lunes, 6 de noviembre de 2023

2, 7182818284...

El otro día pase un buen rato revisitando los intríngulis del número e. Hacía tiempo que no me entretenía con este tipo de vídeos, pero he descubierto a un muchacho mexicano que lo explica todo divinamente con esa prosodia cantiflesca que es una verdadera delicia. Desde luego que los hispanos no sabemos muchas veces valorar lo que tenemos y más nos valiera empezar a darnos cuenta de lo afortunados que somos. Pero, en fin, ésta es una historia para otro día. 

El caso es que, algunas veces, cuando retomas algo que tenías arrumbado en alguna olvidada repisa del cerebro es como si hubieses descubierto un tesoro deslumbrante. Te parece que lo entiendes como nunca lo habías entendido y das gracias a los dioses por haberte concedido tamaño don. Porque no hace falta darle muchas vueltas al asunto para entender que la comprensión de lo sofisticado es de entre todos los placeres posibles el de mayor calado por aquello de que te eleva a alturas olímpicas, es un decir. 

Retoricas aparte, lo del número e es una cosa de entre las más sorprendentes a las que ha tenido acceso la mente humana. Me imagino que el porcentaje de gente que tiene idea de su existencia será mínimo, lo cual no quita para que sus vidas estén condicionadas por lo que supuso su descubrimiento para la evolución de esto que llamamos civilización. Porque ese es el asunto, que el alumbramiento de ese número irracional, 2,7182818284..., supuso para la humanidad un hito, por lo menos, si no más, a efectos prácticos, cual pudiera haber sido la llegada de Colón al nuevo continente. Y ahí está el detalle y, de paso, la tragedia de este mundo, que una verdad tan trascendente solo es accesible a ese mínimo porcentaje de favorecidos por los dioses para la comprensión de lo sofisticado. 

Se imaginan lo que pudiera ser esto si tal verdad se expandiera por el mundo y miles de millones pudiesen gozar de su comprensión. La comprensión, en definitiva, de la importancia de la tensión espiritual como fuente de placer. Porque, esa es la gran tragedia de la vida, que todas las demás fuentes nunca sobrepasan su condición de sucedáneos. 

domingo, 5 de noviembre de 2023

Narayama

Como les iba contando, Casanova no ceja en su empeño. Anda aproximándose a la cuarentena y, como les suele pasar a esas edades a muchos hombres, necesita demostrarse a sí mismo que el tiempo no pasa para él. La mejor forma de conseguirlo es, sabido es de sobra, seguir siendo atractivo para el sexo opuesto. Bueno, en estos tiempos que corren, mucho más cutres que los de Casanova, el truco consiste en comprarse una moto de alta cilindrada que, según dicen, produce una sensación de fuerza genésica que como que vas a dejar a las mujeres turulatas. Pero a lo que iba, que, a la sazón andaba intentando ligarse a una adolescente aristócrata que vivía con su familia tronada en un castillo a las afueras de Milán. Como la niña era aficionada a leer y escribir, opta por comprarle una selección de libros que al él le parecen el no va más. Con tan fausto motivo nos hace unas digresiones literarias que demuestran a las claras que no por ser un mujeriego empedernido deja de tener una formación y una sensibilidad fuera de lo común. Les traigo esto a colación porque, de pronto voy y me topo con una reflexión que me pega de lleno y que, en parte, pienso, explica esta propensión al aislamiento que ha ido ganando fuerza a medida que los años se me iban acumulando peligrosamente. Transcribo: 

"Si tengo algún lector, le pido perdón por estas digresiones. Deben recordar que estas memorias fueron escritas cuando ya era muy viejo, y los viejos siempre son reiterativos. La vejez vendrá también para ellos y, entonces, entenderán que si los viejos se repiten mucho es porque viven en un mundo de recuerdos, sin presente y sin futuro."

En mi juventud a estos síntomas demoledores les etiquetábamos como síndrome del Abuelo Cebolleta. Ahora no sé cómo le dirán, pero, por menos de nada, cualquier joven te suelta que no te quedan ni dos telediarios. ¡Ni te digo los años que hará que no veo uno! Pero, en fin, el caso es que a la vejez no hace falta liquidez, como sostienen mi hermana y sus amigas, sino la lucidez suficiente para hacer lo de aquel personaje del novelista Narayama que evitaba todo tipo de reunión familiar o de cualquier tipo y disfrutaba viendo la puesta de sol desde su cuarto mientras cenaba un plato de arroz y escuchaba a lo lejos los gritos de los niños que jugaban. 

La naturaleza que, según dicen, es sabia, sabrá por qué tiene dispuesto que los viejos tengamos tendencia a conservar solo la memoria lejana. Se nos olvida lo que hicimos ayer y recordamos perfectamente las travesuras de nuestra infancia. Por así decirlo es prácticamente imposible fabricar nuevos recuerdos. A eso se le llama no tener presente. Y como futuro, tampoco, solo nos queda la opción de vivir en el pasado: recordando. Y los recuerdos, no lo pierdan nunca de vista, siempre se toman a beneficio de inventario... es decir, que suelen ser más falsos que los duros a cuatro pesetas. O sea que, eso, que la opción más inteligente y noble en tales situaciones es la del personaje de Narayama: pura sensualidad... la puesta de sol, el plato de arroz, los gritos de los niños a lo lejos.  

sábado, 4 de noviembre de 2023

Aliteración

" I must say I have been slightly rocked by some of the data on Covid fatalities. The median age is 81-82 for men, 85 for women. This above live expentancy. So get Covid and live longer... and I no longer buy all this NHS overwhelmed stuff"

 (Debo decir que he sido ligeramente conmocionado por los datos de las muertes por Covid. La edad media para hombres es de 81-82, y de 85 para mujeres. Esto está por encima de las expectativas de vida. Por tanto, agarra el Covid y larga vida... y nunca más compraré al Servicio Nacional de Salud toda esa exagerada mierda.)

Pues bien, este es el mensaje que envió Boris Johnson el 15 de diciembre de 2020 a su principal consejero Lee Cain. 

De entre los refranes que me cansé de escuchar en mi niñez hay uno que viene como de molde para todo esto que ha pasado estos tres últimos años: Dios escribe recto con renglones torcidos. Porque, cada vez más, es evidente de toda evidencia que lo sucedido no ha sido más que una treta que ha utilizado Dios para poner al descubierto toda la corrupción e imbecilidad del sistema por el que nos regimos. No en vano los expertos que se inventaban las variables del virus de marras le ponían nombres como ómicron, que es un anagrama de moronic, es decir, imbécil. ¡Lo que se debían estar riendo aquellos tipos!

Pero ahora está saliendo todo a la luz y es muy improbable que un montón de gente no vaya a la cárcel. Y es que las aguas del río no paran de subir de nivel. El número de reclamaciones en los juzgados por daños colaterales ya no van por miles sino por cientos de miles y puede que por millones. No hay periódico ni televisión que diga nada al respecto, pero no se engañen, por cada persona que ve la CNN hay diez que prefieren a Joe Rogan para informarse de lo que pasa. Y Joe lo cuenta todo, que no por otra causa se ha convertido en uno de los enemigos públicos número uno. La corrupción combinada de médicos, laboratorios y políticos se ha hecho tan manifiesta que el escepticismo ha destronado a la borreguil credulidad que venía señoreando el mundo desde que, a finales del siglo XIX, alguien le dijo a Otto von Bismarck: pero, entonces, Excelencia, con lo que usted propone va a hacer a todo el mundo dependiente del Estado. Y él contestó: eso es, precisamente, lo que pretendo. Bien, pues ahora estamos saboreando las consecuencias de tan altruistas sentimientos.

Los altruistas sentimientos ya sabemos en que acaban. De ahí, el nombre de este blog, La Berza y el Tocino, que hace referencia a esa paradoja de la condición humana. Ya los romanos se habían dado cuenta de que los que miraban hacia la berza eran los que se comían el tocino. Claro, esto, hoy día, se entiende mal porque se ha dado en desprestigiar al tocino, pero antaño era un manjar exquisito donde los hubiese, que bien que lo puedo atestiguar yo que de niño no me cansaba de untar con pan el tocino del cocido. Pues sí, hoy día, todas esas legiones de servidores públicos vocacionales, o sea, que miran la berza, son las que, indefectiblemente, se comen el tocino. Ayer, sin ir más lejos, me mandó Isi un vídeo en el que se podía escuchar a Le Précepteur haciendo un recorrido histórico de lo que ha venido a significar para los filósofos la ley del más fuerte. ¿Quién es el más fuerte? ¿Quién, en definitiva, se come el tocino?  Es difícil saber, porque la vida da muchas vueltas y, no por nada, sino porque al que come mucho tocino se le obstruyen las arterias y se tiene que poner a régimen. 

Resumiendo, que ya va siendo hora de que pongamos a todos estos comedores de tocino a régimen, pero a régimen de rejas... ¡preciosa aliteración!, que diría Borges.  


viernes, 3 de noviembre de 2023

Gaza

 A parte de lo de Casanova, que es el cuento de nunca acabar -ahora le toca el turno a una adolescente que controla la mitología griega-, mis devaneos literarios actuales los reparto entre Cervantes y Baroja. Baroja, ya les dije, describiéndose a sí mismo en la figura de Silvestre Paradox, un personaje que vive del aire sin otra pretensión que la de lucubrar sobre lo humano y lo divino por medio de su formación autodidacta. Como ya se ha dado cuenta de que la física necesita formación académica se ha pasado a la filosofía que está al alcance de cualquiera con dos dedos de frente. Como no podía ser de otra manera, ha venido a aterrizar sobre Shopenhauer: ya les contaré. De Cervantes leo El Gallardo Español. Es una de esas historias que tanto le gustan a él, porque tiene conocimiento de causa, de moros y cristianos. Mezclar verdades con fabulosos intentos, como el mismo apunta. Está escrita en versificación libre, tipo romance, de una soltura tan sorprendente que bien nos podría haber servido para nuestras declamaciones alcohólicas en las noches de farra por aquel Valladolid de los primeros sesenta. En cualquier caso, lo estoy leyendo en voz alta y esforzándome por mantener el ritmo. ¡Es una verdadera pasada! Pero, música aparte, lo más sorprendente de esta obra, lo mismo que en El Cerco de Numancia que vengo de terminar, es la profundidad de las consideraciones acerca de la condición humana, que, en definitiva, es lo que hace grande a un escritor. Cada sí y cada no, tienes que parar para reconsiderar lo escuchado porque, de carrera, al primer intento, quedas a uvas cada dos por tres. 

Lo de las historias de moros y cristianos en las orillas del mediterráneo siempre han sido de lo más común porque nunca tuvieron demasiadas dificultades para convivir. Los líos, más que de cultura son de "a ver quién es el que manda aquí". Ayer mismo, en un momento de debilidad, me tope con un vídeo en el que se veía una iglesia católica, con sus Purísimas y tal, en la que los feligreses corrían asustados porque allí al lado había caído un pepinazo. Era gente, con más niños, eso sí, como la que podría haber en la iglesia de los Pasionistas de aquí al lado. Sin embargo, era en la torturada Franja de Gaza donde, al parecer, el treinta por ciento de la población es cristiana, un dato curioso que se suele desconocer cuando se habla por hablar para decir tonterías. Porque si hay un treinta por ciento de cristianos quiere decir que en esa Franja tiene que haber muchas historias de moros y cristianos del estilo de las que cuenta Cervantes.  

 En fin, hablando de moros, hoy tengo por delante un día de "papiles". A esto es a lo que hemos venido a dar con tanta civilización y progreso, a un mundo en el que se necesitan "papiles" hasta para respirar. ¡Y qué le vamos a hacer! A pasar por el aro y a callar. 

jueves, 2 de noviembre de 2023

Boris

Ahora resulta que Boris lo hizo, pero él, en realidad, no quería hacerlo. Se lo impusieron sus subalternos. Dice Boris que a los viejos se les debía haber dado a escoger lo del confinamiento. Y, también, que se le parte el corazón de pensar que haya que confinar a sus nietos para que no le perjudiquen a él. En resumidas cuentas, que ahora, cuando las orejas del lobo se ven en lontananza, vamos y nos enteramos de que Boris tiene un corazón de oro y que lo que en realidad pasó fue que sus subalternos se le subieron a las barbas, por más que él parezca bastante imberbe. 

Estamos en lo de siempre: utilizando la propaganda para convencer a la gente de que es lo que no es. Porque, no nos engañemos al respecto, la propaganda es muy raro que no funcione. Por eso vivimos en un mundo de ficción, creyendo siempre que es lo que no es. Luego, ya, a toro pasado, cuando se descubre el pastel, la verdad es como dar cebada al burro por el rabo. Y, sin embargo, nos pasamos la vida intentando descifrar la realidad para mejor acomodarnos al futuro. Pero siempre llegamos tarde porque la única realidad aprehensible es la que se desprende de la omnipresente propaganda. Siempre fue así y siempre será porque, pase lo que pase, siempre estará ahí alguien, subido en un púlpito, cantando una milonga que le viene como de molde al stutu quo, es decir, hablando en plata, que siga mandando el que está mandando. 

Y el caso es que yo no sé porque me he tenido que enterar de que, en realidad, Boris es un buen tipo, que hizo lo que hizo porque le tenían cogido por lo huevos. ¡Y a mí que coño me importará esa milonga! Me he levantado de la cama animoso, he desayunado como un príncipe y me he venido al salón a continuar con mis rutinas cotidianas, valga el pleonasmo. Y, ya ven, como si fuese un virus de esos que traspasan las mascarillas, se me ha colado lo de Boris, que malditas las ganas que yo tenía de saber nada de él. Es evidente que, si así ha sido, es porque algo estoy haciendo mal y los dioses me castigan. Se ve que no les ofrezco suficientes sacrificios. Porque, no se equivoquen al respecto, sin esos sacrificios todo se les pondrá en contra, que no hay que haber leído a los cásicos para saber que así es: basta con la propia experiencia. 

En fin, voy a ver si me pongo a hacer algo de provecho y así me olvido de lo de Boris. ¡Por Dios Bendito, qué tortura es esto de vacar! Se te cuelan todos los virus.

miércoles, 1 de noviembre de 2023

Jalogüin

Ayer, ya anochecido, llamaron a la puerta. Eran cuatro niños perfectamente disfrazados para la ocasión que venían a lo de "truco o trato". Sus padres estaban detrás mirando sonrientes. Afortunadamente había sido previsor y tenía unas mantecadas en la despensa. Di una a cada niño y se fueron contentos a proseguir su ronda. Éste es un asunto que forma parte de la ritualización de la vida, algo que la humanidad viene haciendo desde la noche de los tiempos porque seguramente intuye que es la única forma de que no andemos por ahí matándonos los unos a los otros. Por eso me parecen ridículas esas descalificaciones de los puristas por aquello de que esta celebración forma parte de la colonización cultural del imperio. Hasta un tonto sabe que cuando cuaja un nuevo rito es porque ha venido a llenar el hueco que dejó el que se apagó por ineficaz, por ejemplo, el de la misa. Antiguamente a misa se iba, entre otras cosas, a dejarse ver con las mejores galas. Era un lugar para marcar diferencias y por tanto un gran activador del comercio local. Es impensable que se pueda mantener un rito si no activa el comercio, y no por nada, sino porque el comercio es la forma más efectiva de interrelacionar a las personas al margen de toda sospecha. No hay mediador social que se pueda comparar al comerciante. 

Sea como sea, el caso es que los ritos relacionados con la muerte siempre han tenido mucho tirón. Los romanos ponían una moneda en la boca del muerto para que pudiese pagar con ella a Caronte que era el barquero encargado de pasar a los muertos al otro lado del río Leteo. Supongo que aquellas monedas siempre acababan en el bolsillo de los salteadores de tumbas, que siempre los hubo. Yo tuve un paciente que era el sepulturero de un pueblo de aquí al lado. Un convecino suyo, con el que hice alguna amistad, me contó que el tal sepulturero, una vez enterrado el finado, esperaba a la noche para desenterrarlo, abría el ataúd y colocaba la cabeza del muerto de la forma más adecuada para poder darle un golpe con la pala que hiciese saltar los dientes, porque se daba por entonces la circunstancia  de que mucha gente se ponía dientes de oro cuando se le estropeaban los naturales. Por lo visto aquel sepulturero se gastaba el oro en pagar a los brujos que prometían curarle la tuberculosis para la que los médicos no encontraban remedio. Así de chuscas son las cosas de esta vida. 

Y eso por no hablar de los mejicanos que, tal día como hoy, van a los cementerios en plan romería. Quizás esta fiesta de los muertos sea para ellos la más importante del año. Arreglan las tumbas, les ponen flores... seguramente es una versión barroca, como todo lo suyo, de una costumbre que les llegó de España cuando lo del imperio. Pero el caso es que el Vicecónsul del Reino Unido en Cuernavaca contemplaba desde la terraza del hotel, en la que se reponía de una partida de tenis, la citada romería en el cementerio y, eso, le hacía reflexionar sobre su adicción alcohólica. En realidad, no hacía otra cosa que reflexionar sobre esa adicción que le condicionaba la vida de tal forma que ni siquiera le permitía lleva calcetines a causa de las polineuritis inherentes al alcoholismo. Así todo, el Vicecónsul consiguió dejarnos una novela sobre el día de los muertos en México desde la perspectiva de un adicto desesperado que, ¡Dios mío!, por solo comprobar lo que pueden dar de sí veinticuatro horas cuando la cabeza es un hervidero, merece, y mucho, la pena pararse a leerla. 

Eso sí, a los niños del truco y trato no creo que se les pasase ni un instante por la cabeza la idea de muerte. Ellos se limitaban a disfrutar de ser el centro de la atención por un rato. Y bien está que a los niños se les preste atención, pero pienso que quizá fuese mejor hacerlo sin que ellos lo noten. Porque, ¡joder!, qué racha llevamos, si no son los padres, son los monitores, el caso es que los pobres chavales no puedan andar a su bola un minuto, no vaya a ser que les pase algo... como si uno pudiese llegar a algo si antes no le pasan montones de cosas desagradables. Por lo demás, el día ha amanecido lluvioso, como para dar color a la festividad que nos traemos entre manos. 


martes, 31 de octubre de 2023

Paradox

Como el que no quiere la cosa del verano para acá me he ventilado media docena de novelas de Baroja, mi autor favorito, allá, por los años jóvenes. Y el que tuvo, retuvo, y estoy disfrutando de lo lindo.  Así es que cuando ya se me está acabando una, me voy de safari por las librerías de viejo y siempre encuentro otra. Y es que, lo suyo con Baroja son las librerías de viejo; no en vano es que su estatua esté, precisamente, en la Cuesta de Moyano.  Porque es que, además, me estoy dando cuenta del porqué de aquel gustarme tanto. Anoche andaba demorándome en las Aventuras, Inventos y Mixtificaciones de Silvestre Paradox, una verdadera delicia rebosante de cargas de profundidad. 

"Esas conversaciones de personas serias acerca de la política y los partidos le exasperaban. Le repugnaba la prensa, la democracia y el socialismo." Me está pareciendo que, en esta novela, más que en ninguna otra, Baroja va al grano en lo de describirse a sí mismo. En Silvestre ha construido un alterego con el que se despacha a gusto. Porque es que se ve que lo necesita más que respirar para poder sobrevivir en un mundo carcomido por la imbecilidad. Despotricar es, a la postre, el único consuelo que les queda a los clarividentes. Aunque, claro, hay formas y formas de hacerlo, y, la de Baroja, es, si cabe, la más elegante posible: construir un mundo paralelo a tu medida y mostrárselo al mundo... que eso es lo que es una novela. 

La biblioteca de Silvestre se compone de cuatro tomos: la Biblia, las obras completas de Shakespeare, las de Molière, y Los Papeles del Club Pickwick que es una versión amable de El Quijote. Me pregunto yo que qué necesidad de más libros que esos hemos tenido los letraheridos que no sea la de evadirse del tedio del mundo a golpe de reiteración. Porque la literatura es, fundamentalmente, eso, reiteración de la media docena obsesiones que torturan a los dotados de una cierta clarividencia. Media docena que se pueden resumir en esa mezcla de estupidez y maldad que es hija de la ignorancia o, mejor si quieren, de la falta de inteligencia. Porque esa es la gran lacra que todos son capaces de ver en los otros y muy pocos en sí mismos. Y, de estos pocos, es de los que podemos esperar la obra de arte. 

En fin, por decir algo.  

lunes, 30 de octubre de 2023

Numancia

FIN DE LA COMEDIA "EL CERCO DE NUMANCIA". Así termina lo que yo hubiese calificado de cualquier cosa menos de comedia. Quizá tragedia épica le hubiera sentado mejor, pero si Cervantes tuvo a bien llamarlo comedia sus poderosas razones tendría. 

Sea como sea, recuerdo que estaba un día porfiando con un colega que me excedía en jerarquía. Me negaba yo a pasar por no recuerdo qué aro y el tachaba mi actitud de numantina en el sentido más peyorativo del término que no es otro que el de obstinación irracional. Si yo por aquel entonces hubiera estado un poco cultivado hubiese respondido que yo numantino y el Escipión, la versión más acabada de la pasión funcionarial. 

La pasión funcionarial consiste en no importarte que el otro se lleve la gloria si tú te llevas el botín. Es la cosa más triste y miserable que se puede concebir, porque el botín te lo comes en dos días y la gloria, si no imperecedera, dura unos cuantos siglos, como la de Numancia que ya va para veinte y sigue dando de qué hablar. 

Los numantinos se habían sublevado porque a su juicio el gobernador que había puesto por allí el imperio no hacía más que extorsionarles. Y bien que nos lo podemos creer porque es de lo más común que los gobernadores extorsionen. Los romanos llevaban ya veinte años intentando someterles y no encontraban la manera de conseguirlo. Los soldados se habían acomodado a aquella situación de tablas y poco a poco habían ido llenando de putas su campamento. Y en esto llegó Escipión a poner fin al despelote. Ni un soldado más muerto en batalla. Expulsó a las putas y puso un pico y una pala en las manos de cada soldado. A cavar, les dijo, y él el primero para dar ejemplo. Y en menos de lo que canta un gallo ya había un muro y un foso prácticamente infranqueables alrededor de Numancia. Los intentos Numantinos de una salida honrosa fueron desechados por Escipión. El objetivo en este caso fue la humillación ejemplarizante. Pero no lo consiguió: cuando por fin entró en la ciudad solo encontró cenizas. No pudo someter ni a una sola persona ni rapiñar un solo céntimo. 

Así es que Numancia ha quedado en el recuerdo por su defensa, a toda ultranza, como se decía antaño, de la libertad, pero, bien pensado, podría ser la metáfora perfecta de la estupidez funcionarial. Que todos los impresos estén debidamente rellenados, caiga quien caiga y allá cuidados. Como si los infinitos vericuetos de la vida se pudiesen resumir en los impresos. Sí, muy bien, tú ganas, pero solo recoges cenizas. ¡Y mira que no hay forma de que se aprenda la lección! Tú, hijo, algo seguro. Y, ¡ale!, a preparar oposiciones. 

domingo, 29 de octubre de 2023

Perorata

Cuando un mal en sus comienzos no se ataja, fuerzas del abandono va cobrando que luego hace imposible el remedio... que por lo visto es en lo que estamos, atados de pies y manos porque el mal ya lo señorea todo. Claro que también siempre se dijo que, a grandes males, mayores remedios. El mundo, en cualquier caso, no se para. Solo se necesita para seguir la marcha que alguien se ponga al frente y marque el camino. Las personas son como las ovejas que tiras a una por un precipicio y todas las demás la siguen. Y lo mismo que en lo del precipicio también siguen a la primera cuando va directa a los buenos pastos. Hay de todo en la viña del Señor. Los buenos y los malos caudillos, aunque, no hay que hacerse ilusiones, los que son buenos para unos son malos para otros y viceversa, y no por nada, sino porque es de todo punto imposible que llueva a gusto de todos. 

En cualquier caso, cuando los males se perciben como grandes, el común de las gentes suspira por los grandes remedios que nunca son otra cosa que el hombre providencial. El caudillo que les decía. Y en ello anda el mundo. Así es que las redes sociales rebosan de noticias sobre el caudillo Bukele. No hay término medio: o le ponen a parir o lo elevan a los cielos. Como pasó y sigue pasando con Franco que es que a veces parece que todavía seguimos teniéndole hasta en la sopa: los que no olvidan ni perdonan. O, dicho de otra manera, los discapacitados mentales para la cosa de la perspectiva histórica. Si no aprendiste a distanciarte, solo verás tus entrañas. 

Sea como sea, cada vez más gente sueña con Bukele. Porque hay una realidad insoslayable: en El Salvador ahora se puede pasear por las calles con un reloj en la muñeca. Algo tan elemental que hasta que llegó Bukele no se podía hacer. La cosa, no se crean, tampoco ha sido tan difícil: política de tolerancia cero y sanseacabó. Pero claro, eso se compagina mal con la ideología cristiana actualizada por los tiempos en forma de marxismo. ¿Porque va a tener ese más derecho que yo a tener un reloj tan bueno? No hay otro quid de la cuestión: la envidia. Todas las ideologías igualitarias, lo son porque dan pábulo a la envidia. 

La envidia es el dolor por el bien de otro. Algo repugnante, desde luego, pero no se engañen porque los sentimientos repugnantes si algo tienen es la facultad de agilizar el cerebro para que manipule el lenguaje de forma tal que lo blanco parezca negro y al revés. Así un envidioso dirá que lo suyo es ansia de justicia social, esa entelequia con la que se vienen justificando las mayores tropelías que puede concebir la mente humana. Ni nunca hubo, ni hay, ni habrá otra justicia que la que se contiene en las tablas que Moisés bajó del monte en el que había estado hablando de tú a tú con Dios. No olviden que Moisés fue un caudillo que llegó providencialmente a sacar al pueblo judío del pozo en el que estaba metido. 

Pues sí, Bukele, al igual que Moisés, si por algo se caracteriza es por la claridad del lenguaje: todo el mundo lo entiende. Al mal, cuando ya ha cobrado fuerza a causa de la tolerancia, no hay otra forma de combatirlo que con una intolerancia sin resquicios. Como hizo Dracón en su momento y ni tan mal que le fue por mucho que solo se le quiera recordar en su faceta negativa. Y después de Dracón vino Solón que invento lo de las constituciones que es una cosa que queda muy fina, tanto, que la gente las usa para limpiarse el culo. Y, entonces, Solón tuvo que dejar paso a Pisístrato, otra especie de Dracón, que no por tener la piel más de cordero, dejó de poner a todo el mundo firme... y sacó Atenas adelante. 

 Bueno, en realidad, ni siquiera sé de qué estoy perorando. 

sábado, 28 de octubre de 2023

The legal floodgates are opening

Estaba charlando el otro día con un empresario y por vericuetos que no hacen al caso habíamos venido a dar en lo del Camino de Servidumbre y La Fatal Arrogancia. Claro está que con un empresario es fácil sacar a relucir estos temas con garantía de ser comprendido: si hay oficio maltratado por el sistema político imperante por doquier, ese es el de empresario; le matan a impuestos y, lo que todavía es peor, a rellenar millones de papeles para las más nimias cuestiones. Y el caso es que sin venir a cuento con lo que en aquel momento nos traíamos entre manos, el tío paró, me miró fijamente y dijo: seguro que tú no te has vacunado. Me pilló por sorpresa y titubeé, porque no me gusta airear intimidades con cualquiera, pero no tardé en confesarle con un cierto orgullo, tengo que reconocerlo, que, efectivamente, no me había vacunado. Entonces él me preguntó que como me había enterado, así, en plan abstracto, porque si no flotase en el ambiente la convicción de que se ha cometido un fraude, la pregunta hubiera sido más concreta. Pero ya saben lo que pasa con los empresarios, que, para bien y para mal, no se andan por las ramas. En resumidas cuentas, que el citado empresario me llamó hace un par de días para decirme que ya se había comprado Camino de Servidumbre y La Fatal Arrogancia. Y para el hijo, como regalo de Navidad, El manifiesto Libertario de Rothbard del que también estuvimos hablando. 

Hay que estar muy ciego y sordo para no darse cuenta de que esa convicción que flota en el ambiente con cada vez más fuerza lo está envileciendo todo. Si por casualidad citas el tema, aunque sea de refilón, de inmediato te das cuenta de que es mejor cambiar de tercio. Porque es como hurgar en una herida que se resiste a cicatrizar: se mire como se miré ha sido caer en un engaño tan gordo que es imposible no albergar la sensación de haber sido estúpido. 

Hoy dice Andrew Bridgen en un twit que "the legal floodgates are opening", o sea, para que se entienda, que los tribunales de justicia han empezado a aceptar demandas contra las farmacéuticas por parte de los perjudicados por las vacunas. Y ahora la cosa ya empieza a ir en cascada. Lo de "safe and effective", se lo van a tener que meter los políticos por salva sea la parte. Pero que nadie se engañe, porque hasta que los responsables de este terrorífico dislate no paguen por su negligencia, o más bien maldad, el mundo no va a sosegar, porque, como se suele decir en plan chiste, no puede ser y además es imposible. 

Extraños tiempos estos. Se ve que el fuego que robamos esta vez a los dioses les ha puesto frenéticos y nos lo quieren hacer pagar a base de bien. Andar jugando con la unidad constitutiva fundamental, eso que se conoce como ADN, va más allá de todas las expectativas que nos es lícito albergar. Así que, agárrense, porque lo que va a traer Pandora en la caja esta vez nos puede volver del revés. Porque ¿a ver qué Dios es el que puede soportar tanta soberbia en sus criaturas? En fin, más vale que recemos. 

viernes, 27 de octubre de 2023

Accountability

Uno de entre los principales asuntos que nos concierne a todos es el de la responsabilidad. Se es o no se es responsable de los propios actos, datistecuestion, como decía un personaje, creo recordar que de La Regenta, para dárselas de políglota. Responsabilidad. Accountability, esa palabra a la que tanta importancia le dieron siempre los anglosajones. En español siempre dijimos que el que la hace la paga, pero todos estuvimos siempre de acuerdo en que hasta cierto punto y dependiendo de las circunstancias. Supongo que es cosa de la piedad, ese sentimiento que es marca de la casa en el cristianismo católico. Sea como sea, aquí nunca el pueblo ha decapitado a un monarca y, eso, lógicamente se nota. Porque mira que nos lo puso bien Fernando VII, pero nada, le perdonamos y sufrimos luego las consecuencias de nuestra piedad con cristiano estoicismo. 

Un mantra que siempre han repetido los mayores desde que tenemos memoria histórica es el de lo mal educada que está la juventud de nuestros días. La juventud de hoy día, dicen, ha perdido el respeto a sus mayores. Es una patochada, porque está en el ser de los jóvenes experimentar con el riesgo so pena de quedar lelos para los restos. Al respecto, nunca hubo mucho nuevo bajo la capa del cielo: los jóvenes siempre fueron un coñazo para los viejos. Lo que sí puede que haya cambiado con los tiempos es la responsabilidad que asumen esos jóvenes al experimentar con fuego. ¿Pagan o no pagan por ello cuando las consecuencias de sus experimentos son molestas o, incluso, dañinas? Recuerdo que en mis tiempos había que andarse con mucho cuidado no te fuesen a pillar porque el nivel de piedad de por entonces era tirando a escaso, seguramente como consecuencia de recién haber salido de una guerra. La gente, en las guerras, se acostumbra a matar a otros simplemente porque les caen mal y, luego, terminada la guerra, pegar una paliza a un chaval por un quítame allá esas pajas, parece lo más natural. Pero luego viene un largo periodo de paz y la gente se ablanda tanto que da pena verlos. Todos los viejos paseando el perrito y los jóvenes campando por sus fueros sin que nadie se atreva a decir ni mu. En definitiva, el problema de la paz sostenida no es otro que el del debilitamiento, sino la muerte, de la responsabilidad. 

Que es en lo que estamos. Aquí nadie tira la primera piedra. Para eso está la escuela pública, para enseñar que eso no se debe hacer so pena de ser expulsado del rebaño. Hoy día, si hay que echar la culpa a alguien es al rebaño, lo que es tanto como no echársela a nadie. Y en estas estando, voy y, ayer, escucho a una brillante oradora pidiendo acountability por los terribles errores cometidos por los gobernantes durante estos tres últimos años. Como la señora en cuestión, de porte aristocrático, seguramente asistió a las clases que en Cambridge diera el insigne Wittgenstein, dedicó su discurso mayormente al análisis del lenguaje. ¿Qué han querido decir los políticos de toda calaña cuando repetían como papagayos el mantra "safe an effective" para referirse a las vacunas? La abrumadora evidencia de que era exactamente al revés, no conseguía frenarles porque, los muy ladinos sabían que, si todos iban a una, el rebaño, en definitiva, nadie podría pedir cuentas a nadie en concreto. Y en ello siguen, por más que, según datos de ayer, la población que se cree que lo de que las susodichas vacunas son "safe and effective", ya no llega ni al tres por ciento. 

Mal asunto, pero muy malo, cuando un pueblo no decapita de vez en cuando a un rey. Así la responsabilidad se va al garete  y los chavales no dejan de dar por el saco... y a los viejecitos solo les queda el recurso de pasear el perrito para poder recoger sus cacas que es de la única cosa de la que todavía pueden sacar alguna satisfacción.

jueves, 26 de octubre de 2023

La vida, la vida es

La revista Forbes, como supongo sabrán, se dedica a informar sobre los negocios. Negocios a lo grande, claro está, que por eso es que tiene su sede central en la Quinta Avenida de New York. Y como se dedica a los negocios, de vez en cuando, su portada viene a parecer, más bien, el de una revista científica por el lado de la medicina. Y es que, es difícil diferenciar en este mundo traidor lo que es una cosa y lo que es otra. Les pondré como ejemplo la reciente portada de la mentada revista. Reza así: 65 Millón People Suffer From Long Covid. Our Experts Say New Vaccines Are The Best Defense. (65 millones de personas sufren de Covid Largo. Nuestros Expertos dicen que las nuevas vacunas son la mejor defensa.) 

Sería de tener muy mala catadura por parte de cualquiera suponer que los dueños de esa revista han tenido otra intención al resaltar esa información en su portada que la de colaborar en la medida de sus posibilidades al bien común de la humanidad. Porque 65 millones son muchos millones sufriendo de una enfermedad que solo los desaprensivos niegan que exista. Esa gente misógina y xenófoba, como en su día fue tan acertadamente calificada, incluso se atreve a insinuar que lo de Long Covid no es más que un eufemismo tras el que se esconden los efectos secundarios de las vacunas. ¡Dios! ¿A qué infamias se puede llegar cuando se barreja la maldad con la ignorancia? Como dice la canción: remena nena que la barreja surt mes bona... pero esto es otra historia.

Pero es que, además, lo dicen nuestros expertos. ¿Se imaginan la calidad de los expertos de una revista de más de cien años, con sede en la Quinta Avenida, y demás hierbas? Por fuerza tienen que ser fiables porque, de lo contrario, ¿en quién podríamos confiar ya? Sin alguien en quien apoyarse, este sería un mundo insoportable. Sí, afortunadamente tenemos a Forbes para despejarnos las incertidumbres que nos torturan, porque nada más lejos de la intención de esa portada que promocionar unas vacunas que, incomprensiblemente ya casi nadie se quiere poner: solo el cinco por ciento según las últimas informaciones; y sigue bajando. La labor de zapa de la maldad no tiene límites, que no por otra causa es que el principal fabricante de vacunas esté al borde de la quiebra. ¡Sí, sí, que siga la maledicencia! ¿Haber quién nos va a proveer después de tan necesarios potingues? Si no fuese por las vacunas ¿dónde estaríamos ahora? O es que no se acuerdan de cómo se acabó con la viruela. 

En fin, como decía una canción, la vida, la vida es.

miércoles, 25 de octubre de 2023

Cuan presto

Como ando metido en líos intrascendentes a duras penas puedo dormir. Caigo en la cama rendido y duermo profundamente un par de horas. Me despierto urgido por la vejiga, voy al servicio a aliviarla, me vuelvo a meter en la cama y no hay forma de volver a coger el sueño. Los líos intrascendentes, líos son, al fin y al cabo, y se sobran y se bastan para señorear el cerebro. Dan vueltas y revueltas por allí, sumiéndome en esa especie de caos psicológico en el que el miedo acaba tomando la delantera al resto de las emociones. Entonces es el momento de levantarse y empezar con la actividad cotidiana, la única medicina con poderes terapéuticos: como algo y, acto seguido, me pongo a describirme. No hay nada mejor, lo atestigua la experiencia, para atemperar las obsesiones y empezar a bostezar. Vuelvo a la cama y duermo tres horas como un niño. Hoy seguiré con los líos, pero ya, atemperados por la reflexión nocturna, no tendrán entidad como para quitarme el sueño. 

¡Es todo tan efímero en esta vida! A nada que te distancias lo compruebas. Todo pasa a una velocidad de vértigo. Contemplada desde los ochentaiún años, la vida es un suspiro. Tanto afanarse y preocuparse para nada. Tan presto se fue el placer como lo hizo el dolor. Apenas queda de todo un leve recuerdo que ni fu ni fa. Y lo por delante, una incómoda propina que aceptas con resignación. En fin, hay que aguantar hasta que Dios quiera, como le digo siempre a mi vecino Joaquín cuando, a sus noventa y pico, se me queja amargamente porque ya no se le levanta. Como es de mi pueblo, se toma esas confianzas. Y a mí no deja de hacerme gracia, lo que viene a ser como una elevación del espíritu. 

martes, 24 de octubre de 2023

No lo veo

Por lo que estoy viendo estamos volviendo a pasos agigantados a los tiempos de Carlos Martel. Hacía poco más de veinte años que el conde Don Julián, cabreado porque el rey Rodrigo había forzado a su hija la Cava, había franqueado el paso del estrecho a las huestes musulmanas. Bueno, esta es la leyenda; la realidad supongo sería que la península Ibérica estaba muy despoblada y el norte de África rebosante de población. Una cuestión en definitiva de gradiente: entre lo más y lo menos denso se establece una corriente que tiende a equilibrar la solución. Física en estado puro. El caso era, entonces, que la corriente no paraba de coger fuerza y del 711 al 732 los árabes ya habían llegado a Poitiers que es donde Martel les para los pies. Porque todo el sur de Francia ya estaba en su poder. Lo mismo que la península Ibérica, salvo unos maquis que andaban por la cordillera Cantábrica. 

En 732 Martel les para en Poitiers, pero tienen que pasar más de siete siglos, hasta que los Reyes Católicos toman Granada en 1492, para que Europa se vea por fin libre del todo de esa ideología perniciosa que llaman islamismo. Y me perdonen los moros por calificar de perniciosa esa que ellos creen su religión y que no es más que una ideología que les han metido a machamartillo para mejor dominarlos. Algo muy parecido, por cierto, a lo que hace en estos tiempos la socialdemocracia con su invento de la escuela pública. Pero este es otro tema. 

¿Y por qué digo que es perniciosa? Pues hombre, a la vista está. ¿Por qué es entonces que toda esa gente tiene que emigrar de sus países en busca de mejor vida? Esa ideología, sin lugar a dudas, fomenta el mal gobierno con su consecuencia inevitable de insoportables diferencias sociales. Pero, en fin, sea como sea, ahí están, no ya hasta Poitiers, como en el siglo VIII, sino por todo Europa amenazando con    señorearla. Porque se da el caso de que esa ideología se fundamenta en la simplificación de las grandes cuestiones de la vida. Un musulmán, si es como le han enseñado que tiene que ser, no tiene por qué tener contradicciones. Todas las grandes cuestiones de la vida las tiene perfectamente regladas. El Corán, que tienen la obligación de aprenderse de memoria, se lo deja niquelado. ¿Conocen ustedes algo más necio y peligroso que la gente sin contradicciones? Son como la peste: todo lo invaden para destruirlo. No hay más que ver cómo están ahora Suecia y Holanda, dos puntales que fueron de la civilización occidental, es decir, el reino de la cultura de la contradicción. 

Pues sí, resulta que con esta enésima escaramuza entre las partes que está teniendo lugar en el Oriente Medio, las masas sin contradicciones que residen en Europa han salido a las calles a alborotar y ello nos ha dado la oportunidad de comprobar de primera mano cuales son las verdaderas dimensiones del problema. Muy gordo, por cierto. Y así es que estamos a la espera del nuevo Carlos Martel (Martillo) que venga a poner coto al dislate. Imagínense el problema que tenemos por delante: si de Poitiers a Gibraltar nos llevó más de siete siglos, ¿cuánto nos va a llevar ahora si han llegado hasta el mismísimo cabo Norte? Bueno, un vasco que vive en China nos contaba el otro día que los chinos hacen campos de concentración y meten en ellos a las minorías musulmanas. ¿Se imaginan cómo tendría que ser el tamaño de los campos si se tomase la misma solución en Europa?

No sé, yo no lo veo. Y mucho menos lo veré. 

lunes, 23 de octubre de 2023

Por añadidura

Lo peor de la vejez es que, de vez en cuando, sobre todo cuando estás en la cama intentando dormir, te asaltan recuerdos de momentos que quisieras no haber vivido. Supongo que todo el mundo tendrá ese tipo de recuerdos porque todo el mundo, indefectiblemente, vivió momentos aciagos. Tener la conciencia cierta de que fuiste, ya sea un idiota, ya sea un malvado y que, por ello, causaste mal al prójimo, debe ser eso que llaman infierno. También, remordimientos, una palabra, por cierto, que no deja lugar a dudas sobre lo que quiere significar. Algo por ahí, por dentro, que te está comiendo a mordiscos y no lo puedes parar. 

Pero, a D. G., a todo se acostumbra uno y, a los remordimientos, no iba a ser menos. Es fácil consolarse con el remedio de los tontos, es decir, con el solo tener la absoluta certeza de que a todo el mundo le pasa igual porque, a la postre, nadie es dueño absoluto de sus actos: las circunstancias, y los estados de ánimo es una de ellas, mandan. Como tengas un mal día, o te hayas levantado con el pie izquierdo, como nos decía nuestra madre, ya pueden ir preparándose los que confiaban en tu benevolencia para llevar a cabo sus propósitos. No solo es que no te importará, es que incluso te regodearás, defraudándolos. Y, gracias a esas injusticias que nos hacemos los unos a los otros es que vayamos aprendiendo el verdadero significado de la vida, si es que tiene otro que no sea el de comer y no ser comido. 

Por lo demás, diría yo, en la vejez todo son ventajas. Te importa todo un carajo porque, a no ser que seas muy tonto, tienes ya la experiencia suficiente para saber que todo es más de lo mismo y así será por los siglos de los siglos. Con inteligencia artificial o sin ella, y demás mandangas, el ser humano seguirá cometiendo los mismos errores, sobre todo el de las expectativas excesivas que indefectiblemente se resuelven en frustración. Y eso es lo que de manera, por así decirlo biológica, has aprendido a controlar cuando has llegado a viejo: el tamaño de las expectativas; cuando ya no hay futuro por delante, por pura necesidad tienen que ser modestas; fácilmente realizables y, si no, no pasa nada. 

En resumidas cuentas, que, en la vejez, si bien son inevitables los momentos de infierno, son mucho más frecuentes los de beatitud o, llamémoslo cielo. Un sillón reclinable, una novela de Baroja, una guitarra a mano, una fisiología aceptable para pasear, unos allegados respetuosos... lo demás, por añadidura.