martes, 30 de junio de 2026

Hemiplejia moral

Clarín, el criado de Rosaura, es un cínico; por eso, cuando llega la hora de la verdad, decide no tomar partido y esconderse en un lugar desde el que puede contemplar la matanza. ¡Qué mala suerte! Una bala perdida le alcanza. Se siente morir y, fiel a su credo, dice la suya: «Soy un hombre desdichado, / que por quererse guardar / de la muerte, la busqué. / Huyendo de ella, topé / con ella, pues no hay lugar, / para la muerte secreto; / de donde claro se arguye / que quien más su efeto huye, / es quien se llega a su efeto. / Por eso, tornad, tornad / a la lid sangrienta luego, / que entre las armas y el fuego / hay mayor seguridad / que en el monte más guardado, / pues no hay seguro camino / a la fuerza del destino / y a la inclemencia del hado; / y así, aunque a libraros vais / de la muerte con huir, / mirad que vais a morir / si está de Dios que muráis.»

El rey Basilio, derrotado ya por Segismundo, escucha el parlamento del agonizante Clarín y toma el testigo: «¡Mirad que vais a morir / si está de Dios que muráis! /... / Pues yo por librar de muertes / y sediciones mi patria, / vine a entregarle a los mismos / de quien pretendí librarla.» Le responde Clotaldo, su mano derecha y contrapunto mental: «Aunque el hado, señor, sabe / todos los caminos, y halla / a quien busca entre lo espeso / de las peñas, no es cristiana / determinación decir / que no hay reparo a su saña. / Sí hay, que el prudente varón / vitoria del hado alcanza; / y si no estás reservado / de la pena y la desgracia, / haz por donde te reserves.» Astolfo, la fallida esperanza del rey Basilio, remata: «Clotaldo, señor, te habla / como prudente varón / que madura edad alcanza;»

La Vida es Sueño es una reflexión brillante sobre el gran debate moral, con guerras incluidas, que estaba teniendo lugar en el mundo en el momento en el que se escribió: predeterminación versus libre albedrío. El ser humano siempre anda buscando estúpidas excusas para poder quitar de en medio, sin remordimientos morales, a quien pone coto a sus ambiciones. Y, siempre, esas excusas se construyen desde la hemiplejia moral, que decía Ortega. Discutir entre predeterminación y libre albedrío es igual de estúpido que hacerlo entre derecha e izquierda. El mundo, la vida, no caben en otra ideología que no sea la de que nadie me toque los cojones, que diría Clint Estwood. Todo el mundo está predestinado en la misma medida en que es libre para saltar por el portillo del caer en la cuenta. Igualmente, todo el mundo en sus cabales, sabe que si no se redistribuye la riqueza la convivencia es imposible. El único problema de la humanidad, entonces, sería la proliferación de hemipléjicos morales; ellos pretenden que solo saltes por el portillo que a ellos les conviene, lo mismo que quieren que repartas tu riqueza de forma que ellos se lleven la mejor parte. En definitiva, los hemipléjicos morales serían, en opinión de Nietzsche, los débiles, que tienen una innata propensión a organizarse en mafias para contrarrestar a los fuertes. Debilidad y fortaleza de espíritu, esa es la gran diferencia entre unos humanos y otros; y al respecto, no conviene engañarse, porque ahí hay poca predeterminación que valga; lo que hay, y mucho, es esfuerzo educativo: lo sabían los espartanos y lo saben los judíos. Sólo hay que remitirse a los hechos para comprobar los resultados... más startups en Israel, con solo ocho millones de habitantes, que en toda la Comunidad Europea con sus quinientos y pico. En fin, saquen conclusiones.   

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