Me he enterado de que a aquel presidente de gobierno un tanto tontorrón que tuvimos hace unos años le han pescado con las manos en la masa, de resultas de lo cual se le ha echado encima todo el sistema judicial. ¡Pobre hombre, lo que estará pasando! Me gustaba el tipo, porque no escondía lo que era como hacen la mayoría de los políticos: era socialista y blasonaba de ello. Un día, le escuché, como al tresbolillo, decir una frase antológica para autodefinirse: un socialista es, dijo, una persona que tiene poco y da mucho. No me digan que no es genial. Claro que, lo que no aclaró, valga la aliteración, fue de dónde saca el socialista para tanto como destaca dando... porque si no tiene y da, entonces, tiene que haber gato encerrado. Pero, en fin, no vamos a entrar ahora en disquisiciones de tipo crematístico.
A donde quería llegar es a lo de estar convencido de que tus propias convicciones son las más correctas del mercado y, por ello, te sientes en la obligación de ir por ahí, no solo proclamándolas, sino blasonando de ellas. Hay que ser muy valiente, pero, sobre todo, tonto del culo a rabiar. ¿cómo puede una persona con dos neuronas no poner continuamente en cuestión sus propias convicciones? Incluso, ¿cómo puede tenerlas, más allá de la de que Dios existe y el bicarbonato es milagroso?
El caso es que el mentado presidente, por lo visto, de la miseria más absoluta, ha pasado a tener un patrimonio considerable. Imagínense: si no teniendo, da mucho, ¿cuánto estará dando ahora que tiene? Supongo que, no mucho, sino muchísimo... a manos llenas, como se suele decir, a sus amadas hijas, claro está. Ya ven, remedando el título de este blog, aquí tienen un ejemplo de libro de la persona que mira la berza y coge el tocino. Tiene un corazón como la copa de un pino, pero también es humano y sabe que la berza alimenta poco; por contra, el tocino... aunque bien es verdad que sube el colesterol y puedes acabar como al paracer ha acabado él, sin poder dormir.
En fin, ya digo, un pobre hombre que, sin embargo, fue enormemente útil a la patria, cualquier cosa que eso sea, porque su trasparencia hizo ver a mucha gente, de una vez por todas, en que consiste este invento por el que el mundo se está rigiendo de hace un siglo para acá; digamos que los que le precedieron tenían una especial habilidad para dar el pego, pero llegó él, y como si fuese un mesías, puso las cartas boca arriba. Entonces, el que quiso pudo ver con claridad meridiana que socialistas son absolutamente todos los políticos... de todo el arco parlamentario, como se suele decir: todos dan mucha berza; todos se quedan con el tocino.
¿Y qué más quieren que les diga? Que no hay nada en este mundo que no acabe cayendo por su propio peso. Eso ya lo sabían los más antiguos pobladores del planeta y, años después, un tipo llamado Galileo demostró que, no solo cae, sino que lo hace con una aceleración de 9,8 metros por segundo al cuadrado. Ahora le tocó caer a ese pobre hombre y muchos esperan que se pegue un buen castañazo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario