martes, 15 de abril de 2025

Tiranía médico/política

 


FELICIDADES A PFIZER, POR HABER ESTADO 175 AÑOS EN EL NEGOCIO, Y NO HABER CURADO NUNCA UNA SOLA ENFERMEDAD

Como siempre pasa cuando las vergüenzas de alguien importante quedan al descubierto, no tardan en saltar los lameculos al rescate: 

"Pfizer desarrolló la azithomycina, un eficaz antibiótico; el sunitibin, un tratamiento para el cáncer que puede ser curativo según en qué casos; en colaboración con Merck, la ivermecticina, usada para curar la ceguera de los ríos. También jugó un papel clave en la producción masiva de penicilina durante la Segunda Guerra Mundial, aunque no la inventó.

Las "curaciones" son raras en medicina: la mayoría de las drogas palían las enfermedades, pero raramente las curan del todo", sostiene un tal Richard Fulmer. 

A mí, por razones obvias -ejercí la medicina durante unos cuantos años- todo lo que tiene que ver con el tema sanitario me interesa. Y por eso es que siempre tenga puesta la lupa sobre él, lo cual me ha proporcionado tal cantidad de anécdotas chuscas que con ellas podría llenar más de media docena de cuadernos de cien páginas de tamaño folio.

No solo en la casa en la que pasé la niñez donde tuve la oportunidad de escuchar conversaciones entre médicos en las que no faltaban esas anécdotas chuscas que les digo, es que, luego, debido a mi afición a la literatura, pude comprobar que, a todo lo largo de la historia, esas anécdotas eran tan frecuentes que no sería exagerado elevarlas a la condición de categoría. Así es que piense, ahora, que categorizar de ciencia chusca a la medicina es una prudente aproximación a la verdad. 

La chusquería médica tiene sólidos fundamentos: por un lado, el miedo a morirse del que se siente enfermo; por otro, el ansia de lucro del profesional de la medicina. Así que, cuando el miedo del uno es desproporcionado y el ansia de lucro del otro enfermiza, cosas, ambas dos, que, por desgracia, coinciden con harta frecuencia, pues eso, que tenemos ya los ingredientes del cóctel chusqueril por antonomasia. 

Si a todo esto le añadimos que, a partir de finales de XIX y principios del XX, la casta política cayó en la cuenta de que ellos también podían beneficiarse de los pingues beneficios que proporciona el miedo a la enfermedad, ya tenemos ahí ese tándem político/médico que es la madre de la tiranía llevada a su último grado de perfección. 

Y en esas estábamos y llegó Paco con la rebaja. 
 

El Dr. Rolan Victor, un médico malayo, acaba de ser absuelto por la corte suprema de su país de los cargos criminales que pendían sobre él por haber dicho la suya sobre las famosas vacunas del Covid. Y ha dicho: 

"Esta sentencia no es solo para mí"

"Es un mensaje para todos los malayos y gente del mundo en general, que la evidencia científica debe ser libre y sujeta a debate"

"Los médicos tiene que tener libertad para expresarse con trasparencia, aunque sus puntos de vista difieran de los de la mayoría de sus colegas"

Esto que ha pasado en Malasia se está repitiendo por todo el mundo con inusitada frecuencia. Y es que la putrefacción de la tiranía médico/política ya no hay quién la soporte. Es necesario que el aire se dé la vuelta y se lleve los malos olores que emponzoñan la vida en común. 
 

lunes, 14 de abril de 2025

Otra vuelta de tuerca

Seguimos sobre la brecha. Comentábamos esta mañana sobre la guerra cultural en curso, o sea, la que nunca cesó a lo largo de la historia, la que mantiene el individuo contra la masa. Querer ser individuo o acogerse a la masa. Dicho de otro modo: estar vivo o ser un cadáver viviente. Yendo más allá: el liberalismo contra el marxismo cultural. 

Dice Miguel Anxo Bastos que el problema que tienen los liberales en su guerra cultural con el marxismo es que los liberales argumentan impecablemente en lo referente a la economía, pero se olvidan de otros aspectos fundamentales de la vida como son los sentimientos, o las emociones, como se dice ahora, materia en la cual, los marxistas son los reyes del mambo. Claro que argumentar con emociones es jugar con ventaja y asegurar el pan para hoy y el hambre para mañana... pruebas de ello las hay a porrillo.  

Y en esas estábamos cuando hemos caído en la cuenta; ¡Por Dios, con lo sencillo que sería; solo habría que echar mano de la Biblia para derrotar todos los argumentos sentimentales del marxismo! Pero, por razones que se nos escapan, ha habido en el mundo un progresivo abandono de la lectura de la Biblia que ha corrido parejo con el abandono de los Elementos de Euclides. ¿Por qué ese abandono? Tengan por seguro que en ello han tenido mucho arte y parte los gurús marxistas. Calificaron a la Biblia como un libro religioso, es decir, apartado de la razón. Y a Euclides le tacharon de matemático anticuado para ocultar que sus Elementos son fundamentalmente un tratado de Lógica, es decir, de recto razonar.  

Pues bien, señoras y señores, la Biblia tiene de religioso lo que yo de obispo. La Biblia es una epopeya en la que el individuo derrota a la masa. El individuo está solo ante Dios y sus leyes no escritas. Lo cual viene a querer decir que está solo frente a sí mismo, sin escapatoria, dándose cuenta a si mismo de los actos propios. Es, en definitiva, dinamita antimarxista. Así que me resulta inexplicable que el Sr. Bastos, con toda su erudita artillería, no haya caído en la cuenta todavía de que los árboles no le están dejando ver el bosque. La dinamita que él busca para derrotar a los marxistas la tiene ante los ojos y no la ve porque se los han cegado los propios marxistas... ¡un libro religioso, ya te digo! También mi nieto, cuando le recomendé la lectura de la Biblia, me pregunto si es que yo era creyente.   

domingo, 13 de abril de 2025

Seguimos dándole vueltas

Me comentaban ayer acerca de lo que había escrito aquí sobre la Biblia y, sí, me decían, por supuesto que la justicia divina y el inmenso consuelo que ella supone para la humanidad está en el centro de la Biblia, pero su persistencia en el tiempo es debida a mucho más. La Biblia es un libro poliédrico; tan poliédrico, diría yo, que al tender su número de caras al infinito se convierte en una esfera. Por eso quizá sería mejor decir que es esférico, porque lo abarca todo: es la vida misma.  

Esa justicia divina que es monolítica a diferencia de la que encontramos en Homero que viene a ser mucho más relativa ya que, cada dios, tiene su particular visión de la jugada. Y ahí es donde está la gran novedad, o gran aporte, de la Biblia. Quien quiera que escribiese esos textos, sin duda, tomaron buena nota de aquella genial intuición que tuvieron los egipcios de los tiempos de Akenatón. Para saber de que va lo de Akenatón, yo les recomendaría la lectura de "Sinuhé, el Egipcio", una novela histórica de Mika Waltari que hizo las delicias de mi generación, allá por los años cincuenta del siglo pasado. Sinuhé es el protagonista de la que seguramente es la primera novela de la historia, hacia el año dos mil antes de Cristo. Mika Waltari se aprovecha de ese personaje y le sitúa unos cuantos siglos después, en tiempos del faraón Akenatón, precisamente para traer a colación el asunto del monoteísmo. 

De esa novela, que leí hace ya más de sesenta años, me quedó grabado a fuego, por más que no entendiese su significado, precisamente, la gran conmoción que supuso en la sociedad egipcia la instauración del monoteísmo. Los curas que organizaban el culto a los diferentes dioses se opusieron radicalmente y es posible que la muerte prematura de Akenaton fuese debida a una conspiración de esos curas. Fuese como fuese, lo que es evidente es que es muy complicado saltar de la ambigüedad moral del politeísmo a la moral gravada en piedra del monoteísmo.   

De hecho, a todo lo largo de la Biblia está presente esa lucha incesante entre el monoteísmo y el politeísmo. Porque está en la condición humana acordarse de Santa Barbara solo cuando truena. A la que hace buen tiempo, ¡todos a despelotarse en la playa! A adorar ídolos, en definitiva. Porque todo vale con tal de dar satisfacción al ego. Y así se va la vida, pasando del monoteísmo al politeísmo y viceversa en función de que truene o no. Y es que, como le replicaba aquel tipo a una señora que se quejaba de lo complicadas que son las matemáticas: no señora, las matemáticas son muy simples; lo que es complicado es la vida... que eso es, precisamente, lo que la Biblia nos trata de explicar como no ha sido capaz de explicar ningún otro libro.

sábado, 12 de abril de 2025

A vueltas con la Biblia

Cuanto  más se insiste en la lectura de la Biblia más cuenta se da uno de que el gran misterio de su pervivencia consiste, sobre todo, en que es un gran consuelo. Y es que el gran argumento de ese libro es la justicia divina; siempre está, ahí, al quite. Nadie escapa a su brazo implacable. Sin esa esperanza la vida de la inmensa mayoría sería insoportable. 

El asunto es muy simple: cuando cualquier ser humano, por lo que sea, adquiere alguna preeminencia o poder, tiende de forma natural a contravenir las leyes no escritas del cielo. Es decir, a abusar de su preeminencia o poder en detrimento de los que le rodean. Es así como funciona el mundo. Sabido lo cual, tenemos dos opciones para sobrevivir a la injusticia: una, confrontar la violencia que se te hace con tu propia violencia; otra, pensar que Dios te está poniendo a prueba pero que, a la postre, no te abandonará... ésta última fue la que utilizaron Gandi, Martin Luther King Jr. y Mandela, con el resultado de todos conocido. 

Y no hay más tu tía. Crees o no crees. Si algo malo te está sucediendo es porque Dios te está poniendo a prueba por alguna deuda que has contraído con él. Entonces, lo sabio es ponerse a pensar en qué habrá sido lo que has hecho para suscitar la ira divina. Porque, la ira divina, por definición, nunca es gratuita. Así, una vez descubierto el yerro, si tienes voluntad de corregirlo, Dios acude en tu auxilio. A veces tarda porque quiere comprobar si es sincero tu arrepentimiento. Pero si constata tu buena voluntad puedes estar seguro de que te sacará del atolladero. 

Así que, ya digo, Crees o no crees. Si crees, tienes garantizado, si no la solución, sí, al menos, el consuelo. Si no crees, te queda la opción de hacerte comunista o algo por el estilo que, en definitiva, no es otra cosa que ir por el mundo arrastrando la mala leche y drogándose para sobrellevarlo. Así son las cosas y no cabe hacerse ilusiones al respecto.

viernes, 11 de abril de 2025

¡Qué mala suerte!

Cuando yo era niño, lo de pasar el sarampión era la cosa más natural del mundo. Como una especie de rito de paso. Una vez padecido -una semana sin colegio-, ya te podías olvidar. Nunca oí que un niño muriese a causa del sarampión. Entonces, llegó el hombre del carromato y dijo que él tenía el remedio para que los niños no tuviesen que pasar por ese trance. Unos le creyeron y otros no, pero dio igual porque a los escépticos les obligaron a pasar por el aro so pena de ser expulsados de la comunidad. Una de tantas imposiciones so capa de bien común. ¿Les suena?

La cosa no fue a mayores, porque, total, solo era un pequeño pinchazo y Santas Pascuas. Claro que en el mundo iban pasando muchas cosas nunca vistas hasta entonces, como, por ejemplo, que cada vez más niños padecían una extraña enfermedad mental que se dio en llamar autismo. ¿Quién hubiese establecido entonces una posible relación causa/efecto entre la vacuna del sarampión y el autismo? Hubiera sido un absurdo total. Pero mira tú por donde, el demonio las enreda y los caminos del Señor son inescrutables: alguien tiró a boleo y creyó haber dado en la diana de esa relación. En cualquier caso, el incremento del autismo, de uno cada cien mil niños, a uno cada cien, en menos de medio siglo, a algo tiene que ser debido. 

El gran quid de la cuestión es que para entonces el hombre del carromato se había hecho tan poderoso que podía comprar todas las voluntades. Al que tiró a boleo y creyó, con ciertos fundamentos, haber dado en la diana, se le tachó de loco y se le encerró en la irrelevancia social. Las autoridades tenían la mano tan engrasada por el hombre del carromato que por nada del mundo hubieran permitido que la cosa pasase a mayores. Y el porcentaje de autistas seguía creciendo. ¡Pues sí, señoras y señores, cada vez parece más evidente que esa relación causa/efecto es auténtica! 

Una vez más estamos ante un caso de soberbia: esa pretensión de ser como dioses que tienen remedio para todo. Eso sí que es absurdo, querer doblegar a la naturaleza ante el más mínimo contratiempo que nos produce. No nos queremos dar cuenta de que el hombre del carromato no es más que el demonio travestido que nos quiere arrastrar con él a los infiernos. Es el mito fundacional de nuestra cultura. Lucifer arrojado del Paraíso o Prometeo encadenado, tanto da que da tanto. 

En fin, que pareciera que tener al niño una semana en casa, sin ir al colegio, es un tormento insoportable, así que, llega el hombre del carromato, te dice que el te soluciona el problema y te tiras en sus brazos sin pensártelo dos veces... luego, si el niño se pone autista, ¡qué mala suerte! 

jueves, 10 de abril de 2025

Jacob Collier

De pronto surge un genio. Es el caso de Jacob Collier, un londinense que por el querer de los dioses es capaz de distinguir a pelo, no ya los doce semitonos que hay dentro de una octava musical, sino los sonidos que hay entre tono y semitono -los microtonos-. Es lo que llaman oído absoluto, algo muy infrecuente, pero no excepcional. Lo que sí es excepcional es que a esa capacidad innata se le junte una inteligencia privilegiada con una imaginación desbordante. Y si a eso se le añade la circunstancia de ser un inglés con una dicción impecable -mejor que la del Dr. Higgins, el de Pigmalión- ya tenemos Jacob Collier para rato.  

Desde luego que Jacob nada que ver con los Beatles y todas aquellas bandas de los sesenta del siglo pasado que más que nada fueron productos comerciales exitosos, gracias, más que a su calidad o novedad musical, al ingenio de los vendedores del producto. De hecho, a mi inmodesto juicio, las canciones de los Beatles, musicalmente hablando, son de chichinabo; simplemente tienen melodías pegadizas; o sea, el típico producto del marxismo cultural que el poder dominante de aquellos maravillosos años nos estaba inyectando en vena a diario. Ya ven ustedes a dónde lleva la ignorancia de la ignorancia que señorea a los que pretenden ilustrarse por medio de las modas. En fin, agua pasada no mueve molino, porque el caso es que aquí tenemos a Jacob que no necesitó de ninguna industria para promocionarse; solo tuvo que subir vídeos a YouTube para que la multitud de los entendidos en la materia se hiciesen eco de sus muchas cualidades. Porque esa es la gran diferencia de estos con aquellos tiempos, que se han multiplicado por muchos miles las personan que saben de qué va lo del ciclo de quintas. Jacob, de momento, no es para las masas, es para los entendidos. Es lo va de los entretenedores a los genios: la innovación.  

Jacob ha hecho lo que nadie se podía esperar: cambiar la estructura de la guitarra. Todos pensábamos que mejorar la guitarra era algo que solo se podía conseguir descubriendo materiales con mejor poder de resonancia. La tapa de ciprés, por ejemplo, resuena mejor que la de pino. Y las cuerdas de nailon, mejor que las de tripa. Eso era todo. Pero, de pronto, Jacob nos descubre que es absurdo que la guitarra tenga seis cuerdas si nosotros solo tenemos cinco dedos en cada mano. Y también que la afinación, Re, La, Mi, La, Re, facilita mucho la formación de acordes respecto de la tradicional, Mi, Si, Sol, Re, La, Mi. ¡Dios mío, qué tiempos estos que estamos viviendo! Todo lo que creíamos ya consagrado se está poniendo patas arriba. Si la guitarra salta por los aires quiere decir que no vanos a tardar ni dos días en ver pasarle lo mismo al Baldaquino de Bernini y a la Sagrada Kaaba de la Meca.  

 Sí, señoras y señores, nada como las grandes conmociones dentro de la música para anticipar las que se han de producir en todos los demás ámbitos de la vida. Y es que la música va de armonía, es decir, de concordia. Si cambian las reglas de la armonía, cambian las de la concordia... que es en lo que estamos, y no por nada, sino porque el mundo ya nos estaba sonando mal: por monótono. 

miércoles, 9 de abril de 2025

Opinión/babardeo

El otro día les decía, simplificando, por supuesto, que no es lo mismo hacer cosas que opinar. Esta mañana me comentaban que opinar también es hacer cosas. ¿Quién lo podría discutir? Y, como todas las cosas, opinar está sujeto a su label de calidad para asignarle más o menos valor. ¿Quién le da el label a un opinador? ¿Acaso el número de adeptos? ¿Las titulaciones académicas que tiene? ¿Su prestigio social? En cualquier caso, estarán de acuerdo conmigo en que es muy complicado valorar la calidad de una opinión, y que, en esa dificultad estriba uno de los hándicaps que más contribuyen a entorpecer la vida tanto a nivel individual como colectivo. 

Yo no sé ustedes, pero, en lo que a mí atañe, me he pasado la vida dando credibilidad a personas que con el paso del tiempo descubrí que eran unos embaucadores. Es esa una experiencia que nos sirve para ir instalándonos en un progresivo escepticismo a poco sensatos que seamos. Dicho de otra manera, los sucesivos desengaños nos ayudan a adoptar una postura más apolínea a la hora de observar la realidad. Apolíneo, para quien no lo sepa, es muchas cosas, pero, sobre todo, distancia. Saber tomar distancia es la clave del sosiego espiritual.

Y esa es la gran cuestión, que los desengaños no se bastan por si solos para enseñarte a tomar distancia. Es fundamental el ejercicio de la reflexión, el más difícil de todos los aprendizajes. Porque, ¿cómo se aprende a reflexionar? Todo parece indicar que hay personas que nacen más dotadas para ese ejercicio, pero mucho me temo que por muy dotado que se esté de inicio, sin gimnasia, pronto se atrofia el músculo.

Reflexionar es hacer pasar por un cedazo todo lo que nos corre por la cabeza antes de dejarlo salir por la boca. Cedazo que se va construyendo pacientemente a golpe de sacrificio. No hay nada más sacrificado que la adquisición de conocimiento; sacrificado y descorazonador, porque cuando más profundizas en algo, más te crece la conciencia de que el fondo es inalcanzable. Por eso es que la opinión del sabio suele estar siempre teñida de ambigüedad y escepticismo. 

Así es que, toda esa opinión, en teoría de expertos, que hay en las redes sociales no es en su inmensa mayoría más que babardeo de portera. ¿O es que acaso las porteras no son expertas en aquello de lo que hablan? Pero también hay perlas entre la ganga que se distinguen precisamente por lo que les decía, un cierto grado de ambigüedad y escepticismo, lo que no vendría a ser sino el manido temor de Dios, o, dicho de otra forma, el reconocimiento de las limitaciones que tenemos los humanos por el simple hecho de ser humanos.  

En fin, peliagudo asunto ese de la distinción ente opinión y babardeo; ¿quién distingue la tenue línea que los diferencia?... y más teniendo en cuenta que somos víctimas del wishful thinking, es decir, que nos jode una barbaridad que nos desmientan. 

martes, 8 de abril de 2025

El gen salto hacia atrás

Llevo ya muchos años oyendo hablar del peligro amarillo; prácticamente desde que era un chaval. Recuerdo haber leído un libro del escritor estadounidense Edgard Snow titulado La Larga Marcha -o El Gran Salto Hacia Delante, no recuerdo bien-, en el que se relataba el nacimiento del comunismo y sus primeros años. Todo eran maravillas bajo la batuta del infalible Mao. Un pueblo disciplinado hasta los límites de la inverosimilitud. Aquello era enternecedor. Para nada se hablaba de los millones de muertos de la gran hambruna que había provocado aquel cúmulo de sabias medidas. Así fue que, con aquella propaganda, surgieron por todo el mundo, especialmente en Europa, partidos políticos de inspiración maoísta. Un verdadero delirio fundado en la ignorancia de aquella realidad. Porque china siempre ha sido misteriosa debido al férreo control de la información llevado a cabo por su clase dirigente; el partido comunista hoy y la escuela de mandarines desde la noche de los tiempos. Nada ha cambiado allí excepto la forma de denominar a los que mandan.

De los años ochenta para acá ha sido la apoteosis. Llegó un tipo al poder, Deng Xiaoping, que desregularizó la economía y se ocupó solo de que nadie se quejase por las consecuencias del "capitalismo salvaje" en el que se habían instalado. Los resultados no se hicieron esperar: los capitalistas de todo el mundo corrieron a invertir en China. Era un verdadero chollo: mano de obra barata y disciplinada por un tubo; de sindicatos ni siquiera habían oído hablar. Cuarenta años le bastaron a China para ponerse a la cabeza del mundo en prácticamente todo. Solo los EEUU de América es capaz de hacerle algo de sombra.  

Ese ha sido el relato dominante, pero ¿qué tiene de cierto? Porque se da el caso de que de pronto las redes sociales se han llenado de vídeos en los que se asegura que la situación demográfica en china es de colapso total. Lo de los mil cuatrocientos millones de habitantes, sostienen, es una patraña para amedrentar. Si acaso, llegan a la mitad y en caída libre. Los crematorios y hospitales no dan a basto. Todo el mundo tiene gripe. Uno de cada diez jóvenes muere. Las calles están vacías y los negocios quiebran. ¿Dónde se ha metido la gente?, se preguntan los unos a los otros sin que nadie sepa responder. 

¿Qué hay de de verdad en todo esto? ¿Acaso solo es propaganda de la segunda parte contratante? Según datos oficiales del gobierno chino, la población disminuyó el año pasado en un 0,9 %. O sea, de mil cuatrocientos y pico han pasado a mil trescientos y pico. Pero, ¿quién va a ser tan ingenuo como para creer a la mafia de los mandarines? Desde luego que aquí hay gato encerrado. Porque es que, además, sabemos por las leyes de la física que todo baja a la misma velocidad a la que había subido, así que nada de extraño tendría que fuesen verdad esas noticias que nos hablan de colapso. 

En fin, un verdadero galimatías, porque si ahora, de repente, vamos y nos enteramos de que todo aquello de China solo fue un espejismo... ¡¿Se imaginan?! No, no me puedo imaginar tan gran salto hacia atrás... así, sin avisar. 

lunes, 7 de abril de 2025

¡Aprendamos a diferenciar!

En YouTube hay dos tipos de vídeos: los de la gente que sabe hacer algo y los de la gente que se dedica a opinar. Opinar, a mi juicio, es no saber hacer nada. Es una acción instintiva como el cagar. Claro que no todo el mundo caga igual porque hay fisiologías y fisiologías; no todas están igual de puestas a punto. Así es que puede haber opiniones más o menos templadas, más o menos venenosas.  Es algo que depende, sobre todo, del estado de ánimo de cada cual en el momento que las emite. Porque, al fin y al cabo, ¿qué somos los seres humanos en cada momento sino un estado de ánimo? Te cambia el ánimo, te cambia la opinión porque has cambiado tú. Así es que para nada suele contar el grado de formación de una persona a la hora de opinar. Hay premios nóveles que solo abren la boca para decir tonterías y barrenderos que son la sensatez hecha sustancia. 

Lo de saber hacer cosas es otro asunto completamente diferente. Cojan, agarren, y googleen "grandpa amu"; la sola visión de ese anciano chino exhibiendo sus habilidades se basta por sí sola para atemperar los espíritus más atormentados. Hay ahí humildad, elegancia, sabiduría... una vida cumplida, en definitiva. Y, como Grandpa amu, encontrarán miles de vídeos de gente que necesitó constancia, esfuerzo, humildad, reflexión, y muchas más cosas, para haber aprendido a hacer lo que el vídeo muestra que saben hacer. Música, matemáticas, ingeniería... desde lo más complicado hasta lo más sencillo, todo tiene su mérito porque nada que merezca la pena cae del cielo. 

Así que, ¡aprendamos a diferenciar! Porque, a nada que nos descuidemos ya estamos buscando entrar en resonancia con un estado de ánimo como el nuestro. Es una tendencia innata que busca el afianzamiento por medio del mínimo esfuerzo. A la postre, es la vaguería la que nos mata. Porque esa es la gravedad de todo este asunto, que solo los vagos, los que fueron incapaces de pararse a aprender algo, son los que tienen opinión sobre cualquier cosa que se les ponga por delante. Y es que, ya digo, opinar es como cagar... ¡se queda uno tan ancho después de una buena cagada!

domingo, 6 de abril de 2025

Ni yo, ni nadie

Estamos viviendo tiempos realmente sorprendentes. A veces da la impresión de que todo pende de un hilo. Incluso cada dos por tres hay algún mandatario que saca la amenaza nuclear a pasear. ¡Hale, todo a tomar por el saco! Sin embargo, por más que suenen los tambores de guerra, se diría que la gente en general no los distingue de los tambores que llaman a la fiesta. Y es que es muy difícil, por no decir imposible, ir por la mañana a comprar a Mercadona y luego creerte que las cosas están a punto de estallar: si de algo fueran a estallar sería de júbilo. ¡Si casi recuerda a aquella mítica Mesa del Sol que Heródoto cuenta que había a la entrada de las ciudades en Etiopía! Bueno, en Mercadona hay que pagar algo, pero a juzgar por cómo van los carros de cargados se diría que el pago es más bien simbólico. 

No sé mucho de historia, pero juraría que nunca hubo guerras entre pueblos ahítos de bienestar material. Las guerras, entonces, suelen darse entre las mafias que pugnan por controlar la distribución de la riqueza... que no a otro espectáculo es al que estamos asistiendo ahora: juego sucio, corrupción, ¡llámenlo como quieran!, entre gentes con las que natura fue avarienta a la hora de distribuir sus dones. Porque esa es la cuestión, que cuando alguien está poco dotado tiende por instinto de conservación a acogerse al manto protector de cualquiera de las mil mafias de toda calaña que suelen pasar por respetables organizaciones benéficas.

Esa guerra de mafias que aunque siempre existió nunca fue tan manifiesta como ahora a causa de haber perdido el poder el monopolio de la información. Ahora, cualquier mafia, por muy mindundi que sea, tiene su altavoz mediático con el que llegar a los confines del mundo. Y de ahí esta sensación de estar viviendo en una jaula de grillos. ¿Quién dice la verdad? ¿Hay mil cuatrocientos millones en china o son muchos menos? ¿Producen las vacunas cánceres y autismos o eso es una paranoia? ¿Es lo del calentamiento global una milonga para promover negocios o tiene visos de realidad? ¿Es dañino el 5G y demás microwaves o eso es histeria de hipocondríacos? En definitiva, nunca se le dio a la incertidumbre tantas posibilidades de alimentarse.  

Y ese es el punto y la madre de todos los sudores que venimos padeciendo de un tiempo para acá, que la incertidumbre ya no es cosa de los sabios, como siempre había sido; ahora ya va afectando a grandes masas de población que tratan de aliviarse gritando lastimeramente su pintoresca verdad. Es la chusma que no quiere resignarse al simple temor de Dios, la única verdad que ha funcionado desde la noche de los tiempos. Sócrates llamaba a ese temor, "solo sé que no sé nada". Ni yo, ni nadie.    

 

sábado, 5 de abril de 2025

Los batanes

Es noche cerrada y andan Don Quijote y Sancho por un apartado lugar al que se han recogido para atiborrarse con las viandas que Sancho había afanado de las alforjas de uno de los curas a los que Don Quijote había puesto en desbandada. Como no tenían nada que beber, se mueren de sed y deciden tirar algo más adelante en busca de las fuentes que verdean aquellos lugares. No tardan en escuchar el sonido del agua, pero, también, unos misteriosos golpes cadenciosos que excitan la imaginación de don Quijote y llenan de miedo a Sancho. Don Quijote se apresta a la lucha, pero, Sancho, que no se quiere quedar solo, ha puesto un cepo en las patas delanteras de Rocinante. De nada sirve picar espuelas. Y así quedan por horas, esperando el amanecer, Don Quijote en posición de combate y Sancho agarrado al arzón posterior de la silla rocinante. Y entonces es cuando a Sancho le entran ganas de hacer lo que nadie puede hacer por él:   

"En esto, parece ser, o que el frío de la mañana, que ya venía, o que Sancho hubiese cenado algunas cosas lenitivas, o que fuese cosa natural —que es lo que más se debe creer—, a él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él; mas era tanto el miedo que había entrado en su corazón, que no osaba apartarse un negro de uña de su amo. Pues pensar de no hacer lo que tenía gana tampoco era posible, y así, lo que hizo, por bien de paz, fue soltar la mano derecha, que tenía asida al arzón trasero, con la cual bonitamente y sin rumor alguno se soltó la lazada corrediza con que los calzones se sostenían sin ayuda de otra alguna, y en quitándosela dieron luego abajo y se le quedaron como grillos. Tras esto alzó la camisa lo mejor que pudo y echó al aire entrambas posaderas, que no eran muy pequeñas. Hecho esto, que él pensó que era lo más que tenía que hacer para salir de aquel terrible aprieto y angustia, le sobrevino otra mayor, que fue que le pareció que no podía mudarse sin hacer estrépito y ruido, y comenzó a apretar los dientes y a encoger los hombros, recogiendo en sí el aliento todo cuanto podía. Pero, con todas estas diligencias, fue tan desdichado que al cabo al cabo vino a hacer un poco de ruido, bien diferente de aquel que a él le ponía tanto miedo. Oyolo don Quijote, y dijo: —¿Qué rumor es ése, Sancho? 
—No sé, señor —respondió él—: alguna cosa nueva debe de ser, que las aventuras y desventuras nunca comienzan por poco. 
Tornó otra vez a probar ventura, y sucediole tan bien, que sin más ruido ni alboroto que el pasado se halló libre de la carga que tanta pesadumbre le había dado. Mas como don Quijote tenía el sentido del olfato tan vivo como el de los oídos, y Sancho estaba tan junto y cosido con él que casi por línea recta subían los vapores hacia arriba, no se pudo escusar de que algunos no llegasen a sus narices, y apenas hubieron llegado cuando él fue al socorro apretándolas entre los dos dedos, y con tono algo gangoso dijo: 
—Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo. 
—Sí tengo —respondió Sancho—; mas ¿en qué lo echa de ver vuestra merced ahora más que nunca? 
—En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar —respondió don Quijote. 
—Bien podrá ser —dijo Sancho—; mas yo no tengo la culpa, sino vuestra merced, que me trae a deshoras y por estos no acostumbrados pasos. 
—Retírate tres o cuatro allá, amigo —dijo don Quijote, todo esto sin quitarse los dedos de las narices—; y desde aquí adelante ten más cuenta con tu persona y con lo que debes a la mía, que la mucha conversación que tengo contigo ha engendrado este menosprecio. 
—Apostaré —replicó Sancho— que piensa vuestra merced que yo he hecho de mi persona alguna cosa que no deba. 
—Peor es meneallo, amigo Sancho —respondió don Quijote."


No sé cuántas veces habré leído este famoso pasaje de los batanes. Da igual, porque estoy seguro que mil veces más que lo leyese me seguiría desternillando de risa. Pero, sobre todo, me seguiría admirando por la precisión y elegancia del lenguaje con el que está descrito el suceso. En fin, no es cosa de ponerse, ahora, a cantar las excelencias de Cervantes; de sobra son conocidas por cualquiera que haya mostrado un mínimo interés por las cosas de este mundo. Porque eso es Cervantes, las cosas de este mundo: realismo en vena. Y con el más fino sentido del humor que conocieron los siglos. ¿Acaso hay algo más importante que el sentido del humor para marcar la diferencia entre los del montón y los genios?

viernes, 4 de abril de 2025

Gato por liebre

 


No todo el mundo está capacitado para operaciones matemáticas tan complicadas, pero no se preocupen aquellos a quien no se les alcanza la suma que yo les ayudaré: las dos ideologías que dominaron el panorama europeo el siglo pasado  han decidido entrar en coyunda para parir la agenda de colores que llaman 20/30, pero que en realidad es la LGTB

Objetivos de la Agenda 20/30

-Erradicar la pobreza y el hambre
-Combatir la desigualdad
-Combatir el cambio climático
-Asegurar la igualdad de género y los derechos humanos de las mujeres
-Garantizar el acceso universal a servicios de salud y educación de calidad
-Proteger el planeta contra la degradación
-Alcanzar sociedades pacíficas.

No sé a ustedes, pero a mí todo esto me recuerda a aquellos anuncios que emitían sin parar por la radio y que tanta gracia nos hacían a los chavales:

-Mamá yo quiero.
-¿Qué quieres nena?
-Yo quiero un postre de calidad.
-Entonces, nena, ya sé qué quieres: Flanín el Niño, el Superflán.

O aquel otro:

-¡Qué bueno sería que las vacas diesen leche con neskuit! 

El caso es que hasta el más tonto de la clase debería saber a estas alturas que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. 

Aquellos planes quinquenales de lo soviéticos o los saltos adelante de los maoístas, ¿a quién le iba a preocupar los millones de muertos que dejaron por el camino ante la magnitud del objetivo perseguido?: conseguir el paraíso en la tierra.  

Pues sí, señores míos, esa agenda que empezó su andadura con el fraude de la pandemia, afortunadamente ha sido desenmascarada y ya solo los sinvergüenzas se atreven a ponerse el pin que la representa en la solapa. ¿Han visto ustedes alguna vez mayor falta de ideas? Erradicar la pobreza y el hambre. ¡Qué vulgaridad! ¿Es que acaso no es eso lo que viene haciendo el mundo desde que es mundo? 

Recuerdo que, cuando salía a pasear por los montes de Alar con los proscritos, no había día que no me explicasen como se podía diferenciar un guiso de gato de otro de liebre. Es por la sección de las costillas: la del gato es redondeada y la de la liebre oblonga. Así es que, desde entonces, no hay ya quién me meta gato por liebre. Ya no voy a votar, ni a vacunarme, ni compro nada de nada de lo que anuncian por televisión. Me limito a ir a mi bola con un Quijote en el bolsillo para poder leerlo cuando me siento a descansar... que a estas edades es cada dos por tres. ¡Ay, si la gente leyese un poco más El Quijote! ¡Qué otro mundo sería éste!  

jueves, 3 de abril de 2025

Y want my country back

Trump ha dicho a los británicos que si quieren acuerdo comercial con EEUU lo primero que tienen que hacer es restaurar la libertad de opinión. ¡Vivir para ver! Recuerdo el Londres de los años sesenta del siglo pasado. Estuve viviendo en un hotelito en Wimbledon al más puro estilo british, como si fuese un personaje de una novela de Cecil Roberts o, mismamente, los protagonistas de la Ciudad de la Niebla de Baroja. Aquello era años luz de la España en la que había crecido. Pero, como el hotel era muy caro, decidí trasladarme a una residencia para jóvenes extranjeros en el barrio de Earls Court; allí dormía en una habitación con un escocés que recuerdo como alguien amable, pero, también, había en aquel antro una nutrida representación de nigerianos que se habían traído con ellos la guerra civil que por entonces estaba teniendo lugar en su país. Una noche, algo salió en la televisión que exacerbó los ánimos y en menos de lo que canta un gallo se organizó una reyerta entre yorubas y biafreños. Los blancos salimos de allí zumbando y a la mañana siguiente aquello parecía como si hubiese pasado un huracán. Así que decidí retornar al hotel de Wimbledon, pero, eso sí, con una visión bastante cambiada respecto de la realidad circundante. 

Y de aquellos polvos estos lodos. En YouTube proliferan los vídeos de británicos que denuncian las multas y prisiones padecidas por el simple delito de decir la suya. Ayer era un padre que ha estado varios meses detenido por haber escrito comentarios en WhatsApp criticando el sistema educativo público. Es algo que resulta increíble, pero es lo que hay y, como les decía ayer, son las típicas tonterías que hacen los poderes en curso cuando ya están a bout de souffle. 

El caso es que Inglaterra no es una excepción en Europa. Padecen exactamente la misma guerra civil que el resto de los países. Cada vez más gente va despertando a la realidad de que todo eso de la democracia es una milonga que encubre la tiranía de unas élites incultas y corruptas. Así es que el movimiento Y want my country back (quiero mi país de vuelta), liderado por el inefable Nigel Farage, no hace sino crecer y crecer y crecer. Y ya es la primera fuerza política en el Reino Unido: Reform UK. Es cuestión de tiempo, muy poco tiempo, que veamos en Inglaterra lo mismo que estamos viendo en los EEUU de América o en Argentina o, incluso, en Italia: el desenmascaramiento y derrota de los jetas. Porque no se engañen, esto que hay ahora va de jetas... que es como antiguamente llamábamos a los listillos que pretenden vivir del trabajo de los demás.

En resumidas cuentas, que no hay mal que cien años dure, aunque el mal absoluto que es el socialismo ya se está aproximando demasiado a ese plazo fatídico. Pero, en cualquier caso se aproxima a los cien lleno de grietas y a punto de derrumbe. Pero, ¡leches, cómo se hace esperar!

miércoles, 2 de abril de 2025

Nada nuevo bajo el Sol

Aquí, en esta parte del mundo llamada Europa, se ha blasonado hasta la náusea de ser los mas guapos, más listos y, sobre todo, más libres, del mundo mundial. O sea, dime de qué presumes y te diré de qué careces. O, también, prevención a destiempo, malicia arguye. Y en esas estábamos cuando nuestra clase dirigente va y se pone a inhabilitar porque me sale de los cojones -ahora resulta que también las mujeres tienen cojones- a quienes todo apunta que van a ganar las próximas elecciones. Incluso han inhabilitado a alguno que ya las había ganado. Se ve que se siente muy segura esa clase dirigente o, quizá, mejor, quiere hacer como que se siente muy segura. 

En esto de la política hay algo que nunca falla: siempre que un poder carcomido por la corrupción se empieza a tambalear comete tonterías que aceleran su caída. Tonterías que siempre consisten en querer parar a lo que ya ha tomado velocidad de crucero. Así es que al querer parar a la francesa Le Pen lo único que están haciendo es darle más fuerzas. Como pasa en España con la damnatio memoriae de Franco que, según parece, ha hecho que la juventud se interese por él y, con ello, crea haber encontrado el norte de sus aspiraciones. 

Ésta es una guerra en curso que está siendo ganada por la nostalgia de un pasado mítico de ley y orden. El eterno retorno, en definitiva. Es Franco, es Pisístrato, es Asurbanipal. Fueron tiranos implacables, pero, a la postre, lo que cuenta en esta vida es el rastro que dejas: por sus obras los conoceréis. Todo lo que hay de valor en la España moderna es obra del franquismo; dense una vuelta por Aldeadávila si no se lo creen. ¿Qué sabríamos hoy día de nuestros orígenes si al sanguinario Asurbanipal no le hubiese dado por coleccionar tablillas? Gracias a esas tablillas sabemos, entre otras cosas, que tres mil años antes de que existiera Pitágoras ya se conocía el teorema que se le achaca. 

Así que, nada nuevo bajo el Sol. Lo que parece que viene, en realidad ya está aquí. Solo los necios no lo ven... más daño se harán cuando se caigan del guindo.   

martes, 1 de abril de 2025

El cuento de nunca acabar

La capacidad del mundo para producir bienes de consumo es incalculable. Uno vive en un barrio popular, de gente menestral, y la sensación que se percibe por doquier es la de cuerno de la abundancia. El otro día escuchaba conversar a los dos jóvenes que, guitarra en bandolera, mendigan a la puerta de un Mercadona: discutían sobre las ventajas comparativas entre un BMW y un Audi; desde luego que a simple vista nadie les distinguiría de unos alumnos de la UCLA. 

¿Dónde está el problema, entonces? ¿Por qué esa pudrición de los espíritus que amenaza con hacerlo saltar todo por los aires? Yo diría que el problema estriba en el poco tiempo y esfuerzo que se necesita para producir esa ingente cantidad de riqueza. Así es que hay tal cantidad de tiempo libre que no hay forma de evadirse de los malos pensamientos. El que tiene uno, quiere tener dos, se cantaba en aquellos años del cuplé, cuando la opulencia era cosa de cuatro. La insatisfacción es consustancial al ser humano y, que yo sepa, no hay otra forma de obviarla que poniéndote a picar piedras. Y ese es el punto y la madre de todo este desaguisado, que por mucho que se busque a duras penas se encuentran piedras para picar; ya están todas desmenuzadas. Por eso, como ya no quedan piedras, hay que inventarlas y así es como se ha dado con la cantera del "organizar la vida de los demás": millones y millones de personas viven de picar ese tipo de piedras que por desgracia producen un polvo que lo intoxica todo.  

Así que no se dejen engañar con la cosa de las ideologías, porque eso no existe. El conflicto del mundo actual está a mi juicio muy bien definido y no es otro que la natural animadversión que sienten los que trabajan hacia los que quieren vivir a costa de ellos... cada vez más y más y más; hoy día, por cada uno que trabaja se diría que hay cien que intentan organizarle la vida. Y claro, imagínense a esos cien empujándose los unos a los otros para poder tocar pelota. Es una lucha a muerte ente parásitos que lo emponzoña todo. 

En sustancia, todo ello, y perdonen que me reitere, no es más que la consabida maldición prometeica: los dioses se vengan por el uso que hacemos de todo el conocimiento que les hemos robado. Y es que a los humanos nos mata la soberbia que es el peor de todos los pecados a los ojos de los dioses. Y por eso es que nos pudren el espíritu para que nos matemos los unos a los otros y volvamos al estado primigenio. Es el cuento de nunca acabar.