Desde antiguo están reflejados en los textos aquellos que tienen por costumbre mirar la berza y coger el tocino.
domingo, 16 de febrero de 2025
Bendición del cielo
sábado, 15 de febrero de 2025
Donde da la vuelta el aire
Como diría Torrente Ballester, "donde da la vuelta el aire". Porque esa es la cuestión, que el aire, o el curso de la historia, de vez en cuando se da la vuelta. Él describe en su novela de forma muy poética, utilizando elementos de la mitología clásica, el paso de las oligarquías aristocráticas a las industriales. El viejo y el nuevo orden; más que ver con el mérito personal que con la herencia. Digamos que lo inevitable produce, en principio irritación y, después, melancolía, en los perdedores... Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora campos de soledad, mustio collado, fueron un tiempo Itálica famosa... los ganadores no ven mustios collados, sino campos en sazón.
Ayer por la tarde dediqué un buen rato a escuchar el discurso que el vicepresidente Vance hizo en una conferencia de seguridad que estaba teniendo lugar en Múnich. Los muchos uniformados que le escuchaban parecían no dar crédito. Alguna risita nerviosa se vio por allí, pero lo más era circunspección. Empezó Vance con un recordatorio de las víctimas del reciente atentado islamista en el mismo Múnich. Fue aplaudido por ello. No se había extinguido todavía el eco de los aplausos cuando Vance dijo con lo que pareció sarcasmo: espero que me vuelvan a aplaudir por lo que voy a decir... y, sí, algunos aplausos esmirriados consiguió, pero lo más que hubo en la sala fue perplejidad. Ésta es una conferencia de seguridad, prosiguió, por tanto, lo primero que tenemos que saber es de qué nos queremos defender. Porque, pienso, no es de Rusia, ni de China, ni de cualquier otro enemigo exterior, sino de la pérdida de los valores democráticos que fueron los que nos sostuvieron e hicieron ganar la Guerra Fría. Entonces comenzó una exhaustiva relación de todos los ataques a la libertad de expresión llevados a cabo por las autoridades de los países allí representados, incluido el suyo. Sin libertad de expresión no hay democracia y, por tanto, nada que defender. Por mucho que no me guste lo que piensas me mataré por defender que lo puedas expresar en la plaza pública. Así es como se ha hecho el progreso de las sociedades, remató. Luego se extendió sobre la reciente anulación del resultado de las elecciones en Rumanía y, también, sobre la amenaza de anular el resultado de las próximas elecciones en Alemania si salen ganadores los que no gustan a las élites de Bruselas. Una aberración intolerable.
La verdad es que no es frecuente ver a un orador poniendo a parir a los que le están escuchando. Por eso lo de ayer en Múnich fue tan especial. Y más que, con estas posibilidades que ofrece la tecnología, se puede ir encuestando a la gente que ha escuchado el discurso: un 86% estaba de acuerdo. Lo cual no empece para que los medios de comunicación tradicionales no hayan esperado a pensárselo dos veces para saltar al cuello de Vance. Normal, ellos son los perdedores.
Pues sí señores, en eso estamos, en el aire dándose la vuelta. Todos estos carcamales que gobiernan donde mejor estarían es en la cárcel. Y es que, sin sacrificios no hay favor de los dioses que valga la pena.
viernes, 14 de febrero de 2025
Milagro a la vista
Nos cuenta Jünger en su Tormentas de Acero que, mientras la gente estaba muriendo como moscas en los frentes de las Ardenas, unos pocos quilómetros más allá, en Berlín, la gente iba a los cafés y los cabarets como si no pasase nada. Y lo más probable, pienso yo, es que muchos de aquellos que iban a los cafés y cabarets, como si tal cosa, tuviesen un allegado a punto de palmarla en uno de aquellos cercanos frentes. Siempre es igual, ojos que no ven, corazón que no siente. El hecho de que en Ucrania se esté manteniendo una guerra, en buena parte con el dinero de los contribuyentes europeos, en nada ha entorpecido que casi cien millones de personas hayan venido el año pasado a divertirse en España.
El caso es que parece que ya se han cansado de matarse en Ucrania y van a ver si encuentran un arreglo. Seguro que sí, que lo encuentran. Basta, para ello, con que le cierren el grifo a una de las partes en conflicto. El secreto que nadie nos ha contado a los que hemos estado contribuyendo a que el grifo fluyese es en dónde residía el interés para nosotros de esa guerra. ¿Qué beneficio se esperaba sacar de ello? Quizá no sea otra cosa que la necesidad que siempre han tenido los imperios decadentes de llevar la guerra a las lejanas fronteras. Como si se esperase un alivio al difuso malestar sangrándose por allí.
Las guerras son el lado oscuro de la historia de la humanidad. Nunca ha parado de haberlas, por un quítame allá esas pajas, ni creo que vaya a parar mientras queden dos personas con vida sobre el planeta. Y es que no hay nada más humano que querer redimirse de los males encontrando un culpable exterior. Llegar a pensar que cada uno cosecha lo que siembra es la tarea del héroe. O sea, un milagro del cielo.
El caso es que parece ser que tenemos milagro a la vista. En la metrópolis del imperio se han dado cuenta de que todos sus males traen causa de la propia estupidez. Ya está bien, han dicho, de querer se honra de casa ajena mientras somos polilla de la nuestra. Así es que se han puesto a mirar los papeles que tenían arrumbados en los cajones y se han quedado patidifusos. ¡Pero esto qué es, cincuenta millones a los talibanes para que compren condones! ¿Quién firmó esa orden? Sin duda todo esto ha estado en manos de imbéciles, se han dicho. Montañas de papeles que son testigos de semejantes filantropías. En definitiva, que parece que se les ha acabado el chollo a los que vivían de partir y repartir llevándose, por supuesto, la mejor parte.
Vamos a ver en que acaba todo esto. Porque no conviene regodearse de antemano, que ya sabemos la resiliencia que tienen los que viven de partir y repartir.
jueves, 13 de febrero de 2025
Uno mismo
Ayer escribí aquí sobre las manidas diferencias entre oriente y occidente. Curiosamente, hoy, al mirar en YouTube, con lo primero que me topo es con un video en el que Sowell teoriza sobre el asunto. Sowell es un intelectual estadounidense que, diría yo, destaca por su sensatez y claridad expositiva. No sé si estas características que le hacen tan atractivo no traerán causa de una excesiva simplificación. Pero esta es otra historia; a lo que iba es a algo que no es mero producto del azar sino la consecuencia del riguroso control al que nos somete la tecnología. Y es que, el de hoy, no es un hecho aislado: de cualquier cosa que escriba en este blog es muy frecuente que al día siguiente encuentre en YouTube un aluvión de vídeos relacionados con ello. Es como si me estuviesen diciendo: perfecciona tu percepción de la jugada, porque te has quedado muy corto. En cualquier caso, no aprecio grandes diferencias entre lo que escribí ayer y lo que hoy le he escuchado a Sowell... acaso, yo fui algo más simplificador, espacio obliga. En fin, pelillos a la mar.
Me pregunto si debiera preocuparme por el control al que estoy siendo sometido, precisamente, por no poder prescindir de la vanidad que supone el publicar este blog. Podría escribir en un cuaderno y, una vez emborronadas todas sus hojas, meterlo en un cajón o tirarlo a la basura. Pero tengo que reconocer que la vanidad, al menos en parte, hace de motor para seguir en este empeño. Así somos los humanos por mucho que blasonemos de humildes y desapegados de las pompas de este mundo. Cualquier pequeño comentario que suscite lo que escribo me produce una satisfacción, o inquietud, que me hace recordar que existo.
Sea como sea, soy consciente de que lo que escribo y publico cada día es como una gota de lluvia que cae en el mar. Supongo que, por más intrascendente que parezca esa gota, contribuye, aunque sea infinitesimalmente, a mantener la salinidad del agua en cotas compatibles con la vida. Al menos, esa es la composición de lugar que me hago cada vez que me tienta el abandono.
Bueno, en fin, así es el mundo en el que vivimos, con toda esta tecnología que hemos inventado para bien y para mal. De nosotros depende de qué lado nos decantamos. No por tener un garrote -el primer logro de la tecnología- vas a tener que estar todo el día dando garrotazos para abrirte camino. Basta con que lo uses para defenderte. Así es que, en cierto modo, publico este blog, más que nada, supongo, para defenderme... en este caso de mí mismo, porque, no se engañen al respecto, nunca encontrarán un enemigo peor que uno mismo sin saber qué hacer con la vida.
miércoles, 12 de febrero de 2025
Lucubraciones
Ayer por la tarde estaba aburrido y me puse a ver la película del oeste con la que todos los días nos imparte doctrina el canal televisivo de la iglesia católica. Estaba ambientada en la revolución mexicana y trataba de unos tipos duros que intentan dar sentido a la vida por medio de aventuras arriesgadas al límite. Lo interesante del asunto es que en un momento de la película los propios protagonistas reflexionan sobre el particular: ¿es por dinero por lo que se arriesgan? No, como se comprueba al final de la película. Es, simplemente, por tener un objetivo en la vida. Sin un objetivo, saben por propia experiencia, solo queda el recurso al alcohol.
Como casi todas las películas del oeste, se trata de literatura para chachas. No hay que cavar muy hondo en busca de significados ocultos. Es como cuando el cura se sube al púlpito a propagar la palabra de Dios. La filigresía necesita mensajes trasparentes para seguir acudiendo al servicio divino. Luego, se van a sus casas y cada cual hace de su capa un sayo. Así es como funciona el invento.
En realidad, toda nuestra cultura se reduce a echarse una cruz a cuestas y tirar con ella Golgota arriba. Y lo de la cruz es algo muy personal. Por eso es por lo que nunca han funcionado por aquí las teorías comunitaristas. En principio suenan bonito, pero en cuanto se comprueba que niegan todo protagonismo al individuo se van al garete. Y es que sin protagonismo pierde todo el sentido el estar hecho a imagen y semejanza de Dios, el protagonista por antonomasia.
Por eso fracasan todas las revoluciones comunitaristas, porque son una contradicción en sí mismas. Las personas que luchan en ellas, aunque no lo sepan, lo hacen buscando protagonismo; ese anhelo acaba saliendo a la superficie y entonces es cuando no queda más remedio que devorarse los unos a los otros. Porque el protagonismo solo lo puede tener uno por definición.
En fin, cosas de nuestra cultura, occidental que le dicen. Me comentaban esta mañana que en oriente las cosas son diferentes. Allí, Buda, Confucio, Lao-tse, Mencio, etc., predicaron, ante todo, acerca de la relativización del ser. Como no somos nada tenemos que ser muchos para hacer cualquier cosa. Así que a multiplicarse tocan.
En fin, vete tu a saber cuánto nos acercamos con nuestras lucubraciones a la realidad de las cosas. En cualquier caso, con ellas nos consolamos de nuestra insoportable levedad... que diría el poeta.
martes, 11 de febrero de 2025
Textos sagrados
¡A buenas horas mangas verdes! Uno se da cuenta, a estas alturas de la vida, de que ha llegado tarde a casi todo. Casi siempre cuando ya la cosa no tiene vuelta atrás. Aunque, por otra parte, prefiero acogerme al consuelo de creer que más vale tarde que nunca. Pensaba en estas cosas esta mañana porque algo he leído o escuchado que me ha retrotraído a la conciencia de la torpeza con la que me fui dando cuenta de la importancia del contenido simbólico de los textos. Me costó siglos comprender que cuando un texto perdura no es por otra cosa que por su riqueza simbólica.
Captar o no captar esa riqueza, esa es la cuestión. ¿Cómo se llega a ese, digamos que, estado superior del espíritu? Supongo que, como todo lo que merece la pena, por medio de la ascesis, es decir, el aprendizaje de la liberación de prejuicios. Es algo sumamente complicado, porque la educación que recibimos las clases populares no consiste en otra cosa que en grabarnos a fuego en el cerebro una montaña de prejuicios. Lo que está bien y lo que está mal, sin pararse a debatir las razones de tales posicionamientos.
Claro que, por lo que sea, hay personas con una cierta inmunidad al fuego de esa educación y que, por ello, dan en cuestionarse todo lo aprendido. Es como un sentimiento aristocrático, el de querer ser por uno mismo. Es así como descubres la radical ambigüedad de todos nuestros comportamientos. De como todo está sometido a unas fuerzas telúricas que escapan a nuestro control. De que no sabemos porque hacemos lo que hacemos y de que, a la postre, decidimos muy poco, si es que es algo, por nosotros mismos; lo más de la vida nos limitamos a dejarnos arrastrar por la corriente.
En realidad, nunca estamos diciendo lo que creemos que estamos diciendo. Siempre hay algo oculto. Por eso se dice que nunca se llega a conocer a las personas. Y por eso, también, han ganado tanto dinero los psicoanalistas, especialistas, dicen, en desentrañar los significados reales de lo que se dice cuando se aparenta estar diciendo otra cosa. Y ese es el asunto, que si tienes algún grado de inmunidad a la educación recibida es inevitable que des en psicoanalista aficionado, es decir, que lees un texto y no lo interpretas al pie de la letra sino que buscas lo que esconde. En desentrañar lo oculto, pienso, reside el placer de la lectura.
Así es que, a medida que vas haciendo músculo espiritual, vas necesitando calar más hondo para encontrar ese placer en la lectura. No por otra causa es que la evolución natural sea empezar por la literatura para chachas para acabar por los textos considerados como sagrados... es decir, que tienen vínculos secretos con la divinidad. Es, entonces, cuando ya te aproximas al final.
lunes, 10 de febrero de 2025
Ya toca pagar
Pudiera ser que ya hubiese llegado Paco con la rebaja. Tardará en llegar a las provincias, pero parece ser que en la capital del imperio ya han empezado los recortes. La comisión de festejos está que trina. Claro, en cualquier familia que quiere poner orden se empieza por suprimir los festejos. Y es que los festejos son los que convierten en limpiabotas a los que iban para artistas. Porque, vamos a ver, ¿de dónde saca la gente motivos para tanto festejo? Uno festeja que ha culminado la difícil tarea con éxito. Las fiestas después de la siega, por ejemplo. O la graduación en los estudios. Pero, así, porque sí, es imposible alegrarse si no se recurre a las sustancias embriagantes. Como en Sodoma y Gomorra.
La realidad es que resulta muy desagradable vivir sintiendo el aliento de de los acreedores en la nuca. No hay día que en mis excursiones por YouTube no me tope con media docena de titulares que hacen referencia al fraude de las pensiones. Es una espada de Damocles con la que vivimos amenazados todos los viejos. Cualquier día, el hilo se rompe y, ¡zas!, batacazo. Como pasó en Rusia hace treinta años. ¡Ya, pero es que aquello..!, dice la gente. Aquello de entonces en Rusia, digo yo, es como esto de aquí ahora: una mafia política que vive como Dios, ajena a que cada vez hay más limpiabotas. No, no es agradable, vivir en un sitio así. Lo primero es parar las fiestas; lo segundo, pagar las deudas.
Sí, algo se está cociendo en las alturas. No hay más que ver el precio que están alcanzando el oro y el bitcoin. El ahorro huye de la deuda; se va a los valores refugio. Y a la mafia política no le queda ya otro recurso que dar más vueltas a la manivela de imprimir papel moneda. Luego manipulan las estadísticas en un intento inútil de tapar el agujero. Es el típico argumento de la comedia antes de convertirse en tragedia: tapar una mentira con otra más gorda.
Sea como sea, cada vez disfruto más leyendo las noticias que dan en el canal World Doctor Alliance. Pieza a pieza se va desmontando todo el fraude de la famosa salud pública. En definitiva, promover el miedo a la muerte como herramienta de poder. ¡Es tan fácil! Pero se les fue la mano y se descubrió el pastel. La gente, ahora, pide cuentas, y los juzgados no dan abasto. Y, por consiguiente, la mafia anda con el culo prieto. Saben que su tiempo ha pasado ya.
domingo, 9 de febrero de 2025
La montaña
Es curiosa esa querencia que tenemos los humanos a subir montañas. Cuando era niño era un reto subir a los Picos, una colina que hay a levante de donde nací y que tiene en su cima dos excrecencias calcáreas bastante simétricas, como si fueran dos pezones. La gente, para abreviar, lo llama las Tetas. De adolescente, ya necesitaba, para calmarme, enfrentarme a la Peña Pelada, de doble altura y dificultad. Y no es que haya llegado a mucho en esa progresión, pero, rondando los setenta ya, me atreví con el Curavacas, ¡y vive Dios que fue una gran satisfacción coronarlo!
Sin duda lo de subir montañas tiene un gran valor simbólico del que no somos conscientes. Personalmente lo comprendí después de haber dado unas cuantas vueltas a la Biblia. Moisés necesita subir la montaña del Sinaí para poder hablar con Dios. Podría haber hablado abajo, en la llanura, pero se ve que necesitaba el esfuerzo de la subida para purificar su espíritu, sin lo cual difícilmente hubiese podido contactar con la divinidad.
En realidad, ese es todo el misterio de esta vida: subir o no subir a la montaña. El demonio siempre te está tentando para que no subas. Te dice que puedes contactar divirtiéndote. ¿Se acuerdan de aquello de aprender jugando? Era el demonio el que estaba detrás de aquel despropósito que, por cierto, tanto éxito tuvo que todavía anda por ahí vivito y coleando para ruina de los desgraciados que se lo tragaron.
Así son las cosas de este mundo, que te quedas en la llanura divirtiéndote y a los cuatro días ya estás adorando ídolos. De ahí al infierno, no hay ni dos pasos. Y, una vez en él, al médico a por pastillas. ¡Sancta simplicitas! ¡Con la de montañas por subir que tenemos a mano! Bueno, rollos aparte, voy a ver si puedo subir al Capricho Árabe de Tárrega que siempre se me ha atragantado y presiento que desde su cima tiene que haber unas vistas impresionantes.
sábado, 8 de febrero de 2025
La correa
viernes, 7 de febrero de 2025
Harta plaga y mala ventura
En la novela de Cervantes El Coloquio de los Perros, están dos perros en amena conversación:
"Cipión.-Ansí es; pero bien confesarás que ni has visto ni oído decir jamás que haya hablado ningún elefante, perro, caballo o mona; por donde me doy a entender que este nuestro hablar tan de improviso cae debajo del número de aquellas cosas que llaman portentos, las cuales, cuando se muestran y parecen, tiene averiguado la experiencia, que alguna calamidad grande amenaza a las gentes.
Berganza.-Desa manera no haré yo mucho en tener por portento lo que oí decir los días pasados a un estudiante, pasando por Alcalá de Henares.
Cipión.-¿Qué le oíste?
Berganza.-Que de cinco mil estudiantes que cursaban aquel año en la Universidad, los dos mil oían medicina.
Cipión.-Infiero, que estos dos mil estudiantes han de tener enfermos que curar (que sería harta plaga y mala ventura), o ellos se han de morir de hambre."
Por razones obvias, siempre que he encontrado alguna referencia a mi profesión en la literatura de nuestro Siglo de Oro, me he quedado con la copla. Muchas veces he pensado que hubiera estado bien recopilarlas todas y glosarlas en un libro, pero no he tenido voluntad para ello. Lo curioso es que, la inmensa mayoría de esas referencias, cuando no denigratorias, llaman a estar en guardia contra las artimañas con las que los médicos tratan de suplir su falta de conocimiento. Y es que lo tienen chupado porque tienen como aliado la más poderosa de todas las emociones: el miedo. El miedo mueve montañas, pero, sobre todo, llena bolsillos.
Lo de la falta de conocimientos es algo de lo que la mayoría de los médicos no son conscientes, dado lo cual, ni siquiera tienen que hacer esfuerzos por disimularlo. Y, por otra parte, cuando la gente está atemorizada por cualquier alteración de su estado físico, tiende a agarrarse al primer clavo ardiendo que se le presenta. Con ambos ingredientes en la coctelera no es de extrañar que se hayan producido todas esas aberraciones que el Dr. Vernon Coleman, el más famoso divulgador médico de todos los tiempos hasta que, con la falsemia, las autoridades le condenaron a la damnatio memoriae, recopiló en un libro que ha vendido millones de ejemplares. Y es que si yo les contase lo que llegué a ver, e incluso a hacer, cuando empecé a ejercer, hace cincuenta y cinco años ya, les costaría creerlo a la luz de los conocimientos actuales. Pero no se hagan ilusiones, porque dentro de cincuenta años estarán en las mismas respecto de lo que se hace en los hospitales hoy día.
La medicina como ciencia, por mucho que llegue a avanzar, siempre estará en pañales porque la complejidad de la biología es infinita. No por otra razón es que el considerado como padre del invento, un tal Hipócrates, pusiese por delante de todas las demás herramientas terapéuticas, la prudencia: el famoso primun non nocere (lo primero no hacer daño) ¡Si no sabría el de que pie cojea la profesión!
La profesión, eh ahí el cascabel del gato. Y es que de la profesión se vive. No por otra cosa es que Cervantes haga decir a sus perros en coloquio que harta plaga y mala ventura sería la enfermedad necesaria para dar de comer a tantos profesionales.
Consideradas así las cosas, nada tiene de extraño que de todos los motivos que tengo para avergonzarme de mi descalabrado transitar por este mundo, el que más me duele es el haber escogido para sustentarme la profesión médica. Día que pienso en ello, noche que no duermo. Por eso es que padezco de insomnio crónico, porque no hay día que algo no me lo recuerde. Es como una venganza de los dioses por mi soberbia de cuando era mancebo y estaba convencido de que sabía lo que no sabía. Es muy fácil creer en lo que te favorece.
Resumiendo, que, si la jodienda no tiene enmienda, mucho menos la tiene el miedo a morirse, lo cual, a nada que bajemos la guardia, nos trae aparejada esa harta plaga y mala ventura que es la inflación de médicos... uno cada ciento cincuenta personas en la actualidad.
jueves, 6 de febrero de 2025
Preciosos ridículos
Me envían un video de allá por los finales de los ochenta del siglo pasado en el que se ve a Fernando Arrabal mofándose de un autocomplaciente grupito de intelectuales orgánicos, es decir, de lameculos del régimen en curso. Bueno, creo recordar que para aquel entonces ya estaba curado de espantos; al fin y al cabo, ya tenía a Bukowski por mi intelectual de cabecera.
Un grupito de preciosos ridículos que se comportan con la seguridad que da el saberse los preferidos en casa de papá Estado. Titanes todos ellos de la lucha por la libertad colectiva... porque ¿es que acaso la individual existe? Desde luego que todos dan la impresión de sentirse vivir en el mejor de los mundos.
Todo esa porquería con la que tenían entretenida a la canalla era la escenificación de aquel fraude que llamaron Transición... de la dictadura a la democracia, bien sure. La siniestra realidad es que no fue más que otra vuelta de tuerca en el implacable transitar hacia el paraíso comunista. Cada día un poco más controlados. Decía ayer nuestro presidente, Sr. Sánchez, que es intolerable la libertad que existe en las redes sociales. Y trataba de explicarlo con unas alegorías que tenían más que ver con los cojones que con el comer trigo. ¡A qué escuela habrá ido este señor, por Dios Bendito!
No era cosa solo de España, desde luego. Era de todo occidente. La Unión Soviética tiró el muro porque ya no hacía falta. El colectivismo se había impuesto sobre el individuo a todos los efectos. Así que, ¡buena gana de poner muros para remarcar diferencias que no existían!
Y de aquellos polvos, los lodos de la falsemia... o Falsirela como lo llama Gracián en El Criticón. ¿Han pasado ustedes en toda su vida por algo más humillante que la dichosa falsemia? Y la chusma encantada para que la ecuación cuadre. Vean ustedes la acogida que ha tenido esa chirigota de los carnavales de Cádiz en la que se trata de recordar al personal que ha sido miserablemente engañado. No les han matado de milagro.
miércoles, 5 de febrero de 2025
En las mismas
Hombre, sí, la experiencia del mundo ha servido para que, en vez de comernos entre nosotros, criemos animales como fuente de proteínas. Sin embargo, mi impresión es que a menos antropofagia más vampirismo, lo que, a la postre, vendría a ser estar en las mismas, si no es que es peor, porque al antropófago se le ve venir de lejos, pero el vampiro se te cuela por la ventana y ni te enteras.
Así es que uno cree haber aprendido que es pieza fundamental del sosiego mantener las ventanas cerradas, cosa con la que hay que tener cuidado porque sin ventilación el aire se llena de miasmas. ¿Qué hacer entonces? Me temo que no queda otro remedio que recurrir a los ajos y a las cruces.
martes, 4 de febrero de 2025
La inmortalidad
Ando estos días muy liado con la música. Trato de recuperar el repertorio. Piezas que vas arrumbando, meses, años, de pronto te apetece retomarlas y a duras penas puedes balbucearlas. Pero, partitura mediante, en menos de media hora ya la tienes en el bote. Está ahí, en el desván de la memoria y solo la tienes que desempolvar.
Digo que la tengo en el bote, lo cual es mucho decir si te empiezas a comparar. Comprendí desde el primer día que me puse a ello que no estaba dotado. Fui a una escuela de postín y no necesité esforzarme para comprender que formaba parte del pelotón de los torpes. Pero, el que la sigue, algo consigue y, por otra parte, como bien es sabido, al que menos favorecen -los dioses- para menores trabajos le guardan. A mí, evidentemente, no me han guardado para ninguno y por eso es por lo que he podido convertir la música en mi vicio solitario preferido.
Así es que recuperar el choro Nº 1 de Villalobos o la sarabanda de Poulenc me llena de satisfacción. Lo mismo que tocar el Choclo de Villoldo o el Tico-Tico no Fubá de Zequinha de Abreu o el allegro solemne de La Catedral de Barrios Mangore, de una sentada, sin apenas un trastabilleo. Es un logro que me ha costado, como se suele decir, sangre, sudor y lagrimas, y por eso es que lo quiera tanto.
Son los logros, supongo, los que dan sosiego a la vejez. Miras por la ventana al atardecer y te identificas sin angustias con el sol que se va después de haber estado todo el día iluminando y calentando la tierra. Si conseguiste algún logro, por pequeño que sea, tú también iluminaste y calentaste la tierra y por ello tienes derecho a un lugar en el firmamento, como Castor y Polux... que no otra cosa, sino las vidas logradas es lo que brilla en el cielo por las noches. La inmortalidad que le dicen.
domingo, 2 de febrero de 2025
Giordano Bruno
Giordano Bruno dijo, allá por el siglo XVI, que no es que la Tierra no fuese el centro del Universo, es que tampoco el Sol lo era. Él fue el primero que dijo que en el universo había infinitos planetas girando alrededor de infinitos soles. Como era de esperar tales afirmaciones pusieron de los nervios a los guardianes de la ortodoxia que no pararon hasta que le vieron consumirse en una hoguera. Y es que la idea de infinito siempre ha sido un problema muy inquietante para el ser humano. Los primeros, que se sepa, que dieron con el concepto, fueron los matemáticos griegos: se dieron cuenta de que había números que divididos entre sí nunca acababan de dar decimales. A esos números resultantes de la división los llamaron irracionales. Y es que, efectivamente, no cabía en la razón que hubiese algo que no tuviera límites. No cabía y sigue sin caber como tenemos oportunidad de comprobar cada día a nada que observemos la realidad a nuestro alrededor: el personal en general no soporta la idea de que no controla lo que le rodea... te pones a escuchar las conversaciones que tienen lugar en la barra de un bar y no te costará comprobar que están hechas a base de certezas.
En realidad, para qué nos vamos a engañar, nadie está libre de sustentarse en las certezas. Sin ellas, nos imaginamos, sería imposible vivir en sociedad. Por eso, cuando Moisés bajo del monte en donde había estado hablando con Dios traía bajo el brazo diez certezas sobre el bien y el mal, la más correosa de todas las ciencias. El caso es que, siguiendo el ejemplo de Moisés, ha habido y hay, y supongo que habrá por los siglos de los siglos, demasiada gente que sube el monte a hablar con Dios. Después, al bajar de allí con lo que sea debajo del brazo, montan, como hiciera Moisés, una religión. Una religión que no es otra cosa que poner límites a la realidad. Y así es cómo va evolucionando la humanidad, a golpe de caídas del caballo de las religiones cuando vas camino de Damasco, que vendría a ser la ciudad simbólica de la verdad imposible.
Por todo lo cual, pienso, pocas figuras como la de Giordano Bruno para comprender algo de lo que ha sido la historia de nuestra especie: un continuo quemar en la hoguera a los que cuestionan la verdad oficial. Y la chusma en general alimentando la hoguera con sus mondadientes usados porque le han dicho que así ganará indulgencia plenaria. ¿Acaso no fue eso lo que vimos hace cuatro escasos años? La Ciencia, decían, con mayúscula, para que pareciese Dios, o sea, incuestionable. ¡Pero qué zoquetes! Desde luego que, si por mi fuera, quitaría cantidad de las estatuas que hay en las ciudades y pondría una bien grande de Giordano Bruno en medio de la plaza principal.
sábado, 1 de febrero de 2025
La madre de todas las epidemias
Sigo mirando las audiciones en el Senado con motivo de la propuesta de Robert Kennedy Jr. para secretario de sanidad. Se supone que el Senado es la cámara de la experiencia, ya que senador viene de senex -anciano-. Así es que las leyes se redactan en el Congreso que es donde está la gente intuitiva por joven y se les da el visto bueno en el Senado que es donde reside la sabiduría de la experiencia. Hasta aquí todo perfecto. Lo que pasa es que, como estamos viendo estos días, la experiencia de la ancianidad no sirve para neutralizar el resentimiento, odio, envidia o, simplemente, miedo. Esos senadores están atacando a Robert K Jr. como si fuese un enemigo a batir sin importar los medios empleados para ello. Es tal la saña que se ha apoderado de su razón que se diría que se han convertido en seres irracionales. Todo son acusaciones ad hominem recurriendo siempre a rumores propagados por intereses espurios; algo así como si estuviesen presintiendo que si dejan pasar a ese señor se les va a terminar el chollo.
De hecho, eso es lo que pasa, que se les ha terminado el chollo. Y es que, de momento, y hasta nuevo aviso, se ha vencido a la peor de todas las epidemias que venían corroyendo el mundo: la censura informativa. Hoy día ya no hace falta el visto bueno del gerifalte de turno para publicar una noticia porque, tecnología mediante, a efectos informativos, cada cual se ha convertido en gerifalte de sí mismo. Así es que no me extraña nada que esos senadores de marras estén rabiosos ya que, los que apoyan la nominación de Kennedy, se las han apañado para que todo el mundo se entere de quienes han sido los que han financiado las campañas electorales de esos senadores. Curiosamente, en su mayoría, la industria farmacéutica y la alimentaria. ¡Qué casualidad! Justo a las que Kennedy quiere meter en cintura.
Así ha funcionado siempre todo en la famosa democracia: una corrupción en sábana que todo el mundo sospecha pero nadie puede demostrar porque la censura impide que se pueda argumentar con datos comprobados. Ahora, al saltar la censura por los aires, los datos fidedignos están al alcance de cualquiera y, de ahí, la saña de los corruptos: se ven perdidos y ya solo les queda la ilusión del poder morir matando.
En fin, vamos a ver en qué queda todo esto de la nominación de Robert Kennedy Jr., porque, pase lo que pase, acabe como acabe, lo que ya no tiene vuelta atrás es que está siendo un hito en la guerra cultural en curso; guerra que, a la postre, no es otra cosa que la lucha de una parte de la humanidad por erradicar la epidemia de la censura... la madre de todas las epidemias.
