martes, 4 de noviembre de 2025

The Covid Index


Perdonen que insista, pero es que, en mi opinión, hasta que no salga a la  luz toda la verdad, y nada más que la verdad, de lo que pasó hace cinco años, será imposible que el mundo sosiegue, y no por nada, sino porque empeñarse en vivir en la ficción es la madre de todos los desastres. Ya sé que son mayoría los que piensan que lo que estoy diciendo es paranoia; que lo que pasó hace cinco años fue que hubo una pandemia que las autoridades políticas, de la mano de los laboratorios farmacéuticos, la solucionaron divinamente... y aquí paz y después gloria. Pues no, en mi opinión, y en la de muy bien amuebladas cabezas, no hubo tal cosa como una pandemia, sino, más bien, un ensayo a la desesperada de someter a las poblaciones por medio del miedo... algo muy viejo, por cierto, por más que la utilización de las nuevas tecnologías para encubrir el engaño lo hiciera parecer novedoso. En realidad, fue todo tan burdo que no es extraño que la masa amorfa no quiera saber nada para evitarse así reconocerse en lo que realmente es: masa amorfa. Porque, digamos, aquello, sin proponérselo, fue un test de lo que cada uno era y es... la verdad es que me llevé muchas sorpresas y aún hoy es el día en el que todavía no he salido del asombro. 

Pero, como dice la sentencia, no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. Y en estos cinco años, que se diría de vagar por el desierto, la verdad se ha ido organizando silenciosamente y, ya, está empezando a dar sus frutos: The Covid Index es uno de ellos. Ustedes pueden acceder a ese portal y ver todos los artículos referentes al asunto de marras que, desde el primer día, el poder en curso censuró. Y esa es la cuestión, que no puede haber prueba más fehaciente del engaño que la censura. Hasta el más tonto de la clase sabe eso y, sin embargo, coló por la única y sencilla razón de que el mundo está lleno de los más tontos de la clase... así que, allá cada cual con su conciencia, pero que nadie se llame a engaño porque a todos, por aquellos días, se nos vio el plumero y eso no se olvida fácilmente.  

Si echasen un vistazo a ese Index, cosa que, obviamente, no harán, se darían cuenta de cómo, desde el primer día, el engaño estuvo cantado. Así que, la felonía cuajó, no porque la gente fuese cobarde, que puede ser que también, sino, simple y llanamente, porque, por razones que convendría analizar, la inmensa mayoría de la gente no sabe informarse. Se ha creado una sociedad crédula y acomodaticia que lo único que quiere es que la pastoreen... haciendo oídos sordos y ojos ciegos a la realidad de que todo pastoreo acaba indefectiblemente en el matadero. Porque todos esos artículos en los que se exponía el engaño estaban censurados, sí, pero solo en los grandes medios y en las tradicionales revistas de prestigio científico -a donde el brazo del poder alcanzaba, en definitiva-, pero, a Dios Gracias, el poder nunca ha podido controlar los recovecos que todo sistema tiene y, precisamente ahí es en donde, el que quería, se podía informar. Y muchos se informaron y así fue como comenzó esta guerra larvada entre la verdad y la mentira que está ya a punto de resolverse con el triunfo de la verdad, como siempre ha sido, por otra parte. 

Y en esas estamos, saliendo de una y metiéndonos en otra. Ahora toca la identificación digital, una catástrofe de proporciones homéricas, que la inmensa mayoría se niega a ver... a mí que me den pan y que me llamen alfombra: no hay manera de salir de tal filosofía de vida. O sea, justo lo que Dios reprueba. Y es que para eso no se hubiera tomado la molestia de hacernos a imagen y semejanza suya. En fin, qué quieren que les diga si no es que, por favor, sean desobedientes hasta que hayan conseguido informarse de ideas contrapuestas y hayan podido sacar sus conclusiones... que no para otra cosa nos hizo Dios como nos hizo.   

lunes, 3 de noviembre de 2025

Maremoto de evidencias


Que la historia se repite lo sabe todo el que no está ciego de soberbia como consecuencia de haber acumulado poder por procedimientos que no son los del mérito... algo muy común, por cierto. Por así decirlo, estamos otra vez en las mismas que estuvo Galileo con motivo de haber escrito un libro indicando que era la Tierra la que giraba alrededor del Sol y no el Sol alrededor de la Tierra. Las pruebas que daba eran irrefutables, pero eso de nada servía frente a los intereses de un poder ciego de soberbia y corrupción... aquellos curas que follaban más que el Gallo de la Pasión, como nos cuenta Francisco Delicado en su Lozana Andaluza. Una cosa es la verdad física y otra es la verdad teológica, le dijo el papa a Galileo cuando bajó a visitarle a los calabozos del Vaticano en los que le tenía encerrado. Los idiotas, como lo estamos viendo ahora con los socialistas de todos los partidos, creen que pueden solucionar los problemas jugando con el lenguaje. Le escribe Galileo a Kleper, el que, como supongo saben, utilizando las observaciones astronómicas de Tycho Brahe, había dejado niqueladas las circunvoluciones de la Tierra alrededor del Sol:

"Mi querido Kepler, desearía que pudiéramos reírnos de la notable estupidez de la gente común. ¿Qué tienes que decir sobre los principales filósofos de esta academia, que están llenos de la terquedad de un asno y no quieren mirar ni los planetas, ni la luna, ni el telescopio, aunque les he ofrecido libre y deliberadamente la oportunidad mil veces? En verdad, así como el asno se tapa los oídos, estos filósofos cierran los ojos a la luz de la verdad".

Pues ahora, cuatro siglos después, estamos en exactamente en las mismas respecto de las vacunas y la ciencia médica en general. Da igual el maremoto de evidencias que está arrasando la verdad, por así decirlo, institucional; las instituciones del Estado, secuestradas por las mafias políticas, han optado por sostenella y no enmendalla por aquello de que su ignorancia los lleva a creer que, cuando un principal reconoce su error, de inmediato se tambalea su poder... poder espurio, habría que añadir, es decir, conseguido no por méritos sino por artimañas de rufián. 

El caso es que en los EEUU de América han pasado en menos de un siglo de tener un niño autista cada ciento cincuenta mil, a tener uno cada treinta y uno. Como es natural, un hecho tan alarmante ha suscitado la curiosidad de no pocos investigadores que, a través de sus pesquisas, han llegado a sugerir que bien pudiera ser que las vacunas estuviesen detrás de esa catástrofe sin precedentes. No lo han asegurado, solamente lo han sugerido y, de paso, solicitado de las autoridades competentes que se inicien estudios serios que puedan afirmar o desmentir la suposición. Y en esto llega el señor Kennedy a la cabeza del ministerio de sanidad y decide iniciar esos estudios. ¡Para qué quieres más! De inmediato se ha iniciado una campaña por tierra mar y aire para ridiculizar al señor Kennedy y a todo el que ponga en cuestión la seguridad de las vacunas. Así es que estás escuchando en YouTube un video, pongamos que de Alexandra Whittinghan y Stephanie Jones interpretando Helping Hands de Sergio Assad, y, de pronto, se interrumpe y aparecen un par de payos con una pinta muy digna que empiezan a cantar alabanzas a las vacunas y a ridiculizar a los que las cuestionan. ¿Quién está pagando todo ese inútil esfuerzo de propaganda? Mira que hay que ser necio para intentar contrarrestar la verdad científica, que, por su propia naturaleza, siempre es transitoria -y más en las ciencias consideradas blandas- con propaganda. En fin, ahí están las instituciones estatales de la mano de los laboratorios farmacéuticos echando el resto para que la verdad no salga a la luz. Exactamente igual que lo que hizo la iglesia católica cuando se empezó a desmontar el punto de vista geocéntrico aristotélico de que la Tierra era el centro del Universo... y por eso, precisamente, era que Dios nos hubiese puesto aquí: ¡todo cuadraba a la perfección! ¡Cómo no se iban a volver locos ante el desmontaje de su chiringuito que suponía la teoría heliocéntrica! Ya ven de qué les sirvió matar a tanta gente para frenar la verdad. 

Pues sí, ahora hay un maremoto de evidencias de que las vacunas, unas más que otras, no son de fiar. Tengan en cuenta que, a los niños estadounidenses les ponen, por mandato imperativo, más de setenta vacunas. Es el gran negocio del siglo. Por eso es que se dé esa connivencia entre los laboratorios farmacéuticos y el poder político; a estas alturas ya no se sabe quién manda a quién. ¡Poderoso caballero es Don Dinero! Sin embargo, por mucho que esos señores lo quieran ignorar, el dinero es poderoso a corto plazo; a medio plazo ya se empieza a tambalear; y, a largo, siempre es arrasado por la verdad. ¿Quién pudiera pensar ahora que la Tierra es el centro del Universo? Hasta el más ignorante le tomaría por loco. Pues con las vacunas... ¡vamos a ver! Pero para mí que no va a durar mucho el chiringuito. 

domingo, 2 de noviembre de 2025

Las piernas del corazón

 Ayer les hablaba de los reyes de la Biblia y hoy insistiré. Todas las descripciones que de cada uno de ellos se hace, siempre comienzan por una de estas dos frases: "hizo lo que el Señor aprueba" o "hizo lo que el Señor reprueba". Aunque la mayoría de los que hicieron lo que el Señor aprueba, no lo hicieron del todo; siguieron celebrando romerías en las ermitas de los altozanos, o sea, que daban culto a Dioniso... una menudencia, por comparación con lo que hacían los malvados, aunque ya se sabe que todo empieza por las menudencias. 

Lo que el Señor aprueba o reprueba vendría a ser una forma de decir ajustarse o no ajustarse a los preceptos de la ley natural. La ley natural sería, poco más o menos, lo que estaba escrito en las tablas que Moisés bajó del monte. Pocos saltos cualitativos habrá habido en el proceso civilizatorio de la humanidad como esas tablas. Aunque, claro, eso es problemático de entender en un momento como éste que estamos viviendo en el que se enseña en las escuelas a juzgar el pasado con las leyes del presente. La gente en aquel entonces tendía a hacer barbaridades inconcebibles a nuestro entendimiento; rey israelita hubo que sacrificó a su hijo a los dioses con la intención de aplacarlos. El primitivismo, tan actual por otra parte, consiste precisamente en eso, en pensar que te va mal porque alguien te tiene manía: los dioses o el jefe de personal. Cualquier cosa antes de reconocer que la culpa de tus males es solo tuya. De ahí nace la magia; intentar salir del paso por procedimientos que no te obliguen ni a apearte del burro ni a sacrificarte. Son los agüeros y las hechicerías que tanta gracia nos hacen cuando las vemos en las películas de temática africana, sin sospechar que nosotros tenemos los nuestros, un poco más sofisticados, pero igualmente ridículos; a nada que nos descuidamos, estamos intentando salir del paso con la varita mágica... como Harry Potter que vendría a ser la médula de la pedagogía socialdemócrata. 

El primitivismo, ya digo, tan actual. Las emociones primando sobre la razón. Escucha tú corazón, y cosas así, que dicen los que predican desde los púlpitos adosados a las columnas de los templos góticos. Es el camino directo al despeñadero. Siempre ha sido así, dejarse llevar por las emociones es sinónimo de acabar en el infierno. 

El caso es que el otro día, en un momento de desidia, enchufé la tele y vi que estaban poniendo una versión nueva de Robinsón Crusoe. Pocos arquetipos me han interesado tanto en la vida como el de Robinsón Crusoe, así que me quedé clavado. Pues bien, para empezar, en esta versión Robinsón se hace acompañar por un perro. El perro se pone enfermo. Le mete en su cama, le tapa con la manta, le acaricia la cabeza, le da una medicina, le besa y se pone de rodillas a implorar a Dios que no se lo lleve. Me dan escalofríos, dice, de pensar lo que sería mi vida sin él. Bueno, ya no pude más y apagué el televisor. Eso no es nada, me contestó María cuando se lo conté; estaba esta mañana tomando un café en una cafetería del Sardinero y se sentó en la mesa de al lado un señor que se hacía acompañar de un perro. Vino el camarero y dijo: ¿qué les pongo? Para el perro, contestó el señor, una tosta con jamón; para mí, una tostada normal. 

Así corre el mundo, dejándose arrastrar por el prestigio de las emociones. ¡Escuchando al corazón! ¡Mamá, mamá, ¿el corazón tiene piernas?! ¿Por qué preguntas eso, Jaimito? Porque al pasar por delante del cuarto de la criada he oído a papá decir: ¡ábrete de piernas, corazón! 

sábado, 1 de noviembre de 2025

El Poder

 El capítulo de la Biblia dedicado a los reyes es espeluznante. Ya se lo advirtió Dios por boca de Samuel, que mejor continuasen como hasta entonces, cada uno a lo suyo, supongo que matándose por las lindes y cosas así, pero en dosis homeopáticas, por así decirlo. Pero quisieron un rey, lo tuvieron, y de las dosis homeopáticas pasaron directamente a la máquina de picar carne. Ya el primer rey, Saul, se pasó casi todo su reinado persiguiendo a muerte a David porque, desde que éste mató a Goliat, adquirió tanto prestigio que Saul no lo podía soportar. Es la paranoia del poder, una especie de posesión demoniaca, que por todas las partes ve peligros a su estabilidad. 

El ansia de poder es la verdadera maldición de la tierra. Así fue que el pueblo elegido solo resistió tres reyes antes de dividirse en dos reinados: judíos e israelitas. No por nada, sino porque así lo tenían más fácil y justificado el poder matarse los unos a los otros. No recuerdo con exactitud, pero juraría que más de la mitad de los reyes, tanto judíos como israelitas, murieron asesinados como resultado de las intrigas palaciegas. Aunque bien es verdad que, a los judíos, que estaban al sur, en la parte pobre del territorio, les fue mejor que a los israelitas que estaban asentados al norte, en las tierras fértiles. Quizá, por esta circunstancia, fue que los israelitas fuesen más propensos a la idolatría. A la primera de cambio se ponían a adorar a Baal que era un dios fenicio de la fertilidad y las lluvias. Esto Yahvé (yo soy el que soy) lo llevaba muy mal y así era que, para resarcirse de la ofensa, ponía la máquina de picar carne en funcionamiento. Como cuando Jehú de Israel se las apañó con engaños para meter a todos los sacerdotes y adoradores de Baal en un templo, los rodeó con sus guardias y no dejó ni a uno vivo. Y Yahvé quedó muy satisfecho y por eso fue que permitió que Jehú muriese de muerte natural, eso sí, no sin antes haber exterminado a todos los que meaban contra pared del clan rival, es decir, los descendientes masculinos de Ajab, el rey al que había destronado. Mandó cortar la cabeza a los sesenta hijos de Ajab, meterlas en cestos y ponerlas a la entrada de la ciudad para que todo el mundo al verlas se hiciese una idea de con quién se las estaban jugando. 

La verdad es que el mundo antiguo tal como nos lo cuenta la Biblia, o Heródoto, era terrible: da la impresión de que la gente, organizada en clanes familiares, se pasaba la vida intentando apoderarse de las propiedades de los otros clanes. Algo así como las mafias de Chicago años 30 del pasado siglo... por no hablar de las de ahora que en vez de clanes o mafias los llaman cárteles. La vida del individuo no valía en aquel entonces una mierda, ni vale ahora. La ley de oro de esas estructuras es que todo lo que estorba mínimamente se elimina. Es de una lógica aplastante y por eso es que perdure en el tiempo por más que las formas que ahora se adoptan hagan invisible el juego a los ojos inocentes. Las mafias políticas que controlan los países ya no matan físicamente; les basta para sus objetivos matar civilmente... así parece como que salpica menos. 

En fin, la mierda del poder: querer vivir del trabajo de los otros so capa de protegerlos de ellos mismos. No será porque Dios no nos lo advirtió por boca de Samuel. Me lo decían el otro día: el único político decente es el que no existe... así que ya sabemos lo que tenemos que hacer.   

viernes, 31 de octubre de 2025

Mercaderes en el Templo

Así ha amanecido el rellano de la escalera, discretamente adornado para la ocasión.

Hoy es la víspera de Todos los Santos. Es lo que los anglosajones llaman Halloween, una derivación de All Hallows´Eve (Víspera de Todos los Santos). Hay quien dice que la cosa viene de lejos, de ritos paganos relacionados con el inframundo, y bien pudiera ser porque lo de recordar a los muertos es algo consustancial a la naturaleza humana. A lo largo de la historia hemos ido ideando lugares en los que estarían amontonados todos los que nos precedieron. El Hades, el Erebo, al otro lado del Leteo, el Infierno con sus círculos cada vez más profundos... ya, la primera literatura de que tenemos constancia, el Poema de Gilgamesh, hay una bajada a los infiernos con la intención de rescatar a un ser amado. También Ulises bajó a los infiernos para consultar a Tiresias la manera de poder regresar a Itaca. También Orfeo bajo allí a ver si podía recuperar a Eurídice. Por no hablar del viaje que se pegó Dante por todos los círculos del infierno recreándose en los sufrimientos de todos los indeseables que había conocido en vida. En fin, de historias de muertos hay para dar y tomar. Quizá no sea más que una forma de ahuyentar el miedo a la muerte. ¡Vete tú a saber! 

El caso es que ayer me enteré de que tanto Bukele como Trump, han dado orden de que en sus respectivos países no se celebren los ritos del Halloween por considerarlos ritos satánicos, es decir, una glorificación del mal. Una perversión moral, en definitiva. Una vez más, los mercaderes han tomado el templo y los mesías han agarrado el látigo con la intención de expulsarlos. 

Todo esto me parece muy sintomático de los momentos que estamos viviendo. Poco a poco va tomando fuerza entre sectores cada vez más numerosos de la ciudadanía la idea de que hay demasiados mercaderes en el templo. El mercado, sí, es la madre de la libertad individual, pero, cuando se mete en el templo, todo empieza a pudrirse... que es en lo que estamos, en una pudrición de orden moral que exige la venida de los mesías. Y aquí están ya, dando los primeros palos de ciego: ¡fuera Halloween! ¿Y qué van a hacer ahora los comerciantes con todos esos cachivaches que han colocado en sus escaparates para seducir a la clientela? Y, ¿por qué sí el Halloween y no la Navidad? ¿Acaso no son, tanto el uno como la otra, más que nichos de negocio? ¿Qué quedaría de las Navidades si se limitasen a ir a la Misa del Gallo? 

No hay quién que entienda nada. Que hay una pudrición generalizada, es una impresión muy extendida. Pero, ¿cuándo no hubo pudrición en el mundo? ¿Y cuando no hubo mesías que vinieron a corregirla? ¿Y cuántas veces el remedio no fue peor que la enfermedad? No sé, yo, por si las moscas, me he gastado diez euros en golosinas para no estar desprovisto cuando vengan los niños de la vecindad a lo del "trato o tuco", esa costumbre americana que al menos sirve para que uno tome contacto con los niños del vecindario. Luego me los encuentro por ahí y me dicen: tú nos distes unas frutas de Aragón... los tíos se acuerdan de todo  

jueves, 30 de octubre de 2025

Carne viva

 

Una forma de desenmascarar la catadura moral, y quizá también intelectual, de las personas, es escuchar sus opiniones sobre las redes sociales. Estamos en lo de siempre: cuando no hay conocimiento, el hábito califica, ignorando que debajo de mala capa suele haber buen vividor. Las redes sociales, a mi juicio, son la representación del mundo más elaborada -en carne viva, diría yo- que nunca se conoció. Está todo en ellas y cada cual toma la parte que más le convence, o le apetece, o, simplemente, como suele ser casi todo en la vida, uno cae sobre ello por mero azar... vas por la calle un día y te topas con algo cuya existencia ignorabas y, por razones desconocidas, quedas enganchado de ello. 

Así es que, tras esas críticas alarmistas a las redes sociales, lo que es muy probable que haya sea una mente totalitaria: querer eliminar del mundo todo lo que te perturba. Algo más viejo que los pedos: el miedo a la libertad. Claro, yo comprendo que a los miedosos la carne viva les multiplica por cien sus paranoias. Y por eso es que estén que trinan, como Severina, aquella chica de San Sebastián de Garabandal a la que, las apariciones de la Virgen María en carne mortal, la excitaron tanto que acabó por agarrarse una tuberculosis que dio con ella en la planta tercera del pabellón 21 de Valdecilla, de la cual, a la sazón, era yo el responsable. "Severina está que trina", me decía, y con razón, cada vez que le preguntaba por su estado de ánimo. ¡Imagínense, aquel pueblo pastoril de pronto invadido por miles de personas buscando la salvación!

Divagaciones aparte, lo que no se puede ignorar es que, con las redes sociales, los poderes mundiales tienen una nueva, y muy poderosa, dificultad para llevar a cabo su permanente empeño de poner puertas al campo de la libertad individual. Cada cual tiene ahora, redes sociales mediante, un altavoz para decir la suya, no importa cuán extravagante sea... siempre encuentra su eco en donde menos se espera. Así que, a qué extrañarse que en los parlamentos de las naciones gasten horas y saliva intentando imaginar leyes que pudieran poner coto a lo que por su propia naturaleza es inaprensible.

Haciendo caso omiso de los inconvenientes que, las redes sociales, como mundo que es, tienen a montones, también nos encontramos, a nada que busquemos, maravillas sin cuento de libre disposición. Matemáticas, física, música, pensamiento, artesanía... cualquier niño inquieto, aunque viva en las quimbambas, puede ver desde el primero hasta el último vídeo de la Khan Academy y adquirir con ello unos conocimientos matemáticos que le permitirán catapultarse hasta los más sofisticados centros del conocimiento. Por no hablar de los tutoriales musicales, o, ya, en otro orden de cosas, esa liberación de tensión psíquica que puedes conseguir viendo chistes mexicanos. 

En fin, pobre gente esa que no soporta la visión de la carne cruda. Como el Byung-Chul Hang, que les decía el otro día. Están condenados al ridículo por muchos premios que les den los gobernantes con ansias totalitarias.   

miércoles, 29 de octubre de 2025

Los incurables vanidosos

Uno, a estas alturas de la vida, todavía se encuentra a años luz de alcanzar esa distinción del espíritu que consiste en poder prescindir de la vanidad como motor del esfuerzo. Aquí estoy escribiendo en este blog por motivos diversos, como pudiera ser el de apoyarme en la escritura para mejor reflexionar y así comprender un poco mejor el mundo en el que vivo y, de paso, a mí mismo; es una noble pretensión, y más lo sería, seguramente, si fuese capaz de guardármelo para mí en vez de publicarlo con la tonta esperanza de conseguir algún reconocimiento. 

La vanidad del reconocimiento. Se ve que nuestra mente está hecha de tal modo que no puede prescindir de ello. Si los demás no te reconocen es como si no existieras. Y, cuando te llega algún signo de reconocimiento, tienes un subidón momentáneo que de inmediato te exige nuevas dosis so pena sumirte en la tristeza. La vanidad es una bebida que exacerba la sed. Por eso, en definitiva, no es más que miseria espiritual. Los incurables vanidosos, que dijo no recuerdo quién. 

La vanidad encubierta por el altruismo. Uno quiere compartir las propias reflexiones por si ello pudiera ser de utilidad a alguien. Si a mí me sirvieron mis hallazgos, ¿por qué no han de servir a los demás?, te dices sin la menor malicia. Al fin y al cabo, así fue como se fue construyendo el mundo en el que vivimos: aupándose los unos sobre los hombros de los otros. 

Recuerdo haber leído en alguna parte que, una obra de arte es buena cuando brota de la necesidad y, que, en esa índole de su origen, está su juicio: no hay otra. ¿Necesidad de qué?, me pregunté cuando lo leí. Uno se siente Dios cuando tiene la sensación de estar creando algo original o, simplemente, ejercitando una habilidad que le costó mucho adquirir, pero, todo es sentirse Dios y tener la necesidad de que te adoren, porque, si no, ¡menudo Dios de mierda! Sin adoración no hay confirmación.  

Me imagino que la diosa naturaleza lo tendrá bien pensado y por eso nos ha hecho así. La vanidad, sin duda, destruye al hombre, pero, al ser motor del esfuerzo, contribuye a conservar la especie, lo que vendría a ser el fin último de  todas las especies vivientes. 

 Y colorín, colorado...

   

martes, 28 de octubre de 2025

Prevención a destiempo

Mi padre siempre insistió en la idea de que "prevención a destiempo, malicia arguye". Digamos que es un refrán de los que el vulgo no pilla a la primera de cambio. Se lo tiene que pensar y, así todo, muchas veces se queda a uvas. Sin embargo, por lo que he podido comprobar con mis lecturas, en el Siglo de Oro era de lo más común. No sé, a lo mejor es que, por aquel entonces, la gente en general andaba más despierta. Pudiera ser. En cualquier caso, pocos refranes habrá que le vengan tan de molde a eso que se ha dado en llamar política y que en la pura realidad no es más que zafia propaganda con pretensiones adoctrinadoras. 

Me entero hoy en un vídeo de esos de humor de que, en la Universidad de León -hasta los gatos gastan zapatos-, imparten clases para obtener una microcredencial -¿qué cosa será esa?- en pedagogía antifascista. Por lo visto la microcredencial está financiada por la Unión Europea que anda muy preocupada por las derivas ideológicas de la juventud. ¡Vamos, que se les están yendo de las manos! 

¿A quién creen ustedes que se le puede ocurrir ponerse a impartir una microcredencial de pedagogía antifascista sino es a un fascista que pretende camuflarse? Es que il va de soi. Hay que ser muy tonto para no darse cuenta. Para el caso también sirve aquello de dime de qué presumes y te diré de qué careces. Porque esa es la clave de todo este asunto, que todos esos políticos que se pasan el día blasonando de demócratas -los socialistas de todos los partidos- no ven la hora de dar, como les decía ayer, otra vuelta de tuerca al mecanismo de control ciudadano. Son, simple y llanamente, fascistas en el más puro estilo mussoliniano: todo dentro del estado; nada fuera del estado. 

Y así es como estamos en este mundo de opereta que nos han montado los socialistas de todos los partidos. ¡A ver si se enteran, son todos socialistas a rabiar! Los últimos de la clase. Se pasan el día previniendo a destiempo con tan poca inteligencia que sin quererlo hacen gracia al estilo de los tontos del pueblo. ¿Pero cómo puede haber gente que se tome todavía en serio a estos tipos y todo el tinglado que tienen montado? ¿Como puede ser que les sigan el juego y vayan a votar cada sí y cada no? ¡Por Dios bendito, pónganse de espaldas de una vez! ¡ Ya está bien de literatura para chachas!

lunes, 27 de octubre de 2025

San Robin Hood

 


He aquí la que para algunos podría ser la vuelta de tuerca definitiva para acabar de una vez con todas con los últimos resquicios de resistencia frente al poder de las mafias estatales. Sería, entonces, lo que Keir Starmer llama La Edad Moderna. Es decir, que el padrino de la mafia sepa, punto por punto, dónde estuviste anoche, con quién estuviste, de qué hablasteis, cuántas copas bebisteis... porque quizá le parezca necesario pararte los pies y quiere tener todos los datos para poder hacerlo sin que parezca un atropello. 

Yo ya sé que a la inmensa mayoría estas cosas se la traen al pairo. Son las paranoias de los de siempre, dicen. De esos que leen El Quijote y demás bazofias libertarias. Acuérdense de la falsemia, que el padrino señalaba y las masas aborregadas iban ciegas a por la presa. Y da igual que haya mil evidencias del disparate que aquello fue: las masas funcionariales, que son todas las masas, siguen convencidas de que todo aquello se ajustó a razón. Ni con bombas atómicas les podrías convencer de que se dejaron engañar. Tal es su fidelidad al padrino Estado. 

Afortunadamente para los europeos, están todos esos países del este que todavía tienen muy fresco el recuerdo de la opresión. Pero por estos lares occidentales, las muchos años de opulencia han acabado por arrasar todo vestigio de rebeldía e inteligencia. La consigna por aquí, es que hemos venido a este mundo a disfrutar. Les han convencido de que lo de conservar la especie es algo que está chupado... en realidad, cae del cielo. Y así es que ves a toda esa chusma que, en sus edades más fértiles, se pasa las noches en los bailes de vampiros. ¿Tener hijos? ¡Uf! ¡Quita, quita! ¡Menudo marrón! ¡Que los tengan los moros! ¡Y vaya que sí los tienen!

Es la historia de siempre, los opulentos decaen y por el este y el oeste presionan para apoderarse de los restos del banquete. Al final, chocarán los unos con los otros y será lo que Dios quiera. Parece que por ahí, por el este, se escuchan los pasos de un nuevo Carlos Martel (Martillo). Y, por el oeste, arrecian con fuerza los de "la mujer y la sartén en la cocina están bien". El asunto no puede estar más interesante. 

Ya ven lo que son las paradojas de la vida. Matarse para ser opulento y, una vez conseguido, dejarse matar por la desidia. En cualquier caso, no creo que Keir Starmer se salga con la suya. No veo yo a los ingleses con muchas ganas de ser modernos. Para mí que prefieren seguir viviendo en los bosques. Como San Robin Hood. Últimamente no paran de sacarle en procesión.  

domingo, 26 de octubre de 2025

El laureado

Le han dado un premio, por lo visto muy importante, a un filósofo de origen coreano, pero de formación alemana, o sea, de echarse a temblar. Yo no tenía ni idea del asunto éste del premio, pero en los dos encuentros que tuve en mis paseos ha salido a relucir el fantástico discurso que el payo había pronunciado al recibir el premio. Hace varios años escuche un par de videos suyos y me parecieron la típica castaña de palabrería tan altisonante como hueca. La típica ilación de lugares comunes que tanto gusta a la gente que no pierde acto cultural de su ciudad de provincias. 

Total, que, como andaba atacado de insomnio y no sabía qué hacer, me he puesto a escuchar el discurso de marras y, lo que me temía, a los cuatro minutos de rollo ya no he podido más. No es que él, el laureado, esté en contra de la digitalización, pero nos alerta del mal uso que se hace de ella. Una idea más vieja que los pedos. Las redes sociales y todo eso, que, en vez de crear comunidad, aíslan. ¡Les encanta eso de crear comunidad! Cuándo, me pregunto yo, se habrá inventado una tecnología, del garrote para acá, de la que no se haya hecho un buen uso y mal uso; cada cual a la medida de sus deseos y posibilidades. 

Que si el filósofo, dice, es como el tábano que con sus picaduras despierta la conciencia y aguza el espíritu crítico. Supongo yo que la filosofía también es una tecnología que tiene diversos usos: para aguzar el espíritu y también para adormecerlo. Ahí hemos estado escuchando a filósofos durante todos aquellos maravillosos años y ni uno, ni por asomo, nos mentó la Escuela de Salamanca ni la Austriaca de Economía. ¡Qué casualidad! Al final, como el del tan alabado discurso, todos ellos se apresuraron a recoger los premios que les otorgaba, por los servicios prestados, el poder comunista en curso. ¿O es que acaso le otorgan a alguien un premio sin haber prestado previamente servicios a la causa?

En muchas cosas coincido más o menos con el profesor García Maestro, pero en una, al cien por cien: la filosofía no es más que mala literatura. O sea, catecismos para adoctrinar a las chachas. Si quieres aguzar el entendimiento, lee buena literatura o libros de matemáticas. Bueno, también partituras de música. García Maestro es un gran músico... que es otra forma de ser matemático. 

Resumiendo, que lo mismo que te clavan una vacuna venenosa, te meten el discurso no menos venenoso de un laureado. Y así es como se hace eso que ellos llaman comunidad: borreguismo en vena. Por cierto, que esas dos personas que les dije que me habían contado maravillas del discurso del laureado filósofo, ninguna de las dos ha podido leer El Quijote. Una porque le parecía un rollo y la otra porque nuca sintió esa curiosidad. Muy sintomático todo ello. 

En fin, los tostones que se traga la gente con tal de no leer El Quijote, La Biblia, Homero, El Decamerón... y unos cuantos más, pero no demasiados. 

sábado, 25 de octubre de 2025

Justine

El ser humano nunca paró ni parará de hacer esfuerzos inútiles para torcer el brazo a la naturaleza, o a Dios, o como quieran llamar a este todo en el que estamos inmersos como una gota de agua lo está en el océano. ¡Con lo que duele que te tuerzan el brazo! En realidad, todo eso que llamamos educación no es más que un puro torcer el brazo entre continuos gritos de dolor. ¡Y qué le vamos a hacer si no hemos dado con mejor procedimiento para conservar la especie! .

Pensaba en estas cosas porque al abrir hoy el ordenador lo primero que he tenido ante mis ojos ha sido el anuncio de una serie de cachivaches con los que se pretende conseguir que los perros caguen y meen en casa. No cabe duda de que es una muy loable pretensión porque hasta el más furibundo animalista coincidirá conmigo en que veinte, o más, millones de perros, cagando y meando por las calles de nuestras ciudades, constituyen un problema sanitario de primera magnitud. Pero, -¡los perinquinosos peros!, que decía Gracián-, ¿qué es un perro que no puede cagar y mear por la calle?, o sea, un perro que no puede marcar territorio. Sin duda otra torcedura de brazo por la que a buen seguro se verá compelido a lanzar incesantes gritos de dolor. Lo escucho a diario por las ventanas que dan al patio: hay un par de perros que se pasan la mañana gimiendo como almas en pena.

A mí todo esto me recuerda mucho a los libros del Marqué del Sade: Justine o los infortunios de la virtud. Aquellos monjes que tenían a Justine siempre en la posición idónea por, si les daba un pronto, poder desahogarse al instante. ¿Qué cosa más virtuosa para un animalista que un perro? Sus dueños les torturan con manifiestas señales de gozo. Recuerdo a uno de aquellos proscritos de Alar al que sus hijos le habían traído un perro para que le hiciese compañía. Cuando íbamos al monte el perro disfrutaba como un chon en un patatal; corría detrás de todo animalillo que olfateaba y aquello no le gustaba un pelo al proscrito. Se lo dijo a sus hijos y los hijos le trajeron un collar eléctrico; mano de santo. A partir de entonces lo que más nos divertía de aquellos paseos por el monte era ver cómo el pobre perro quedaba paralizado cada vez que iniciaba una expansión: todo era ponerse a correr y el proscrito apretar el botón. El hombre estaba feliz con aquella solución tan sofisticada. Y nada, el perro como si tal, seguía en la posición idónea. 

En fin, qué vida esta. El caso es tener a alguien a quien torturar para poder mantener un cierto equilibrio mental. Debe de estar en nuestra condición de la misma manera que necesitamos ingerir alimentos. Quizá no sea más que un mecanismo de resarcimiento por lo mucho que nos torcieron el brazo en la infancia. ¡Vete tú a saber! Pero, en cualquier caso, para los que en los animales solo vemos proteínas aprovechables, el hecho de que se inventen cachivaches para que caguen y meen en casa por lógica elemental nos tiene que parecer una buena cosa... así podremos pasear por las calles sin tener que tener todo el rato la vista pendiente del suelo. 

viernes, 24 de octubre de 2025

El arrepentimiento

Cuando iba acabando mis estudios de medicina se me presentaron muy jugosas oportunidades para haberme dedicado a la actividad privada, pero por alguna circunstancia de la que en absoluto era consciente ya estaba infiltrado hasta los tuetanos de marxismo cultural. Por eso fue que me parecía infinitamente superior en el plano moral -¡qué cosa tan fea lo de ganar dinero a costa de la enfermedad, o sea, el sufrimiento, de los demás!- convertirme en funcionario. No necesité mucho más de diez años de ejercicio profesional en los hospitales del Estado para convertirme en una piltrafa que vegetaba entre piltrafas. Vivía en una continua huida hacia adelante en el inútil intento de olvidar mi miserable condición. Hasta que, por algún tipo de gracia divina, saqué fuerzas de flaqueza y salté por el portillo del caer en la cuenta. Como siempre pasa en estos casos, tuve que andar unos años vagando por el desierto antes de conseguir una razonable reconciliación conmigo mismo. La primera treta del trato, desde luego, consistió en reconocer sin paliativos que la cobardía había sido el motor de mi fracaso existencial. 

Como ven, es una historia de lo más vulgar y no por otra cosa sino porque la cobardía es la condición predominante en el mundo.  Nietzsche lo deja meridianamente claro cuando explica como las especies débiles siempre van en manada para defenderse de las fuertes. No otra es la filosofía del marxismo cultural: tots plegats, como dicen en Cataluña; da igual que lo llamen comunismo, que lo llamen fascismo, o cualquier otro sinónimo que se quieran inventar, el caso es que el individuo sea solo un número... el de la cartilla de la seguridad social. 

Les contaba estas milongas a propósito de un artículo que me enviaron ayer: "El arrepentimiento del exilio republicano: "la izquierda pensaba que iba a ganar cualquier guerra civil". Todos los que han sido imbéciles alguna vez en la vida fue porque "pensaron que...". ¡Pobrecillos! No pensaron nada; simplemente se dejaron arrastrar por su cobardía. Por eso se adhieren a cualquier ideología, que vendría a ser la ortopedia que utilizan los discapacitados para seguir arrastrándose por el mundo. La superioridad moral, en definitiva. ¿Conocen alguna ideología que no se sustente en esa falacia? 

En fin, los exilados. Conocí a uno -al que las circunstancias me llevaron a tener que hacerle una broncoscopia-, que había sido miembro del gobierno español en el exilio. Había regresado a España como un corderito. Recuerdo que me regalo una moneda de plata con el escudo de México. No sé a dónde iría a parar aquella moneda. Hoy día, seguramente hubiera sido más cuidadoso.  

jueves, 23 de octubre de 2025

El Gran Mandala

 Alan Watts fue un filósofo que tuvo cierto predicamento en la segunda mitad del siglo pasado. Recuerdo haber leído un libro suyo, El gran Mandala, que, sin duda, me dejó bastante huella. Iba de filosofías orientales que, en esencia, te vienen a decir que no te compliques la vida con chorradas. Yo no creo que pueda haber algo más sensato en un mundo como el que vivimos, porque, si ustedes se fijan, todo este tinglado socio/político/económico se sustenta en que la gente se complique cada vez más la vida con chorradas. Cuando no es un coche innecesario, es un viaje de placer a las quimbambas; y, por ansia de placer, te metes en el maldito embrollo de una segunda vivienda, cuando no, un yatecito, por no hablar de la adicción a los bailes de vampiros o al "buen gusto" en general... un sinvivir en perpetua huida hacia delante en medio de una montaña de burocracias asfixiantes. 

Vivimos en un mundo que es así y uno tiene que aprender a defenderse si no quiere acabar subsumido en la barbarie. En realidad, a lo que más se parece lo que debemos hacer para no sucumbir es, como hiciera Ulises, atarse al palo mayor de la nave que nos lleva para no poder torcer el rumbo hacia los paraísos que nos prometen los cantos de sirena que resuenan por doquier. ¿Cuántas veces no habré tenido que escuchar la milonga de lo importante que es la socialización? Sin duda, muchos piensan que soy un desgraciado porque no socializo lo suficiente. Socializar, o sea, plegarte a los gustos de la gente... ir a actividades, que así es como llaman ahora ir a sitios donde un especialista en vivir del cuento te adoctrina. Bueno, también está lo de ir a los bares, pero eso es para cuando ya has alcanzado el grado óptimo de adoctrinamiento. 

El caso es que Alan Watts nos previene contra todo tipo de sirenas de las que, al menor descuido, ya las tienes colgadas de la yugular. Porque sus artimañas son infinitas. Y más sutiles cuanto más atrapados están en el laberinto de las necesidades inútiles. ¡Mucho cuidado con la compasión!, nos dice, porque no hay emoción más traicionera. Por eso lo de ayudar a la gente es algo que hay que mirar con lupa. Y es que la sabia experiencia nos dice que en la inmensa mayoría de los casos la mejor forma de ayudar a la gente es no ayudándola; nada precipita tanto la decadencia de los pueblos como la ayuda institucionalizada... las paguitas que le dicen aquí y ahora. 

No sé a cuento de qué les he traído a colación estas obviedades. Quizá sea porque estando ayer tranquilamente sentado bajo las palmeras del paseo de la estación marítima, leyendo, por cierto, las opiniones de Thoreau sobre las visitas, se me acercó un conocido muy aficionado a enumerar los sinsentidos de este mundo en el que vivimos. Así fue que estuvimos un rato entonando cantos jeremiacos hasta que me cansé y le dije que me tenía que ir a hacer unas compras... golosinas, concretamente, para los niños de la vecindad que están a punto de venir a lo del "truco o trato" esa costumbre americana que hemos importado con el entusiasmo propio de los que piensan que haciendo lo mismo que los importantes te igualas a ellos. En cualquier caso, el invento sirve para tomar un somero contacto con la gente que te rodea, lo cual, siempre y cuando quede en somero, es cosa de agradecer. Por cierto, que, qué baratas son las golosinas; por diez euros atiborras de azúcares y grasas saturadas a todos los niños de la vecindad. 

miércoles, 22 de octubre de 2025

La vida te da sorpresas

 

Cortesía de Un Besi de Fresi

"La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida", cantaba el Gato Pérez, allá por lo ochenta del siglo pasado, en aquellas verbenas del barcelonés Barrio de Gracia. ¡Aquellos sí que eran tiempos! Y, además, yo era joven; un poco revenido ya, pero joven. Sobre todo, de espíritu. No me vestía para lo ocasión porque a tanto no llegaba, pero estaba en la onda de pasarme por el culo unas cuantas cosas de las que nunca se deben pasar por tan irrespetuoso lugar. Y ya ven, hoy día, por la noche, antes de retirarme, suelo coger la Biblia, como hace el padre de la foto de la derecha, y leo un rato... es como si fuese un acto de rebeldía contra mí mismo que, de tanto haber tragado doctrina cuando lo de aquellos maravillosos años, me había convertido en un conservador de toda la mierda del mundo. ¡Dios, qué poco conscientes somos de lo conservadores que nos volvemos cuando nos dejamos arrastrar por las modas del momento! ¡Cadáveres vivientes!  

Pues sí, la vida te da sorpresas y por eso nunca digas de este agua no beberé. Porque la única verdad incuestionable, excepción hecha de que nos vamos a morir, es que no se puede vivir sin beber agua. Y unas veces la bebemos de aquí, y otras de allí, según las circunstancias de este desierto que es la vida te van facilitando unos manantiales u otros. Allá, por la adolescencia, escapaste de los faraones que son los padres y empezaste a vagar por el desierto como un alma en pena creyendo haber encontrado la salvación en el primer ídolo que te salió al paso. Y bebiste de él hasta embriagarte de su verdad emponzoñada. ¡Dios mío, lo que costó recuperarse de aquella borrachera! Y luego otra, luego otra. Hasta que, molido de tanto palo, ya solo crees en Dios, más que nada por tener a alguien a quién temer, y en el bicarbonato, por la cosa de las dispepsias que nunca cesan. 

En fin, no es que me vaya a poner ahora corbata, como el de la foto, para leer la Biblia, pero sí que adopto una postura de máximo respeto porque sé que tengo entre las manos al más clásico entre los clásicos, es decir, el registro de los más nobles pensamientos, donde los haya habido, que tuvieron los hombres a lo largo de los siglos. Pensamientos que son considerados nobles porque se ha llegado a la conclusión que son los que mejor se adaptan al fin último de todo lo que vive que no es otra cosa que la conservación de la especie. 

Pero, bueno, tampoco es que me dejen de hacer gracia esos punkeros de la foto de la izquierda. Veo en ellos una especie de inocencia que me inspira ternura. ¡Dios mío, qué cruz para sus padres! 

martes, 21 de octubre de 2025

Soledad

"Considero saludable estar solo la mayor parte del tiempo. Estar acompañado, incluso por los mejores, pronto resulta fatigoso y disipador. Me encanta estar solo. Nunca he encontrado un compañero tan sociable como la soledad. En gran medida estamos más solos cuando vamos acompañados al extranjero que cuando nos quedamos en nuestra habitación."

Estas consideraciones que hace Thoreau se las he escuchado a unos cuantos antes que a él. Claro, cada uno es como es y tiene que haber gente "pa to". Yo, sin ir más lejos, fui poco a poco simpatizando cada vez más con esa concepción de la vida. Así es que ahora estoy casi convencido de que, si es que hice algo de algún mérito en esta vida, ello fue por ese haber ido cogiéndole el punto a la soledad. En realidad, me pasé la vida cambiando de aires, cada sí y cada nó, con la única finalidad, pienso ahora, de buscar las condiciones más propicias al desarrollo de esa pulsión interior. Y, todo ello, teniendo en cuenta que, cuando estuve acompañado, casi siempre fue por los mejores. Pero, así todo, al poco empezaba a sentir esa disipación que es fatiga del espíritu... también lo podríamos llamar ansiedad. 

En resumidas cuentas, que cuando alguien me viene con la milonga de la soledad, sencillamente no le entiendo... o le empiezo a ver los colmillos. Y, cuando voy por las calles céntricas, lo menos posible, y veo esas muchedumbres apelotonadas a las puertas de las tabernas, huyo como de la peste, no me vaya a pasar como a Penteo que, por curioso, lo descuartizaron y se lo comieron. De banquetes de ese tipo ya tuve mi lote de jovencito y, a los dioses gracias, fue relativamente pronto que se me empezaron a indigestar. Así fue que, faltaba todavía bastante para que mis sienes blanqueasen y ya mis expansiones dionisiacas apenas podían sobrepasar las meriendas campestres. 

Pues sí, mejorando lo presente, ha sido la soledad la que me ha presentado todos esos amigos que me endulzan la vejez... el allegro solemne en Si menor de La Catedral de Barrios Mangore; la identidad de Euler, que nunca terminas de descubrirle matices que se te habían escapado; las incursiones en el propio yo guiadas por cualquier pasaje de la Biblia; las conversaciones desde la lejanía que son cátedra que me esclarece; los paseos alrededor de la dársena de Pesquero mientras escucho las divagaciones a propósito de nada que va haciendo María... y, así, mientras la vida se va yendo tan callando.