes autocráticos sufren un proceso que va del entusiasmo inicial a la corrupción absoluta. Pasó en la Unión Soviética y está pasando en la Comunidad Europea, que mal que le pese a la gente es tan soviética como la que más. Todo está controlado por un poder corrupto que eleva a puestos de la máxima responsabilidad a porteros de discoteca. Y los ministros hacen fiestas con putas en los Paradores Nacionales al más puro estilo Brézhnev.

Pues sí, señoras y señores, todo se quedó en un susto con algunos daños colaterales; uno de los tantos toques de atención con los que se va preparando a la población para la llegada del Putin de turno. O el Bukele. O el Milei. O el mismísimo Trump. Alguien con visos de regenerador: mano de hierro más o menos enguantada de seda. Ese es el asunto, que los chavales que vienen empujando tienen añoranzas de cuando las misas se decían en latín y no les importa pasarse el fin de semana viajando para ir a escuchar una a cualquiera de los pocos lugares en donde todavía están permitidas muy a pesar del Papa peronista que las quiso extirpar de raíz. 

Sí, señoras y señores, ¿es que puede haber algo que anuncie mejor un fin de ciclo que la existencia de un Papa peronista? Un Papa que al morir ha dejado un reguero de desconsuelo entre las élites comunistas del mundo. Y es que no es para menos, porque ya se estaban viendo ellos celebrando sus fiestas con putas bajo el baldaquino de Bernini o en la mismísima Capilla Sixtina. ¡Su gozo en un pozo!

En fin, nada de particular, a Homer Simpson, se le cayó la mayonesa de la hamburguesa encima de los manómetros de la sala de control y no se pudo percatar de que la cosa iba a saltar. Eso fue todo. 

martes, 29 de abril de 2025

Zombis

Ayer pasó lo que pasó; hoy todo son especulaciones. Supongo que hubo perjudicados. Por lo visto, hay un aluvión de reclamaciones a los seguros. A los seguros les da igual; el año que viene suben las cuotas a los asegurados y aquí paz y después gloria. Sin embargo, el suceso, que habrá sido lo que haya sido, que para el caso da igual, seguro que le ha servido a más de uno para hacer unos cuantos pensamientos acerca de la fragilidad del sistema en el que nos sustentamos. De hace dos siglos para acá, los individuos no hemos hecho otra cosa que perder habilidades esenciales a cambio de ganar otras que nos obligan a ser dependientes de la colectividad y mil cachivaches para poder ponerlas en valor. 

He pensado muchas veces que aquellos locos camboyanos llamados jemeres rojos o algo así, no iban muy descaminados: mataban a todos los que tenían estudios. Esto que llamamos progreso, a lo mejor no es más que regreso a la barbarie. Convendría pararse a pensar en tal posibilidad. Y es que cada día que pasa vemos a la humanidad que se dice ilustrada realizando mayores actos de soberbia; ahora se dedican a echar mierda en el cielo desde aviones para, según ellos, cambiar el clima... sin encomendarse a Dios ni al diablo... como cuando lo de la vacuna de marras. 

Oía decir el otro día a un tipo que el fin último de la sociedad industrial es la extinción de la especie humana. No me extrañaría nada que tuviese razón. Porque a la vista está que cada vez somos más inútiles. Yo lo veo por mí mismo: lo que yo sé hacer comparado con lo que sabía hacer mi padre es de risa. Bueno, sí, yo hago muchas cosas que él no sabía hacer, pero, para hacerlas, necesito mil ortopedias; a la que falta una te conviertes en un discapacitado. Y esa es la cuestión, que cualquier loco puede poner las ortopedias que usamos patas arriba y, de inmediato, quedamos convertidos en una sociedad de zombis. 

Por estas cosas es que me paso las horas muertas viendo trabajar a Grandpa Amu; es increíble las cosas que llega a hacer con un serrucho como el que usaba San José, mientras sus nietos corretean alrededor. A menos ortopedias, mejor cabeza. Imagínense como va a dejar las cabezas el uso de eso que llaman inteligencia artificial... aunque, a la vista de lo que hay, no sé si a la inmensa mayoría le quedará todavía algo que empeorar.     

lunes, 28 de abril de 2025

La imbecilidad

Hace ya años que les contaba acerca de un funeral de Estado en la basílica de Notre Dame de París. No era por un presidente de Francia, pero decían que porque no había querido, porque durante muchos años había sido el que había movido los hilos desde la sombra. En cualquier caso, del Presidente para abajo no faltaba nadie en aquel acontecimiento que estaba presidido por una pareja: ella, la esposa legal ante Dios y los hombres; él, el amante con el que había compartido cama casi toda la vida. Por así decirlo, aquello era dar carta de naturaleza a algo que durante toda la historia de la humanidad se había venido considerando como algo antinatural. Algo que va contra las leyes no escritas del cielo. 

Recuerdo esto porque hay circulando por ahí una serie de vídeos en los que se asegura que la tal Brigitte Macron, en realidad es Brigitto Macron. Y desde luego que algo raro tiene esa mujer, o lo que sea, porque uno ya no se cree nada. Que esa es la gran cuestión de este momento histórico que estamos viviendo, que han sido tantas las mentiras descubiertas que ya no te puedes creer nada. Es como si fuese una táctica de poder -eso sostenía Hannah Arend-; si mantienes a las poblaciones carentes de verdades en las que apoyarse las puedes manipular a tu gusto. 

Ayer me tomé la molestia de escuchar un discurso pronunciado en 2018, en Francia precisamente, por el cardenal Robert Sarah, uno de los adalides de la tradición dentro de la Iglesia católica. Un discurso que trataba, principalmente, sobre derecho natural o, como decían los griegos, y a mí me gusta más, leyes no escritas del cielo. Me tocó mucho en lo más hondo, porque, servidor, siguiendo las corrientes dominantes de la época, se dedicó a pasarse en gran medida todas esas leyes por el culo, que, no por otra causa es que, a estas alturas, el sentimiento que predomina dentro de mí es el de vergüenza... y no tanto por las tropelías cometidas, sino, más bien, por la conciencia de imbecilidad que me provoca el haber tenido que apoyarme en las modas del momento para afianzarme. ¿Puede haber algo más miserable? Y también más humano. 

Toda la historia de la humanidad es un puro homenaje a la imbecilidad. Creyéndose que para ser como dioses lo único que hay que hacer es saltarse esas leyes no escritas. Incapaces de aprender de la experiencia. Precisamente, ayer por la mañana me decía un contertulio que ya había dado con la frase que resume toda la Biblia: "al final siempre llega Paco con la rebaja". ¡Ay, si hubiese hecho un poco más de caso a mis mayores!

domingo, 27 de abril de 2025

La ira de Dios


El 7 de octubre de 2023, por la tarde, los gazaties salieron a la calle a bailar para celebrar la matanza de judíos que acababan de cometer por la mañana. Hay que tener mucho cuidado con las celebraciones porque la gente se calienta y mira como lo deja todo. En cualquier caso, Ala sigue siendo grande y Mahoma sigue siendo su profeta.

Los gazaties, como tantas otras tribus semitas, se han repetido entre ellos tantas veces la opinión de que los judíos, otra tribu semita, no tienen derecho a estar donde están, que han acabado por fabricarse una convicción. Alguna vez, me pregunto yo, se habrá parado algún gazatie a preguntarse por la razón de la sinrazón que a su razón se hacen ellos mismos. El problema, diría yo, es que es muy difícil pararse a pensar cuando se vive hacinado y de la caridad de los puros de corazón. Desde luego que habría que hacer un monumento a los gazaties por todas las oportunidades que dan a los puros de corazón de dar rienda suelta a sus impulsos. 

Un puro de corazón es alguien que hace el bien sin mirar a quién, lo cual, así, a primera vista, suena de lo más lindo, pero, a la que te paras a pensar un poco, de inmediato caes en la cuenta de que es un error fatal. Acuérdense de aquella película de Buñuel llamada Viridiana. ¡No, no es tan fácil ser bueno como te lo pintan en la catequesis! Hacer el bien exige el conocimiento de las matemáticas por lo menos. Pero, claro, se te dan mal las matemáticas y corres a apuntarte en una ONG... así te parece que compensas tus carencias. 

El caso es que asesinar a 1200 y secuestrar a otras 250 personas que estaban descansando de sus fatigas a la orilla del mar no es algo que Dios vaya a pasar por alto. Entonces, dejaría de ser Dios... porque si por algo lo es, es, precisamente, porque su justicia es implacable. Y, entonces fue, y se tomó la justicia por la mano de los familiares de los asesinados. ¡Pues qué esperaban que fuese a pasar! Es que el famoso Corán no les advierte de que hay que pensárselo dos veces antes de tomar una decisión. El Libro de los judíos no para de recordarles lo importante que es esa precaución: prudencia y sabiduría, todo es una y la misma cosa

En cualquier caso, no acabo de entender por qué los judíos insisten en querer vivir en Palestina. Cuando uno busca casa lo más importante es el vecindario. Eso lo debieran saber ellos que han andado toda la historia de aquí para allá. Aunque también es verdad que, como te vaya bien, casi todos los vecindarios son malos... empiezan por la envidia, siguen por el rencor, dan en el odio, y acaban en la masacre. ¡Todo tan humano!

Bueno, he oído decir que millones de judíos se están yendo de Palestina. No sé si será verdad, pero, en cualquier caso, no sería novedad. 

sábado, 26 de abril de 2025

Erudición, conocimiento y sabiduría

"No hables a oídos del necio porque despreciará la prudencia de tus razones." 

Sacábamos a colación esta mañana Los Proverbios. Llevamos días con el tema. Aunque mejor sería decir años. La correosa cuestión del saber diferenciar lo que es erudición de lo que es conocimiento y, ambos dos, de lo que es la sabiduría. 

Simplificando, decíamos ayer: erudición es acumular ladrillos. Conocimiento, saber hacer una casa con esos ladrillos. Sabiduría, en vez de una casa, una catedral. 

Para Ortega la erudición es masas torrenciales de hechos carentes de unidad de sentido. Buscar la unidad de esos hechos, dice, es la filosofía, a la que llama ciencia. La erudición, entonces, sería, los extrarradios de la ciencia. 

Para el profesor García Maestro, la erudición es "el infinito en una yerba": basura mental en definitiva. La sabiduría, el realismo del Quijote. 

La versión moderna del asunto que más me gusta, es, una vez más, la de Pessoa:

"Hay una erudición del conocimiento, que es propiamente lo que se llama erudición, y hay una erudición del entendimiento, que es lo que se llama cultura. Pero hay también una erudición de la sensibilidad.

La erudición de la sensibilidad nada tiene que ver con la experiencia de la vida. La experiencia de la vida no enseña nada, lo mismo que la historia nada informa. La verdadera experiencia consiste en restringir el contacto con la realidad y aumentar el análisis de ese contacto. Así, la sensibilidad se ensancha y profundiza, porque en nosotros está todo; basta que lo busquemos y lo sepamos buscar." 

En cualquier caso, es difícil dar pasos más allá de donde llegó el Libro de la Sabiduría. Ahí queda el tema niquelado. Sabiduría es prudencia y temor de Dios. Lo uno por lo otro y viceversa. Es la conciencia permanente de nuestras insalvables limitaciones. Por mucho que estudies, nunca llegas a saber nada de lo que realmente importa... y, aquí, en la ignorancia de esta verdad incontrovertible, es donde está la madre de todas las desgracias de la humanidad: cuando el estudio se conjuga con la necedad, realidad harto frecuente, la soberbia brota como por ensalmo y, como respuesta a ella, la ira de Dios. En esto ha consistido mayormente toda la historia de la humanidad. En fin, ¡y qué le vamos a hacer!    

viernes, 25 de abril de 2025

Enuma Elish

De mis conversaciones mañaneras extraigo conocimientos que me dan para mucha sabrosa cavilación. Una amistad, decía Pla, si no te enseña nada, mejor déjala. Y es que la vida sin aprender es, como dice un proverbio chino, no vida; un aburrimiento mortal. Sea como sea, el caso es que con esas conversaciones he tenido conocimiento de que hay una cosa llamada Enuma Elish. Es un poema babilónico en el que se relata la creación del mundo. Ayer pasé un buen rato echándole una primera ojeada. 

Todas las civilizaciones han necesitado para sustentarse de un relato que les de una explicación de quiénes son, de dónde vienen y cómo empezó todo esto. Hasta los proscritos de Alar se tiraban horas, mientras paseábamos por los bosques, discutiendo aspectos del Génesis judío. Como le daban un sentido literal se empantanaban en lo que para ellos eran incongruencias. Siempre concluían dándose la razón los unos a los otros sobre la imposibilidad de la existencia de Dios. Ellos estaban en la onda de los tiempos: su particular teogonía era la creación del Estado encarnado en su hija predilecta, la Pensión. La liturgia de su religión consistía en ir todos los fines de mes a retirar el dinero de la pensión del banco. 

El caso es que lo poco que he leído del Enuma Elish me ha servido para confirmarme en la idea de que todo se hace en este mundo aupándose sobre los hombros de los que nos precedieron. En el Enuma está el embrión del Génesis judío y de la Teogonía de Hesíodo: la necesidad de poner orden en el caos, que es el principio de todo. 

Eso son las religiones, el intento de poner orden en el caos. Por eso es que cuando se tiene la sensación de caos, cual pudiera ser el momento que estamos viviendo, hay una desbandada hacia los templos. Ayer escuchaba un programa de la televisión francesa Tocsin en el que se analizaba precisamente ese fenómeno que se está dando en Francia en particular y en todo el mundo en general. Y, caso curioso, la desbandada es fundamentalmente de los jóvenes hacia los templos católicos tradicionales, es decir, que conservan el misterio. El misterio de la encarnación. Fíjense cómo andarán las cosas, que el otro día en ese resort de lujo que tiene Donald Trump en Florida organizaron una eucaristía por todo lo alto. Parece ser que Donald ha comprendido que la predestinación protestante es el problema y el libre albedrío católico la solución. Sin libre albedrío, ni tiene sentido el juicio final, ni, ni siquiera, el código penal. 

En fin, qué interesante es todo esto que está pasando desapercibido para las masas alienadas por la predestinación protestante, devenida en marxismo cultural. Poco a poco se va despertando del mal sueño para volver a por donde se solía, es decir, al temor de un Dios misterioso e implacable. No, no hay ese paraíso posible en la tierra que nos vienen prometiendo desde hace siglos los idólatras... un lamborghini, convénzanse, no es más que un montón de chatarra.  

jueves, 24 de abril de 2025

El Papa Montonero




Recuerdo que en el colegio, cuando andábamos por por los trece o catorce años, solíamos recitar tal que así: un Papa en un tiempo muy lejano/ se llevó una puta al Vaticano/ la puta no se andó en contemplaciones/ y le pegó unas tremendas purgaciones. Moraleja: aunque el Papa es infalible con la boca/ con la polla a veces se equivoca. 

Eran mediados los cincuenta del siglo pasado y aunque el clericalismo oficial parecía estar en su apogeo -misa diaria y cosas por el estilo- la realidad era bien diferente: cierta clase media, la medianamente ilustrada, estaba hasta el gorro de aquella pantomima y, aunque no lo verbalizase directamente, se les notaba en el humor y eso los críos lo captábamos al vuelo y actuábamos en consecuencia.  

Y de aquellos polvos, los lodos que mi generación arrastró a todo lo largo de la vida. Interesarse por las cosas de Dios era lo más cutre a lo que uno se podía dedicar. Andaba ya por los cuarenta, cuando, a causa de estar leyendo por entonces el Dr. Faustus de Mann, caí en la cuenta de que las cosas podían ser de otra manera: el protagonista de la novela estudiaba teología. No tardé en comprar una Biblia. Luego, ya, mis percepciones, en lo que respecta a lo sagrado, fueron muy diferentes. No es que me hiciese creyente, pero dejé de blasonar de agnóstico. Leyendo a la Zambrano, comprendí algo de la enjundia que tiene todo eso de lo sagrado y lo divino. Desde luego que ya no me río, sino que, más bien, observo con mucha curiosidad todo lo referente a las religiones y sus liturgias, y es que me he dado en la cuenta de que, quizá, lo más importante de esta vida es la relación que tenemos con lo divino; al respecto, cada cual hace de su capa un sayo, pero nadie escapa a esa necesidad y, los que  menos escapan, son esos que presumen de ateos, o agnósticos, que suena más fino, y que en la realidad son creyentes talibánicos de religiones infantiles de las que ha sido expulsado todo atisbo de misterio y todo encaja como en un puzle, ya digo, para niños... se mueren de aburrimiento. 
 


llegaste a tu destino


Les cuento estas batallitas a propósito de la muerte del Papa Montonero. Un hombre que siguiendo la moda de la época no aprendió a diferenciar lo que se le debe a Dios de lo que se le debe al Cesar. Para él, Dios y el Cesar estaban mezclados en un batiburrillo llamado Estado. El Estado protector que todo lo iguala. El aburrimiento, o la tristeza, institucionalizada.. y ali
viada por el amor de un perro. Al final el hombre tuvo su merecido: llegó a su destino en un papamóvil cortesía de los laboratorios Pfizer... les ayudó mucho a vender vacunas. 

miércoles, 23 de abril de 2025

La prueba

Andábamos esta mañana a vueltas con la teoría de la prueba. Alguna vez les he comentado que, allí, por los setenta del siglo pasado, cuando todos estábamos llenos de verdades de pacotilla, conocí a un tipo curioso -se pasaba los veranos leyendo en una torre de vigilancia en medio del bosque- que, a todo lo que le decían contestaba invariablemente con un: ¿en qué te basas? 

¿Se imaginan lo que serían las relaciones humanas si esa pregunta estuviese en el centro de todas nuestras conversaciones? Sería el fin del babardeo, del hablar por hablar haciendo correr a las suposiciones como si fuesen hechos probados. Decía el filósofo que, una convicción no es más que una opinión repetida muchas veces. 

Es muy difícil demostrar en la mayoría de las ocasiones que lo que dices es verdad. Nunca olvidaré la satisfacción que me produjo, cuando era niño todavía, el poder demostrar que la suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa. Ahí, haciendo rayas sobre la hoja en blanco, llegas a una demostración incuestionable. Luego, ya, de mayor, cuando me puse a estudiar matemáticas, comprendía que el gran placer era deducir las fórmulas o teoremas por ti mismo. Cosas sencillas, elementales, como pudiera ser la fórmula de la ecuación cuadrática, o la de la elipse, tienen para el principiante una enjundia endemoniada. Cuando, por fin, das con ellas, tienes un subidón, y es que, no es para menos, porque en muy pocas ocasiones le es dado al ser humano demostrar que lo que dice es una verdad incuestionable. De hecho, el contenido de todos los libros de Euclides son demostraciones incontrovertibles de que lo que se dice es verdad y, de ahí, que haya sido el libro más leído de la historia de la humanidad después, claro está, de la Biblia, que es el libro de las bellas suposiciones por antonomasia. 

Es muy importante tener siempre presente en el pensamiento lo que va de la suposición a la verdad demostrada. Quizá la progresiva conciencia de esa diferencia es lo que nos hace prudentes y nos distancia de nuestros semejantes. Al final llegas a la casi convicción de que la soledad es lo único que previene contra el sentimiento de ridículo. Y no es que uno no comprenda que no se puede vivir sin suponer. Suponer es como respirar: lo hacemos inconscientemente y, lo terrible del caso, es que nuestras suposiciones están mayormente inspiradas por lo que los ingleses llaman wishful thinking, es decir, ilusiones surgidas del deseo. Esa es nuestra gran desgracia, que somos una máquina de autoengaño y necesitamos pegarnos miles de batacazos para espabilar un poco... en el mejor de los casos.