El Papa, que es infalible con la boca, ha venido a España y como que no hay manera humana de evitar el tener que tragártelo. Fui por la tarde a ver qué película del oeste estaban echando en el canal 13, que es el de la Iglesia, y allí estaba él haciendo propaganda del Partido Socialista Obrero Español. Toda esa gente que blasona de ser creyente y de derechas es tan tonta que es incapaz de comprender que la Iglesia a la que adoran no es otra cosa que una agencia de publicidad al servicio de las ideas comunitaristas, es decir, todo dentro del Estado, nada fuera del Estado... o sea, la ideología de todos los partidos políticos en liza por el pastel, aunque no todos son claros al respecto y, por eso, el que se lleva el gato al agua es el que no se anda con remilgos al declarar sus intenciones, es decir, el de los cristianos por el socialismo: hoy día, un cura es indistinguible de un enlace sindical; ambos al servicio de la idea de quitar a los ricos para dárselo a los pobres. ¡Qué bonito suena! En fin, que con su pan se lo coman y quedamos a la espera de que, como a todos los cerdos, les llegue su San Martín y la gente con cerebro pueda vivir en paz.
Por lo demás, les cuento que el otro día iba por la calle y de pronto vi junto a un contenedor de basura algo que no podía ser otra cosa que una guitarra. Escarbé entre la balumba de objetos y, sí, era una guitarra de tamaño cadete metida en una funda cochambrosa. Tiré la funda y me senté en un banco a ver qué se podía hacer con aquello. Estaba asquerosa y con el clavijero bloqueado por la roña, pero tenía todas las cuerdas. Un señor con pinta de viejo roquero que me vio manipular el asunto se me acercó; le dije: a esta la limpio, le echo un poco de aceite al clavijero y le cambio las cuerdas, y como nueva. No le cambies las cuerdas hasta que se rompan, me dijo. Y así hice; la limpié, la engrasé el clavijero, la afine y, ahí la tengo, en una esquina. De vez en cuando la pego un tiento y suena de aquella manera, pero afinada. Ahora ya solo me falta encontrarle un destinatario digno de una posesión tan ilustre... tener una guitarra no es cualquier cosa, y es que, pocas cosas más sofisticadas habrán salido de la mente humana; algo en lo que, sin duda, se roza la divinidad.
El caso es que, como el Capricho Árabe de Tárrega ya lo tengo en el bote, he decidido comenzar el estudio de la Serenata Española de Malats. Es un reto considerable que me está machacando las yemas de los dedos de la mano izquierda, porque tiene unos ligados junto a la cejuela que obligan a echar el resto... pero, en fin, todo será cuestión de insistir: si otros lo hacen, ¿por qué no habría de hacerlo yo? A la medida de mis capacidades, claro está.
Y así se me van las horas, a la espera de que el Papa se vaya con viento fresco y vuelvan a la cadena de la Iglesia las películas del oeste, que, para mí, son como una misa vespertina... ya les contaba el otro día que esas películas siempre tratan de las virtudes teologales luchando contra los pecados capitales y, por supuesto, venciéndolos. ¿Acaso puede haber algo más relajante que ver perder a los malos? Casi tan divino como la guitarra.
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