Cuando Calderón escribió estos versos todavía faltaban unos cuantos siglos para que apareciese la plataforma YouTube. Porque es que, si bien en esa plataforma hay cosas maravillosas de las que me aprovecho a diario, si uno no anda listo acaba por solo encontrar en ella justo lo que denuncian esos versos, es decir astrólogos anunciando casos crueles: los hay a porrillo, como en una especie de regodeo apocalíptico que promete sacarnos de este valle de lágrimas por el único procedimiento infalible: la extinción de la especie.
Es muy curioso esto de los vaticinios, oráculos, premoniciones, o como quieran llamar a la obsesión del ser humano por adelantarse al futuro. Adelantarse y, siempre, bien seguro, poniéndose en lo peor. Si todas esas negras premoniciones que constituyen el grueso de la plataforma de la que les hablo, fuesen del color de rosa, sospecho que la plataforma no iba a durar dos días. Y es que, si algo quiere el hombre es valer por dos y, para eso, como dice el refrán, hay que empezar por estar prevenido. Prevenido, no hace falta decirlo, para lo malo, porque, de lo bueno, al parecer tan escaso, mejor que te pille de improviso, porque, cuando es anunciado, desesperas esperando.
Esos versos, sacados de La Vida es Sueño, podrían serlo de Edipo Rey. Lo mismo en Segismundo que en Edipo se cumple el hado, pero no nos engañemos, no es por el querer de los cielos; se podría asegurar que en ambos casos la tragedia trae causa de la necedad de sus padres. O sea, que, de oráculo, nada de nada: es pura lógica; el que la hace la paga.
El rey Basilio, padre de Segismundo, y el rey Layo, padre de Edipo, optan por inventarse la estúpida excusa de los oráculos para justificar sus ningunas ganas de pasar por los inconvenientes que la educación de un hijo, hasta en los mejores casos, tiene. Educar a un hijo, ¿para qué? ¿Para que, a nada que ya le apunte el bozo, te desplace? ¡Quita, quita! Mejor exponerlo a las fieras del bosque o encerrarle en una mazmorra a la espera de que se pudra. Y de aquellos polvos, estos lodos. Querer ir contra la naturaleza de las cosas es la mayor imbecilidad que se puede concebir: los hijos, por definición, desplazan a los padres; pretender escapar a esa ley es la madre de infinitud de desgracias.
Siendo así las cosas, solo hay una solución para paliar el dolor de lo inevitable: poner todo el empeño de la vida en la educación de los hijos; si les educas bien es probable que cuando te desplacen lo hagan con los miramientos debidos. En eso, principalmente, consiste lo que llamamos civilización, en un tránsito sin convulsiones entre las sucesivas generaciones.
Así que, nada de astrología, señores, y más dar el callo. Menos videos con funestas premoniciones y más con problemas de matemáticas. Si hacemos un buen uso de la plataforma YouTube, es probable que nos vaya mejor con nuestros hijos... que es de lo que se trata por encima de todo lo demás.
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