Entre 1976 y 1981 se emitió en Televisión Española un programa llamado A Fondo en el que el periodista Joaquín Serrano Soler hacía entrevistas a reconocidos artistas. Artistas españoles de prestigio internacional y que, cosa curiosa, no tuvieron el menor problema, sino todo lo contrario, al desarrollar su actividad creativa en lo que el marxismo cultural rampante dio en denominar desierto cultural franquista. Desde luego que desiertos hubo muchos en el franquismo, pero cultural, precisamente, no creo que existiese en absoluto... sobre todo si le comparamos con el que parece haber ahora, en estos tiempos de la autodenominada democracia que se cae a pedazos de puro putrefacta.
Me mandó Manolo el capítulo de ese programa en el que se entrevista a Joaquín Rodrigo. Joaquín Rodrigo, al menos en esa entrevista, vendría a ser el paradigma del espíritu aristocrático, es decir, aquella forma de ser a la que cualquiera que se respete a sí mismo debe aspirar y que, concretando, podríamos definir con la palabra autoexigencia.
Rodrigo es el noveno de los diez hijos de una familia valenciana acomodada. A los tres años se quedó ciego. Pronto descubrió que su "realce rey" era la música y se dedicó con pasión a cultivarlo. O sea, la historia de todos los que hacen algo de interés en esta vida. Claro que, el hecho de descubrir el propio "realce rey" no es cuestión baladí que la naturaleza ponga al alcance de cualquiera. Y luego está la forma de cultivarlo que tampoco se hicieron las margaritas para los cerdos. No por otras causas es que la excelencia sea el logro de unos pocos a los que tendemos a considerar tocados por la gracia divina, es decir, una especie de lotería que no toca porque sí, como se tiende a creer, sino por la persistencia en el trabajo duro... o sea, autoexigencia por un tubo.
En resumidas cuentas, los del montón, hombres masa, chusma, mob, foule, o como queramos llamar a los chisgaravises con colmillos afilados, tenemos una tendencia innata a admirar el éxito olvidándonos por completo de la autoexigencia que lo hizo posible. Y ahí es, precisamente, en donde reside la principal causa de nuestra continua persecución de quimeras que solo nos procuran frustración y ansiedad. En cualquier caso les recomiendo que vean esas entrevistas del programa A Fondo; están todas en YouTube.
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