miércoles, 17 de junio de 2026

La acción

Creo recordar que es Hamlet el que en una de sus peroratas filosóficas afirma que, el que se queja y no actúa, engendra pestilencia. Personalmente, no puedo estar más de acuerdo con esa sentencia. Y pienso que no por otro motivo es el que haya tanta pestilencia en el mundo, porque, precisamente, como bien señala Calderón en su La Vida es Sueño, no nos quejamos para tomar impulso hacia la acción, sino, más bien, por el consuelo, que es placer, que la queja en sí nos produce.

Seguramente, si hiciésemos un libro comentando las sentencias que emitieron Hamlet, por un lado, y Don Quijote, por el otro, tendríamos el mejor compendio de filosofía que nunca se pudo imaginar. Porque sería filosofía libre de la paja que enmaraña el entendimiento del pueblo llano... y no tan llano. Las sentencias van al grano, que es alimento listo para ser comido, o sea, para la acción por antonomasia. 

Dice Hamlet: "My words fly up, my thoughts remain below. / Words without thoughts never to heaven go."

—Mis palabras vuelan alto, mis pensamientos permanecen bajos. / Palabras separadas de los pensamientos nunca suben al cielo.—

Y si las palabras no llegan al cielo, que sería ese lugar en el que los sentimientos concuerdan con la razón, o el corazón con el cerebro, difícilmente vamos a poder hacer otra cosa que no sea recoger las cacas que va dejando el perro por la calle. A eso se reduce toda la acción de la que es capaz el hombre blandengue que decía el Fari. Bueno, lo del perro y, también, lo de ir a votar, y a vacunarse si se tercia, y a una terraza a blasonar de entendido en futbol... y en inteligencia artificial, que es lo que ahora más mola. 

Hamlet y Don Quijote: sentimientos y razón dándose la mano a través de la acción. Por eso quizá sea que tienen tan poco tirón en este mundo de hombres blandengues. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario