domingo, 1 de octubre de 2023

¡Hay que joderse!

Que nada es para siempre lo está demostrando lo que, al parecer, está pasando ahora en Suecia. Dicen que se ha convertido en el país más inseguro de Europa. El mes pasado hubo once muertes por arma de fuego. Luego nos enteramos de que esas muertes se producen, por lo general, entre los miembros de las bandas mafiosas que luchan entre ellas por el mercado de la droga. La mayoría de esa gente miserable proviene de la inmigración. Las actuales autoridades, que son, según los medios no cesan de repetir, de extrema derecha, dicen que todo es debido a que las precedentes autoridades, de izquierdas a secas, fueron muy ingenuas con sus políticas de inmigración. Los inmigrantes no se han integrado en absoluto, como, por otra parte, podría haber previsto un niño y, dado que a los suecos les ha entrado, por lo que sea, el gusto por las drogas, pues ya tenemos ahí todos los elementos de una ecuación que puede resolver cualquiera que no esté envenenado por las diversas ideologías.  

Sea como sea, en aquel que fue paraíso para los de mi generación, ahora, por lo de la extrema derecha, o por lo que sea, el ejército va a patrullar las calles, que es tanto como decir que hay que prescindir de ciertos derechos fundamentales para restablecer el orden. Mano dura, en definitiva, al más puro estilo Bukele, ya saben, el presidente de El Salvador, ese país de Centro América que venía estando por generaciones especializado en balaceras. Bukele llegó, sacó al ejército a las calles, construyó nuevas prisiones con régimen draconiano, las llenó de maleantes y se acabaron las balaceras.

Sí, los días de las izquierdas misericordiosas se están acabando. Tanta bondad maleduca al personal. Y los maleducados ya saben lo que les pasa, que quieren diversión sin pausas. Y de ahí a la necesidad de las drogas solo hay un paso. Y, por añadidura, las mafias surgen como los hongos. Y con ellas las balaceras. Entonces es cuando entra en juego la que dicen extrema derecha, que cambia la misericordia por la justicia bíblica. El que la hace la paga. Ojo por ojo. 

A mi docto y muy experimentado entender, las cosas de la vida siguen un curso bastante lógico. Cuando la gente trabaja y se comporta las vacas no cesan de engordar. Estas vacas están demasiado gordas, piensa el personal, convendría empezar a comérselas porque, si no, van a reventar. Y comienza la fiesta. Y hay que ver lo fácil que se acostumbra uno a ella. Tanto, que no se da cuenta de que las vacas están enflaqueciendo. Hasta que se quedan en los huesos y ya no hay nada que rebañar. Es tiempo, entonces, de volver a sacar el ejército a las calles. 

Y así siempre, que no es que lo diga yo, que hasta la Biblia lo cuenta. Lo que pasa es que como ya casi nadie lee la biblia se ha dado en pensar que, con denostar de Franco, Bukele y Trump, ya se van a solucionar las cosas. Por cierto, que por parques y avenidas de la ciudad se suelen poner unos señores y señoras detrás de un cartel que dice que si quieres te ayudan a leer la Biblia. Siguiendo la moda de los tiempos que no es otra que la del pastoreo: un monitor para todo. Hasta para leer la Biblia. Por no hablar para hacer surf, que mira que hay que estar tarado para necesitar un profesor para aprender esa chorrada. Claro que los extremeños lo petan en esto de los monitores: los necesitan hasta para aprender a masturbarse. ¡Hay que joderse!

sábado, 30 de septiembre de 2023

Sosiego

Unos cuantos que se han caído del caballo camino de Damasco se ponen a quejarse amargamente porque sean las grandes corporaciones las que rigen el mundo. Ni democracia ni leches. Todo, una pantomima. Nos dejan hacer como que hacemos y eso es todo lo más que nos permiten. Jugar, en definitiva, siempre y cuando no sea con las cosas de comer. Aquí, en España, sin ir más lejos, se ha pasado la gente un año dándole vueltas a una cosa que llaman el "sí es sí". Y toda la calle llena de carteles al respecto. Y la gente encantada porque podía decir la suya. Y mientras tanto, la inflación, o sea, la incompetencia de los gobernantes, se nos iba comiendo los ahorros, lo que es tanto como decir que nos están robando la libertad. Porque eso es lo que a la gente del común no le acaba de entrar en la cabeza, que sin ahorros no hay libertad posible, manden los gobiernos "democráticamente elegidos", manden las corporaciones o la madre que las parió.  

Pero, ¿qué es la libertad para esta gente que chismorrea en las terrazas o sestea en las playas? Pues eso es para ellas la libertad, el derecho a chismorrear y sestear. Y entonces entre siesta y siesta, chismorrean con indignación que son las grandes corporaciones las que mandan. ¡Pues qué te esperabas hijuco! ¿Crees tú que si mandasen estos políticos iban a funcionar las cosas de manera que tú pudieses coger un avión para ir a sestear en una playa del otro extremo del planeta? Ni de coña. 

Así que en eso estamos, en la tiranía perfecta. Tú haces lo que te mandamos creyendo que lo haces por propia voluntad. Vas a votar y tal, que es una cosa que sirve para que por unos días cambies el tema de tus chismorreos en la terraza. Luego vendrá algo relacionado con el futbol y después con una pandemia: nada, en definitiva, que te concierna en lo más mínimo. Pero por el camino te habremos quitado los ahorros para que no tengas tentaciones. Y así vivirás feliz por no haber querido estudiar. 

Porque esa es la más triste de todas las realidades de la vida, que, si estudias, te será imposible ser feliz chismorreando en las terrazas y sesteando en las playas. Entonces, te dará igual quien gobierne porque sabes que la libertad es un imposible metafísico a no ser que estés encerrado en la burbuja que tanto te costó fabricarte con los codos. En fin, y qué le vamos a hacer, como decía Borges, si la democracia solo funciona en donde funciona cualquier otro sistema político. Porque así son las cosas, que solo donde la gente estudia en vez de ir a las terrazas y playas puede haber un poco de sosiego.  

viernes, 29 de septiembre de 2023

Profligate

Profligate es un adjetivo que utiliza Casanova en sus memorias, tanto para definirse a sí mismo como para definir a no pocos de los que se topa en su agitado caminar por la vida. Profligate es la palabra que utilizan los ingleses para calificar a los libertinos, lujuriosos, manirrotos, derrochadores, licenciosos, disolutos... en fin, verdaderos psicópatas en el sentido científico del término y, lo mejor de cada casa, como se suele decir cuando se utiliza el lenguaje inverso con la intención de ironizar. 

Rekleless es otro calificativo del que también abusa el autor. Su significado apuntala, por así decirlo, el carácter despicable, nefarious, iniquitous, wicked -en español, despreciable, nefando, amoral, malvado-, del profligate. Sería interesante saber cuántas veces aparecen estas palabras en el texto de las memorias. Les diré que me estoy tomando la molestia, o el placer, de leerlas en inglés porque ese es el único idioma en el que las encontré gratis, en Proyecto Gutemberg. De haber podido, las hubiera bajado en francés que es el idioma original en que fueron escritas, pero hay lo que hay y bandearse en inglés es hoy día casi una obligación si tratas de evitar que te la metan doblada. 

Con todas esas palabras que les he citado ya se pueden imaginar de qué van las memorias. Casanova es un Don Juan que sabe hacerse querer. Sube a los palacios y baja a las cabañas y en todas partes deja constancia de su liberalidad, su ingenio, su elegancia, pero también, ¡ay!, de su semen. No puede evitarlo. El deseo lúbrico es más fuerte que él. Y esa es la cuestión, que dispone de una habilidad demoniaca para satisfacer ese deseo. 

Por lo demás, lo que parece inferirse de esas memorias es que las condiciones sociales del momento favorecen mucho la satisfacción de ese tipo de deseos. Es el mundo del alumbramiento de la racionalidad. Voltaire y todo aquello. Los principios o valores en los que se ha sustentado la estabilidad hasta entonces empiezan a ser considerados convenciones sociales sin otro fundamento que la necesidad de reprimir por parte del poder político para perpetuarse. Follar a triscapellejo es lo más natural del mundo. Como también lo es, para Casanova, la liberalidad. Si yo comparto contigo el éxtasis libidinoso, justo es que comparta también mis riquezas. Por eso nunca abandona a ninguna de sus conquistas en la indigencia. Aunque, voy por donde ya había sobrepasado el ecuador de la treintena y da la impresión que empieza a acusar fatiga de materiales. En fin, ya veremos, porque todavía estoy por el sesenta por ciento de la obra; tengan en cuenta que el total son más de treinta y cinco mil páginas del Kindle. 

Sea como sea, el mito de Don Juan es eterno. Quizá las condiciones sociales del momento tengan algo que ver con su proliferación, pero no creo que mucho. Por decirlo al gracianesco modo, el realce rey de algunos es su capacidad para suscitar el deseo lúbrico en el sexo opuesto. Si lo descubren, no es difícil que lo cultiven porque pocos realces son más agradecidos: todo es ponerle en práctica y ver como la imagen de ti que te devuelve el agua del estanque es tan satisfactoria que se te pone el ego por las nubes. Y, de ahí a la psicopatía, es decir, que te importen un carajo las consecuencias de tus actos, solo hay un paso que, desgraciadamente, siempre se acaba dando. Casanova no es una excepción al respecto y, como sus memorias están escritas cuando ya es viejo, no es extraño que menudeen los remordimientos; al fin y al cabo, es un católico conservador que no se quiere perder nada, ni lo de aquí ni lo de allá. 

En fin, que dan para mucho lucubrar esas memorias. 

jueves, 28 de septiembre de 2023

Pandora

Y mientras tanto, seguimos huyendo hacia delante. Porque, como no ha pasado nada gracias a los buenos oficios de nuestros gobernantes, pues es lo que tiene, que todos los agradecimientos son pocos. Ayer se retiró de su oficio sin que nada le apremiase y con los deberes hechos, el premier, un socialista como la copa de un pino, del departamento de Victoria, en el sureste de Australia. No entiendo, decía cuando aquellos días aciagos, por qué la gente protesta. Afortunadamente su fortaleza de carácter nos ha dejado unas bellas imágenes de cómo hay que hacer para que nadie se te suba a las barbas. El hombre, con su socialismo a cuestas, ha dicho que ya estuvo bien y que es hora de dedicarse a la familia. ¡Ay, la familia! ¿Qué sería de algunos sin ese alibi? Por lo demás, nada de lo que preocuparse: sus hijos podrán estar orgullosos de él porque las imágenes de su firmeza no paran de dar la vuelta al mundo. Hasta es posible que cualquier día de estos hasta la chusma las vea y se apresure a concederle el merecido premio. 

Porque esa es la cuestión: el mundo está a la espera de que la chusma dé en mirar para otro lado que no sea la televisión oficial. Ese día que, sin duda, está al llegar, va a ser la apoteosis. Los socialistas de todos los partidos, que tanto bien nos han hecho, van a tener de qué huir, pero no ya hacia delante, sino en busca de un precipicio por el que arrojarse. Será su única forma de escapar a la ira de las masas que, se mire como se quiera mirar, no es más que la justicia divina, o sea, la más ciega de todas las justicias.  

Sí, no hay que ser un lince para darse cuenta de que vienen tiempos prodigiosos. ¡Inteligencia artificial! ¡Ya te digo! Como si los dioses fuesen a permitir a los humanos semejante soberbia. Así que solo nos queda esperar para ver qué es lo que nos trae esta vez Pandora en su caja... porque lo que es imbéciles para abrirla hay uno en cada esquina.    

miércoles, 27 de septiembre de 2023

Cantares

Creo que la historia va de que una poetisa, por lo que fuere, se cansó de la vida y se arrojó al mar por un acantilado. De resultas de todo lo cual, hoy día podemos disfrutar de una bella canción que si, además, se la oyes cantar a Rosalía es una experiencia de la que es imposible escapar indemne. Ya ven, la vida tiene estas cosas. Y es que, si después de escuchar lo de Alfonsina y el mar, vas y te topas con una velada de soneros cubanos y gitanos andaluces que se ponen a interpretar Lágrimas negras, entonces, ya, definitivamente, has echado el día. 

En mi muy docta opinión no puede haber una expresión más acabada de lo que es la civilización que una reunión de allegados en la que se tocan instrumentos y se cantan canciones. Por eso admiro tanto a los gitanos, porque para ellos esa forma de elevarse por encima del común de los mortales es casi rutina. Recuerdo que cuando niño solían venir a casa a pasar unos días del verano unas primas de mi madre que vivían en Valladolid. Ellas eran las primas donas de la asociación de Amigos de la Zarzuela de su ciudad. El caso es que por la tarde solíamos hacer merienda-cena y luego ellas cantaban todo tipo de canciones y mi tía las acompañaba con el piano. Para mí, si quieren que les diga la verdad, esos son los mejores recuerdos de la infancia relacionados con la familia. Todos los demás, o casi todos, ya los tiré hace mucho por incómodos al contenedor de la basura. También recuerdo aquellas veladas en Valladolid, generalmente en la taberna Cigaleña, un sótano con los techos abovedados, cuando después de haber merendado lo que se terciase, que nunca era mucho, se ponía a tocar la guitarra un asturiano llamado Cuervo y a cantar un madrileño al que llamábamos Ettore que tenía un físico y una voz muy parecidos a los de Mario Lanza. Para mí aquello era el sumun; estar allí era como marcar una diferencia insalvable con el resto de la masa estudiantil que se tenía que conformar con tomar vinos por los alrededores de la Plaza Mayor. 

De joven, por supuesto, me forré a cantar por tabernas y excursiones campestres. Con los muchachones del pueblo, que se sabían una pila de estrofas picantes que a mí me deleitaban: Por puta y mala mujer, / no te compro una camisa; / no quiero vestir altares / para que otros digan misa. Y así, miles. La verdad es que mis padres eran bastante tolerantes respecto a lo de volver a casa achispado. Luego, ya, uno se hizo mayor y respetable y, para mayor inri, con aquella apestosa moralina progresista, que, en resumidas cuentas, se jodió el invento. 

En fin, las cosas fueron como fueron y son como son. Y a saber cómo serán en el futuro. Pero de una cosa sí que estoy seguro, una sociedad que deja de cantar espontáneamente, como los pájaros, es porque está a punto de extinguirse.  

martes, 26 de septiembre de 2023

El inglés romántico

En El Mayorazgo de Labraz, la novela de Baroja que estoy a punto de terminar, hay un personaje inglés, uno de aquellos románticos europeos que se instalaban en la España profunda con la pretensión de vivir los últimos coletazos de lo auténtico. Habían visto los estragos que el progreso estaba haciendo en sus países y venirse aquí era como meterse en la máquina del tiempo y dar marcha atrás. La España del XIX seguía siendo, salvo pequeños islotes de industrialización, eminentemente agraria, con todo lo que eso supone, sobre todo en lo referente a la tradición que es lo que le da a una sociedad el pintoresquismo que tanto atrae a los espíritus conservadores, es decir, a los que les gustan las cosas tal y como están, ya sea porque a ellos les va bien así, o, también, porque piensan que el progreso y la modernidad a la postre no traen otra cosa que ocio que viene a ser sinónimo de envilecimiento. 

Pues bien, en uno de los pasajes de la novela va el inglés de paseo con el boticario del pueblo que vive fascinado por todos los inventos que están teniendo lugar en el mundo. Van intercambiando opiniones sobre las ventajas e inconvenientes del progreso y la impresión que da es que el inglés le gana al boticario por goleada. Aquí se ve que Baroja tiene el corazón partío como quizá lo tengan todos los que se han molestado en cultivarse un poco. La descripción que nos hace de la sociedad de Labraz es demoledora, una mezcla de vicio e hipocresía que, sin embargo, funciona gracias al carácter sagrado de las formas. El que las trasgrede públicamente es arrojado a los infiernos de la marginación más cruel, la de la venganza de los humillados. Solo hay una persona a la que salva: el mayorazgo. El aristócrata, para que nos entendamos. Los valores aristocráticos. Porque se puede ser el amo del pueblo y ser de muchas maneras. Pero de un poder sustentado en la generosidad inteligente, pocos son capaces. Corazón e inteligencia son dos cosas que pocas veces conceden a la par los dioses. 

En fin, en estos tiempos que corren cada vez me encuentro por ahí a más personajes fascinados por los valores aristocráticos. Vengo de dejar a Pessoa que es un paradigma al respecto. Pero escucho al anarquista Anxo Bastos y me topo con lo mismo. Piensa que lo mejor es pequeñas naciones regidas por un rey. Un rey nunca se mete en la vida de las personas. Las deja que se entiendan entre ellas. Porque las personas, si nadie se mete por medio, se suelen entender bastante bien. Y también son implacables con los trasgresores. No hay justicia que funcione mejor que el desprecio social.     

Bueno, vamos a ver en qué echamos hoy el día. 

lunes, 25 de septiembre de 2023

Marabineando

Ayer fui con María al Puntal. En el banco lateral a mi izquierda, casi todos los pasajeros llevaban un perrito en sus brazos. No me extraña nada, ¡acompañan tanto! En los bancos delanteros iban dos matrimonios amigos con sus cuatro niños que no paraban de jugar. Let the children play, aquella maravillosa canción de Santana. Me sonaba a cosa de antaño, de cuando las vacas daban leche con neskuit e íbamos todos los veranos a San Sebastián a escuchar a las estrellas. La verdad es que, cada vez más, lo que más me alegra la vida es ver a los niños jugar. No sé el porqué, pero así es. Como hacía un día magnífico, la playa estaba concurrida. La gente, a causa de ser la pleamar, paseaba apelotonada por la estrecha franja de arena húmeda. Ya saben que ese es el plan de la playa, recorrerla de este a oeste y viceversa. Si se hace de cabo a rabo, puede que sean como diez kilómetros, lo que es suficiente para hacer apetito. En general, los paseantes, con perro o no, tenían una pinta bastante azombicada. Solo vi a una pareja que parecía divertida. Él le iba metiendo a ella la mano por la parte trasera de la braga y, a juzgar por cómo ella se reía, le debía estar estar haciendo gracias por allí. Solo yo parecía advertirlo. 

María se pegó un buen baño y yo me aburrí de lo lindo, porque, aunque me había llevado el kindle, apenas le pude echar una ojeada dada la incomodidad de estar sentado en la arena a pleno sol. Yo es que sin un respaldo ya no aguanto ni dos minutos. Así fue que urgí a María para que nos volviésemos. La cosa había durado casi un par de horas que bastaron para dejarme molido. Cogí el asiento de la barca como si de un sillón reclinable Ikea se tratase y, con el runrún del motor, no me costó amodorrarme. Un cuarto de hora en total. En casa ya, como había dejado la comida medio hecha, todo fue cuestión de echar el arroz y esperar veinte minutos a que cociese y otros veinte a que reposase. Los aproveché bien, esta vez sí, en un reclinable Ikea auténtico. Todo hay que decirlo, el arroz me supo a gloria. Y a María igual a juzgar por lo que embauló. No dejamos ni un grano y eso que la cantidad era generosa. Es lo que tiene la playa, que, aunque canse y aburra, da hambre. 

Y así es como vamos estirando estas acaballas de la vida. A Dios gracias, puedo agarrar la guitarra y tocar El Marabino. Es difícil que pueda haber una pieza más alegre. Desde luego que no fue por casualidad, pero en esta ocasión le sonó la flauta bien sonada a Lauro. Lo mismo que a Villoldo cuando compuso El Choclo o a Zequinha de Abreu cuando El Tico-tico o a Barrios Mangoré el allegro solemne de La Catedral. Son inspiraciones divinas que luego la humanidad nunca se cansa de recordar. Lo tocas, lo canturreas, lo que sea, y como que el alma se te aligera. Nada inventó el ser humano que se pueda comparar a una buena canción. En fin, cada cual tiene sus mitos y que nadie se los toque. 

domingo, 24 de septiembre de 2023

Abstracción

Estoy un poco más de la cuenta enganchado con los problemas de geometría. Veo uno en la página de YouTube y es como si me hubiesen dado cuerda: no puedo parar hasta que lo veo resuelto. Después, ya, por la inteligencia artificial de esa plataforma, o lo que sea, toda la página de YouTube se llena de similares problemas y entonces es el delirio. Luego, en la cama, tengo pesadillas. Casi todos, a juzgar por el tipo de inglés, son ahora de matemáticos indios. Es tal la parquedad de datos que te dan que, a primera vista, me parecen de todo punto irresolubles. Pero es impresionante lo que se puede hacer con la cabeza en cuestiones geométricas. Hay miles de teoremas que puedes tener en la memoria y echar mano de ellos como si fuesen palancas. Hay alguno tan omnipresente que es como la sal que se echa en los guisos. Por ejemplo, el que se conoce como de Pitágoras. Sin él sería casi imposible condimentar cualquier guiso. Pero lo realmente hermoso es resolver los problemas deduciendo esos teoremas con tus razonamientos. En cualquier caso, las matemáticas, que tanta fama tienen de ser endomoniadamente difíciles, en realidad, es lo único fácil que hay en este mundo. Las matemáticas son la única parcela de la realidad en la que todos los problemas tienen una solución exacta. Díganme ustedes en que otra parcela pasa eso.

El asunto es ese, que, en la vida, salvo en las matemáticas, que son una realidad abstracta, o sea, que solo existe en nuestra mente, todo lo demás es inaprensible. Se nos escurre entre los dedos como si fuesen anguilas. Intentas pescarlas y, lo consigas o no, no puedes evitar que te dejen la mano impregnada de la mucosidad que segrega su piel que, es que, después, no hay dios que te la saque de encima: te queda la mano como acartonada para el resto del día. En fin, hay que haberse dedicado a ello de niño para saber de qué estoy hablando. Pero así es como es, no hay problema de la vida que, al intentar resolverlo, lo consigas o no, no nos deje un poso de sinsabor que es la prueba fehaciente de que algo no funcionó. Y así, de sinsabor en sinsabor es como, al parecer, vamos de cabeza al tanatorio, que no es que lo diga yo, que ya lo dijeron antes las que tienen fama de haber sido las mejores cabezas de la historia. 

Por unas cosas u otras, es que vivir de una forma, por así decirlo, abstracta, viene a ser lo único que tiene algún sentido. Por eso es, supongo, que las matemáticas, o la música, que también es matemática, genera esas pasiones rayanas en el enajenamiento. Porque quizá son las maneras más limpias de evadirse del sufrimiento del mundo.

sábado, 23 de septiembre de 2023

Ceguera

Siempre que un poder está en las últimas se dedica con entusiasmo a pegar palos de ciego. Se vuelve tan tonto que se cree lo de las mayorías. Las mayorías me apoyan, dice porque es verdad, y sigue en sus trece de ignorar a las minorías porque, una de dos, no ha leído historia o, si la ha leído, se le ha olvidado. Al respecto, lo que está pasando ahora en gran parte del mundo, esto que llamamos occidente, es de tapa de libro. No hay ni siquiera que abrirle para enterarse de su contenido.

Resulta que el parlamento inglés ha promulgado una ley con la que se pretende poner coto a los contenidos de internet que no le gustan o, dicho de otra forma, que socaban su autoridad. Ha sido una ley tan idiota que ha creado controversia incluso entre los miembros del partido en el poder. Un destacado miembro ha dicho que, aparte de ir contra los principios de la Carta Magna, que es la constitución inglesa desde el siglo XIII, es una solemne majadería porque al campo no se le pueden poner puertas. Todo ha sido en vano, porque la ceguera de los que se ven perdidos les conduce inexorablemente hacia el precipicio.

Y así es que una diputada, haciendo uso de la nueva ley, ha escrito, en tono más o menos amenazante, a las plataformas digitales pidiéndoles de desmoneticen a Russell Brand. Para quien no lo sepa, la monetización es la forma de financiarse que tienen los youtubers como el mentado Brand. En sus videos aparece publicidad y les pagan algo por ello. Pues bien, hay plataformas que, como dejó claro aquello que se dio en llamar pandemia, tienen una estrecha relación con el gobierno y no dudan en echarle una mano. Tal es el caso de YouTube, que a la menor sugerencia corre a desmonetizar, también se dice cancelar, al demonizado por el poder en curso. 

Así es que a Russell le han sacado de YouTube donde tenía seis y pico millones de seguidores. Sus videos, diarios, a las pocas horas ya habían sido vistos por un millón de personas. Con su estilo un tanto histriónico, se ha dedicado a criticar sin piedad las políticas oficiales. Se ha convertido en un referente de esas minorías que el poder hace como si no existiesen por más que las sienten pinchándole en sus partes más sensibles. Stay Free (permanece libre), repite Brand una y otra vez, que es tanto como decir: resiste a este poder tiránico. Y va sacando a la luz todas las connivencias pecaminosas entre los políticos, los medios de comunicación, las empresas multinacionales... todos sabemos cómo funciona esto, pero nos gusta que nos lo recuerden de vez en cuando. 

El problema para el poder es que no todas las plataformas pasan por el aro. Algunas han encontrado su nicho de mercado en esas minorías y obedecer sería tanto como quebrar. Así que ahí está Russell, colgando sus vídeos en X y Rumble y siendo seguido por los mismos millones que le seguían en YouTube. Pero, un gobierno no se va a cortar por tan poca cosa, ¡pues anda que no va a tener recursos con todo el dinero que roba a los ciudadanos! Nada, pagamos una pasta a una piva para que diga que ha sido víctima de un asalto sexual por parte del molesto Russell. A ver qué chusma no se lo va a creer. Y más cuando un juez, en connivencia con el poder político, bien sure, le ha abierto ya una causa por tal supuesto asalto. Un poco de propaganda por parte de los medios subvencionados, y ya lo tenemos en el bote. ¡Pues ni por esas! Esas minorías, que son millones de personas, siguen fieles al presunto violador. 

Ya digo, es de tapa de libro. ¿Cuántas veces a lo largo de la historia no habrán acelerado su caída los poderes por medio de la fabricación de mártires? Es lo que tiene la ceguera que produce el engreimiento.

viernes, 22 de septiembre de 2023

Digresión

Ayer traía a colación el enigma de la Esfinge. Lo que conocemos como Antigüedad Clásica es un pozo sin fondo de metáforas en las que se condensa toda la sabiduría posible acerca de la condición humana. O sea, toda la sabiduría. La Esfinge que estaba a las puertas de Tebas les ponía un acertijo bastante tonto a los que querían entrar en la ciudad: ¿cuál es el animal que primero anda a cuatro patas, luego a dos y, después, a tres? Como hasta que llegó Edipo nadie daba con la respuesta correcta, la Esfinge se los iba comiendo a todos. Yo les apuntaba ayer a que como Tebas era la ciudad por donde había empezado la cultura del vino -su fundador, Cadmo, había traído las viñas de Fenicia cuando su padre le mandó que fuese por el mundo en busca de su hermana Europa que había sido raptada por un Zeus disfrazado de toro- era de suponer que la gente allí estaba demasiado alegre como para ponerse a resolver acertijos. Tuvo que ser Edipo, que precisamente venía de matar a su padre, el que diese con la respuesta correcta. Para que vean lo importante que es saber matar al padre a su debido tiempo para poder tener la cabeza despejada.  

Estando así las cosas, con todo este despliegue hostelero al que hay que añadir esa filosofía socialdemócrata que preconiza que los padres más que padres deben ser amigos de sus hijos, comprenderán que es muy difícil que el personal tenga la mente despejada para poder descifrar los tontos enigmas que nos plantea la contemporaneidad. Porque, en esencia, son los mismos que plantearon todos los tiempos: ¿se puede estar despierto si se toman pastillas para dormir? ¿puedes llegar a ser dueño de tu destino sin antes matar a tu padre? Como les decía ayer hasta un niño sobrio podría contestar acertadamente esas preguntas. ¿Pero dónde hay un niño sobrio? Como aquel que gritó que el rey iba desnudo. Hoy día, como siempre ha sido, los niños son educados para que vayan en post de Harry Potter a ver si les deja jugar un rato con su varita mágica. 

Qué mundo éste, siempre en post de la varita mágica. Se ve que está en nuestra esencia. Y lo peor de todo es que siempre, desde el origen de los tiempos, ha habido vivillos que se han dado cuenta de esa esencia nuestra y se las han ingeniado para inventar y vender sucedáneos. Va uno por las calles y cada dos por tres ves una cruz verde que parpadea que anuncia que allí te puedes proveer de varita mágica. Por no hablar de la red hostelera que es como si la gente no quisiera otra cosa. 

Así, con tanta farmacia y tanto bar, a ver quién es el guapo que se sacude la modorra, paso previo e imprescindible para poder enterarte de quién es tu verdadero padre. Y por eso es que nos tiramos a matar casi siempre en la dirección equivocada.  

Perdonen la digresión, pero es que como duermo tan mal...

jueves, 21 de septiembre de 2023

Centro Botín

Estamos pasando la línea equinoccial. Pensaba que no iba a conseguirlo. ¡Tanto es lo que me desazonan los veranos! No solo por el calor, que aquí es irrelevante, sino por lo que me parece un estado de ánimo colectivo rayano en la desesperación... que no otra cosa pienso que es esa necesidad de entronizar la diversión como reina y señora de todas las preocupaciones. Es penoso. Divertirse es cosa de la fiesta y la fiesta, o es la excepción, o atente a las consecuencias... acabas por no poder descifrar el enigma de la Esfinge que es lo que les pasaba a los tebanos a causa de estar todo el día dándole al jarro.

Porque el enigma de la Esfinge era una cosa bien tonta. Un niño sobrio lo hubiera podido descifrar, pero es lo que tienen ciertos estados de conciencia colectivos propiciados por el exceso de diversión que solo de pensar en la sobriedad acuden desesperados a los servicios de urgencia. Porque sobriedad es conciencia de que el tiempo pasa y, con ello, de cómo se viene la muerte tan callando. 

Son tan complicadas estas cosas que hasta tratarlas con uno mismo crea inquietud. Pero no queda más remedio que afrontarlas si no quieres sucumbir como un tebano cualquiera. Hay que dar con el portillo del caer en la cuenta, como decía Gracián, porque una vez descubierto el portillo ya sabes por donde saltar si es que quieres escapar de la desesperación que te obstinas en no querer reconocer. 

El portillo en este caso sería la conciencia de inmortalidad. ¿Cómo se puede adquirir esa conciencia? Esa es la gran cuestión de nuestras vidas. Intentamos mil triquiñuelas que solo traen más frustración. Quizá, recurriendo una vez más a Gracián, la solución sea cultivar ese realce rey, ese don, para que mejor nos entendamos, que según él todos tenemos. Hay que descubrirle y luego trabajarle. Así, a lo mejor, conseguimos rozar la excelencia, que es lo que, en cierta medida, te permite sentarte a la mesa de los dioses. 

En fin, ya digo, es muy complicado todo esto, pero, para simplificar un poco, conformémonos con que currar trae menos quebraderos de cabeza que andar por ahí haciendo el zángano... alrededor del Centro Botín.

miércoles, 20 de septiembre de 2023

De dónde saca

Ayer, hacia las doce, el todo Maliaño estaba en la terraza del chiringuito del parque Cros. Y cuando digo el todo, que es una expresión en desuso, quiero decir la creme de la creme, que también está en desuso. Es muy curioso todo esto, porque la inmensa mayoría de aquella gente ociosa andaba por lo que debiera ser lo mejor de la vida laboral de una persona, sin embargo, la terraza era atendida por personas venidas de allende los mares. Fíjense que digo Maliaño, lo que hasta hace dos días era el reducto de la más acrisolada clase obrera de la región. Pues nada, ahora, señoritos a muerte. ¡A mí que me sirvan! 

Lo de este país es más misterioso que lo de la Santísima Trinidad. Como en aquella famosa canción, me pregunto de dónde sacamos para tanto como destacamos. ¿Cómo es que podemos pagar a tantos criados venidos desde las cuatro esquinas del mundo? Sería de lo más interesante saber cuántos autóctonos pasan por las terrazas de los bares todos los días. Da la impresión de que la gente no quiere otra cosa. Bueno, también playa. Playa y terraza, terraza y playa. Para qué nos vamos a esforzar por merecer el cielo si ya lo tenemos aquí. 

Para mí, ya digo, es un misterio, porque tanto la una como las otras, más allá de su uso puntual, me parecen el potro de tortura más sofisticado que dar se puede. Te están arrancando la vida a pedazos sin que te enteres. Claro, quizá cuando transitas por la adolescencia y andas siempre a ver en dónde la puedes meter, o que te la metan, la cosa puede tener algún sentido. Pero es que, ahora, mi impresión es que, a una edad temprana, a tales efectos, ya se es viejo. Ayer escuchaba retazos de conversación de las mesas adyacentes y, gente por los treinta o cuarenta, mayormente hablaban de médicos y pruebas. Bueno, también de perros, que es parecido. 

En cualquier caso, no se aprecia la menor tensión en el ambiente. El parque Cros, que hasta hace cuatro días tenía pintadas llamando al exterminio de los ricos, ahora solo tiene murales de colorines hasta el infinito. Y debajo del puente que salva las vías del tren y da acceso al caserío, entre los colorines, palabras sueltas, tipo empatía, tolerancia, amor, paz... en fin, socialdemócrata hasta el tuétano. 

Ya digo todo esto es un misterio. Aunque tenga pinta de milagro.     


martes, 19 de septiembre de 2023

Tradición congelada

Como Santander es, o ha sido, una ciudad bastante levítica, lo que era la plaza de las Atarazanas ahora se llama de la Asunción en alusión, supongo, a lo de la subida de la Virgen María a los cielos en carne mortal, porque, incluso, hay allí, en el centro, una imagen de ella con sus manteos y tal, en actitud de levantar el vuelo. Personalmente, me parece una cacicada de los levíticos, porque al decir Atarazanas estamos recordando la historia de la ciudad. Allí, precisamente, estaban las atarazanas que, como sabrán, es como se decía antiguamente al lugar donde se construían los barcos. Pues bien, ayer había allí un rebaño de turistas que estaba siendo apacentado convenientemente por un barbado pastor. Me quedé un rato a escuchar y les estaba diciendo cómo sobre una colegiata habían construido una iglesia, sobre la iglesia una basílica y sobre la basílica una catedral. Las ovejitas parecían no perderse detalle. De las atarazanas no escuché nada. Una pena, porque el asunto, bien contado, pudiera haber proporcionado bastante pasto al rebaño.   

El caso es que, como ya se aproximan los fríos del invierno, los rebaños se están yendo por las cañadas hacia tierras más cálidas y la ciudad comienza a estar habitable, porque es que, madre mía, cómo se nos pone por el verano: se ve que aquí tenemos buenas veranizas. En fin, todo pasa y vuelve por donde solía. 

En otro orden de cosas, sigo avanzando por las páginas de El Mayorazgo de Labraz. Un cuadro barroco de la España decimonónica y rural. Se le cae a uno el alma a los pies. Porque si Santander es, o era, levítica, lo de Labraz, por comparación, lo es a la enésima potencia. Curas y putas y, en su entorno, una sociedad putrefaccionada por la hipocresía. Lo que nos relata Francisco Delicado en La lozana Andaluza, sobre aquella Roma del XVI es lo mismo que nos cuenta Baroja sobre Labraz, aunque lo que en la Andaluza es despelote distendido en lo de Labraz es un doloroso esperpento. Cuesta de creer, que diría un catalán, que la sociedad hubiese podido llegar a semejantes grados de putrefacción y, sin embargo, a la vista de lo que luego vino, las terribles guerras de siglo XX se puede concluir que el terreno estaba bien preparado. En cualquier caso, no es extraño que Baroja fuese tan odiado por los curas. Porque no se corta un pelo y, para más inri, se regodea describiendo la zafiedad que es el inevitable destino de los que adquieren poder, los curas, la aristocracia, en este caso, sin más mérito que subirse al carro de la tradición congelada: demasiados siglos sin que nadie se haya entretenido en separar el grano de la paja que hay en ese carro. 

¡Dios, siempre estamos en las mismas! A la que pasan unos cuantos años instalados en la estabilidad, todo empieza a putrefaccionarse. Es entonces cuando llegan las pestes redentoras. Son como sumergirse en la sangre del dragón, que quedas inmunizado... aunque siempre queda el talón vulnerable por donde vuelve a comenzar todo el ciclo. 

lunes, 18 de septiembre de 2023

¡Pobres inocentes!

Si hay una idea que prevalezca en los textos antiguos esa es la de la justicia divina. Una justicia que puede tardar en llegar, pero que, a la postre, nunca falla. Mi madre no perdía ocasión que viniese a cuento para expresar esta idea por medio de la frase: Dios castiga y no da voces. Y sí, no sé el grado de verosimilitud que pueda tener el invento, pero de una cosa estoy seguro: el convencimiento de la existencia de esa justicia es un gran consuelo para la humanidad. 

Quizá todo se trate de que la naturaleza, por principio, tiende al equilibrio y la permanencia. Y por ese afán es que allá en donde algo se desmadra no tarda en acudir a neutralizarlo. Porque, de lo contrario ya se hubiese extinguido. Los antiguos estaban tan convencidos de la certeza de esta teoría que no daban un paso a ciegas. Para las importantes, pero también para las más peregrinas, cuestiones iban a Delfos, o a cualquier otro oráculo, a preguntar sobre la conveniencia o no de llevarlas a cabo. Toda la historia antigua descansa sobre la convicción de que a los dioses no se les puede traicionar porque no perdonan una. 

Y en esas estamos, a la espera de la respuesta de los dioses a este desiderátum al que nos ha conducido la soberbia de la especie. Llevamos un siglo y medio, por lo menos, convencidos de que en nuestras manos está torcer el brazo a la naturaleza a capricho. ¡Y vaya que sí se lo hemos torcido! Está irreconocible. Y todavía nos parece poco y queremos insistir en el empeño. Cada vez más sofisticados. Sin pararnos en mientes. 

Es tanta la ceguera a la que hemos llegado que hemos creído innecesario conservar los templos en los que ofrecíamos sacrificios a los dioses de nuestros ancestros. La cosa debió empezar cuando Voltaire dijo que él había venido a este mundo para acabar con la superstición. El pobre desgraciado estaba tan engreído que era incapaz de reconocer que un clavo solo se puede sacar con otro clavo más grande. Así fue como colaboró tanto a quitar una superstición creando otra mucho mayor, la de la ilustración y el progreso. O sea, la civilización de las vacunas y todo eso. La ciencia que le dicen. 

Y a los dioses que les den por el saco. ¡Pobres inocentes! 

domingo, 17 de septiembre de 2023

La ambición

Sigo con Heródoto. Ya he llegado a cuando Jerjes toma la decisión de someter a los griegos. Acaba de heredar el trono y, en principio está dudoso, pero no necesita mucho tiempo antes de caer en la cuenta de que lo suyo es no quedarse atrás en gloria respecto de sus antecesores Ciro, Cambises y Darío. Para ello cuenta con la inestimable ayuda de sus consejeros que ven en la empresa un asunto de promoción personal. Impresiona el despliegue administrativo, logístico y de creación de infraestructuras que se realiza durante cinco años para preparar la empresa. Aunque es un dechado de racionalidad, no falta el pensamiento mágico que se traduce en derroche de recursos, como, por ejemplo, el canal que abren por el istmo de la península del Monte Atos. Años atrás, bordeando la flota persa esa península sobrevino una tormenta que causó un desastre incalculable. Un hecho meramente fortuito al que se le da un carácter de ley: bordear esa península es muy peligroso. Hay que evitarlo, por tanto, sin pararse en mientes. Y entonces se ponen a abrir el canal que es una obra que a pico y pala exigió el empleo de cientos de miles de personas durante años, a las que, entre otras cosas, había que alimentar. Hay historiadores que sostienen que Jerjes sabía que lo del peligro de bordear esa península era una superstición popular, pero quiso aprovecharla para dejar constancia de su grandeza por medio de una gran obra. Lo mismo que hizo su abuelo Cambises en Egipto cuando hizo cavar un canal del Nilo al Mar Rojo que se comió el desierto en cuatro días. 

Como sabemos, todo ese despliegue de poderío no le sirvió a Jerjes más que para recibir la mayor humillación que rey alguno recibió a lo largo de la historia. Se hizo esculpir un trono en un acantilado para mejor contemplar como la minúscula flota griega derrotaba a la gigantesca persa en las costas de Salamina. Tuvo que abandonar el trono de piedra por pies. 

La ambición de poder, de gloria, de riquezas, de lo que sea, con tal de acrecentar lo que ya tengo que, no por ser mucho, satisface mis anhelos. Es una prueba más de la pequeñez de la mente humana. El haber sido dotados de conciencia de nosotros mismos y, con ello, de nuestra finitud, nos hace vivir en un estado perpetuo de desesperación. La ambición de dominio no es, en definitiva, más que en un intento, quizá el más tonto de todos, de combatir esa desesperación. Se podría decir que todas las miserias del mundo nos vienen de ese vano intento. ¿Quién que haya trabajado en una empresa jerarquizada no ha tenido que padecer la toxicidad ambiental creada por los que ambicionan promocionarse? Casi siempre, los peor dotados, todo hay que decirlo. Los mejores no necesitan ambicionar porque el sistema, si no está corrompido, les promociona de motu propio. 

En cualquier caso, no se puede olvidar que la ambición es un motor de vida. Todos queremos más, se cantaba en mis años jóvenes. La cuestión es el objeto de la ambición... generalmente de la ambición de gloria. La vanidad. Todos somos vanidosos. Lo que pasa es que, de querer conquistar Atenas a conformarse con dominar la partitura de El Marabino, que ya, ahora mismo, me voy a poner a ello, hay una diferencia abismal en lo que hace a la toxicidad ambiental creada y, sin embargo, una similitud sorprendente respecto a la gloria conseguida. La gloria, esa tenue sensación de inmortalidad...