lunes, 15 de junio de 2026

Pessoa y Ortega.

Sigue perorando Ortega: «Pero ahora me importa sólo hacer notar cómo ha crecido la vida del hombre en la dimensión de potencialidad. Cuenta con un ámbito de posibilidades fabulosamente mayor que nunca.» Y eso que, cuando Ortega dice eso, apenas acababa de comenzar la fiesta; ¿qué hubiera dicho si hubiese conocido todos estos cachivaches que hay hoy día? Al final, debemos concluir que esa impresión de potencialidad no es cuestión ligada al desarrollo tecnológico, sino, más bien, pienso yo, a un estado de ánimo que podríamos calificar de optimismo. Y los estados de ánimo son cuestiones que, aunque a veces se les tache de colectivos, para mí que son fundamentalmente personales; por eso se dice que cada uno cuenta la feria según le va en ella. En todas las épocas de mi vida, fuera cual fuera la situación socio-política-económica, he visto gente que todo lo veía del color de rosas y, también, gente que lo veía todo más negro que el sobaco de un grillo. 

Todas estas cosas se aprecian muy bien en el ámbito de lo que se conoce como redes sociales, una cosa que lo mismo sirve para un roto que para un descosido; y así es que, unos las alaban y otros las denuestan como ha pasado siempre con todo lo que en cada momento de la historia ha tomado relevancia social. Claro, para el que no dá más de sí, las redes sociales vendrían a suponer un sucedáneo de aquellas porterías en las que se cultivaba y difundía el rumor: "se avecina algo peor que una crisis", "seis hombres destruyeron occidente", "el mundo que conocías se acabó; así será el que viene"... y así ad infinitum; el que no sabe hacer nada porque no encontró su realce rey, que diría Gracián, y, por tanto, no lo pudo cultivar, se consuela dándole a la húmeda, que así es como se llama a lengua en ciertos argots. Pero, luego está la gente que encontró su realce rey, lo cultivó, y, por tanto, sabe hacer cosas notables que, en unas ocasiones, se pueden convertir en modus vivendi y, en otras, simplemente sirven para aumentar el prestigio. En cualquier caso, las redes son al presente lo que la plaza del mercado fue en el pretérito, es decir, el lugar al que acude el que tiene algo que vender.

Y ese es el más peliagudo asunto de la vida, tener o no tener algo que vender. Saber o no saber hacer algo notable. Y, claro está, ser o no ser consciente del valor real de lo que tratas de vender. Aunque, como ya nos explicara la Escuela de Salamanca, lo del valor siempre es subjetivo, que no por otra causa es que haya por ahí tanto cantamañanas ganándose divinamente la vida vendiendo mierda... es de lo más natural que a la gente mierdosa le guste comprar mierda. En cualquier caso, a la postre, el mercado, la red social en este caso, no engañan; fíjense en lo que venden unos y otros y comprobarán que el público, mayormente, sabe apreciar el valor real de las cosas... no es lo mismo un músico, o un matemático, que un analista político. Nunca verán videos de youtubers, que así llaman ahora a los analistas políticos, con trescientos millones de visitas como suele suceder con algunos músicos. 

Resumiendo, a lo que iba, que, para mí, eso de la potencialidad y las posibilidades, no es cuestión de los tiempos, sino, más bien de las personas y su voluntad de poder. Mi padre siempre nos decía que el que quiere puede. A la postre, en cualquier caso, lo que cuenta es intentarlo, como hacía Don Quijote. Si no intentas hacer más que lo que estás seguro que podrás lograr, entonces, date por jodido: serás el típico ciudadano ejemplar que vota, se vacuna, está lleno de pequeñas preferencias y, por ende, no deja de sufrir por chorradas. 

Por cierto, me está resultando de lo más interesante leer a Ortega a la luz de Pessoa. A veces me da la impresión de que el uno, Pessoa, ya esta de vuelta de a donde, el otro, Ortega, quiere llegar.  

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