viernes, 15 de septiembre de 2023

La literatura

La literatura va toda de la condición humana. En ella se tratan de plasmar todas las posibilidades de esta condición. Por eso es una fórmula que ha venido utilizando la humanidad desde la noche de los tiempos para ayudarse en la necesidad, casi siempre inconsciente, de reconocerse a uno mismo. Aunque uno piense que lee por simple entretenimiento, a la postre, se está reconociendo y, con ello, recibiendo garrotazos. Por eso leer puede que no sea más que una forma refinada de masoquismo. De hecho, la inmensa mayoría de la gente se va de este mundo sin haber leído una sola línea de fuste, es decir, que no sean los típicos tópicos periodísticos que por el mismo sitio que entran, salen sin dejar el menor rastro. 

Sí, leer es doloroso. Uno se suele reconocer en lo que ha sido y muchas veces le entran ganas de morirse. ¡Dios mío, pero cómo he podido hacer tantas imbecilidades! Haber sido tan miserable tantas veces. Porque toda vida que se precie de tal está cuajada de imbecilidades y miserias. Y no hay otra verdad que valga y, eso, por más que la inmensa mayoría del tiempo lo pasemos tratando de ocultarnos a nosotros mismos esa verdad. Un intento baldío que seguramente está en el origen de todos los malos rollos que asolan el mundo. 

Así es que leer buena literatura, los clásicos para no equivocarse en esto, es despertar la conciencia a la verdad de lo que es uno. Un sufrir sordo que vendría a ser ese purgatorio por el que los teólogos dicen que hay que pasar para aspirar al cielo. Sí, parece muy complicado todo eso del infierno, del purgatorio y el cielo, pero si te paras un poco a pensar te darás cuenta que no lo es tanto. El infierno es, seguramente, el simple no leer y, con ello, condenarse a la ignorancia de la propia condición. Porque la ignorancia es la fuente de todos los sufrimientos. Empezando por el que produce el miedo que es su hijo primogénito. El purgatorio sería el aprendizaje de la lectura que no es una cosa, como se suele pensar, de hoy para mañana. Son años y años de esfuerzo hasta que empiezas a comprender algo del sentido oculto de las palabras. Entonces es cuando comienza el placer masoquista del reconocimiento que a la postre es el que te da acceso al cielo... pero entonces ya vas y te mueres.   

jueves, 14 de septiembre de 2023

Mitologías

Ayer fui con María a comer al otro lado de la bahía. La barca iba llena de gente ociosa. Como nosotros. Intentamos, en primera instancia, aposentarnos en un restaurante que hay cabe el embarcadero y de inmediato nos salió al paso un camarero para preguntarnos si teníamos reserva. Por supuesto que no. Pareciera que allí lo regalaran, con todos aquellos humos, que mira que hay que tener ganas. Nos fuimos a otro que hay un poco más allá y sin problemas para comer la misma porquería, pero sin someterse a las sevicias que impone la moda. 

Ir por ahí a comer en un restaurante. Es una forma de echar el día. Un poco tonta, desde luego. Pero así es como está montado el asunto. Da igual que te envenenen o te saqueen, la cosa es que no te quedas en casa y tampoco tienes que hacer la comida. Porque podrías preparar cualquier cosa e ir a comerla a un parque o así. Pero entonces nadie te serviría que es de lo que se trata. Personalmente, estoy seguro de haber comido en restaurantes más de la mitad de los días de mi vida. Si no, las tres cuartas partes. Me lo monté así por parecerme lo más práctico y, sobre todo, cómodo. Bueno, y también más literario. No quiero ni imaginar los tostones que habré dado a mis contertulios con historias de comensales y camareros. 

El caso es que, ayer, porque le hacía ilusión a María, porque por mí, malditas las ganas. Si voy por ahí a pasar el día a mi bola lo más probable es que si me entran ganas vaya al Lupa más cercano y me compre una ensalada Florette -la de pasta con rúcula está muy buena- y un botellín de agua y me lo tome a la sombra de cualquier árbol. Es barato y perfecto a efectos de digestión. Porque esa es otra, que ayer eran las cuatro de la mañana y todavía me atormentaba el reseco. Claro, toda aquella sabrosidad...

El problema con esto de los restaurantes, como con casi todas las cosas tontas que nos enganchan, es el mito. Cuando algo se mitifica todos los chisgarabises corren en post de ello. Sin pararse a pensar ni por un instante si compensa o no. Acoplarse al mito es una cuestión de prestigio social. El chisgarabís de turno te cuenta orgulloso el grado de compenetración contractual que ha conseguido con el dueño de cualquier chiringuito acreditado por la moda. Así es como se deja sablear para enaltecer su vanidad. ¡Un habitual de la casa! ¡Marchando lo mejor! Y lo más caro, por supuesto. 

En fin, a lo hecho, pecho. Y, a lo por hacer, cabeza. Que por lo menos haya un poco de justificación, más allá de la comodidad, o el mito, cuando uno tiene que recurrir a los servicios ajenos.  

miércoles, 13 de septiembre de 2023

Paneles

Tengo que tener mucho cuidado con por donde voy a pasear. Ayer, pensando que ya se habría ido la chusma turística decidí ir a dar una vuelta por el Paseo Marítimo, pues bien, otra vez, la última fue hace tres o cuatro meses, lo han llenado aquello con paneles que hacen referencia a la enfermedad. No pueden evitarlo, necesitan tener todo el tiempo, a cuanta más gente mejor, acojonada con la idea de la muerte. Y no es que piense yo que no sea necesario que todo el mundo reflexione sobre lo fugaz de nuestro paso por aquí, pero, ¡joder!, cuando salgo a pasear por la orilla del mar, para soñar, como cantaba Jorge Sepúlveda, que me dejen en paz. Pero no pueden, la mafia política, de la mano de la mafia sanitaria, han decidido que la gente dejada a su bola no les conviene para sus intereses que nos son otros que la extorsión. 

Es increíble. El otro día iba por una de las calles comerciales del centro y vi que en un lugar estratégico habían colocado un camión gigante de esos que tiene un mecanismo que le permite sacar un metro sus laterales para agrandar el interior. Era de la asociación española de enfermería. Cuando pasé a su lado se me abalanzaron un par de lumias vestidas para la ocasión para sugerirme que entrase dentro donde me iban a poner al día en todo lo referente a hábitos saludables. Las mandé a la mierda no sin antes haberme despachado. Es que, ¡joder!, ni ir de compras se puede ya sin que estos vampiros aleteen sobre ti. Es la peor plaga que nunca se pudo pensar que llegase a existir. 

La verdad es que me cago en mis muertos cada vez que doy en pensar que fui médico y colaboré en la creación de este estado de cosas. Como no me enseñaron a pensar, si es que eso es posible, de una forma natural di en creer que mis intereses particulares estaban en el centro de los intereses del mundo. Afortunadamente, los dioses me concedieron algún tipo de don para darme cuenta de las trampas que la condición humana nos pone a nada que te abandones a sus pulsiones más primarias. Querer vivir de los demás, pretendiendo, para mayor regodeo, que lo haces por su bien, es la mayor degeneración de la conciencia que se pueda concebir. 

En fin, lo voy a dejar porque estas cosas crecen y crecen y crecen, hasta que explotan... de lo que, al decir de algunos, estamos muy cerca dado el grado de abuso al que nos ha sometido en los últimos tiempos la mafia político-sanitaria. Los políticos necesitan a los sanitarios porque son los reyes del meter miedo y los sanitarios necesitan a los políticos para que les pongan en bandeja las condiciones idóneas para forrarse. En cualquier caso, voy a seguir dirigiendo mis paseos hacia los polígonos industriales. Allí nadie pone paneles aterrorizantes; solo hay gente que trabaja y algún jubilado que otro escampando la boira o cosa por el estilo. Nada que me recuerde la muerte, en definitiva.  

martes, 12 de septiembre de 2023

A tus zapatos

Llegaron las lluvias de septiembre, equinociales, con ganas; una bendición del cielo. En algunos lados, generarán desastres, pero solo será donde los humanos se pasaron de listos y se pusieron a torcerle el brazo a la naturaleza. ¡Pero quién os mandó aposentaros ahí! La avaricia rompe el saco. Quizá no haya refrán que explique mejor esto que llaman progreso. Se creyeron que los dioses iban a dejar hacer a Prometeo a su antojo. Pero, en fin, este es otro asunto. El caso es que llueve y es como una música extremada que serena el aire y le viste de hermosura y luz no usada. Y no te digo, ya, cómo limpia el suelo de cagadas de perro que es que da gloria ver cómo lo deja. 

Buen tiempo, en definitiva, para estar en casa tranquilo, dedicado a lo que me concierne. Ya le voy cogiendo el punto al Marabino que, por cierto, tiene un inicio que a los dos intentos se te pega a las neuronas como si lo hiciese con superglu. No hay forma de sacárselo de encima como no te pongas con La Catedral, El Choclo y vainas por el estilo. Pero la gozada mayor es por la noche cuando agarro El Mayorazgo de Labraz, me tumbo en el sofá y me enfrasco en la lectura. Admiro tanto a Baroja que casi le adoro. Tengo un recuerdo exacto de cuando, estando todavía haciendo el internado en Valdecilla, fui con un par de colegas a visitar su casa de Vera. Había un señor allí que nos la estuvo enseñando y dando explicaciones durante un par de horas o así. Luego, como hacía a diario él, estuvimos paseando por la carreterita que pasa al lado de la casa y, entre bosques, te adentra en Francia. Eran los terribles tiempos de la dictadura, pero allí no había ni aduanas ni nada por el estilo. 

El Mayorazgo tiene un inicio a lo Quijote o el Manuscrito encontrado en Zaragoza. Un excéntrico inglés le da el manuscrito de una novela al viajero que luego nos la lee. Pero, antes de encontrar al inglés, el viajero nos hace una descripción pormenorizada del escenario en el que van a transcurrir los acontecimientos. Es una técnica literaria como otra cualquiera que se quedaría en nada si la descripción de ese escenario no fuese una obra maestra del arte pictórico. Hay que ser un artista consumado para dejar al lector con una imagen tan pormenorizada y real en el espacio de un par de páginas. A partir de ahí, ya paseas por la novela sabiendo en todo momento en dónde te encuentras. Les iré contando.

Por lo demás, el mundo sigue con sus dimes y diretes. Lo que oyes a unos nada tiene que ver con lo que oyes a otros. Los diversos estados de ánimo hacen su trabajo. Hasta que, al final, los encabronados sean mayoría y convenzan al Ave Fénix para que golpee con su pico la roca y saque las chispas que después alentará con el batir de sus alas. Pero no hay que preocuparse, porque antes habrá puesto el huevo que luego eclosionará con el calor de las cenizas. En, fin, como nos decía Eguino i Trecu, aquel obispo que nos visitaba en el colegio: zapatero a tus zapatos. Según como se mire, no hay mejor filosofía. 

lunes, 11 de septiembre de 2023

Novelas

Terminé el Viaje al Fondo de la Noche de Céline. No sé qué pensar respecto a la fama que tiene esa novela. Claro que esto de la fama... como la publique un grupo mediático potente ya la tenemos armada. No niego que esa novela tenga momentos brillantes, pero también, a mi docto juicio, tiene paja para parar un tren. De hecho, todas las novelas la tienen si no es que no son otra cosa. Por eso Pla decía que el que lee novelas más allá de los treinta y cinco años es, sencillamente, porque se ha quedado rezagado respecto de esa cosa que llamamos madurez. Son opiniones, en cualquier caso, y a lo único que me puedo atener es a mi propia experiencia que, efectivamente, de los cuarenta en adelante, apenas leí novelas; me pongo a recordar y casi solo me viene a la memoria El Doctor Faustus de Mann, que tampoco es que tenga mucho de novela... bueno, y también las de Houellebecq que tienen un morbo especial del que me va.  

Pero, ahora, tratando de aliviar los tedios de la vejez sin paliativos, me he puesto de nuevo a releer las viejas lecturas de prestigio, aunque más propio sería decir fama. Y me entretienen, porque cualquier cosa lo hace con tal de no tener que alejarme de mis rutinas. Voy a una de esas librerías de viejo que tanto han proliferado por la ciudad y pillo una novela cualquiera que me traiga reminiscencias de tiempos despreocupados. Y la verdad es que poco a poco me voy limitando a lo que fue mi real pasión lectora: Baroja. Anoche comencé El Mayorazgo de Labraz y se cubrieron todas mis expectativas. Ahora sé que tengo para unas cuantas veladas casi gozosas. Y ya tengo echado el ojo, para cuando acabe lo de Labraz, a Zalacaín el Aventurero. Baroja es para mí el placer de la identificación. Podría ser yo. De hecho, un colega que tuve, que era hijo del médico de Vera, muy citado por Baroja en sus memorias, siempre me decía que yo era la persona más barojiana que había conocido. No sé, quizá fuese más justo decir schopenhaueriana que así nos englobaba a los dos. 

En cualquier caso, para llenar las horas del día que me sobran recurro a la Historia que viene a ser cotilleo y, como dijo no recuerdo quién, nada enseña. Cuando pasó lo que paso: eso es la historia. Lo mismo que hablan las porteras en las porterías. Algún idiota dijo que conocer la historia sirve para no repetirla. Hay que haber bebido de las fuentes del materialismo dialéctico, o algo por el estilo, para decir una tontería semejante. La historia no es otra cosa que repetición hasta la saciedad. Ya voy acabando por enésima vez los libros de Heródoto. No sé por qué insisto tanto, quizá sea por el placer morboso que me produce el comprobar que a todo hay quien gane. De nada, por muy monstruoso que sea, se ha privado la humanidad a lo largo de los siglos. Y a golpe de monstruosidades es como hemos llegado hasta aquí: el absurdo más acabado que se pueda concebir. 

En fin, vamos a ver en qué echamos el día hoy. 

domingo, 10 de septiembre de 2023

El Marabino

Me he puesto a estudiar la partitura de El Marabino, una composición de Antonio Lauro que a la postre se ha convertido en un segundo himno nacional para los venezolanos. El marabino es el español que se habla por la parte de Maracaibo. Por lo visto usa muchas expresiones en tono jocoso. ¡Esa vaina, cuero! Y vainas así. Tenía yo diecisiete años por aquel entonces en el que vivía en una pensión en Valladolid en la que también se alojaban un par de venezolanos que nos daban mucho de qué hablar. Uno de ellos, Pedro Mejías, no apeaba de la boca lo de la vaina. Le pedí mil veces que me explicase que quería decir cuando decía vaina. ¡Pues una vaina, chico! No hubo forma de sacarle de ahí. Me costó entender que venía a ser como lo de ce truc-là, que también me costó pillarlo, de los franceses: esa cosa. Un comodín, en definitiva. 

De la relación con aquellos venezolanos me quedó una idea sobre Venezuela un tanto desfigurada, como de país sin solución, pero, entrando ya en la madurez vine por casualidad a darme de bruces con la Gramática de Andrés de Jesús María y José Bello. Me tiré dos años dándole vueltas y todavía conservo el deslumbramiento que me produjo. Una sensación de precisión absoluta. Luego vi que en la gramática que Alarcos hizo para la Real Academia de la Lengua hay múltiples referencias al libro de Bello. Desde luego que la idea que tenía sobre aquel país cambió por completo. Y no te digo nada, ya, cuando empecé con lo de la música. De entre las primeras piezas que estudié estaban los Valses Venezolanos de Antonio Lauro arreglados por Alirio Díaz. Todavía, si me pongo, puedo tocar un par de ellos. Verdaderas joyas. 

Es una pena que Venezuela haya venido a dar en lo que ha dado. Aunque parece ser que a España no le ha venido mal del todo porque toda la inteligencia que huyó de aquel desastre populista se ha venido para acá. En realidad, lo de España con las naciones hispanoamericanas es como lo de las canciones flamencas de ida y vuelta. En función de las condiciones sociopolíticas del momento, la gente va y viene, trayendo y llevando con ellos lo mejor de cada sitio. Que no por otra causa es que seamos tan parecidos y hayamos conservado la lengua común en un estado tan puro. No hay más que ver este barrio en el que vivo que cada día que pasa es más hispano y, por tanto, mejor hablado. Nunca vi a un hispano de estos cagándose en Dios para hacerse el importante. 

En fin, no sé, vamos a ver como se me da El Marabino, porque es que ya tengo la agenda un poco sobrecargada. 

sábado, 9 de septiembre de 2023

River of Freedom

Como no podía ser de otra manera, ahora empiezan a inundar las redes sociales del mundo libre documentales en los que se expone la visión de la jugada desde la perspectiva de los que fueron vilipendiados, vejados, apalizados en no pocas ocasiones, por no quererse inocular lo que se ha demostrado ya hasta la saciedad ser una sustancia ineficaz a efectos terapéuticos y peligrosa en cuanto a efectos secundarios. 

He dicho mundo libre con la misma intención que se decía hasta comienzos de los años noventa del siglo pasado cuando se tenía constancia de que, en el mundo que había más allá de lo que se conocía como Telón de Acero, toda la información disponible estaba interesadamente amañada por el poder político. La inmensa mayoría de la gente que vivía allí no se enteraba de nada que tuviese que ver con la realidad. Sin embargo, entre la inmensa mayoría y la totalidad, había una porción de gente avisada que fue la que a la postre minó aquel sistema político y le hizo caer. 

Ahora, aquí, estamos en algo parecido. El poder político intenta, por medio de las oportunidades que brindan los avances tecnológicos, controlar la información dirigida a las masas, y en buena medida lo consigue: todas las grandes corporaciones colaboran con él. Pero es lo que tienen los avances tecnológicos que, como al campo, es difícil ponerle puertas. Y así es que esa porción que hay entre la inmensa mayoría y la totalidad se esté informando por medios que, utilizando esa tecnología, escapan al control del poder político. Aquí sí que se puede decir que, el que quiere, puede. Solo es preciso para ello, dejar de balar... cosa por cierto bastante problemática porque las ovejas nunca saltan al otro lado hasta que ven que lo hace la mayoría, o sea, hasta que se pone de moda. 

Y en ello estamos, poniéndose de moda el salto. Y el poder político cagándose por la pata abajo por mucho que aparente normalidad. Saben que están a un paso de tener que rendir cuentas. Y cuanto más tarden, más ovejas habrán saltado y mayor será la furia. Siempre ha sido y será igual, cuando el poder político está corrompido hasta el tuétano monta numeritos para distraer a las masas, pero todo es en vano. Porque, repito lo que le dijo Don Quijote a Sancho: la verdad adelgaza, pero nunca quiebra, y siempre queda sobre la mentira como el aceite sobre el agua. Montaron lo de la pandemia que les salió fatal; entonces trataron de taparlo con una guerra que les está saliendo peor todavía. A ver por dónde salen ahora... porque esto huele a final de ciclo que tira para atrás. 

viernes, 8 de septiembre de 2023

Divagaciones

Ayer me puse a tocar una pieza de Baden Powel que en tiempos dominaba razonablemente y no me acordaba de nada. Me fueron suficientes veinte minutos de partitura para volver a donde estuve. La memoria, nunca se borra del todo y, por así decirlo, le cuesta poco renacer de sus cenizas. Al menos, esa es mi experiencia. 

Han sido muchas las veces que me han dicho que tengo buena memoria. Es una apreciación subjetiva de imposible comprobación. Quizá sea que tengo algo hipertrofiado ese músculo porque siempre lo cultivé. En cualquier caso, me crie escuchando que la memoria es la inteligencia de los burros. Y, francamente, pensándolo con los criterios que me he ido labrando a lo largo de la vida, esa apreciación me parece una bobada. No sé si para tener memoria hará falta inteligencia, pero lo que sí me parece seguro es que sin una buena memoria difícilmente se puede ser inteligente ya que esta condición no es otra cosa que tener habilidad para interrelacionar los datos que se tienen archivados en la memoria. 

En fin, vaya usted a saber lo que hay de cierto en todo ello, aunque vemos gente que nos hacen sospechar que tienen que tener algo de divino para poder exhibir tanto de la una como de la otra, si es que las dos no son más que expresiones de una misma cosa. Veo de vez en cuando a una guitarrista prodigiosa que incluso ganó un premio Grammy, que por lo visto es lo más de lo más, interpretando la dificilísima, al menos para mí, obra de Leo Brower, El Decamerón Negro. La chiquilla, que tiene veintisiete años, viene dando conciertos por todo el mundo, pero eso no es todo, ¡amárrense los machos!, mientras estudiaba guitarra con los máximos laureles, le dio tiempo a licenciarse en derecho y, para redondear, sacar las oposiciones a fiscal. Y, encima, es tan mona y con tan buen tipo, que se permite el lujo de hacer de protagonista de las historias que subyacen a las obras que interpreta. Por ejemplo, tiene una en la que hace de Alfonsina que... no sé qué decir. Quizá le haya quedado un poco cursi. Y es que, ya está bien de tanta perfección. 

En definitiva, esta chica, Mabel Millán, ¿cómo podríamos diferenciar su inteligencia de su memoria? Y no te digo, ya, nada, de su voluntad. La Santísima Trinidad. Porque esa es otra, esos padres complacientes que suelen decir que su hijo es inteligente pero vago. ¡Anda Ya! Una persona sin voluntad, por definición, es tonta de baba. Bueno, solo son impresiones sobre cosas que ningún aparato puede medir. Así que...   

jueves, 7 de septiembre de 2023

Calderoniano

Fui caminando por el polígono hasta el puerto deportivo de Raos. Lo de puerto deportivo es un sintagma que tiene su aquel para pensárselo dos veces. Personalmente, ver uno de esos engendros me produce una cierta desazón. Ese esfuerzo titánico por sobrellevar el ocio. ¡Con lo fácil que debiera ser! Pero, en fin, allá cada cual con su cruz. El caso, como les decía, es que llevaba ya más de una hora andando y hacía más de cinco que había desayunado. Era justo la hora que llaman del bocadillo de los obreros, las diez y media o así, así que me metí en un bar que había por allí atiborrado de los susodichos obreros o como se les llame ahora, que hay que andarse con mucho cuidado en cómo se califica a la gente porque lo que hasta hace cuatro días podía ser hasta honorable, ahora, a nada que te descuides, es peyorativo. Anyway, allí estaban todos, en plan oveja que bala bocado que pierde. Los pinchos de tortilla y las coca-colas desaparecían como por encanto. Entraban y salían a toda mecha sin intercambiar ni siquiera saludos. Y lo que más me sorprendió es que no vi ni a uno solo pagar con dinero en metálico. Tampoco con tarjeta. Todos con el teléfono. 

Iba observando estas cosas mientas engullía un pincho de tortilla de patatas aderezada con queso de cabra y cebolla caramelizada. ¡Oye, que hay que sofisticarse! Aunque no quieras. Porque es así como corre el mundo. Total, que acabé mi colación y saqué el monedero para pagar. Un gesto sin duda inédito en aquel lugar. Y más cuando dejé propina. De las dos camareras, la de mediana edad se sorprendió, pero luego me dio las gracias con un gesto amable, la más joven, toda llena de tatuajes, no comprendió nada e hizo un ademán como de que me había equivocado, pero fue rápidamente corregida por su compañera que le tuvo que explicar de qué iba la cosa. A esto hemos llegado

Seguí mi camino por la orilla de la dársena hasta que encontré un banco a la sombra en el que retomar lo de Casanova. El tío no repara en gastos, pero como las memorias están supuestamente escritas en sus postrimerías o acaballas, ya empiezan a menudear los lamentos por las nefastas consecuencias que a la postre tuvieron todas aquellas liberalidades de las que tanto había hecho gala.  Supongo que el gatillazo que tuvo con Veronique va a ser un punto de inflexión y que, en adelante, vamos a ver las sevicias de la decadencia. En cualquier caso, todo tiene un aire de familia. Anda por los treinta y cinco o así que es la edad en la que las mentes brillantes comienzan a tomar tierra. 

Por lo demás, hacia la una ya estaba de vuelta en casa lo que me permitió eludir los calores de los que tanto se está quejando la gente estos días. La gente, ese ente que con tal  de poder quejarse no repara en medios para las desdichas buscarse. Lo siento, hoy me levanté calderoniano.

miércoles, 6 de septiembre de 2023

La Cagigona

Tomé el tren hasta La Cantábrica y desde allí fui caminando por la ruta del antiguo tren de Ontaneda hasta La Concha. Hacía calor, el suficiente para dejar los caminos vacíos, pero no tanto como para provocarme sufrimiento. Además, que hay por allí mucha vegetación que proporciona sombras inestimables. Y, para más regocijo del caminante, no dejan de menudear los bancos en esos espacios sombreados. Les aproveché al máximo para refrescarme mientras proseguía con lo de Casanova. Recién depuesta su última criatura del alma, ahora anda con dos hermanas de las que la mayor le quiere apretar las clavijas lo cual el sortea seduciendo a la menor, de catorce años. Acaban en trío, pero, cuando ya la mayor se le entrega, como la pequeña le ha dejado exhausto, tiene el primer gatillazo de su vida. Lo cual sirve para una serie de consideraciones sobre el asunto que no dejan de tener su interés. Pero, en el entretanto, nos narra el desprecio que le ha hecho Voltaire a propósito de la traducción al italiano de L´Ecossaise. Nos cuenta lo arrepentido que está de las venganzas que se ha tomado con Voltaire al que considera un verdadero tesoro para la humanidad, aunque sigue criticándole sus arremetidas contra la religión, porque, aunque tenga razón en sus argumentos, la religión no hay que tocarla porque es el soporte de la moralidad sin la cual es imposible la felicidad en la tierra. Yo diría que este argumento no difiere mucho del que un siglo después hiciera Schopenhauer, pero, bueno, supongo que lo habrán dicho muchos porque il va de soi. 

En el bar La Cagigona de La Concha había mucha animación. Sus alrededores estaban de coches que no cabía uno más. Allá ellos, que cada cual se las apañe como pueda. En cualquier caso, había una mesa para mí en la que me puse como el quico. Como aquello no estaba muy agradable -se ve que se ha puesto de moda- salí pitando tan pronto como conseguí pagar, que no fue fácil, hacia una adecuación recreativa que hay allí cerca. Me tumbé encima de una mesa y me quedé frito por un buen rato. Luego proseguí con el mismo régimen de paradas intermitentes en los bancos del camino para seguir dándole a lo de Casanova, que ya, por cierto, me empieza a cansar... ¡tanto donjuanismo! Como si no hubiese tenido uno bastante con el propio. 

Hacia las cinco llegué a casa. No me sentía cansado, así que acometí algunas tareas domésticas que venían haciendo cola ya hace días. Luego le pegué un repaso a la versión que me he construido de Libertango con retazos de aquí y de allí. Me costará tiempo controlarla mínimamente. Y me tumbé en el sofá para dar un toque a lo de Heródoto. ¡Pero qué gentuza eran aquellos griegos que seguimos admirando tanto! Yo no sé de dónde hemos sacado lo listos que eran porque la verdad es que no sabían resolver nada si no era a hostias. Seguramente la fama les viene de que fueron los primeros que se dedicaron a ponerlo todo por escrito. Lo que hacían y lo que pensaban. Lo cual, claro, no tiene precio. Pero, por lo demás, poco de lo que presumir. En fin, sería largo de contar.  

martes, 5 de septiembre de 2023

Niños

Ayer fui caminando a Maliaño. Soplaba viento del sur lo que hacía que la temperatura fuese alta, pero con el aire seco. La humedad del aire es definitiva para lo del caminar. Cuando es alta es como si te pusiesen una losa encima. Al menos, así es como lo siento yo. Pues bien, como les decía, fui hasta Maliaño haciendo altos en el camino tan pronto como veía un banco a la sombra. Entonces sacaba el kindel para seguir con lo de Casanova. Ahora le tengo en trance de traspasar el ángel de amor al que ha jurado fidelidad eterna a un joven empresario genovés. Y en el interín ha traducido al italiano L´Ecossaise, una obra de teatro de Voltaire, para ser representada Génova en donde a la sazón reside. Esa mezcla de asuntos le da una gran intensidad al relato. Tanta, que uno piensa que seguramente hay más de literatura que de biografía en todo el asunto. Pero, en fin, pelillos a la mar. Llegué al parque Cros razonablemente cansado y me senté en el chiringuito a tomar un refrigerio. Me demoré allí un buen rato porque el espectáculo lo merecía.

Al parque Cros le acaban de hacer una remodelación que a mi juicio ha sido bastante afortunada. Para empezar, han puesto una marquesina gigante con un techo semitransparente bajo la cual hay variados artilugios para solaz de los niños. Una decisión muy oportuna, pienso, para un clima tan lluvioso. Cabe la marquesina hay un espacio considerable en el que por todas partes surgen chorros de agua para que los niños disfruten de ella. A Don Quijote le han quitado del centro del parque para ponerle a un lado desde donde tiene una vista de conjunto. Lo mismo que desde el chiringuito, que es que, si estás a ello, no pierdes detalle de todo lo que se cuece. Por cierto, que donde había aquellas pintadas de cariz marxistoide hay ahora unos murales muy coloridos que añaden alegría al cuadro. 

Resumiendo, que el parque rebosaba vida. Había niños para dar y tomar. Muchos de ellos en traje de baño jugando con los chorros de agua. Los adultos no les perdían de vista, ya fuera desde el chiringuito, ya, desde los bancos a la sombra. No se veían apenas perros y mucho menos un puto turista. O sea, casi la cuadratura del círculo de la felicidad. 

Esto de ver niños jugando es algo que sin duda alguna influye en el ánimo de cualquiera que no sea un monstruo. En cualquier caso, este tema de los niños es delicado de tratar porque pude suscitar susceptibilidades desagradables. Pero lo voy a hacer siguiendo las indicaciones de Gracián que dice que los viejos no solo pueden, sino que deben decir lo que piensan. Pues bien, lo de tener o no tener en lo que más se nota es en lo de los hijos. Porque tenerlos es sin duda una alegría, pero también un varapalo que condiciona la vida como ninguna otra cosa lo hace. Y ya saben lo que significan los varapalos en lo que hace a la modelación del carácter. En fin, de estos tiempos en los que está de moda sustituir a los niños por perros no creo que se vaya a salir muy bien parados. Porque los hijos son sobre todo el aprendizaje del sacrificio, lo que, a la postre, viene a ser el pal de paller, que diría un catalán, de la salud social. Sin niños por los que desvivirse todo son pulsiones ombliguistas. Aunque vaya usted a saber, porque habrá de todo, supongo. 

Vamos a ver para donde tiramos hoy que también sopla del sur.     

lunes, 4 de septiembre de 2023

Prudencia

Lo más sorprendente para mí de todo esto que está pasando es que la gente no se haya puesto todavía a matar a unos cuantos políticos. Es un signo de lo más desazonante porque indica que, como sociedad, estamos muertos.

Les digo esto porque me acaba de llegar un vídeo, enviado por World Doctors Alliance, en el que se ve a un político australiano dando un mitin electoral en el que afirma una y otra vez que ellos no obligaron a nadie a vacunarse, que la gente lo hizo por propia elección. En el mismo video, para contrastar, se ve al mismo político afirmando, también una y otra vez, que aquellos que no se vacunasen serían despedidos de su trabajo, enviados a campos de aislamiento y zarandajas sin importancia por el estilo. 

¿Ustedes qué piensan de esto? Porque no es éste el único político que se pasa de sinvergüenza al respecto. El otro día decía lo mismo el que fuera ministro de sanidad, cuando pasó lo que pasó, del Reino Unido. Y, ¡oye!, como si nada. ¿Pero qué coño será lo que le han metido a la gente? ¿La droga de la sumisión? Porque las mismas autoridades son las que han dicho que como las personas vacunadas tienen más probabilidades de contagiarse que las no vacunadas, lo que tienen que hacer es volver a vacunarse. Y que conste que no me lo invento: solo tienen que ir a la página web de la CDC para comprobar que no hablo a humo de pajas, como se suele decir. CDC, ya saben, máxima autoridad en EEUU en lo que concierne a los asuntos sanitarios. 

Por cierto, que la CDC también ha retirado de su lista de infundios conspiranoicos el que hacía referencia a una posible relación entre las vacunas que ponen a los niños, unas cuantas demasiadas, y el autismo. ¡Vaya por Dios, ahora sí que estamos buenos! ¿Pero es que ya no vamos a poder creer en la ciencia como escudo para toda clase de peligros? Estamos apañados. 

Pues sí, mis queridos, esto de la ciencia, y más cuando es blanda como la medicina, hay que tomárselo con un cierto distanciamiento. Por definición, siempre que detrás de un descubrimiento milagroso hay un gran negocio lo mejor es hacerse a un lado a esperar a ver qué pasa. Porque no todo es lo que parece a primera vista y más si lo que te presentan viene en envoltorio de lujo. Hay que andarse con mucho cuidado con las cosas de la fe. Porque, no digo yo que la virgen María no haya bajado en carne mortal a Cova de Iría, pero, ¡ojo al parche!, porque también puede ser que todo ese montaje no sea otra cosa que una histeria colectiva propiciada interesadamente por una empresa, en este caso la Iglesia, que está viendo decaer su clientela. Ya hemos visto estos últimos años lo fácil que es eso de la histeria colectiva: un par de telediarios y ya lo tienes en el bote. 

Resumiendo, que donde esté la prudencia que se quite la ciencia. Porque ¡madre mía! con qué facilidad te la meten doblada a nada que te distraes.  

domingo, 3 de septiembre de 2023

Honrado y principal

Sigo a trancas y barrancas con lo de Casanova. Me obliga a reflexionar, y mucho, en la propia condición. Sobre todo, en lo que hace a la relación con las mujeres, un asunto, que, si bien lo consideramos, está entre los más espinosos que afrontamos a lo largo de la vida por aquello de la intensidad de las pulsiones que suscita. Lo de Casanova, al respecto, más que rozar da, a mi docto juicio, de lleno en la psicopatía. Tal parece, aunque quizá no sea verdad, que no vive para otra cosa que conseguir piezas selectas. Todo su patrimonio, que no está muy claro de donde sale, si no es de la corrupción que el sistema político aristocrático, en sus últimas boqueadas ya, propiciaba, está puesto al servicio de esa pasión digamos que disolvente. Sí, disolvente, digo bien si me atengo a la propia experiencia. ¡Y qué le vamos a hacer!

En el fondo, y en la superficie, lo de esa afición por las mujeres no es más que otra entre tantas adicciones como hay. Lo que pasa es que, ésta, puede que hasta dé prestigio. Por sana envidia en los hombres y perversa curiosidad en las mujeres. Supongo que es una cuestión puramente biológica de la que solo se puede escapar por medio de la autorrepresión de los sentimientos más primarios. Se ha escrito mucho sobre el asunto y, para muestra sobresaliente, aquel libro que tanto nos dio de sí por aquellos años del cuplé, La Función del Orgasmo. Eso de correrse pareciera que es como si te hubieses salido con la tuya. Muy de niños. Una tontería que a la postre queda en nada si no es un resquemorcillo de malestar. Al fin y al cabo, es una dilapidación de energía que es preciso recuperar para volver a una cierta estabilidad. 

Pero hay lo que hay, y lo de salirte con la tuya tiene un tirón insoslayable. Yo nunca había caído en esto hasta que leí a Houellebecq, un schopenhaueriano de cabo a rabo. Él me descubrió que la cosa va fundamentalmente de narcisismo. O autoestima, como lo llaman ahora. Uno coge gusto a afianzarse por el tonto procedimiento de conseguir otra presa. Porque de eso se trata, de presas. Casanova lo explica maravillosamente: solo pensar por un instante en quedarse colgado de la última conquista ya le hace no poder pensar en otra cosa que en deshacerse de ella, aunque eso sí, como es muy buena persona, sin que el abandono vaya en detrimento de la abandonada: las suele dejar bien colocadas... y ahí es donde más se nota sus aspiraciones aristocráticas, en la generosidad inteligente que siempre muestra hacia todos, y, sobre todo, todas, los que en algún momento han dependido de él. 

En fin, a lo que iba, que una adicción es una adicción por mucho que te afiance sin aparentes efectos secundarios. Es una ilusión, porque esos efectos siempre están ahí y acabarán por pasarte la cuenta. Es una cuestión por así decirlo, bíblica. David no se va de rositas con lo de Betsabé. Aunque en este caso, de esa presa acabe saliendo el rey al que todavía se sigue considerando como el más sabio que nunca hubo. El que escribió el Cantar de los Cantares. Con eso está dicho todo. Pero, bueno, ahora la cosa va de Casanova: tengo curiosidad por ver como sobrelleva el ocaso de su adicción. Aunque me da la impresión que, como honrado y principal que se considera, la sostendrá y no la enmendará no vaya a ser que se le venga el mundo encima.   

sábado, 2 de septiembre de 2023

Conveniencias

Parece ser que hay una cosa por ahí que llaman los BRICS. O sea, los ladrillos en inglés. Suena a ingenioso por aquello de que con los ladrillos se construye. En realidad, esa palabra está hecha con las iniciales de los nombres de cinco países: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Han formado una alianza para plantarle cara a la que lidera EEUU. Y bien, si no para otra cosa está sirviendo para que corran ríos de tinta y millones de sesudos parásitos se ganen la vida opinando al respecto. 

La historia demuestra hasta la saciedad que las alianzas, al igual que los polvos, duran lo que dura dura la conveniencia, que, como todo el mundo sabe es la cosa más tornadiza que dar se puede. Aunque, también hay que reconocer que, mientras dura dura, la ilusión funciona. Y a eso se reduce todo. Porque aquello de, en la salud y en la enfermedad, y  demás formulas rituales, ni siquiera entre dos personas funciona ya que cuando una de ellas aprecia en lontananza expectativas favorables suele salir por pies. 

Pero, sin embargo, hay otra cosa que la historia enseña: siempre que hay alianzas entre los grandes los pequeños se empiezan a matar entre ellos. Acuérdense de la cantidad de peleas de taberna -que así llaman los militares a los conflictos tribales- que había por el mundo cuando aquello que se dio en llamar Guerra Fría. Los rusos y los americanos no paraban de sembrar cizaña entre las pobres gentes con el fin de ponerlas de su lado y así mejor apoderarse de algún recurso natural que por allí hubiese. 

De todas formas, no les auguro mucho porvenir a estos BRICS porque todo indica que el enemigo que les ha unido está ya muy debilitado. Es como la alianza entre EEUU y Rusia mientras Alemania fue poderosa. En cuanto empezaron a verla perdida no tardaron ni dos minutos en ponerse a la greña. Y China y la India, por poner un ejemplo de la fragilidad de esa alianza, ya andan moviendo tropas en su frontera común porque las dos quieren apoderarse de unos recursos hídricos que ambas necesitan imperiosamente para sus proyectos de desarrollo. Por no hablar de la competencia comercial, que lo que vendas tú, no lo vendo yo. Así que motivos nunca faltan. 

Ya digo, todo puro cuento. Siempre hubo grandes que se dedicaron a encizañar a los pequeños para mejor dominarles y, a la postre, expoliarles. Lo que cuenta Heródoto al respecto es punto por punto lo mismo que estamos viendo ahora. Lo único que podemos hacer nosotros, los petits, es rezar para que el encizañamiento al que nos tienen sometidos los unos y los otros no fructifique y nos vayamos a las manos. Porque todo eso de Cataluña, País vasco, por no hablar de las fronteras con Marruecos, no pasa así porque sí; sin duda alguien lo está azuzando.  En fin, qué aburrida por monótona es la Historia. 

 

viernes, 1 de septiembre de 2023

Luz no usada

La vida es una continua paradoja. Corremos de aquí para allá, saltamos de continente a continente, nos enteramos de millones de pijadas y, al final, nos vamos de aquí sin haber catado las cuatro o cinco cosas realmente mágicas que lo son porque, precisamente, los dioses nos permitieron su conocimiento sin que por ello tuviésemos que ser encadenados a una roca en el Cáucaso, donde, ya saben, un águila viene todos los días a picotearte en el hígado. 

Pensaba en estas cosas esta mañana porque, por un lado, he recordado con más pena que rabia los millones de horas que tiré por la borda sentado al volante de un coche. No voy a llorar, porque a lo hecho, pecho, pero, ¡Dios mío, qué majadero he sido! La mayoría de las veces para ir a ningún lado y, otras, a,  sitios a dónde podría haber ido cómodamente sentado leyendo una novela o mirando por la ventanilla las circunstancias del paisaje. 

Por otro lado, siento compasión por toda esa gente que se va de este mundo sin haber disfrutado de las maravillas que se esconden tras lo que conocemos como ciclo de quintas. Esa relación matemática que se establece entre los doce semitonos de la escala cromática. Es la magia de los números. No hay que ser Ramanujan para catar ese prodigio como seguramente no hay otro en la naturaleza. Algo, que, estoy seguro, fue surgiendo de las progresivas intuiciones de los ociosos que se demoraban acariciando las cuerdas de cualquier instrumento musical que, es muy probable que fuesen los primeros instrumentos que inventó el ser humano. Antes, incluso, que el garrote para dar con él en la cabeza al vecino al que le querían quitar algo. Y es que, lo primero es lo primero, y los juegos del espíritu son los que nos definen como especie. 

Pues sí, así corre el mundo, con una obsesión malévola por perfeccionar el garrote que ya ha adquirido características de casi ficción sin que por ello nos haya puesto mucho más fácil quitarle al vecino lo que nosotros codiciamos y él no quiere soltar. Así, poco más o menos, se podría resumir la historia de la humanidad si no nos atuviésemos a lo que realmente pervive a lo largo de los milenios... que no es otra cosa que el aire sereno vestido de luz no usada cuando suena la música extremada por cualquier sabia mano interpretada. Sí, mucho misil y mucha mandanga, pero ¿acaso no será recordada esta época como aquella en la que miles, quizá millones de personas, se pusieron a hacer sus particulares versiones de Libertango? Sí, esa es la cuestión crucial, que la gente nunca se cansa de cantar a la libertad. Y nunca habrá garrote suficientemente sofisticado como para hacernos callar.