viernes, 19 de junio de 2026

La correspondiente resaca

Ayer vi escrito en no recuerdo dónde un titular que afirmaba que iban a comenzar en Europa las deportaciones masivas de inmigrantes. Por lo que oigo comentar por ahí, los inmigrantes que peor caen al personal son mayormente los musulmanes. Quizá sea porque son los que menor capacidad tienen para integrarse, es decir, para pasar desapercibidos. Los pobres no pueden remediarlo porque les han lavado el cerebro desde niños con lo de la superioridad moral. A ellos y, sobre todo, a ellas, se les ve por la calle casi siempre solos o en plan familia numerosa y, ni por descuido, sonriendo; no parece gente contenta con su suerte. Los comparas, por ejemplo, con una colla de familias de gitanos rumanos que hay en el barrio y no hay color; suelen estar reunidos al atardecer en el muelle del Pesquero, con sus churumbeles que no les falta juguete, y siempre bulliciosos. Y, si hablamos de los hispanos, que son mayoría en el barrio, como en su casa; ahí, en la esquina de la calle hay un bar con terraza regentado por dominicanos y, los fines de semana, a poco bueno que haga, tal parece que es el caribe. Eso sí, sin músicas estruendosas. Porque ellos saben perfectamente donde están. Por su parte, los del este, a esos, ni se les nota que son de afuera si no los oyes hablar; están todos mezclados con los aborígenes. Luego, claro, los chinos, que son punto y aparte; cruzo la calle y hay un bazar que ha convertido la entrada en frutería; para mí es un chollo porque tiene buen precio, la calidad no es mala y funciona catorce horas los siete días de la semana. En conjunto, todo ello me hace sentirme como si viviese en uno de esos barrios populares de New York que nos hemos cansado de ver en las películas. 

El problema de la emigración es otro que, como el de la jodienda, no tiene enmienda. Es una cuestión puramente física; digamos que como la ley de Boyle Mariotte, que si disminuye el volumen aumenta la presión y viceversa; en cualquier caso, el producto de ambos elementos siempre se mantiene constante. Aquí, en esto que siempre fue La Montaña hasta que los comunistas le cambiaron el nombre, llevamos ya más de un siglo, o quizá dos, en los que la población no se mueve mucho del medio millón. Y así ha sido que como en las últimas décadas a la gente le dio por no tener hijos para evitarse preocupaciones, el vacío que quedó no ha tardado ni dos segundos en llenarse. A eso se le añade que una buena parte de los autóctonos viven de comerse el patrimonio que labraron sus antepasados y, claro, necesitan criados para cuadrar su círculo. Y los criados, ya saben... y si no lo saben, cojan, agarren una de esas plataformas de cine que todos ustedes tienen en casa, y busquen una película titulada El Sirviente, del director británico Joseph Losey. En definitiva: la dependencia de los criados corre el peligro de convertirse en un verdadero infierno, que es justo en donde, según muchos, hemos ido a dar. 

La respuesta al problema es de Perogrullo: toda juerga conlleva su correspondiente resaca. Y la resaca, una de dos, o la soportas a pie firme o la alivias bebiendo más... ya saben, la lógica estudiantil de que un clavo saca otro clavo. En fin, vamos a ver por qué solución se opta. Personalmente, lo de las deportaciones me parece un maquillaje para calmar los ánimos de los más exaltados. Creo más factible una autodeportación cuando las condiciones imperantes en el territorio invadido no les salgan a cuenta a los invasores. De hecho, parece ser que eso es lo que les está pasando a los musulmanes; los políticos, presionados por los autóctonos, se han visto forzados a hacer pasar leyes que ponen coto a las pretensiones de los musulmanes de expandir lo que ellos llaman su cultura, por supuesto, supremacista... toda cultura que se quiere expandir es, por definición, supremacista, que no por otra causa es que se haga odiosa. ¡Pobre gente! tengo un conocido, un tal Moha, marroquí él, que siempre que me ve corre a saludarme. Hace años, después de darme la mano, se la llevaba al corazón. Hace tiempo que prescinde de ese ritual; se ve que se ha dado cuenta de por dónde van los tiros. En cualquier caso, juraría que es un buen chaval. 

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