Cervantes nos deja claro que, entre la pluma y la espada, la espada se lo lleva de calle. Puro realismo. Es lo mismo que podemos constatar a todo lo largo de El Criticón respecto del instinto y la razón. Lo real es que la razón a duras penas puede colarse por los intersticios que le deja el instinto cuando el modus vivendi está perfectamente asegurado.
Gracián, como yo, era hijo de médico, pero no necesitó, como fue mi caso, seguir la estela de su padre para darse cuenta de en qué consistía el invento. Nos lo deja fantásticamente explicado:
—¿Quién es aquel —preguntó Andrenio— que para andar derecho lleva por apoyo el torcimiento en aquella flexible vara?
La flexible vara en la que nos apoyamos es el instinto que proporciona todo tipo de triquiñuelas a la razón para que nos parezca que vamos derechos cuando vamos torcidos. Pero vayamos al asunto de los médicos a los que la gente, en general, tiene bastante calados mientras no falta la salud, pero que, a la que empieza a faltar, se convierten en el clavo ardiendo al que todo el mundo se agarra:
—... Lo mismo sienten todos de aquel otro que también viene a caballo para acaballo todo. Éste tiene por assumpto y aun obligación de hacer de los malos, buenos; pero él obra tan al revés, que de los buenos hace malos, y de los malos, peores. Éste trae guerra declarada contra la vida y la muerte, enemigo de entrambas, porque querría a los hombres ni mal muertos ni bien vivos, sino malos, que es un malíssimo medio. Para poder él comer hace que los otros no coman; el engorda cuando ellos enflaquecen; mientras están entre sus manos no pueden comer; y si escapan de ellas, que sucede pocas veces, no les queda qué comer. De suerte que estos viven en gloria cuando los demás en pena... Y es de advertir que donde hay más doctores, hay más dolores...—
Y en esas es en las que estamos, con cada vez más dolores porque cada vez hay más doctores. Y no lo digo sólo en el sentido literal; también en el figurado. Toda esa gente que se ha dado en considerar expertos en la realidad sólo lo son en perpetuar los problemas que, en principio, deberían resolver. ¿De qué iban a comer ellos y sus hijos si los resolviesen a la primera de cambio? Tan es así, que no podemos achacar a su mala fe la perpetuación e, incluso, el empeoramiento de los problemas; en absoluto: es, simplemente, su instinto de conservación el que guía su proceder, so capa de sabiduría.
En fin, así son las cosas de esta vida y conviene andar avisado al respecto. Todos estamos en lo mismo que no es otra cosa que asegurarnos por todos le medios a nuestro alcance el modus vivendi. ¡Y es tan difícil conseguirlo sin apoyarnos en el torcimiento de una flexible vara de medir!
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