lunes, 15 de enero de 2024

Dichosos en la desdicha y viceversa

A propósito de la entrada que hice el otro día sobre los hijos, me envía Fede una serie de reseñas sacadas de las tragedias de Eurípides. Dice Andrómaca: "para todos los hombres los hijos son la vida. Si alguno los censura por no haber conocido la dicha de tener hijos, y si no sufre por ellos, es dichoso en la desdicha". Y Medea: "¿por qué, en medio de tantos dolores, infligen los dioses a los hombre el más amargo de todos a causa de sus hijos?".  El coro en Orestes: "Quienquiera que sea dichoso con sus hijos y no haya sufrido males abrumadores a causa de ellos, es digno de envidia". 

Vistas así las cosas, y siempre teniendo en cuenta que a los mortales las palabras apenas nos sirven para poco más que para jugar con ellas, no por nada, sino porque todo lo decisivo está predestinado por la divinidad, yo les preguntaría, ¿qué es preferible, ser dichoso en la desdicha de no tener hijos  o desdichado en la dicha de tenerlos? Ya ven, juego de palabras que bien se pudieran sintetizar en aquello de "lo comido por lo servido". 

Sea como sea, los hechos son lo que cuenta. En el breve lapso de tiempo de mi vida el mundo ha pasado de los dos mil millones de habitantes a los ocho mil millones. Ha habido, por tanto, una desmedida preferencia por ser desdichados en la dicha de tener hijos. Pero como nada es eterno y todo cambia según el designio de los dioses, pareciera que ahora se hubiesen vuelto las tornas y, por así decirlo, se hubiese encontrado la piedra filosofal: a la dicha de no padecer las preocupaciones y sacrificios que procuran los hijos se la añade el remedio a la desdicha por no tenerlos, a saber, la tenencia de una mascota a la que se trasfieren todos los afectos propios de la pater o maternidad. 

Resumiendo: hablar por hablar. Porque si hay algo que uno haga en esta vida de forma inconsciente eso es todo lo relacionado con los hijos. En cualquier caso, esa es mi experiencia.

domingo, 14 de enero de 2024

Del monte en la ladera

 Hoy Le Précepteur nos deja un vídeo sobre Nietzsche y la meledicencia. La verdad es que no dice nada nuevo, pero, en cualquier caso es bueno que nos lo recuerden porque somos tremendamente olvidadizos. En definitiva, que el que está mal, o sea, todos en un momento u otro, solo encuentra consuelo en denigrar a los otros. Los otros son los que, el que está mal, en ese momento, considera más fuertes que él. Superiores, para que nos entendamos. Porque, denigrar, o maledecir, no es más que un síntoma de la enfermedad más común de todas: el complejo de inferioridad. El maledicente, en su pequeñez, se siente armado por una coraza de superioridad moral que le hace invulnerable. Él maledice porque quiere un mundo mejor en el que la moral, es decir, las costumbres que han impuesto los débiles, que son los más, para defenderse de los fuertes, que son los menos, sea la reina del cielo. Resumiendo, al débil lo que más le consuela es que el fuerte pase por el aro. Es su venganza por lo poco que le favorecieron los dioses. 

Bueno, servidor no puede estar más de acuerdo con Nietzsche. Y le agradezco infinitamente que me haya desvelado mi yo más repulsivo. Porque mira que he sido, y sigo siendo siempre que me descuido, maledicente. Y no veo otra solución a esta perversión del carácter, o carencias del espíritu, que la que nos describe Fray Luis en su elogio a la vida retirada. Ya saben, "del monte en la ladera, por mi mano, plantado tengo un huerto, que con la primavera..." Sí, los enfermos del espíritu, todos quizá, solo podemos escapar a la maledicencia, no dándonos oportunidades de practicarla. Por eso es tan nefasto eso que llaman socializar. Cuando socializas tienes todas las bazas para maledecir. Hablar mal de los que envidias de una forma inconsciente, como por designio biológico. 

Pelillos a la mar. Estoy ahí emperrado con el solo de guitarra de "Nunca vas a comprender", esa que a mí me parece maravillosa canción de Rita Payés. De Rita Payés y su madre Elisabeth Roma. Esa sí que es una relación como Dios manda entre madre e hija. No puede haber malos rollos si una toca la guitarra y la otra canta o toca el trombón de varas. En eso, pienso, consiste la única socialización decente posible, en juntarse para hacer cosas que ha costado mucho esfuerzo aprender. En fin, que vida esta; menos mal que tengo este huerto aquí, en esta ladera del monte. 

sábado, 13 de enero de 2024

Hijos

  <<Y es cierto -piensa Azorín mientras baja por la calle de Toledo- que yo tengo un cansancio, un hastío indefinible...>>

<<Y luego. cuando salió mi artículo sobre el Amor Libre, ¡un aluvión de protestas! "El autor -decía en una de ellas un viejo progresista- o es un loco o no debe de tener hijas..." No, no tenía hijas ni nada...>>

<<Azorín entra en la calle de los Estudios. Pasa por la misma una mujer con dos niños. Y Azorín piensa:

No sé qué estúpida vanidad, qué monstruoso deseo de inmortalidad, nos lleva a continuar nuestra personalidad más allá de nosotros. Yo tengo por la obra más criminal esta de empeñarnos en que prosiga indefinidamente una humanidad que siempre ha de sentirse estremecida por el dolor; por el dolor del deseo incumplido, por el dolor, más angustioso todavía, del deseo satisfecho... Podrán llegar los hombres al más alto grado de bienestar, ser todos buenos, ser todos inteligentes..., pero no serán felices; porque el tiempo se lleva la juventud y la belleza, trae a nosotros la añoranza melancólica por las pasadas agradables sensaciones. Y el recuerdo será siempre fuente de tristeza... >>

Y todo este jeremiaco lamentar porque ha visto a una madre con dos hijos. Y no es que lo que dice me parezca carente o no de lógica, que en eso no quiero entrar ahora; lo que me pregunto es si Azorín hubiera escrito eso mismo si hubiese tenido hijos. Y es que ahí hay una cuestión que, a mi juicio, tiene mucho que ver con la hamletiana del "to be or not to be". Ser o no ser, tener o no tener hijos. ¿Por qué unos tienen hijos y otros no? Para mí cada vez está más claro: es un asunto de la exclusiva competencia de los dioses. A quién quieren se los dan y al que quieren se los hurtan. En mi caso, al menos, no recuerdo que hubiera una voluntad expresa. Vinieron porque vinieron y, a partir de ahí, ya todo fue diferente. Nunca más me los pude sacar de la cabeza. Su bienestar y seguridad es una obsesión permanente. Y uno comprende perfectamente que es todo pura biología: estamos programados para sentir que en los hijos nos prolongamos. Una ilusión, en definitiva, que todos los sabios razonamientos nunca podrán destruir. 

Ni mejor, ni peor. Simplemente es, como digo, por el querer de los dioses. Te llevan por un lado o te llevan por otro. Y, de ello depende el que veas las cosas de un modo u otro. Azorín, que no los tenía, deja constancia de cómo las ve él. Aunque eso no quiere decir que todos los que no los tengan lo vean igual. Lo mismo que tampoco los que los tienen vayan todos a sentir prolongarse en ellos. Pero yo no negaría que hay una tendencia irreprimible según de qué lado te hayan colocado los dioses. En fin, hijos.

viernes, 12 de enero de 2024

Il mondo

Siempre han pasado y están pasando cosas horrorosas en el mundo. La importancia que le damos en cada caso depende de en cómo nos afecta personalmente. Ahora, por ejemplo, hay un infierno en Gaza por el que unos se rasgan las vestiduras y otros lo encuentran perfectamente justificado. Porque lo de Gaza es lo que un filósofo llamaría una aporía, es decir una inviabilidad racional. Judíos y filisteos llevan milenios dándose leña y al parecer siguen sin cansarse. Luego, están los idiotas que toman partido en función de sus particulares dogmas. Pero, la realidad es que los abscesos crónicos de vez en cuando tienen que supurar so pena de que la infección pase al torrente sanguíneo y la cosa acabe en sepsis, que es como decir el cataclismo total. 

El caso es que la semana pasada o así un equipo de investigadores liderados por Denis Rancourt ha llegado a la conclusión de que el chiste de las vacunas para el coronavirus se ha saldado con la muerte de diecisiete millones de personas. Y a eso hay que añadirle todas las que se produjeron por tortura psicológica y malpráctica médica. Porque la realidad de todo esto es que el coronavirus de marras era un virus respiratorio no más patógeno que cualquiera de los que convivimos a diario. Todo ello, en su conjunto, ha sido una tercera guerra mundial que, como nos la han metido con la vaselina de la ciencia, la mayoría de la gente ni se ha enterado. 

Y así son los intríngulis del mundo que ya nos dejó la Ilíada niquelados. Allí estaban los aqueos y los teucros matándose entre sí con entusiasmo y, nunca mejor dicho, por el querer de los dioses. Porque son las intrigas de los dioses en su afán de prevalecer las que mueven todos los hilos del conflicto. Si no hubiera habido dioses, la guerra no hubiera tenido lugar. La cosa empieza cuando Zeus tira las manzanas de oro sobre la mesa y dice que para la más bella y le pide a Paris que haga de juez. Claro, para quién van a ser, para Helena que es la viva representación de Afrodita. A partir de ahí comienza la toma de partido, los guapos, por un lado, los menos guapos por otro, y el poder supremo aprovechando las rencillas entre unos y otros para seguir acrecentando su poder. 

O sea, que siempre hay gente flotando en las nubes que son los que, a la postre, mueven los hilos. Gente que acrecienta su poder con las desgracias ajenas. Pero, como se esconden en las nubes, nunca sabremos a ciencia cierta quiénes son por más que podamos sospecharlo al ver quienes son los que se enriquecen con el invento. En fin, el mundo, qué aburrido por previsible... no me va a costar mucho abandonarlo.  

jueves, 11 de enero de 2024

El Buen Amor

 A Azorín se le muere el maestro, se le muere el amor platónico, se va a Madrid, visita Toledo... todo, absolutamente todo, contribuye a que su estado de ánimo sea lo siguiente a depresivo. Aquella España en la que se estaba cociendo la guerra civil que vino luego no era, desde luego, para espíritus sensibles. Los políticos, la hez de la sociedad, y también su destilado. Es el país de la alegría impostada, la chulería, el gusto hortera. Todo se jodió en el siglo y pico que va de El Libro del Buen Amor a la Celestina. De lo objetivo a lo subjetivo. De la espiritualidad de la Reconquista a la acción de la Conquista de América.

Es un punto de vista curioso por el que es difícil no sentir simpatía. Tengo relativamente recientes las lecturas de esos dos libros y recuerdo perfectamente el estado de ánimo que me suscitó uno y otro. Diría que se invirtieron respecto del suscitado por las antiguas lecturas. El Libro del Buen Amor gano enteros en la misma proporción que los perdió la Celestina. En el uno se está en el apogeo y en el otro ya se va de retirada. En la Celestina ya se masca la decadencia que venimos arrastrando desde que conseguimos por fin echar a los moros. Es como si la vida hubiese perdido su sentido primigenio... que es lo que destila por los cuatro costados El Libro del Buen Amor. 

Pero, vete tú a saber, porque en esto de las conjeturas siempre que uno busca las encuentra. Pero algo es evidente y, eso es que, el estado de ánimo de Azorín en aquellos días que, como les decía, se estaba mascando la tragedia, tiene muchas similitudes con el que nos señorea a no pocos en estos días en los que hay que estar muy ciego para no darse cuenta de que pintan bastos. El rollo de las pandemias, de los calentamientos globales, de los ajustes de cuentas con la historia, de las confusas identidades... son demasiados sinsentidos de una tacada como para que no tengamos la mosca detrás de la oreja de que hay una intencionalidad premeditada. ¿Cómo salir de todo esto por las buenas?

Bueno, ¿saben qué?, que me voy a Mercadona a aprovisionarme. Porque eso es como lo del Arcipreste, contacto con la realidad objetiva. Uno ve esas estanterías rebosantes y como que el espíritu se le serena. No, no es posible, te dices, que, estando así las estanterías, pueda pasar cualquiera de esas premoniciones funestas que hacen los agoreros. Esas estanterías no serían posibles sin una sociedad que funciona.   

miércoles, 10 de enero de 2024

Zeus spoiler

Hera se ha ataviado y maquillado como la más sofisticada de las hetairas para ir a seducir a Zeus. Quiere apartarle del monte Ida desde el que está dirigiendo la lucha que se traen entre sí aqueos y teucros. Y le quiere apartar porque está favoreciendo a los teucros que son los que a ella le caen fatal. Armas de mujer. Consigue su objetivo, lo que tampoco es sorprendente dada la trayectoria de Zeus que coño que ve, coño que quiere. Echan un polvo que, como todo el mundo sabe, es el más natural de los somníferos, y, mientras Zeus duerme, Hera, con el concurso de Poseidón, da la vuelta a las cosas y los teucros de perseguidores pasan a perseguidos. Entonces, Zeus despierta y, al contemplar el nuevo panorama, dice airado: 

"Este engaño, maléfica Hera, que enmienda no tienes /  ha hecho que Héctor dejara la lucha y sus huestes huyeran. / Yo no sé si azotarte de modo que tú la primera / seas en disfrutar en tu carne tu astucia funesta."

Afortunadamente para Zeus, en aquellos tiempos no había ministerio de igualdad porque, de haberlo habido, ni Ilíada ni leches. Pero esto es otra historia para otro momento. Porque lo curioso es que después de maltratar de palabra hasta cansarse a Hera, Zeus se dedica a hacer de eso que ahora llaman spoiler, es decir que nos cuenta en un párrafo todo lo que va a pasar en la película:

" Febo Apolo irá entonces a dar nuevos ánimos a Héctor / y a infundirle valor y hacer que al corazón se le olvide / el dolor que le oprime. Serán los aqueos ahora / rechazados, lanzados por él a la fuga cobarde / correrán a la naves bancadas de Aquiles, el hijo / de Peleo. Y hará éste que vaya su amigo Patroclo / al combate, que habrá de morir alanceado por Héctor / ante Ilión, cuando a muchos guerreros él haya matado / y entre ellos, también Sarpedón el divino, mi hijo. / Airadísimo, Aquiles divino dará muerte a Héctor. / Desde entonces haré que el avance sea firme, partiendo / de las naves y no ha de cesar hasta que hayan tomado / los aqueos a la excelsa Ilión, como quiere Atenea."

En realidad, ya está contada toda la Ilíada.  

Me decía Santi que, hasta no hace tanto -supongo que hasta que los socialistas se hicieron con el cotarro- la lectura de la Ilíada, con la de la Biblia, era parte fundamental de cualquier plan de estudios. Y es que supongo que después de leer y comentar esos dos libros poco te puede quedar por aprender que no sean matemáticas y música. De hecho, en mis dispersas estancias en el Reino Unido pude comprobar que en los colegios de postín se sigue trabajando la Ilíada: hacen representaciones de los pasajes más significativos, como cuando Príamo va a las tiendas de Aquiles a suplicarle que le devuelva el cadáver de su hijo Héctor. El otro día me comentaba Fede con entusiasmo esta escena en la que, según él, no pueden caber más emociones descritas de forma más impactante. 

En fin, allá cada cual con la forma en la que emplea sus ocios, pero que nadie se engañe al respecto, porque una cosa es la Biblia y la Ilíada y otra cosa es todo lo demás... que no es más que repetición de la jugada. 

martes, 9 de enero de 2024

Lo dice la ciencia

Por lo visto, vuelve la moda de las mascarillas. Quién puede discutir su efectividad si lo dice la ciencia. Ya ven ustedes, se empieza por el anís y se acaba por las mascarillas. Si no se lo creen, googleen anís del mono y verán que en la etiqueta del producto hay un mono que se parece mucho a Darwin y que en su mano izquierda lleva un papel que dice: soy el mejor, la ciencia lo dijo, y yo no miento. Pues, con las mascarillas, exactamente igual. Porque no es que coloquen tanto como un carajillo de anís del mono, pero pueden estar seguros de que colocan lo suyo. Y no voy a entrar en cálculos ahora de por qué la mascarilla coloca, pero si quisiera les podría dar una clase magistral sobre las alteraciones que la mascarilla produce en el intercambio gaseoso y cómo esas alteraciones afectan al cerebro de una forma simpática. ¡Como para protestar por el invento! En fin, parece que la pragmática emitida por el gobierno de momento solo afecta a los centros sanitarios. Así que con un poco de suerte nos libramos. Porque no creo que vaya a durar mucho esta racha de catarros porque ya se nota que los días son más largos. 

En cualquier caso, con mascarillas o sin ellas, la cosa al parecer anda por ahí más revuelta de lo que nos tiene acostumbrados. Veía ayer un video de lo más divertido en el que los labradores alemanes iban al centro de Berlín con sus cubas llenas de purines para arrojarlos con delectación en las fachadas de las sagradas instituciones públicas. El que haya vivido en la Cataluña interior, por donde la Serralada Central, sabe muy bien lo que es que te arrojen los purines a las puertas de tu casa. Ahí sí que no hay mascarilla que valga: el hedor traspasa hasta las paredes. Y ya, luego, si a los labradores se unen los camioneros... no sé qué va a pasar con todo esto, pero pido a Dios que no se cebe con nosotros como hizo con aquellos egipcios que se habían pasado un poco de soberbios... que es en lo que, a mi parecer, estamos.

Por lo demás, ahí vamos, entretenidos con nuestras cosas. Mientras haya voluntad para ello, tiraremos pa lante. Así que como ya tengo bastante controlada la Estrellita de Ponce, voy a ver con qué nueva partitura me pongo. Quizá Cielito Lindo que es de aquellas canciones que nos sabíamos de niños de tanto escucharlas en los altavoces del Hotel Cantábrico. Subíamos de merienda a los picos y desde allí escuchábamos resonar todo el valle con los aires que se había traído Fonso, el propietario del hotel, de sus aventuras equinociales. Es muy curioso esto de las melodías de la infancia. Seguro que es lo último que se atreve a borrar el alzheimer. En fin, en resumidas cuentas, que mientras tengamos canciones en la cabeza será difícil que alguien nos doblegue, ya sea con mascarillas, ya con purines... porque, coges, agarras, te vas a YouTube y pones Rosalía y ya estás en otro mundo. ¡Qué prodigio, por todos lo dioses del Olimpo! Nunca escuché cosa igual.  

lunes, 8 de enero de 2024

El homiliador

En estos días del invierno crudo, con rachas atemporaladas que vienen por el noroeste, tener un refugio caldeado es para dar gracias a los dioses y no parar. Apenas salgo lo necesario para la cosa logística. Tengo de todo a dos pasos, que es la ventaja que tienen estos barrios populosos. Reconozco que fue un largo aprendizaje el de no necesitar la calle salvo cuando las circunstancias climáticas invitan con insistencia. Aprender a estar solo con tus cosas, digamos que es el antisocialismo por antonomasia, y por eso debe ser que esté tan desprestigiado, porque, según la propaganda al uso no hay nada peor para la mente que no socializar, esa cosa que antes se llamaba relacionarse, pero que ha habido que cambiarle el nombre para seguir haciendo propaganda. 

En cualquier caso, allá cada cual para saber defenderse de los embates de las corrientes dominantes en cada momento. De las modas que van y vienen. Acogerte a ellas, pareciera como que te apuntala y, de hecho, a ciertas edades así es. Cuando lo de la maldita adolescencia, que dura y dura y dura, sobre todo para los padres del angelito o la angelita. Aunque he oído decir a unos sociólogos franceses que hoy día los padres se entienden perfectamente con sus hijos adolescentes, precisamente, porque siguen instalados en esa edad. La adolescentización de la sociedad, que le dicen. Vete a saber.

Aprender a estar solo es, si quieren llamarlo de otra manera, madurar. Y, como se suele decir, más vale tarde que nunca, pero, no se engañen, tardar en madurar más de lo preciso es una de las mayores desgracias que a uno le pueden ocurrir en esta vida. Por muchas cosas, pero, sobre todo, porque madurar es dejar de sufrir inútilmente. O, si mejor quieren, aceptar que la vida es sufrimiento y que no queda otra que adaptarse a él. Y como a todo se acostumbra uno, y la costumbre es la reina del cielo, pues, resulta así, que el sufrimiento aceptado es una forma de cielo. 

Bueno, voy a ver si agarro la guitarra porque esto de inventarse cada día una homilía es muy fatigoso. Aunque, también reconozco, sumamente útil para el homiliador, que tiene que pasarse un rato meditando sobre cualquier cosa que sea que se trae, no entre manos, sino, por así decirlo, entre neuronas. 

domingo, 7 de enero de 2024

Chiquillas

En el mundo pasan cosas que arman mucho revuelo, como si fuesen novedosas, pero la realidad es que no son más que más de lo mismo. Un proxeneta de lujo invitaba a gente de postín a ir su isla donde tenía a unas cuantas chiquillas puestas siempre en la posición idónea, más o menos como aquellos frailes de la novela de Sade tenían a Justine. Más viejo que el mundo, a los ricos, para cuadrar su particular círculo, solo les falta  lo que un proxeneta les puede proporcionar, es decir chiquillas. ¡Que aburrido, por Dios! Uno lee la Biblia, o cualquier texto de los antiguos y siempre es lo mismo, el poderoso quiere ser como el ciervo que gana en la berrea: para follárselas a todas. En el fondo no son más que víctimas de una adicción. Y quizá de las más destructivas que hay. No hay que leer las memorias de Casanova para darse cuenta de ello; basta con considerar las tonterías que uno, en su pequeña escala, llegó a hacer por tal de salirse con la suya al respecto. En fin, ya digo, qué aburrido. Más de lo mismo.

Lo que nunca es lo mismo, un millón de veces que lo intentes, es resolver un problema geométrico. Es un filón inagotable. Las posibilidades son infinitas, lo mismo que las dificultades. Y cuando consigues resolver uno de esos de olimpiada china o rusa la satisfacción es manifiesta y sin resaca. Lo mismo que cuando tocas una pieza musical y consigues que te resuene dentro. Son los placeres del espíritu, sin duda los más auténticos y los menos cultivados por razones obvias: exigen postponer la consecución del deseo hasta sabe Dios cuando. 

Esa es la cuestión, que hay en el mundo multitud de oportunidades de darse un homenaje sin complicarse la vida ni complicársela a los demás y, sin embargo, por la mala educación, o lo que sea, ponemos todo nuestro empeño en consecuciones instantáneas y absurdas que pasado el feliz instante de su logro dejan una rastro de ansiedad que no hay forma de controlar si no es con otra consecución igual de instantánea y absurda; es la lógica del un "clavo saca otro clavo" y así hasta que el cuerpo aguante. 

¡Hombre, yo no digo que darse de vez en cuando un homenaje animalesco no sea bueno para el espíritu! Creo que era Séneca el que recomendaba agarrarse una buena cogorza de vez en cuando. Dionisos está ahí no por nada sino porque el abuso de lo apolíneo nos hace pensar que somos lo que nunca podremos ser, dioses, la más destructiva de todas las ilusiones. 

En resumidas cuentas, que cada uno se las apaña como puede y, luego, si no está muy convencido de lo hace, se larga rollos como el que acabo de largar para darse ánimos. 

sábado, 6 de enero de 2024

Lances de encrucijada

Ayer fui a echar un vistazo a las obras de mejora en un piso que han comprado mis hijas y por los vericuetos de la conversación acabamos hablando de la Biblia. El albañil, por los sesenta y tantos, me confesó que ellos, me imagino que refería a su ayudante, eran evangelistas. El hombre estaba muy al tanto de todos los intríngulis de David, Betsabé, Salomón y demás. Sin embargo, el Nuevo Testamento le ponía en un brete con algunas de sus atrevidas proposiciones; particularmente la de la virginidad de la Virgen, valga la redundancia. Estuvimos un buen rato dándole vueltas al asunto que, efectivamente, tiene sus perendengues, aunque, a la postre, quizá no sea más que una ingeniosa resolución del espinoso conflicto edípico, ya que a nadie le resulta agradable imaginar a su madre fornicando con otro hombre. Así que, aquellos viejos padres de la Iglesia pensaron que metiendo por medio al Espíritu Santo se acabó la rabia. Bueno, como les decía, el asunto da para mucho sin que nunca se pueda llegar a conclusiones definitivas si estás fuera de la fe católica, así que el buen hombre, en un momento dado, dijo que tenían que trabajar y, a mi sugerencia de ciertos cambios en el proyecto presupuestado, se puso un poco farruco y dijo que habría que pagar más. Lógica evangelista, pensé. Protestantes. 

El caso es que con todo esto del arreglo del piso de mis hijas estoy teniendo una oportunidad de oro para observar el mundo circundante. Dicen que si derechas, izquierdas y mediopensionistas; todo eso son paparruchas. El mundo actual esta definido por la cisura que hay entre funcionarios y los que van por libre, es decir, los que producen. Y en medio, para evitar las fricciones, las legiones de abogados que, mayormente, se encargan de encontrar la trampa que tiene toda ley, porque es evidente de toda evidencia que si las leyes se siguiesen al pie de la letra no habría dinero en el mundo para arreglar un piso, pero, lo que sobre todo no habría, sería paciencia humana que pudiese soportar el papeleo requerido. Porque, además, una vez que te han sacado el dinero, es imposible seguir la pista a los papeles; en mi caso, el otro día me llamó un empresario que me hizo una obra hace años para decirme que le habían llegado los papeles que me costaron una pasta y el vía crucis de media docena de ventanillas. Oye, nada, a tirar pa lante con las obras y que sea lo que dios quiera. Si surgen problemas, para eso están los abogados.  

Eso sí, de una cosa estoy convencido: es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un funcionario se haga evangelista. Al menos yo no he conocido a ninguno que tuviese esa veleidad. Quizá es que no lo necesiten porque ya se sienten vivir en el cielo: un sueldo asegurado por vida. ¡La repanocha! Y por propios méritos, claro está, que no hay privilegiado que no crea justificado su privilegio . 

Y así corre el mundo, amigo Sancho. Que no por otra causa es que haya tantos lances de encrucijada. 

viernes, 5 de enero de 2024

Comparar

Pocas cosas explicitan tanto la pobreza de juicio como la comparación. Tratas de explicar una película, una novela, una música, refiriéndolas a otras que se suponen muy conocidas por la concurrencia. Es algo que ha sido muy frecuente en mí y en los ambientes que he frecuentado. Es la erudición del conocimiento, algo que, como se viene sabiendo de antiguo, no sirve para absolutamente nada que no sea eludir una dificultad, es decir, creer que se ha salido del paso con cierta dignidad. 

Pues sí, comparar, algo odioso como dice el dicho, es confesar la incapacidad para enjuiciar la cosa en sí. ¿Qué quieres decir cuando dices que tal película recuerda a las de John Ford? ¿Quién es John Ford? ¿Es que se debe suponer que todos saben quién es y cómo son sus películas? Es de todo punto ridículo. Como de Preciosas Ridículas de Moliere... una comparación, ésta, que lo único que demuestra es que soy un pedante. 

El caso es que así suelen ser todas las conversaciones que se mantienen en los foros atiborrados de esa clase social que se ha dado en llamar la de los pantomimas full. Que sí, son lugares que están bien para los adolescentes que necesitan el apuntalamiento de la moda para mantenerse erguidos, pero que cuando se frecuentan más allá de la primera juventud es signo patognomónico de una debilidad mental que no da para más que para acceder a la categoría de funcionario público. 

¡Qué rabia, madre mía, haber tardado tanto en caer en la cuenta! ¡Qué vergüenza de vida! 

jueves, 4 de enero de 2024

Ver

En realidad, un buen aprendizaje -me repugna decir educación por lo que el término contiene de sometimiento a la norma prestablecida-, un buen aprendizaje, digo, seguramente no exige más que insistir en el arte de la escritura. A veces lo he comentado con Santi la poca importancia que se da en las escuelas a la escritura. Quizá la consideren peligrosa. 

Sigo, pausadamente, con la lectura de La Voluntad de Azorín. 

"La verdura impetuosa de los pámpanos repta por las blancas pilastras, se enrosca en las carcomidas vigas de los parrales, cubre las alamedas de tupido toldo cimbreante, desborda en tumultuosas oleadas por los panzudos muros de los huertos, baja hasta arañar las aguas sosegadas de la ancha acequia exornada de ortigas." 

Esa penetración casi dolorosa de la realidad. Es lo que Pessoa llamaba erudición de la sensibilidad. No ha necesitado Azorín moverse de Yecla para describirnos el mundo en su totalidad. Haber aprendido a observar por medio de la reducción del ámbito. En cualquier sitio está todo para el que ha aprendido a ver. Porque ese es el gran engaño en el que vivimos la mayoría, que hemos dado en creer que mirar es igual que ver. Pero nada más lejos. Para ver, como pasa con la música, se necesita practicar y practicar y practicar, en este caso con el instrumento de la escritura. Me imagino a Azorín, un niño solitario que mira por la ventana y quiere ver el mundo. Y para que no se le escape nada lo va apuntando todo en un cuaderno. Hay muchas cosas de las que no conoce el nombre y va a preguntárselo a sus padres o lo busca en un diccionario. Así, a base de constancia, expande su capacidad de observación o, si mejor quieren, la agudeza de su mirada. Se ve lo que se puede decir; lo que no se puede decir es porque no se ve. 

Aprender a ver, eso es lo que no quieren enseñar en las escuelas públicas, porque una ciudadanía que ve es inmanejable por el poder en curso. En fin, bueno, como dice Pessoa, comprendo que el que no sepa ver ande todo el día de aquí para allá buscando lo que nunca podrá ver. Y de ahí esa agitación que hay en el mundo. Y todo porque no le dieron importancia a la escritura en las escuelas. En las públicas, quiero decir. 

miércoles, 3 de enero de 2024

Tiempos de esperanza

Desde mi agudo punto de vista, el epicentro del terremoto que está empezando a producirse en este país y su área de influencia se encuentra en el Instituto Juan de Mariana. Para que me entiendan, la primera sacudida de ese terremoto ha sido lo de Milei en Argentina. Y es que por más que la figura de Juan de Mariana, como todo lo que tiene que ver con la Escuela de Salamanca, se nos haya venido ocultando cuidadosamente para que no nos corrompiéramos, al final al caer en nuestras manos los libros de Hayek y Rothbard, entre otros, era tanto su peso que nos hizo caer del caballo camino de Damasco. ¡Por Dios Bendito! ¿Cómo fue que no nos habíamos dado cuenta con lo claro que estaba? 

Todo lo que nos cuentan Juan de Mariana, Rothbard, etc., se cae de maduro, como dicen en Perú cuando un problema tiene la solución cantada. Toda esa gente que pretende conocer mejor que nosotros mismos cuáles son nuestros intereses son unos impostores que sustentan su poder en compartir con la delincuencia organizada el monopolio de la fuerza. De no ser así no podrían mandarte a casa al recaudador de impuestos porque sería recibido con un tiro en el culo. De ahí esa propaganda institucional que no cesa en la demonización de la libre tenencia de armas de fuego. Propaganda que, por supuesto, ha calado hasta los tuétanos de la pobre gente sin recursos intelectuales. Al fin y al cabo, como decía Lenin, ¿libertad, para qué? 

El otro día me mando Nacho un video en el que se veía a un grupo musical de aquellos que proliferaron cuando lo que se dio en llamar la Transición. Cantaban los pobres muchachos, que parecían recién salidos del seminario, una canción titulada Libertad sin Ira. Muy pegadiza, como de liturgia eclesiástica. Con la cantinela esa de la no violencia y el buen rollo. Y luego, en vez de a la iglesia, todos al bar a socializar. Propaganda, en definitiva, sufragada por lar arcas públicas, es decir, por la extorsión. ¡Cómo si la libertad fuese algo que cae del cielo! 

Pues eso es el Juan de Mariana, el abanderado de la lucha por la libertad. Por una idea de libertad que devuelve al individuo el protagonismo. El individuo con la biblia y el fusil. La una para aprender a pensar por sí mismo y el otro para defenderse de los parásitos. Son tiempos de esperanza.

martes, 2 de enero de 2024

Inglaterra II

Escucho a otros comentaristas que aseguran que lo del brexit ha sido un desastre completo. Sabido es que nunca llueve a gusto de todos. En cualquier caso, cualquier opinión al respecto será precipitada. Tres años a efectos históricos es un suspiro. Sin embargo, en el mundo siempre hay corrientes de pensamiento que van y vienen y, a mi inmodesto juicio, la que viene pegando fuerte ahora es la de que cada uno en su casa y Dios en la de todos. Eso de tots pleglats, a la catalana, va quedando como asidero de desesperados. Las pulsiones centrífugas se producen por doquier, quizá porque todo el mundo se huele un desplome a la soviética, aquel sistema político al que cada vez nos vamos pareciendo más. Al respecto, ayer estuve viendo unos vídeos de una comisión parlamentaria que preguntaba a la rectora de la universidad de Harvard que como podía ser que el ochenta por ciento de los profesores de esa universidad se declarasen de ideología progresista y solo un uno por ciento conservador. A qué extrañarse, entonces, que en esas universidades tiren de sus pedestales a padres de la patria como Jefferson que era más liberal que lo que hoy día podría ser Milei. 

Y ese es el caso, que los ingleses siempre han sido muy sensibles a estas cosas. Por eso les admiraba tanto Voltaire que en sus cartas filosóficas nos explica que la diferencia entre ingleses y continentales fundamentalmente estriba en que en Inglaterra cada cual sube al cielo por el camino que mejor se adapta a sus intereses. Y no consienten que nadie les señale uno y, menos, que se lo impongan. Y por tal es que no es de extrañar lo del brexit, porque las instituciones europeas se pasan tres pueblos, como se dice ahora, en lo de señalar el camino al cielo. Más o menos como hacían aquellos soviéticos de infausta memoria. 

Es la obsesión de poner corsés a la naturaleza. Recuerdo a aquellas señoras gordas que venían a la consulta con síntomas de insuficiencia cardiorespiratoria. Cuando empezaban a desnudarse  y veía que bajo el vestido llevaban un corsé cinco tallas por debajo ya no necesitaba más para hacer el diagnóstico. Entonces les decía que en cuanto se quitasen aquel corsé verían solucionados todos sus problemas. Su respuesta siempre era la misma: sin corsé no me siento mujer. Pues igual le pasa a la Comunidad Europea, que sin leyes e instituciones no se siente Comunidad y así es que cada día que pasa aprietan un poco más el corsé con una nueva ley y unos cuantos funcionarios más. Y cada vez más gente empieza a notar asfixia. Y por eso se quieren ir, que es como quitarse el corsé. 

Bueno, ya verán, los que lo vean, lo que pasa. Personalmente, me cae de madre Jefferson, me cae simpático Milei, he visto con optimismo lo del brexit, y espero que lo de la Comunidad Europea acabe siendo un espacio abierto sin funcionarios ni parlamentos, regido por tratados entre las partes. Como está siendo ahora con Inglaterra. 


lunes, 1 de enero de 2024

Inglaterra

Hace ya tres, cuatro, o quizá más años, que tuvimos toda aquella movida del brexit. Digamos que los agoreros tuvieron tajo hasta cansarse. Mis hijas, que viven allí, estaban preocupadas. Pero iba pasando el tiempo y no parecía afectarlas. Iban y venían de aquí para allá con la misma facilidad que lo habían hecho siempre. Y a los agoreros ya no se les oía tanto su cansina cantinela. Y mis hijas, por méritos propios, desde luego, han mejorado algo su status. Viven, bien, en buenas casas, en un barrio cosmopolita y tranquilo. Y trabajo, el que quieren. 

Les cuento esto porque vengo escuchando hace unos días a unos comentaristas británicos que han sacado las estadísticas a relucir y, ¡vaya por Dios!, resulta que todas las proyecciones apuntan a que Reino Unido es el país que más y más rápido crece de toda Europa y se espera que para finales de la próxima década se hayan puesto por delante incluso de Alemania. A Francia, con la que siempre había estado a la par, ya la ha sobrepasado de largo. Por lo demás, el comercio con la unión europea ha crecido en unos cuantos puntos porcentuales. Solo tengo que asomarme a la ventana para comprobarlo. De los dos ferrys que antes venían a la semana, ahora, yo diría que son siete. Todos los días hay alguno cargando y descargando cantidades ingentes de camiones -es increíble todos los que caben en un ferry-. Y de aquellos problemas de abastecimiento de que tanto hablaban, nunca más se supo. Desde luego que mis hijas nunca tuvieron problemas al respecto. Y por si no lo saben, en los supermercados de Inglaterra se compra el litro de aceite de oliva por poco más de cuatro euros. La mitad que aquí. 

El caso es que cuando, al principio, se produjeron las esperadas disfuncionalidades, muchos fueron los que pusieron el grito en el cielo pidiendo al gobierno que hiciese algo. Creo recordar que fue Boris Jonhson el que contestó entonces que, al respecto, el gobierno nada tenía que hacer, que los problemas de logística y abastecimiento era un asunto de la exclusiva competencia de los empresarios. Porque esa es la cuestión, según me cuentan mis hijas, que en Inglaterra lo de los funcionarios y sus burocracias es la mitad de la mitad, y un poco más, de lo que hay aquí. Por otra parte, aunque nadie lo mencione, en Inglaterra es el país de Europa en el que más han subido los sueldos. ¿Y saben por qué? Pues porque desde el mismo momento que tomaron las riendas de su destino la inmigración se frenó en seco. Ahora los empresarios no encuentran desgraciados ilegales que curran por dos perras. Tiene que pagar lo que es justo. 

Como es natural, los medios de por aquí no dicen nada, pero la lección del brexit cada vez tiene más adeptos. Y es más que probable que todo esto de la comunidad europea acabe como el rosario de la aurora. No a tortas, pero sí cada uno en su casa y Dios en la de todos. Porque, como demuestra el caso británico, para comerciar entre sí, los países no necesitan ejércitos de burócratas sino de empresarios. 

En fin, cosas que pasan porque tarde o temprano la lógica acaba por imponerse. Y todo este empantanamiento en el que metieron al mundo las ideas comunitaristas es normal que pase a mejor vida. Todo apunta a que cada vez más gente quiere volver a poner al individuo en el centro del terreno de juego. Hay una especie de asco vital con la cosa de la socialización. La gente lo que quiere es lo de siempre, es decir, relacionarse entre si en función de sus propios intereses... sin que los zurdos de mierda puedan entrometerse. ¡Dios lo quiera!